Skip to content

‘El Gran Teatro del Mundo’, o corporalizar el barroco

mayo 20, 2018

gtm1

Presenta la compañía Sphota!Teatro en El Umbral de la Primavera un acercamiento contemporáneo, experimental y centrado en la fisicidad a El Gran Teatro del Mundo, probablemente el más célebre auto sacramental de entre cuantos escribiese Calderón de la Barca, estrenado allá por 1630; en el que el autor plantea una alegoría de la inevitable dominación del individuo a partir de una sociedad de roles repartidos y no intercambiables que se distribuyen a la manera de un teatro en el que todo termina rigiéndose por los designios de la divinidad. Así, los personajes que pueblan la obra acaban por preguntarse por qué no les queda otra que plegarse – y hasta podríamos decir acartonarse- a un destino prefijado que, a fin de cuentas, no es más ni menos que un fresco sobre la condición humana.

Es posible que la mayor dificultad de escenificar esta obra –de la que se han visto varias adaptaciones más o menos recientes con mayor o menor fortuna en el resultado final: incluso algunas con muchos medios y escasos resultados- sea la de equilibrar lo universal del mensaje – perfectamente extrapolable a nuestros días- con el complejo lenguaje calderoniano; del que el espectador debe extraer la conclusión final. Tal vez para acercar el texto a nuestra realidad, sin traicionar ni la métrica ni el mensaje calderoniano, la puesta en escena que propone Bárbara Risso sitúa a los personajes en un espacio despojado de artificios escénicos y rodeado por el espectador –pocas veces hemos visto tan aprovechado el espacio de esta sala, aquí a 4 bandas-. La versión establece pues, de algún modo, una serie de diálogo no sólo entre actores y personajes – puesto que, de la misma manera que los personajes se interrogan una y otra vez sobre cuál es el sentido de que sus vidas parezcan estar ya escritas; al final los propios actores se preguntan sobre el sentido real, el significado de aquello que acaban de representar- sino también con el público; del que se pide una constante complicidad tanto para recibir como para procesar el mensaje de aquello que se nos cuenta. A fin de cuentas, puesto que la obra se ocupa de los devenires de la vida; todos –público, actores y personajes- formamos parte del juego.

gtm2

De partida, los personajes se afanan en terminar ejercicios gimnásticos mientras se nos leen fragmentos del Génesis bíblico; en un símil tan evidente como bien traído –desde los primeros albores de la creación el ser humano está sujeto a poderes supeiores-. Una vez acabada esta primera sección – que exige a los actores una importante carga física, ya de partida- comienza el auto sacramental propiamente dicho, en el que Risso ha decidido reconvertir las figuras alegóricas que lo pueblan en modelos concretos de nuestro estrato social, personificando e individualizando de alguna manera los símbolos que aparecen en Calderón y también lanzando al aire y al público la pregunta de qué o quiénes serían ahora y aquí aquellas alegorías a las que se refiere Calderón. En este escenario desnudo –y con el público plenamente integrado-, Risso trabaja el texto desde un lugar en el que priman lo físico, lo gestual y hasta lo musical, dando a los actores plena libertad para decidir la rítmica de la métrica. Suena así fresca la palabra de Calderón, de la misma manera que se aporta agilidad –tanto en el uso del espacio como en la manera de distribuir el espacio- a una puesta en escena de una obra compleja, que acierta sin embargo al integrar al público, y al hacer una apuesta por un teatro que huye de encorsetamientos barrocos para mostrar una lectura mucho más rabiosamente contemporánea en la que, efectivamente, se mantiene la esencia del mensaje de una obra en la que, a fin de cuentas, todos son herramientas de estamentos mayores en los que todo escapa a su control.

gtm4

Puede decirse que el trabajo que realiza Risso para crear una propuesta escénica de marcado dinamismo con los mínimos elementos posibles y basada en el actor y su cuerpo es verdaderamente encomiable; máxime si, como es el caso, se escoge un texto francamente difícil tanto por su contenido como por su estructura. También que el trabajo del elenco –son Marta Hervás, Abel Ferris, Nuria Onetti, Lidia Galiana y Alejandro Marzal– es entregado, sobre todo en niveles físicos y corporales, que en esta propuesta suponen un reto para el equipo, puesto que se obliga a asumir el verso desde un lugar mucho más visceral. Tal vez sea por eso que, sobre una propuesta de la que cautiva la entrega física que se exige – y se obtiene- del elenco, el verso quede en un lugar más secundarios, que provoca notorias irregularidades entre la destreza de unos y la de otros a la hora de acometerlo: aquí no hablamos tanto de distintas fuerzas y sinergias; como de distintos niveles de comodidad – y, en algunos casos, hasta de incomodidad- a la hora de afrontar el decir del verso – la rítmica, la métrica, la prosodia-, lo que termina colocando el verso y la palabra en un lugar más o menos secundario con respecto a la propuesta corporal, que acaba resultando mucho más interesante. En este aspecto, sorprende no poco no encontrar nadie que firme ni la asesoría de verso ni nada semejante; porque sin duda el verso –en el que, en líneas generales, se puede decir que el reparto femenino se mueve con mayor comodidad que el masculino- es el punto más flojo de una propuesta por el resto interesante, original en la forma y honesta en su desnudez; en la que el verso sin embargo no siempre fluye como debiera -y ya saben lo que ocurre cuando el verso no fluye…-.

gtm3.jpg

Así pues, resulta por una parte estimulante encontrar acercamientos al teatro barroco desde un prisma más físico, menos encorsetado y más alejado de las convenciones; que no traicionan sin embargo ni la palabra, ni el mensaje ni la esencia del autor. Hay que aplaudir la voluntad del Risso y su equipo, de la misma manera que hay que señalar que la propuesta mejorará notablemente una vez que se trabaje debidamente la administración del verso, a día de hoy el punto más flaco – con todo lo que ello conlleva tratándose de un Calderón- de una propuesta no exenta por lo demás de puntos de interés en el ámbito del teatro experimental, de búsqueda. Hoy por hoy la propuesta necesita asentarse y crecer; pero seguramente crecerá con el rodaje que aporten las funciones y, sobre todo, con un estudio detenido de la forma de decir el verso.

H. A.

Nota: 2.5 / 5

El Gran Teatro del Mundo”, de Pedro Calderón de la Barca. Versión y dirección: Bárbara Risso. Con: Marta Hervás, Abel Ferris, Nuria Onetti, Lidia Galiana y Alejandro Marzal. SPHOTA! TEATRO.

El Umbral de Primavera, 11 de Mayo de 2018

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: