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‘Cuidado con el Perro’, o violencia universal

mayo 5, 2018

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Al frente de la compañía NueveNovenos, Eva Redondo se ha lanzado a dirigir e interpretar su texto Cuidado con el Perro, una función que aborda la situación de desigualdad o ninguneo y hasta el abuso sobre lo femenino no solo desde la figura del hombre, sino sencillamente sobre la sociedad misma: algo que, como nos muestra la función, ocurre a todas horas y en todas partes del mundo. Tal vez cambien los sistemas y las estructuras sociales; pero la recurrencia de encontrar a la mujer como víctima de diversos tipos de violencia y/o abuso de poder es una constante. A través de cuatro viñetas entrelazadas y situadas en distintos países y momentos del tiempo, Redondo nos presenta una suerte de panorámica fragmentaria a través de la que se nos permite reflexionar sobre si, efectivamente, algo debe cambiar en el mundo para que alcancemos la igualdad; e incluso sobre si ese cambio es posible.

Un turista busca a su perro perdido por las sórdidas y cálidas calles de Bangkok: las mismas calles en las que una niña tiene un encontronazo con un desconocido. Lejos de allí, un grupo de amigos celebra una fiesta en la que se juega a tinieblas, al tiempo que una mujer dialoga en la India con el feto del que está a punto de deshacerse por una tradición que va contra su verdadera voluntad. En otro lugar del mundo, se investiga el suicidio de una adolescente en su propia casa, sin que su padre se haya percatado de su muerte durante días… Estas son, en esencia, las historias que componen Cuidado con el Perro, un fresco sobre la dignidad femenina que sirve a Redondo para estudiar si la figura de la mujer está lo suficientemente visibilizada en la sociedad; y si esa sociedad es verdaderamente consciente de que ciertas cosas que ocurren están ocurriendo. Sabemos que este tipo de episodios tienen lugar a diario, sí; pero ¿hacemos algo por evitarlos o posicionarnos ante ellos o nos limitamos a sentarnos a mirar como espectadores del día a día? Las conclusiones a las que nos lleva el texto de Eva Redondo parecen inclinarse por lo segundo.

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El hecho de contar varias historias –pequeños sketches, situaciones concretas muchas veces apuntadas o insinuadas para que el espectador deba completar- abre un camino de tres direcciones que nos ayuda a entender hacia dónde nos dirigimos. Por un lado, esa pluralidad –de espacios, de países, de culturas y hasta de situaciones- permite a a la autora una visión panorámica no sólo en lo cultural, sino también en la propia dimensión de los acontecimientos: vemos distintos tipos de ataques a la dignidad femenina o a su derecho a decidir –por supuesto, no siempre directamente accionados o provocados por el hombre- en distintos grados. Tal vez no importe tanto el escoger cuál de ellas nos resulta más reprobable; sino más bien el constatar que siempre habrá un espacio para que la figura femenina quede supeditada a estamentos aparentemente superiores. Pero por Cuidado con el Perro pasan historias de trata, de abuso, de pérdida del derecho a decidir o incluso de las consecuencias de la incomunicación en una era en la que parece que estamos más comunicados que nunca aunque tal vez seamos incapaces de expresarnos debidamente. Redondo se limita a mostrar, eludiendo juzgar –porque deja valorar el peso de las consecuencias al espectador- sin si quiera dibujar un mundo de buenos y malos. Lo que denuncia la autora va más allá de la mera violencia física, sexual y verbal; y, consciente de que no se necesita poner el dedo en la llaga – porque está claro de qué nos habla-no renuncia a retazos de humor e ironía – un episodio se fija en la cosificación de la mujer en el lenguaje del género del electro latino, para terminar desembocando en un hecho más concreto- para lanzar sus dardos. Este carácter plural tanto de los casos que se tratan como de la forma de tratarlos le da a la función no sólo dinamismo, sino también una diversidad en los puntos de vista que se agradece sobremanera.

Es cierto que la estructura misma del texto –en la que las historias aparecen más apuntadas que desarrolladas- quizá no permita a la autora profundizar debidamente en unas tramas que podrían tener peso por sí solas de forma individual sin demasiado problema; y que aquí quedan tal vez susceptibles de ser expuestas con mayor detenimiento. También que unas historias acaban funcionando mejor que otras –la mejor, la más redonda, es la del diálogo con el feto en la India, que alcanza una temperatura dramática y poética muy interesante; así como el distante diálogo entre un padre y un policía- y que al todo le puede faltar una mayor cohesión; pero a pesar de todo es muy de agradecer la voluntad de escribir una obra crítica y de denuncia que no se queda en un mero panfleto de tópicos gritados a micrófono y consigue derivar en un todo variado que se ve con agrado por su pluralidad temática y estilística.

Como fragmentarias son las historias, también es fragmentaria la forma de narrar. Eva Redondo toma varios estilos, y a menudo hace que todas las historias estén contadas desde uno o más narradores que tienden a una especie de omnisciencia crítica en la que toman un posicionamiento que también se sugiere para el espectador. Los narradores –cuando aparecen- suelen hablar a micrófono y sus narrativas se completan con los diálogos que mantienen los personajes que son parte de la historia. Pero también hay a lo largo del texto de Redondo tanto alusiones a público, como guiños metateatrales, que sirven de alguna manera de distanciamiento ante lo que vemos; por más que a la vez la ruptura eventual de la cuarta pared opte por asumir que existe un público al que, en ocasiones, el texto increpa directamente. Es cierto que no veo que el micrófono tenga una función dramática clara –al menos no una función dramática que sume…-, y hasta señalaría que aquellos momentos que mejor funcionan parecen precisamente aquellos en los que acaba desapareciendo tanto el uso del narrador omnisciente como el uso del micrófono. Por otro lado, la gran cantidad de formas que usa Redondo para contarnos sus historias ayuda decisivamente a que nos adentremos con mayor comodidad en este crisol de historias que constituyen Cuidado con el Perro.

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La puesta en escena –que dirige la propia autora, mano a mano con Dani Ramírez- respeta la voluntad de contar una historia de texto y se basa en un juego de cortinajes que aprovecha muy bien la iluminación de César Linares para mostrar una realidad translúcida, que se muestra como si metiésemos el ojo a través de una grieta y se ve de refilón –tal vez de ahí la fragmentación, puede que excesiva, de algunas historias-. El efecto es interesante, aportando algunas imágenes bellas – las encontramos, por ejemplo, en la historia de la India: debo reafirmarme en que es la más redonda y la más conseguida de todas-; si bien el uso del micrófono para los narradores omniscientes externo sigue sin parecerme del todo necesario o justificado – también es verdad que cada vez se opta por este recurso con mayor frecuencia en el mundo del teatro-.

Buen trabajo coral de un elenco que integran Nacho Marraco – capaz de transitar en sus diferentes roles entre el psicópata inquietante y el pobre diablo incapaz de vislumbrar cómo los acontecimientos se le caen encima-, Clara Pampyn –que aporta su dominio de la fisicidad a algunas de las escenas más plásticas del montaje-, la propia Eva Redondo – que se luce junto a Pampyn en esa escena ambientada en la India, seguramente la más lograda-, Antonio Sansano y Jorge Fuentes – que, en ese empeño tan de agradecer de la autora por mostrar sin juzgar; para que sea el espectador quien emita sus propios juicios, se esfuerzan en aportar dignidad a sus roles-. Buena labor de equipo además en una función nada sencilla por su estructura misma.

En definitiva, Cuidado con el Perro es un ejercicio panorámico que pone el foco en una denuncia clara y plural; pero que tiene el acierto de no caer en acusaciones generales y deja que sea el espectador el que evalúe las consecuencias de lo que ha visto. Se agradece esa pluralidad; del mismo modo que la variedad de casos obliga irremediablemente a observar los casos más desde una vista que general que desde el microscopio que merecerían –aquí hay material suficiente como para hacer una obra de independiente de cada una de las historias-, del mismo modo que la función podría llegar al mismo punto sin el uso de la microfonía. En cualquier caso, Cuidado con el Perro tiene elementos más que suficientes como para ser una propuesta en la que detenerse: un teatro de índole social que no pierde en ningún momento su voluntad de ser buen teatro.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

Cuidado con el Perro”, de Eva Redondo. Con: Nacho Marraco, Eva Redondo, Clara Pampyn, Antonio Sansano y Jorge Fuentes. Dirección: Eva Redondo y Dani Ramírez. NUEVENOVENOS.

Sala Cuarta Pared, 28 de Abril de 2018

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