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‘La Edad de la Ira’, o gritos mudos de defensa propia

mayo 8, 2018

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En uno de los últimos bolos de su extensísima gira por medio país – y tras meses de éxito en la capital- La Joven Compañía – premiadísimo y necesario proyecto que sirve de lanzadera a toda una serie de profesionales de la interpretación con edades comprendidas entre los 18 y los 26 años, y que inexplicablemente permanecía inédito en Galicia- que presentaba en A Coruña La Edad de la Ira, adaptación teatral de la novela homónima de Nando López –antes Fernando J. López- que fue finalista del Premio Nadal allá por 2011 y uno de los textos más importantes de la literatura española para adolescentes, en versión firmada por el propio autor.

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La Edad de la Ira sigue, en esencia, el periplo vital de Marcos, un adolescente acusado de un terrible crimen familiar pendiente de aclarar; crimen que tal vez no sea más –ni menos- que la explosión de una olla a presión que estalla, el resultado de algo que viene de mucho más atrás. Con el asunto pendiente de resolver, una serie de monólogos entrelazados –más alguna escena grupal- nos introducen en la vida y el entorno del protagonista: su casa, su familia, su instituto y aquellos con los que convive en su día a día, ya sea en clase o en su tiempo libre. Adolescentes en ese momento de cambio en el que se debaten entre las ganas de comerse el mundo, la incerteza vital y el verse enfrentados al mundo de los adultos, un mundo en el que aún están entrando; y un mundo que podría también abusar de ellos sin demasiada compasión. A través de los personajes de La Edad de la Ira aparecen asuntos como el descubrimiento de la identidad sexual, la importancia de la pertenencia a un grupo que los personajes podrían denominar como una especie de ‘círculo de seguridad’, el abuso escolar –ya sea por parte de profesores o alumnos- o las dificultades de esos adolescentes para relacionarse y comunicarse de manera fluida entre los suyos o con los adultos que les rodean. Así, mientras esperamos que el crimen de Marcos se esclarezca – y mientras el protagonista debe enfrentarse a un peliagudo triángulo amoroso con sus amigos Sandra y Raúl, que pone a prueba esa delgada línea roja entre el amor y la amistad, a asumir el hecho que debe esclarecerse, y a enfrentar un evento traumático como es la pérdida de la madre, a la que se sentía inevitablemente muy ligado- vamos conociendo además las opiniones de sus amigos, sus personas más allegadas acerca de lo que ha podido pasar; así como las propias problemáticas de estos. Así pues, el crimen no es más que el punto de partida para trazar una panorámica del mundo adolescente y del conflicto humano emocional al que deben enfrentarse los futuros adultos. Conflictos que ahogan como un grito mudo y ahogado que los personajes que pueblan esta obra no consiguen expulsar al exterior a pesar de su imperiosa necesidad de hacerlo. Pero, detrás de los problemas de este grupo de personajes –quizá podríamos y deberíamos señalar que los personajes no escapan a ciertos tópicos y están a veces encorsetados en perfiles reconocibles, puede que para obtener toda esa vista general que se busca- pulula la gran pregunta central que es casi más interesante que el retrato generalizado del mundo adolescente: ¿qué hace la sociedad por estos chicos? ¿quién les ayuda a encontrarse y a encajar? Ante una crisis de valores ¿por qué el sistema educativo mira hacia otro lado? Puede que este sea el punto de mayor interés de lo que nos plantea Nando López, porque personajes y situaciones tienden a acomodarse en ciertos patrones; pero sin embargo el sistema educativo queda – con pocos retazos- de vuelta y media. Lo que vemos ante nuestros ojos es un grupo de adolescentes con toda una serie de conflictos emocionales que resolver –porque, en caso de que Marcos fuese culpable, La Edad de la Ira también se encarga de mostrarnos sus motivos para haber llegado tan lejos- pero también nos advierte sobre lo solos que se encuentran estos adolescentes ante el mundo que les ha tocado vivir.

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En un momento en que la literatura para adolescentes – y el teatro para adolescentes, por extensión- son géneros en sí mismos que han dejado fecundas huellas – no hace mucho veíamos la estupenda Future Lovers, de La Tristura; y el propio Nando López firmó un notable espectáculo con #Malditos16– puede que a La Edad de la Ira le falte alejarse de ciertos asuntos previsibles y tópicos que podrían distanciar de la trama al adulto que la esté observando; un escollo que el propio autor salvó con creces en obras posteriores. Podemos comprender bien la problemática de estos personajes – y la pregunta central de en qué pueden apoyarse realmente para superarla-; pero al mismo tiempo hay algo en la historia que habla directamente al adolescente y que tal vez desde una perspectiva más adulta genere un cierto distanciamiento con los conflictos reales de los personajes. En La Edad de la Ira hay ecos de situaciones que hemos visto en otros lugares –la compleja trama amorosa central, que une a los tres amigos para siempre a través del cine y les lleva a descubrir su sexualidad puede recordar, salvando las edades, a lo que se plantea en Castillos de Cartón, de Almudena Grandes- y los perfiles de los personajes buscan sin duda cubrir toda una serie de temáticas que no pueden faltar en este tipo de historia –digamos determinados roles dentro del conjunto de un aula o una pandilla-; de manera que podemos comprender el tema central, pero algo no nos permite terminar de identificarnos del todo con los personajes que se presentan, y tal vez tenga la sensación de que López busca abordar muchos temas sin llegar a profundizar del todo realmente en casi ninguno. Desde mi punto de vista, puesto que lo que más me interesó es la crítica al sistema educativo – por más que se vea sólo de forma externa- creo que el conjunto ganaría integrando los puntos de vista que integran ese sistema educativo que vemos que falla en ayudar a los protagonistas como un elemento más de la narración, contemplando así todas las voces posibles.

No se discute que la novela es un éxito entre adolescentes – y una referencia en institutos-, pero como digo, hemos visto abordar esta temática con mayor profundidad y acierto –y desde un enfoque más dirigido a todo tipo de público: es imposible no abrir una comparativa entre Future Lovers y La Edad de la Ira y constatar cómo aquella llega mucho más lejos que esta al menos en resultados- en otras piezas, incluso del mismo autor – #Malditos16 también vuela mucho más alto-. La Edad de la Ira parece desde luego dirigida a un sector del público muy, muy concreto.

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Puede decirse también que tal vez la adaptación teatral –en definitiva, demasiado monologada, por más que estos monólogos centrales aparezcan salpimentados de pequeñas intervenciones del resto de personajes- le juegue una mala pasada a la estructura de la novela; puesto que enseguida perdemos la noción de investigación policial que pretende seguir la trama para convertirse en una suerte de confesionario del que el público es testigo; pero el ritmo de la narración se resiente –por más que la puesta en escena intente, y casi siempre acabe consiguiendo, dotar de ritmo a la acción-. En otras palabras, lo que en formato novela puede ser interesante; no termina de encontrar en teatro el pulso narrativo deseable.

La puesta en escena de José Luis Arellano – con escenografía y vestuario de Silvia de Marta, que construye una estructura cerrada que simula un aula y sirve para separar la esfera de lo público (aquellas escenas en las que los personajes deben comportarse de acuerdo a lo que ‘su tribu’ espera de ellos) de la esfera de lo privado (para los momentos en los que estos jóvenes encuentran su intimidad), con interesantes juegos de iluminación de Juanjo Llorens y una videoescena de Álvaro Luna bien planteada pero a veces algo accesoria- es trepidante de ritmo –por momentos incluso demasiado- exige a los actores una constante descarga energética – regalar algún momento de mayor intimidad no estaría de más- y deja algunos momentos de hermosa plasticidad, dando lugar a un espectáculo sólido y de estética atrctiva.

Entre el elenco – un conjunto homogéneo de actores jóvenes pero ya experimentados, que han crecido con este proyecto-, una vez que hemos señalado que todos rinden a un buen nivel medio, podemos destacar la fuerza rabiosa que imprime Álex Villazán a Marcos, lo bien que se maneja Jorge Yumar en la intimidad de un personaje peliagudo – porque nos habla desde otra esfera- como es Sergio, el equilibrio de contraste entre los personajes de Laura Montesinos y Rosa Martí – que por escritura no escapan de ciertos lugares comunes; pero que ambas actrices defienden con entereza admirable-, el trabajo de Jesús Laví y Alejandro Chaparro en roles de menor definición y sobre todo el interpretativo que demuestran tanto Javier Ariano – destacable en Raúl-, como una elegantísima María Romero capaz de bascular fuerza y ternura, determinación e introspección en una Sandra que se acaba llevando los mejores momentos de la función; debo mantener lo que dije hace un par de años a tenor de su Helena de Troya en la Ilíada: atención a esta actriz. En cualquier caso, siempre resulta estimulante encontrar a un elenco tan joven como sobradamente preparado para ser valorado como lo que es: un conjunto de profesionales no con futuro, sino con presente.

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Estas funciones han servido pues para presentar el proyecto de La Joven Compañía en A Coruña – que un ciclo de abono con clara tendencia a lo comercial apueste con decisión por este tipo de espectáculos que se salen de la norma a pesar de que ya sean una realidad con su lugar ganado por derecho propio es un paso muy importante para mostrar a cierto público que otro teatro es posible-, si bien La Edad de la Ira no termina de funcionar como adaptación teatral, e incluso ha sido superada – incluso a veces por otras obras del mismo autor- en el género de la ficción para adolescentes. Todo el público sabrá apreciar el talento de este grupo de jóvenes profesionales; pero puede que un público muy concreto – el adolescente- llegue a la identificación más profunda con una problemática que plantea López en su obra: a los adultos, seguramente les acabe interesando más lo que subyace de la trama que la trama en sí misma.

H. A.

Nota: 3 / 5

La Edad de la Ira”, versión de la novela homónima de Nando López firmada por el propio autor. Con: Álex Villazán, María Romero, Javier Ariano, Jorge Yumar, Laura Montesinos, Rosa Martí, Jesús Lavi y Alejandro Chaparro. Dirección: José Luis Arellano. LA JOVEN COMPAÑÍA.

Teatro Rosalía Castro, 5 de Mayo de 2018

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3 comentarios leave one →
  1. mayo 28, 2018 08:16

    Vaites ho, discrepo! Aínda que só parcialmente porque non vin a peza, escapóuseme na Coru. Só dende o texto discrepo.
    Primeiro, unhaparéntse para gabar a idea da Joven compañía. Non sei se é necesaria ou non, pero é moi interesante, persoalmente é unha compañía que trato de ir ver sen peocuparme do que fagan. Sempre é interesante aínda que logo non me guste. Interesante porque as ideas de escrita sempre parten de que van ser escritas pra rapazada desas idades. Señor, como pode haber escolas desastre dramática que representan “O Rei Lear” como traballo de fin curso!? O da Joven é moitísimo máis interesante e arriscado.
    E neste texto, repito que só lin o texto, o bonito pra min é que non é moral. A meirande parte do teatro pra infancia e mocedade é teatro moral no que se lles di como se espera que se comporten. O que limita moito o seu impacto no seu público teórico: a infancia e a mocedade. Aínda que eu penso que o público a quen vai dirixido esta caste de teatro é ó profesorado, non ó alumnado.
    Así que este é o principal valor de “La Edad de la Ira”: rapazada urbana que fala pola súa boca, cas súas palabras (elaboradas, si, un mal necesario en case todas as artes, por sorte non sempre) e en situacións certas, pra min tan recoñecibles como alonxadas pola miña idade e entorno social (non teño fillos). Boto en falta o mundo da rapazada de aldea, a ver se alguén a escribe.
    Pero si quero subliñar o de rapazada “urbana”, moi urbana. Neste sentido, o autor aforrou facer sangue, cousa que persoalmente me deixou na dúbida de se… Pero como texto, é equilibrado e proporcional ó que se quere contar. Hai temas que o autor prefire destacar sobre outros, non se pode abranguer todo, e quen queira máis que o escriba, e niso atopo o éxito da proporcionalidade.
    Discrepo tamén na comparación con “#Malditos16”, igualmente falando só do texto. Este paréceme máis acertado polo compromiso cas escollas: menos temas e máis desenvolvidos. No “#Malditos16” desagradáronme ás referencias ós orzamentos públicos, por exemplo, porque distraían a atención dos personaxes interesantes: a rapazada.
    O meu laio vén por non poder ter visto a obra. Así que, nas valoracións escénicas non discrepo contigo.
    E xa sabes que dá gusto discrepar contigo.
    Unha aperta

    • mayo 28, 2018 11:32

      Ola Avelino!
      Grazas por leerme e viva a discrepancia! Como digo, non coñezo a novela e non sei até que punto a estrutura poida mudar… Sinto que hai algo que na adaptación de cara ao teatro, tende a perderse sobre todo por un tema de ritmo (a tendencia ó monólogo coido que é excesiva nunha peza con tantísimo elenco…) Pero tería que coñecer a novela para profundizar máis nesta cuestión. Polo que respecta ó contido, entendo o que queres dicir; pero o meu eu adolescente (que estará por algures, seguro) no rematou de identificarse con estes adolescentes… Non é tanto unha cuestión de distancia de idade (estou nos 30) como do lonxanas que me resultan algunhas das problemáticas que me plantexa… Cando vin FUTURE LOVERS de La Tristura (unha peza experimental sobre a adolescencia que non podes perder) sorrín varias veces ao recoñecer ao meu eu adolescente nas historias deses rapaces pensando…. ai, eu tamén fun eles… Aquí, nunca me pasou. É máis, hai momentos (a escena da nai) dunha sensibilidade tan evidente (vou meter esto aquí para que se me emocione a parroquia) que a min persoalmente me distancia. #Malditos16 pareceume unha peza moito máis amarrada ao agora e aquí que esta… Pero nisto, para gustos e para iso está a discrepancia!
      Por suposto que a labor da Joven Compañía é necesaria e positiva, e paréceme que tardaron demasiado en chegar a Galicia, pero nunca é tarde…
      Grazas por ler e comentar; pero sobre todo grazas pola discrepancia que nos permite abrir diálogo!
      Unha forte aperta
      H.

      • mayo 29, 2018 20:11

        Olá, só pra especificar que o que lin foi o texto teatral, felizmente editado (non coñezo a novela). E aproveito pra indicar que a min me queda máis lonxe aínda a adolescencia, pero vexo no texto mundos similares ós que me contan amigas profas de barrios dificiles, situacións que non son moi representadas no teatro.
        Unha aperta!

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