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‘La Valentía’, o (des)habitar la casa

junio 19, 2018

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Después de encadenar dos éxitos incontestables como fueron La Respiración y La Ternura – seguramente sus dos mejores obras largas- y con el Premio Nacional de Literatura Dramática y el Premio Valle-Inclán bajo el brazo, en su mejor año, Alfredo Sanzol presentó su nueva función, La Valentía, en el Pavón Teatro Kamikaze, ante la lógica expectación de todos. Y esta vez ha armado una comedia de enredo, puertas y fantasmas, con casa encantada e interferencias entre el mundo de los vivos y el de los muertos –claramente deudora del espíritu y los estilos de Mihura, Jardiel Poncela o Alfonso Paso- que cumple con su función de entretener pero a la que tal vez le falte ir más allá del homenaje a los clásicos de nuestro teatro y tener una vuelta de tuerca que nos lleve a ese universo tan auténticamente sanzoliano marca de la casa. No es desde luego una mala comedia, pero no podemos perder de vista que viniendo de donde viene Sanzol, La Valentía parece un texto menor por pretensiones y resultados –que no por duración, porque sobrepasa las dos horas-.

La Valentía presenta a dos hermanas, Guada y Trini, decidiendo qué hacer con la casa que ha pertenecido a la familia durante generaciones, ahora que les han plantado una autopista justo delante, con el consabido ruido insoportable. Mientras Trini tiene claro que lo inteligente es vender la casa; para Guada es una traición a sus orígenes y se empeña en quedarse. Para agilizar la situación y despejar las dudas de su hermana, Trini contrata a dos asustadores profesionales, expertos en simular experiencias paranormales para expulsar gente de casas, con la esperanza de que Guada se convenza de que en la casa hay fantasmas y se decida a vender… La situación terminará de complicarse con la llegada de Martín y Martina, dos hermanos que parecen venidos de otro tiempo y con unas intenciones muy concretas y a los que Guada ha alquilado una habitación por airbnb. Desde este punto arranca un enredo de equívocos en el que las fronteras entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos se cuestionarán una y otra vez; y en el que finalmente unos y otros deberán arrimar el hombro en la misma dirección: proteger la casa por encima de todo.

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Por fondo y formas, parece bastante claro que Sanzol pretende tamizar un tipo de comedia muy concreto, pasada por el filtro de la actualidad. Si el arranque es tan funcional como esperable – y nos hace pensar de inmediato en una revisión de Los Habitantes de la Casa Deshabitada-, puede que se pierda la ocasión de armar un desarrollo verdaderamente sorprendente –porque el desarrollo, sujeto a ciertos esquemas clásicos que imperaban en este tipo de comedias, es constantemente previsible- y, sobre todo, esta vez impera la comedia por encima de aquella pátina de profundidad que suelen tener la mayoría de las obras de Sanzol – recordemos por ejemplo cómo aquella locura desternillante que era La Respiración acababa desvelando un panorama bastante desolador que admitía múltiples lecturas-, y que aquí aparece de refilón favoreciendo siempre el aire de comedia alocada que mira a la tradición desde el presente, pero casi nunca más imaginativa de la cuenta.

Así las cosas, si vemos La Valentía como un homenaje al teatro del pasado que ha obligado a Sanzol a plegarse a según qué cosas –en este sentido hay que señalar que los personajes tienden al estereotipo previsible, seguramente para favorecer la comedia más por lo obvio que por su originalidad- podemos quedarnos con la comicidad de algunos momentos muy concretos que nos llevan al espíritu de aquellos sketches del principio de Sanzol –los de los Hermanos Espectro, parodias de terror clásico puede que de de un humor muy evidente pero que hay que reconocer que funciona con la mayor parte del público-; pero al mismo tiempo nos quedamos con la sensación de que la función tiene exceso de metraje para lo que quiere contarnos y que algunas situaciones se repiten excesivamente. Asímismo, creo que Sanzol deja pasar por alto combinaciones y posibilidades que se apuntan aquí y allá y que podrían haber dado grandes momentos.: hay por ejemplo una escena memorable que apunta una relación amorosa entre el más allá y el más acá – la de Felipe y Martina, indudablemente el momento más ingenioso, más auténtico y mejor ejecutado de toda la función, por la situación, el tono y el juego que llega a dar-, pero contra todo pronóstico, esa trama imposible –que hubiera podido dinamitar la trama principal con todo derecho- no se desarrolla… También hacia el final, Sanzol hace una pequeña concesión a la profundidad emocional en lo que hasta entonces estaba siendo una comedia de carcajada – cuando Guada, puteada hasta lo indecible por su hermana, da por fin un golpe en la mesa-; pero es tarde, va contra el espíritu del resto de la función y tampoco se desarrolla debidamente – me refiero aquí a definir la relación de las dos hermanas a lo largo del tiempo-.

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No nos engañemos, La Valentía no es un mal texto ni una mala comedia; y funciona justamente como lo que busca: una función de carcajada que se mete en el bolsillo a buena parte del respetable a base de situaciones que se sabe que van a funcionar como un tiro con según qué tipo de espectadores –y lo hacen-.Pero va justa de imaginación, digamos de esa marca de la casa que hace fascinantes las comedias sanzolianas por sus múltiples aristas y, sobre todo, deja pasar oportunidades brillantes de convertir el homenaje en algo novedoso, que están ahí pero no terminan de cuajar. Desde luego que está bien dialogada, y sabe cuándo y dónde producir las carcajadas – en esto es hábil-; pero nos hubiera gustado otra vuelta de tuerca dentro de esta obra que rinde homenaje a un tipo de teatro tan importante como injustamente denostado por muchos y, en cambio, lo que tenemos es una relectura de toda una serie de autores que, tal vez sujeta a su fidelidad hacia ellos, gana las carcajadas del espectador pero pierde la oportunidad de ser algo con verdadera entidad propia – como sí lo es, por ejemplo, La Ternura, que iba mucho más allá del mero homenaje a Shakespeare-.Podría decirse además que en La Valentía conviven momentos de inesperada ocurrencia con otros en los que lo previsible se torna un punto tedioso, y que a juicio de quien suscribe la balanza cae más hacia este segundo lado, aun entendiendo que gran parte del público entre gustoso en el juego que se le ofrece.

Es el propio Sanzol quien dirige una puesta en escena dominada por una estructura translúcida – movida por los propios actores en diversos fundidos que ocasionalmente dilatan la duración de una función ya de por sí larga-; que parece que va a dar más juego para recrear lo fantasmagórico del que acaba dando realmente. De hecho creo que la función podría ganar en agilidad reduciendo al mínimo los elementos escénicos. Muy adecuados sin embargo tanto el pintoresco y variado vestuario que ha ideado Guadalupe Valero –todo un collage kitsch en el que conviven la inspiración gótica con lo realista y el espíritu carnavalesco de chirigota- y la música de Fernando Velázquez, muy en sintonía con lo que se espera en este tipo de comedias.

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Sobre el papel, el reparto es de quitar el hipo con algunos de los mejores actores del momento; y sin embargo no todos brillan como se esperaría de ellos, básicamente por una cuestión de falta de unidad en los estilos que me resultó bastante desconcertante. En este sentido, mientras la Guada de Estefanía de los Santos – buen trabajo de contención incluso en aquellas escenas en las que Sanzol le regala momentos que bordean el estilo verista- está instalada en un código mucho más realista, la Trini de Inma Cuevas se construye ya desde su estrafalaria vestimenta sobre una caricatura cercana a lo que podría ser una característica de sainete –las comedias de Arniches o tantas y tantas zarzuelas de género chico están poblados por personajes de este estilo-, en la que se ve obligada a agrandar en exceso voz y gesto para provocar la hilaridad –teniendo en cuenta que estamos ante una actriz mayúscula, entiendo que es esto lo que le han pedido y esto es lo que hace; pero el contraste entre ambas es, como mínimo curioso-. La pareja de asustadores –los estupendos Jesús Barranco y Font García– está en un código de lo que podría ser el humor de sketch televisivo, y hay que reconocer que sacan oro y se meten al público en el bolsillo con todo ese conjunto de disfraces y expresiones grandilocuentes que tienen que acometer cada vez que emprenden un nuevo susto – van desfilando La Niña del Triciclo, Las Hermanas Góticas y todo un sinfín de parodias del terror clásico en versión serie B para delirio del respetable…-. Y, en fin, Francesco Carril – viendo Furiosa Escandinavia, El Tratamiento y lo que hace aquí podemos decir sin temor a equivocarnos que estamos ante uno de los actores más versátiles de su generación- y Natalia Huarte – elegante, comedida y sabiendo que en este tipo de comedias no siempre es necesario pasarse- como esa pareja venida del más allá, seguramente sean los que por estilo y formas estén más cercanos al espíritu de lo que sería una comedia de Jardiel o Mihura, y el asunto les luce a pesar de que son partes más breves y menor desarrollo. No me quiero olvidar de la gloriosa –esta sí, gloriosa- escena de amor que comparten Font García y Natalia Huarte: es lo mejor de la función y ambos están sembrados. El caso es que, sin que ninguno de los seis desentone especialmente, choca comprobar – supongo que será una decisión de dirección, pero se me escapan las razones- que a cada uno le han pedido encarar la función desde un lugar diferente…

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No se pueden negar ni las carcajadas que inundan el teatro, ni que Sanzol sabe perfectamente qué tipo de función ha hecho; pero sinceramente creo que La Valentía; aún siendo una comedia blanca y perfectamente válida para el gran público está varios escalones por debajo de otras obras recientes del mismo autor, tanto por texto como por montaje. Es entretenida –asumiendo que le sobra un buen rato- y está sostenida por un reparto mucho más que válido; pero Alfredo Sanzol ya nos ha demostrado muchas veces que puede volar mucho más alto; y seguramente pronto volverá a esa altura. De momento, ofrece una función poco más que correcta.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

La Valentía”, de Alfredo Sanzol. Con: Estefanía de los Santos, Inma Cuevas, Jesús Barranco, Font García, Francesco Carril y Natalia Huarte. Dirección: Alfredo Sanzol. LA ZONA.

El Pavón Teatro Kamikaze, 30 de Mayo de 2018

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2 comentarios leave one →
  1. Pat permalink
    octubre 31, 2018 23:17

    Tres parejas de hermanos y tres formas distintas de relacionarse fraternalmente con sus respectivos conflictos. Si hubiera tejido con esta lana podría haber llegado a gustarme. Iba buscando rastros de La ternura y no los encontré.

    • noviembre 3, 2018 16:12

      Comentando la función en estos meses con mucha gente, llego a la conclusión de que a la mayoría de los que les ha gustado es porque, efectivamente, no ha visto LA TERNURA. A mí me parece un material con posibilidades, pero que podría haber dado más de sí en el desarrollo. Sigo sin entender, por ejemplo, por qué la historia de amor entre la fantasma y el asustador profesional (de largo, la mejor escena de la obra) se queda en eso, en una escena, cuando ahí podría haber habido una historia preciosa. Gracias por leerme.

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