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‘A Secreto Agravio, Secreta Venganza’, o del drama de honor a la violencia de género

mayo 3, 2018

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Después de ganar el Premio Almagroff en la pasada edición del Festival de Almagro, se presentó en el Ambigú del Pavón Teatro Kamikaze la versión libre que de A Secreto Agravio, Secreta Venganza –drama de retribución de honor que Calderón de la Barca escribiese en 1637- escribe Pablo Bujalance y dirige Pedro Hofhuis para la compañía andaluza Jóvenes Clásicos. Se trata, en esencia, de una versión resumida y actualizada de esta compleja obra calderoniana que parte de una idea interesante para dejar el drama original en lo más básico y alejarse más de lo que parece del mensaje original. Una versión honesta den fondo y forma, sí; pero también una versión que al inicio parece que va a ofrecer más de lo que da finalmente.

A Secreto Agravio, Secreta Venganza aparece aquí repensada como la historia de Don Lope de Almeida, un noble portugués que, tras la muerte de su esposa –la castellana Doña Leonor de Mendoza- en un incendio aparentemente fortuito en su casa, es acusado del asesinato de Luis de Benavides –a la sazón, posible amante de la esposa- cuando aparece el cuerpo de este en el puerto. La versión libre que firma Pablo Bujalance incluye a dos policías de carácter contemporáneo –la inspectora Delgado y el inspector Ferrer- que recaban pruebas e interrogan a los sospechosos y allegados. Así, mediante interrogatorios y flashbacks, se va construyendo la historia de Calderón en una versión que cabalga a medio camino entre lo clásico y lo contemporáneo y la prosa y el verso –que se alternan entre las escenas de los policías y aquellas que implican a los personajes de la trama original- y al ritmo de fados que colorean esta trama de amor, muerte, venganza y asesinato.

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De partida se puede comentar que, vista a ojos del presente, la trama que presenta A Secreto Agravio, Secreta Venganza –en la que el protagonista, el (anti)héroe Lope de Almeida, reivindica su derecho y deber de lavar su honra- podría causar cierto escándalo precisamente si se descontextualiza, porque podríamos quedarnos en una trama de violencia de género; cuando leída desde la moral del momento de su estreno la trama debe ser mucho más que eso, y difícilmente puede entenderse como es debido fuera de sus coordenadas. Por más que el original hable del derecho del noble a restaurar su honor mediante una venganza –incluida una intervención capital de distintas capas de la realeza, aquí cortada, que podría mirarse como polémica desde nuestros días- ha de ser el propio espectador quien escoja cómo encajar los hechos que se cuentan en la obra y cómo leerlos desde hoy. La versión libre que firma Bujalance convierte un drama de honor en un thriller policíaco; y de paso se afana en ofrecer una lectura que deje claro que el protagonista es un villano al que se debe castigar, desde la moral de hoy y desde la visión de hoy, como si quisiera provocar en el espectador una reflexión a la que debería poder llegar por sí solo: el hecho de que en el original de Calderón no exista tal vez un castigo propiamente dicho – y que, a pesar de todo, quede claro quiénes son las víctimas del trágico desenlace- no debería impedir que alguien que contemple la obra entienda que el propio Calderón –ya en 1637- está condenando aquello de lo que se nos habla – que, a fin de cuentas, es algo que continua ocurriendo a día de hoy-; si bien lo está condenando desde otros parámetros.

Así las cosas, si la idea de convertir en thriller este drama de honor puede ser interesante en términos de agilizar la trama – y el trasfondo del fado es muy oportuno para este drama de honor y sangre, creo que gran parte de la esencia del original se acaba quedando por el camino por unas cosas o por otras. Al simplificar sobremanera tanto la trama –sin contar con los añadidos de los policías, podemos considerar que el original queda recortado a lo esencial en la hora y diez que dura el espectáculo; y a veces incluso a menos- como la reflexión final sobre el caso que nos ocupa-, las novedades que quiere aportar la versión libre acaban quedando por encima del texto de Calderón, y esto no debería ocurrir. Hay aciertos de estructura – los flashbacks-, de ambientación – la integración de los fados- e incluso de ritmo; pero creo que lo que se presenta aquí puede confundir a quienes no conozcan las circunstancias de la obra original, dulcificando tanto el mensaje como un desenlace que se presenta mucho más políticamente correcto de lo que puede parecer el original – insisto, sólo parecer; porque si se escarba a fondo en lo que cuenta Calderón entendemos que también él denuncia esta lacra, de manera bastante más sutil que aquí-. En otro orden de cosas, se puede señalar que el juego alternativo que se establece entre verso y prosa genera cierta confusión y llega a distraer de la rítmica de la escritura –los flashbacks en los que avanza la trama suelen presentarse en verso, mientras que las escenas que implican a los policías tienden más a la prosa-, así como la idea recurrente de convertir los interrogatorios en circos de la justicia en los que los policías presionan de forma satírica a los sospechosos hasta hacerles cantar puede parecer demasiado obvia. Sin embargo funciona la idea de que casi todos actores doblen roles en torno a Lope de Almeida –convirtiéndose por tanto al mismo tiempo en víctimas y vengadores, en una idea dramatúrgica interesante y coherente-.

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Por más que haya aciertos y la representación se vea con agrado – porque dura un suspiro…- el resultado de la versión es confuso; y la suma de las ideas no siempre termina de cuajar en un todo que tenga la cohesión que se le pretende a la historia. Además, hay que volver sobre una cuestión que me parece fundamental: algo del mensaje de la obra se queda por el camino. No es la primera vez que vemos acometer adaptaciones de esta clase –con obras clásicas traídas al presente respetando el verso- y lo cierto es que otras veces se ha conseguido un equilibrio mucho más marcado que el que sentimos aquí – sin salir del ambigú del Kamikaze, es imposible no recordar aquel Perra Vida (que, al igual que este montaje, ganó una edición de Almagroff; aun cuando bajo mi juicio aquel era superior a este) que situaba una historia cervantina entre legionarios y tugurios de carretera con un acierto que en esta versión no acaba de aparecer-: se puede hacer; pero hay que encajar todas las fichas del puzzle debidamente para que la cosa cuaje. Aquí podríamos decir que están las fichas; pero el puzzle no termina de cuajar.

La puesta en escena que firma Pedro Hofhuis –sucinto espacio escénico de tierra acotado por cortinajes impregnado de redes que a la vez se evocan en el vestuario de los personajes, y que llaman a ese puerto en el que transcurre gran parte de la trama criminal- es válida, va bien de ritmo y sabe integrar tanto los fragmentos musicales –el fado está muy bien traído- como los constantes cambios de vestimenta que los actores deben emprender para doblar personajes-. El elenco actoral es esforzado y dice el verso con corrección – siendo Calderón de la Barca, tampoco es poco- y en él destacan tanto Pilar Aguilarte – en su doble cometido de víctima enamorada e inspectora- y una Mai Martín que cumple muy bien como fadista – posiblemente sean los mejores momentos del montaje- y se encarga de las pocas frases que el montaje le ha dejado a la criada Sirena. También David Mena –como Juan de Silva, amigo de confianza de Lope de Almeida- se destaca con un papel aquí reducido al mínimo. A Rubén del Castillo y José Carlos Cuevas puede que les falte un punto extra de violencia en sus enfrentamientos – ya sea como amante y marido de la protagonista, o en los interrogatorios entre acusado y policía-. Pero, con los altibajos que el conjunto pueda tener, el cómputo global no deja de ser correcto.

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La idea que plantea este montaje es sin duda alguna atractiva –no en vano tienen el Premio Almagroff- y el montaje –quizás por su brevedad- se ve con agrado: pero la esencia calderoniana se queda por el camino y lo que cuenta esta versión de A Secreto Agravio, Secreta Venganza termina siendo, definitivamente, otra cosa, por más que el esfuerzo de todos sea encomiable. Sin pretenderlo, la versión libre se queda casi en algo de nueva creación, que pone el foco de manera evidente en la lacra de la violencia de género, aún cuando lo que planteaba el autor era algo que, pasando por ahí, era mucho más complejo que todo eso.

H. A.

Nota: 2.5 / 5

A Secreto Agravio, Secreta Venganza”. Versión libre de Pablo Bujalace sobre la obra de Calderón de la Barca. Con: Pilar Aguilarte, Rubén del Castillo, José Carlos Cuevas, Mai Martín y David Mena. Dirección: Pedro Hofhuis. JÓVENES CLÁSICOS.

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 28 de Abril de 2018

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