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‘Música y Mal’, o cuando el horror se oculta tras lo sublime

junio 6, 2018

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Presenta Lola Blasco –Premio Nacional de Literatura Dramática 2016 y, a mi modo de ver, una autora no lo suficientemente montada ni reivindicada dentro del panorama teatral español- en el Ambigú del Pavón Teatro Kamikaze Música y Mal, un sencillo espectáculo de cámara en el que, a modo de conferencia distendida o confesionario con el espectador, se van revisando toda una serie de situaciones y conexiones que enlazan algunas composiciones musicales consideradas entre las más bellas de la Historia de la Música con hechos personales e históricos en general execrables que salpican e implican bien sea a sus autores o a algunos de sus más célebres intérpretes; o incluso músicas ligadas con episodios para olvidar. Así, Blasco –acompañada por Alexis Delgado al piano- realiza un paseo informativo para reflexionar sobre el horror que se puede esconder tras la belleza.

Lo que en un principio empieza como una suerte de clase magistral, enseguida se relaja de forma progresiva para entrar en el terreno de la confidencia con el público, casi como si estuviésemos ante una necesidad imperiosa de Blasco de contar, de vaciar esa información para con el público. Desde una expresión sosegada, tenue y sincera, van aflorando temas como el antisemitismo de Wagner – y el uso simbólico que hizo luego Hitler de su música-, el no menos polémico posicionamiento político de Richard Strauss, algunos aspectos de la vida psicópata del madrigalista Carlo Gesualdo –un asesino lascivo cuya vida ya ha sido objeto de dramatizaciones diversas-, la línea inseparable que existe entre los lieder de Schubert y la figura del barítono Dietrich Fischer Dieskau – no sólo una figura incuestionable del canto lírico, sino también soldado de guerra durante el nazismo-, los ecos de la llamada música degenerada por medio de la rara vez escuchada Sonata Erótica de Schulhoff o la influencia que tuvo buena parte de las composiciones de Oliver Messiaen haber vivido de cerca y en sus propias carnes el horror de los campos de concentración de Gorlitz. Estas son algunas de las anécdotas históricas que salpican el espectáculo aquí y allá, mientras Alexis Delgado va desgranando al piano algunas de las composiciones a las que el relato hace referencia. Pero, además de servir como una suerte de anecdotario acerca de la relación entre la música y el mal, la construcción de Blasco –aquí muchas veces de corte más ensayístico que literario- permite trazar puentes con el pensamiento político y filosófico que rodea el contexto histórico de las obras; e incluso con la evolución misma de la música, puesto que la autora explora las conexiones entre pasado y futuro para mostrar cómo –al menos formalmente- compositores tan alejados en apariencia como pueden ser Johann Sebastian Bach o Anton Webern tienen una estrecha línea de prolongación estilística que provoca que las obras de uno no sean más que el replanteamiento y hasta la sublimación de las formas de arte comenzadas por el otro. Todo ello, desde un punto de vista que no elude ciertos retazos de ácida ironía para abarcar según qué episodios desde un prisma fundamentalmente crítico. Después de todo, el mensaje que se puede sacar como conclusión es que, a pesar de la oscuridad que pueda esconder, la música es aquello que nos salva incluso de nuestras propias tinieblas; y es por ello que Blasco nos invita a auparnos como seres humanos a celebrarnos y a considerarnos a través del relato y a través de la música.

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Puede que el tipo de espectáculo que se plantea en Música y Mal diste de ser una novedad; pero lo cierto es que Lola Blasco ha sabido armar una experiencia agradable, íntima, que se escucha con agrado y que tiene el acierto de durar lo que tiene que durar –60 minutos de reloj-. Hay evidentemente muchísimo material posible y disponible en torno a la temática que aborda Blasco; y sin embargo la selección –tanto la musical como la textual- resulta variada y pertinente como para conformar un todo atractivo. Además, se agradece que Blasco –que no es actriz y ni siquiera lo pretende en su exposición; pero sin embargo expone las cosas desde un timbre ciertamente envolvente que contribuye de forma decisiva a crear un clima, cosa también muy a valorar- enseguida se desprenda de los corsés de la clase magistral para armar un diálogo sincero, de tú a tú, despojado de toda posible pedantería – pero, debo insistir, no alejado de la ironía y el humor ácido en píldoras- y fomentado por la intimidad y cercanía del lugar: haber escogido contar las cosas desde ese lugar que ella lo hace es uno de los hallazgos de una propuesta sencilla y honesta que sabe bien a dónde va y no busca ni abrir polémicas ni resultar presuntuosa. Con pocos elementos se crea un ambiente agradable y el espectáculo se sigue con agrado. Sorprenderá a quienes no conozcan la mayoría de las anécdotas que se abordan; pero entretenderá al mismo tiempo a quienes sí sepan de antemano de qué se está hablando. Alexis Delgado se encarga al piano –con eventuales bocadillos en la disertación de la autora- de todo un ramillete de piezas que no le presentan problema alguno, si bien en algunos pasajes se agradecería un mayor equilibrio del balance sonoro entre la voz narrativa y el instrumento –intentando evitar que la música tape a la palabra, por decirlo de algún modo-.

Por formato, sencillo pero tremendamente eficaz y accesible a cualquier público, Música y Mal es una experiencia que –al amparo de ser una creación de una de las voces más importantes y olvidadas de nuestra literatura dramática actual- encontrará seguramente cabida como programación paralela de ciclos de conciertos; o como lo que es, un concierto teatralizado en sí mismo – pienso, por ejemplo, en los ciclos de la Fundación Juan March, donde el producto encajaría como anillo al dedo-. También –ahora que se sabe que el formato y el ejercicio funcionan-, la autora ha encontrado sin duda un inmenso filón de cara a la línea del comparatismo en el que puede navegar de cara a futuros espectáculos semejantes, dando respuesta tal vez a nuevas preguntas tal y como ahora lo hace con la que nos ocupa: ¿puede lo sublime esconder el horror?

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En cualquier caso, Música y Mal ha de verse como un honesto ejercicio de amor por la música de una autora que ha levantado una propuesta atractiva, distendida y funcional. Y quizás también como la puerta de entrada de Blasco a uno de los teatros más señeros del Madrid actual, quién sabe si como preámbulo de aquello que sin duda merece: una temporada más extensa en Madrid de alguna de sus obras dramáticas.

H. A.

Nota: 3/5

Música y Mal”, de Lola Blasco. Música de Richard Wagner, Carlo Gesualdo, Richard Strauss, Johann Sebastian Bach, Franz Schubert, Robert Schumann, Claude Debussy, Schulhoff, Anton Webern y Oliver Messiaen. Con: Lola Blasco. Piano: Alexis Rodríguez.

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 24 de Mayo de 2018

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