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‘Las Chicas del Zapping’, o placeres culpables

mayo 22, 2018

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Regresan a las sesiones golfas de sábado en el Teatro Nuevo Alcalá –en un horario que deja poca competencia posible- Los Quintana, compañía especializada en el arte de la fonomímica –esto es, emplear los labios y el gesto de forma sincronizada sobre un audio previamente existente, en una práctica que va mucho más allá del mero play-back- con Las Chicas del Zapping, un espectáculo que une a la fonomímica el recurso del transformismo para crear una especie de desternillante placer culpable muy bien ejecutado, que sigue la peripecia de un grupo de criadas de lo que probablemente sea una casa de clase alta ante lo que más les gusta hacer: observar la televisión. Si suman los términos “fonomímica” + “transformismo” + “playback” que han aparecido en estas pocas líneas, puede que estén imaginando que nos encontramos ante una propuesta bien distinta a esta, tal vez algo de segunda clase, de farsa de astracán o ejecución pobre y descuidada, como para ver a altas horas de la madrugada y en un estado poco recomendable… Y nada más lejos, no se confundan ni se dejen llevar por la primera impresión: Lo que ofrece Las Chicas del Zapping es un gozoso divertimento alocado, hortera y tremendamente gamberro; que eleva los conceptos de fonomímica y comedia transformista a puro arte técnico.

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Ante la caja tonta, buscando tal vez momentos de asueto para sobrellevar su propia rutina, las sirvientas –interpretadas por hombres-, bien pasada su primera madurez, repasan toda una pléyade de personajes y momentos clave de nuestra televisión de todos los tiempos, que a veces se quedan del otro lado de la pantalla –ante las atónitas y expresivas miradas de nuestras anfitrionas- y otras directamente cobran vida propia, apareciendo en el escenario casi como si las criadas sintiesen una mimetización ante aquello que observan, como buenas marujas que son. Además, entre sketch y sketch, entre zapeo y zapeo, asistimos al día a día de las cuatro sirvientas, y conocemos sus miedos, sus deseos y aquellos sueños y pequeñas – a veces pequeñísimas- metas que aspiran a alcanzar. Sabemos pues cómo es la relación entre ellas, cómo se sienten – exultantes, oprimidas, triunfantes, acomplejadas…-. El resultado es una suerte de collage no exento de un frikismo bien entendido; que, por supuesto, hace las delicias del respetable, porque el espectáculo que dirige David Quintana tiene el acierto de multiplicar la lista de invitados – directos e indirectos- a este paseo de la fama repleto de momentos que todos recordarán, mediante unas recreaciones que buscan la carcajada, pero nunca la parodia de trazo grueso –y esto es muy importante- dignificando ante todo la técnica de la fonomímica – tal vez tan típica de espectáculos de segunda fila-, mostrando tanto sus posibilidades como su verdadera dificultad: todos habremos visto espectáculos de fonomímica; pero rara vez se alcanza un nivel técnico como el que se ofrece aquí. Además, Quintana imprime a su espectáculo – en el que los cuatro actores hacen aparecer en escena un sinfín de personajes de las más diversas índoles- un ritmo feroz, implacable; que no deja al público ni un momento de respiro –y que casi da ganas de observar lo que sucede fuera de escena, porque el reto de cambios de vestuario en tiempo record al que se deben enfrentar por fuerza los actores es casi mastodóntico-. En cualquier caso, hay que señalar sin temor a equivocarse que, si bien puede que Las Chicas del Zapping – en su desparrame de horterismo tan consciente como enteramente disfrutable- sea algo así como un placer culpable; también es un espectáculo que dignifica tanto la fonomímica como el transformismo como elementos teatrales aquí de primer orden.

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La lista de referencias es interminable durante los 75 minutos que dura el espectáculo. Además de nuestras criadas, sus pretendientes y sus jefes, por el escenario desfilan desde los símbolos de los más recordados programas de las cadenas públicas, generalistas y autonómicas –por poner sólo un ramillete de ejemplos: hay lugar para Verano Azul, el 1, 2, 3, las Mama Chicho, las gogós del Juego de la Oca, la mítica intervención de la inolvidable (y muy oportuna aquí) Manuela Trasobares en Parle Vosté, Calle Vosté, de Canal 9, el espacio de tarot de Esperanza Gracia, la Familia Telerín,  o uno de los míticos directos en redes de Amaia de España…- hasta números musicales míticos –por supuesto Pimpinela, pero también Julio Iglesias, Camilo Sesto, o Lola Flores- citas a películas –de parodias de momentos Disney (con La Bella Durmiente y el Príncipe convertidos en una fregona y su jefe) a clásicos emblemáticos de la era dorada de Hollywood o hitos del cine de ciencia-ficción de los primeros 80-, anuncios de toda índole o escenas de telenovelas –el momento Acorralada, con la frase “¡me pellizcaste, salvaje!” es para enmarcar-, salpicadas como digo de pequeños momentos entre las criadas, que sirven de hilo conductor para ahondar si quiera someramente en las pequeñas miserias de estas fregonas de cofia y mandilón. Entre los múltiples sketches que contiene el espectáculo – y como en toda función de este género- unos podrán gustar más que otros, algunos podrán sobrar –sobre todo un par de ellos con referencias foráneas difícilmente identificables en España, y que sin embargo tienen sus equivalencias claras en nuestro país; o algunas selecciones tal vez más trilladas y vistas anteriormente (seguramente mucho peor ejecutadas que aquí, también es cierto- en espectáculos de este género)-, pero lo cierto es que, durante toda su duración, la función mantiene el ritmo, arranca carcajadas –sobre todo por ese extraño equilibrio que se mantiene para realizar las parodias travestidas con gesto grande; pero nunca movidas hacia la astracanada- y es un placer culpable bien disfrutable: no en vano, el público festeja aplausos y estruendosas risotadas casi cada número del espectáculo. El resultado es sin duda alguna desternillante; incluso más allá de que lo que se ve a primera vista pueda parecer –craso error- una minucia. Porque detrás de este aparente divertimento hortera, gamberro, con unos tintes de cabaret que fomentan muchísimo tanto el ritmo como la implicación del público; y que van que ni pintados a este tipo de espectáculo por formato y horario, hay un trabajo minucioso, complejo y milimétrico que no hay que perder de vista: el éxito de esta propuesta no está tan solo en la diversión –¡que también!- sino en su ejecución misma.

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Por la particular técnica que emplea el espectáculo –ya de por sí la fonomímica exige no sólo un trabajo de coordinación labial milimétrica, y saber calibrar el componente gestual en el que se basa la totalidad de la expresión, sino también un fortísimo componente coreográfico; pero además este espectáculo lleva implícito un trabajo de vestuario que exige precisión al segundo para que las cosas no se vayan al garete. En este sentido, la labor de los cuatro actores –son Ricardo Mata, Carlos Chacón, Joan Salas y José Cobrana- es irreprochable, por dominio de la dificilísima técnica, y sobre todo por dar sentido a una expresión por momentos tan cercana al universo del clown, que exige decidir y medir el gesto en cada momento; y remarcar la expresión sin caer en exageraciones gratuitas que nada aportaríanm y hasta el contacto visual con el propio público, importante en el espectáculo. En cualquier caso, estamos ante cuatro cómicos que demuestran funcionar a prueba de bombas, que llevan el peso del espectáculo y se manejan tanto en este tipo de comedia como en el peliagudo aspecto técnico de un arte – el de la fonomímica- que se ha visto tantas veces denostado en otro tipo de propuestas; pero que aquí brilla en todo su esplendor –gracias a ellos y a la dirección de David Quintana- tanto para deleitarnos con su exponente cómico como para que podamos admirar todas las particularidades que entraña.

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Quiero insistir en la idea de que Las Chicas del Zapping es, casi diría que con toda seguridad, un placer culpable. Un espectáculo gamberro, que rezuma horterismo por los cuatro costados y no lo esconde, sí; pero también un espectáculo que invita a dejarse llevar por el universo de la risa y que puede terminar siendo una experiencia desternillante si, como yo, se entra en el juego. Y, en cualquier caso, un espectáculo que hay que ver aunque sólo sea por valorar las posibilidades y la dificultad de una técnica como la de la fonomímica. Y, en cualquier caso, una experiencia de comedia de alto voltaje, toda vez que hemos asumido el género al que nos enfrentamos.

H. A.

Nota: 4/5

Las Chicas del Zapping”, de Los Quintana. Con: Ricardo Mata, Carlos Chacón, Joan Salas y José Cobrana. Dirección: David Quintana. LOS QUINTANA

Teatro Nuevo Apolo, 12 de Mayo de 2018

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One Comment leave one →
  1. Niurka Mota permalink
    junio 12, 2018 11:29

    Hola: Soy actriz y directora teatral de República Dominicana., y me gustará saber las condiciones del autor de esta pieza, conocer el texto y los requisitos necesarios, para que me sea autorizado su montaje en nuestro país.

    Soy seguidora de su página y así me entero de todas las actividades teatrales que están sucediendo en el momento actual.

    Un abrazo cariñoso.

    Niurka Mota

    Actriz-Directora teatral.

    ________________________________

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