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‘Antón Martín, o No Hay Más Mus’, o el necio y el ignorante vuelven a la carrera

mayo 28, 2018

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Un par de décadas después de que este espectáculo fuese un éxito de pequeño formato, regresa Antón Martín o No Hay Más Mus, un espectáculo que parte de una dramaturgia de Ozkar Galán y que está interpretado por Gorka Martín y Javier Antón, que recupera el espíritu de los dúos cómicos absurdo –digamos desde Tip y Coll a Martes y Trece o Faemino y Cansado- que tan buen resultado han dado siempre con el público; en una versión renovada y apegada a la actualidad que parte sin embargo de la misma anécdota: una pareja –podríamos decir que una pareja de payasos sin máscara, en la que evidentemente aparecen el listo o dominador y el tonto o dominado- reclama 20 euros desesperadamente al público y, al no conseguirlos, se lanza a la desesperada a la búsqueda de conseguir ese dinero. Para lograr su objetivo, nuestros dos anfitriones probarán todos los medios posibles –inútiles créditos en bancos, concursos de televisión; o incluso medios más indecentes- en lo que es ya un clásico de nuestras comedias: una pareja de pícaros modernos enfrentados a la miseria de nuestra sociedad, y haciendo un repaso ante nuestros ojos –y entre carcajada y carcajada- de cómo está el mundo en el que vivimos; un mundo en el que tal vez estos dos pícaros – puede que dos buenos para nada, dos pobres diablos- no sean el mayor de los males, porque tal vez la culpa la tenga esa sociedad que hemos creado. Así, mientras asistimos a la peripecia de estos dos amigos por conseguir su dinero –una peripecia que, en más de una ocasión, pondrá en tela de juicio incluso los límites de su amistad-, a través del texto de Galán presenciamos una sátira ácida, certera y corrosiva de la sociedad actual, desde lo que podríamos denominar como una “sátira picaresca contemporánea”. Un género y un tipo de humor que, como digo,ya ha dado grandes resultados a diversos dúos cómicos que ya forman parte de la historia de nuestro país. Antón Martín o No Hay Más Mus es, después de todo, la gran carrera contra reloj y contra sí mismos de dos tontos muy tontos, de dos personajes extremadamente torpes por alcanzar lo inalcanzable… en este caso, 20 míseros euros.

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Puede que la mayor complejidad de escribir un texto de estas características radique en que, junto a la creatividad del absurdo en el que se mueven diálogos y situaciones –porque el viaje de este par hacia los 20 euros les arrastra a todo un periplo que encadena eventos en un momento comunes; pero que enseguida se desparraman hacia la locura más absurda, ya sea por texto o contexto- sea encontrar un equilibrio que permita encadenar a un tiempo diálogos rápidos, ágiles y fluidos que muevan a la hilaridad –lo que podríamos llamar ‘bocadillos’- con un dominio crítico del contenido que resulte punzante para la mente pero parezca sin embargo inofensivo: una comedia que tal vez nos haga distanciarnos a primera vista de un fondo que debe estar – y está- en todo momento- ahí. Y es que, desde una comedia fácil, rápida y hasta un punto petarda las más de las veces, Antón Martín o No Hay Más Mus pone patas arriba tanto las ideas preconcebidas como las estructuras sociales de nuestro tiempo, en un texto que tendrá tanta profundidad como cada espectador quiera darle: es una comedia de gags y como tal mueve a la carcajada – muchas veces a través de su propio desfase-; pero también lanza preguntas indirectas acerca de cómo hemos podido convertir en esto el mundo en que vivimos.

No es fácil encadenar casi 80 minutos de texto en el que todo parezca no estar escrito, para dar lugar a una especie de picaresca contemporánea en la que convivan toda clase de referencias “chorras” del universo ochentero y noventero – Regreso al Fuytu; pero que a la vez azote a la esfera social moderna sin dejar títere con cabeza. En Antón Martín o No Hay Más Mus, el espectador asiste atónito –y entre risotada y risotada- a la forma en que estos dos pobres (anti)héroes que – como en las buenas historias de payasos (y esta lo es)- no son conscientes de su propia tragedia: la tragedia de estar enfrentados a un mundo que es el nuestro; y, por lo tanto la comedia aquí nace de nuestra propia tragedia, porque los dos protagonistas se empotran uno tras otro contra obstáculos que podrían ser aquellos que nos encontramos todos nosotros en el día a día. Cuanto más fallan, cuanto más lejos están de su desesperada búsqueda de algo tan primario como 20 cochinos euros – ya sabremos para qué…- más se divierte el respetable y eso es lo que vuelve doloroso al absurdo: que en esta especie de road-play hacia ninguna parte – o hacia los 20 euros, según se mire- la situación no deja de empeorar no sólo por la propia torpeza de los personajes – propia del lenguaje de los payasos, con el que la función coquetea sin temor en no pocas ocasiones- sino por las circunstancias mismas que los rodean e incluso por ese énfasis codicioso que podría provocar que, en su afán por ganar, pierdan lo único que les queda a fin de cuentas: su amistad. Cierto es que la fórmula está probada –no en vano este formato de espectáculo ya se estrenó en el pasado con éxito-; pero también ha de tenerse en cuenta tanto la capacidad de tamización del producto –máxime al retomarlo en un contexto posterior a una crisis económica que puede hacer encajar mucho mejor la verdadera problemática de una que habla un espectáculo que no deja de ser un gran juguete cómico para revisar la actualidad a través del difícil universo del sketch de gags breves y directos; aparentemente blancos, pero en el fondo punzantes e incisivos.

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Ozkar Galán se sirve de toda una paleta estilística que confiere al resultado final un ritmo trepidante en el que no hay un segundo de respiro para que cada bofetada de ironía golpee casi sin dejar tiempo a la reflexión. El autor no busca, en primera instancia, tanto distanciarse del contenido –de hecho los personajes se rebelan contra el que ha dictado sus destinos más de una vez-, pero sí que se logra sin embargo ese distanciamiento del texto tan clave en este tipo de comedias: los gags no sólo se encadenan, sino que además da la sensación –en el mejor sentido- de no estar previamente escritos, por la velocidad de crucero a la que fluyen y por ese balance entre ocurrencia y petardeo que rezuma todo el espectáculo. Evidentemente hay mucho trabajo detrás de la escritura de esta función, tanto para lograr la carcajada constante como para que casi olvidemos que hay un dramaturgo detrás de lo que, a primera vista, puede parecer una gran ida de pinza en la que Galán bebe de los clásicos del género, sin quedar por detrás –no es poca cosa…- y manejando un estilo difícil, que exige precisión, habilidad e inventiva; pero que tal vez deja en segundo plano el lucimiento de la escritura, puesta en este caso al servicio tanto de la comedia como, directamente, de los cómicos.

En un espacio básico con algún detalle de corte surrealista, Javier Antón y Gorka Martín dan vida a este par de amigos que bien podrían ser algo así como la pareja cómica estándar que habitualmente forman el tonto –el personaje que correspondería a Antón, el payaso que recibe los tortazos y, en este caso, literalmente, los huevos estallados- y el necio –Martín, el payaso que va de sobrao, el que cree que puede controlar la situación y la termina encarrilando a territorios más y más patéticos a causa de su propia necedad-. Salta a la vista tanto la química entre ambos – una vez más, no hay que olvidar que este producto que ahora se retoma no les viene de nuevas- fundamental para que un espectáculo de estas características funcione. Puede haber pequeños despistes con el texto – recordemos que es trepidante- aquí y allá –ocasionalmente los hay-; pero la dirección de Martín ha sabido subirse al carro de la locura que forma esta propuesta y plantea los diálogos con ritmo trepidante, conscientemente pisados las más de las veces, para que el público entre a la comedia casi sin poder asimilar ese doble fondo que posee la ironía del texto y que termina aflorando en la mente de cada uno unas frases después de cada golpe; que es cuando vemos el poso de profundidad que se esconde tras esta comedia.

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Puede que por formato –pequeño, íntimo y con texto directamente tirado a público por propia necesidad- estemos ante un espectáculo que luzca mejor en un formato de café-teatro que en una sala más o menos al uso; pero, al mismo tiempo, estamos ante una propuesta capaz de beber de un tipo de humor que ha triunfado varias veces antes en nuestro país –y quienes disfruten del ingenio de los grandes dúos humorísticos patrios seguramente encuentren esta función encantadora- pasada por un nuevo filtro que recupera algunas de las claves de la buena farsa modera: el fracaso del individuo moderno cara a cara con el mundo –el payaso contemporáneo- para hacernos partir de risa al tiempo que se nos recuerda que las zancadillas para llegar a la meta tal vez no se las ponga el individuo, sino el propio mundo… Después de todo, no lo olviden, ellos dos sólo querían 20 euros, ni más ni menos. El público, visiblemente tronchado de risa, da buena cuenta de que este espectáculo pequeño, sencillo y de formato claro, podría haber regresado para quedarse largo tiempo en los escenarios.

H. A.

Nota: 3/5

Antón Martín o No Hay Más Mus”, de Ozkar Galán. Con: Javier Antón y Gorka Martín. Dirección: Gorka Martín. SINSORGADAS PRODUCCIONES.

Sala Tarambana, 19 de Mayo de 2018

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