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‘Who is Me. Passolini (Poeta de las Cenizas)’, o un ejercicio de contención interpretativa

junio 10, 2018

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Después del rotundo éxito cosechado por su Vania – que, desafortunadamente, no alancé a ver- proseguía Álex Rigola con sus espectáculos dentro del llamado Heartbreak Hotel: esto es, un espectáculo que encierra a 30 espectadores con el actor dentro de una pequeña caja de madera en la que tiene lugar la representación. Si la decostrucción de Vania se celebró de forma unánime como uno de los éxitos incuestionables de la presente temporada, en Who is Me. Passolini (Poeta de las Cenizas) Rigola se vale de un poema autobiográfico nunca acabado, perdido y publicado sólo de forma póstuma en 1980, que Pier Paolo Passolini escribió en torno a 1966 en Nueva York, ya convertido en una figura capital y apenas unos años antes de su brutal asesinato –recordemos que fue asesinado por razones nunca del todo esclarecidas en Noviembre de 1975- ; y que es pues una auténtica declaración de intenciones sociales, políticas, éticas y artísticas del genial creador italiano. Ahora, como si de una íntima conferencia se tratase, Gonzalo Cunill –actor recordado sobre todo por sus múltiples colaboraciones con Rodrigo García- presta su voz y su cuerpo a Passolini, para hablarnos en un susurro, de tú a tú, mirándonos a los ojos, y confesarse; explicarnos quién es, qué piensa y hacia dónde va el autor de tantas y tantas obras maestras.

Cuando accedemos a la caja, nos aguarda Passolini jugueteando con un balón y vestido con el traje futbolístico de Italia. A lo largo de una hora, en diversos segmentos, y partiendo de su fascinación por el contraste que existe entre iremos conociendo desde su infancia en la más absoluta pobreza de la campiña –por extensión también su relación con su familia, la tensión que le generaba la figura del padre (afiliado al fascismo), la trágica muerte del hermano o la figura fundamental de su madre; y, en resumen, la formación de su personalidad y su consciencia, vista aquí como una mirada desde un presente triunfador al pasado; una mirada siempre teñida de honda melancolía- y, seguidamente, su concepción del arte desde un prisma mucho más poético en el que el artista total reflexiona acerca de cómo debe ser el arte; para qué sirve y qué evolución va tomando su concepción y realización artística en un mundo que constantemente le veta y le pone trabas que debe saber cómo ir tanteando. También, en torno a ese mundo artístico, surgen sus dudas acerca de cómo materializará dos de sus obras más célebres, que todavía estaban por venir en el momento en que se decide a escribir este Poeta de las Cenizas: hablamos, claro, de Teorema y Affabulazione, aún bocetos en su cabeza que no sabe si plasmar como narrativa, literatura dramática o guion de cine. También sueña Passolini en este texto – en el que todo tiene mucho de ensoñación, y por tanto de universo poético- con un futuro retirado y dedicado a la música que, como sabemos, nunca llegará a causa de su asesinato. En fin, lo que presenta Poeta de las Cenizas es un acercamiento a la vida personal de P.P.P.; pero también un repaso a la declaración de intenciones de su estética artística, desde un relato en primera persona y muchas veces inclinado a lo poético que nos ayuda más a conocer que a comprender al personaje.

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Podemos decir que como texto para leer, Poeta de las Cenizas tiene un interés indudable y deja en el aire alguna reflexión para repensar; pero como material para llevar al teatro seguramente se quede a medio camino por ser un texto fundamentalmente narrativo y muchas veces se diría que bordeando lo ensayístico. Por ello, puede que se genere un distanciamiento entre público y texto, por más que el espacio sea tan íntimo: a fin de cuentas, se tiende a ver este espectáculo las más de las veces más como algo cercano a una conferencia o charla que como un material verdaderamente teatral, y seguramente ese sea el mayor obstáculo al que hay que enfrentarse: la falta de verdadera acción; esa sensación de saber desde un principio que nada va a ocurrir. Nos puede interesar – y en muchos momentos de hecho hasta nos interesa- el relato del poeta; pero al mismo tiempo puede que se produzca en el espectador una cierta desconexión emocional, surgida del texto mismo

Así las cosas, nos queda ver Who is Me. Passolini (Poeta de las Cenizas) como un experimento y un ejercicio de estilo – por el particular espacio en el que transcurre y la exigencia que ello supone para el actor- que resulta todo un reto para Gonzalo Cunill, que se enfrenta a este texto desde la contención más absoluta, con timbre melancólico y acariciador y mirando directamente a los espectadores a los ojos, increpándoles y cuestionándoles indirectamente. Sorprende muy positivamente encontrar a Cunill en este registro tan íntimo, comedido y camerístico – acostumbrados como estamos a ver otras caras suyas mucho más rotundas-, y observarle acaba generando incluso una fascinación que tiene algo de hipnótico. Es en ver el fascinante ejercicio de contención que realiza Cunill – en cuya voz la palabra suena casi como una partitura- donde radica el mayor interés de este espectáculo, y si lo miramos como eso, como un ejercicio lleno de dificultad para un actor que salva esa dificultad con nota, la cosa no deja de tener un cierto interés, También es cierto que, viendo cómo funciona este espectáculo con este texto tan falto de conflicto dramático real; uno se pregunta hasta qué punto, efectivamente, el Vania debe ser una experiencia de verdadera antología; precisamente porque ahí, a la experiencia íntima se le sumará un texto dramático cuya potencia está fuera de toda duda, que es justo lo que falta en esta ocasión… La puesta en escena de Álex Rigola – que saca partido de proyecciones de imágenes y cine, música y una única luz muy tenue en ese espacio tan íntimo y que no permite muchas virguerías- es funcional, sabe a dónde quiere llegar y no carga las tintas en un texto que es y debe ser de carácter fundamentalmente reflexivo; y aún así consigue crear una cierta sensación no ya de intimidad sino incluso de complicidad entre el personaje y el público –se podría decir que nos acaba resultando simpático y hasta cayéndonos bien-, que acaba siendo uno de los aspectos más atractivos de una propuesta en la que se nota el trabajo mano a mano entre director y actor. Así y todo, también es verdad que hay distancia entre el qué se cuenta y el cómo se cuenta; y al final la sensación acaba siendo la de estar observando a un espléndido actor realizando un ejercicio de contención brutal, de manera que acaba interesando más el componente técnico de la interpretación que el contenido del texto en sí mismo.

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Who is Me. Passolini (Poeta de las Cenizas) es pues algo que ha de verse como un ejercicio interpretativo de primer orden en el que se debe aplaudir mucho el trabajo de Cunill y algo que vuelve a demostrar que se puede hacer teatro en cualquier tipo de espacio. Como experiencia y como experimento tiene indudable interés; pero al mismo tiempo como pieza eminentemente teatral podría decirse que le falta desarrollo y conflicto para mantener nuestra atención todo el tiempo. Ahora bien, este espectáculo deja con muchas ganas de regresar a esta pequeña caja de madera para ver el Vania… del que por cierto todavía no se ha anunciado reposición en Madrid.

H. A.

Nota: 3/5

Who is Me. Passolini (Poeta de las Cenizas), de Pier Paolo Passolini. Idea, dramaturgia y dirección: Álex Rigola. Con: Gonzalo Cunill. ÁLEX RIGOLA / HEARTBREAK HOTEL.

Teatros del Canal, 25 de Mayo de 2018

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