Saltar al contenido

‘Future Lovers’, o la hora de saltar sin red

abril 14, 2018

tristuracartel.jpg

I miss my friends and my guitar
And knowing I can travel far
But now I’m only standing here
Completely paralyzed with fear
The fear of who I’ll come to be
Of all the weaknesses in me
I truly thought I was prepared
But now I’m panicked and I’m scared
But how did I become a coward?”
(Yael Naim).

***

Varios años después de sorprendernos y poner el mundo de muchos – el mío desde luego- patas arriba con Materia Prima –aquel escalofriante espectáculo interpretado por niños de aproximadamente 10 años nacidos con el nuevo siglo-, La Tristura – esto es Celso Gómez, Itsaso Arana y Violeta Gil- vuelve por fueros semejantes para explorar en Future Lovers la evolución de esa misma generación: los que hoy son la generación adolescente – digamos entre los 17 y los 21 años- que ha crecido al amparo de la tecnología, viviendo episodios como la crisis española desde la distancia y con las herramientas suficientes como para comerse el mundo… Esa generación que tal vez haya visto hasta hoy los toros desde la barrera, y a la que ahora le toca salir al mundo real toda vez que sus personalidades, afectos y anhelos han empezado a formarse y laten dentro de ellos ahora más fuertes que nunca. Future Lovers nos invita a mirar desde un hipotético futuro al pasado, y a entrar en la intimidad de un grupo de jóvenes que han terminado sus estudios de bachillerato y se reúnen en un descampado para celebrar con un botellón el cumpleaños de uno de ellos… Es el momento en el que más plenos se sienten –y, en apariencia, se encuentran en lo que podríamos llamar su círculo de seguridad- pero también saben que el momento de lanzarse a la piscina, jugársela y saltar sin red para empezar a ser aquello que sueñan –o, sencillamente, aquello que van a ser- está a la vuelta de la esquina. Pero ¿será el futuro de estos jóvenes tal y como ellos lo imaginan? Hoy por hoy, ni siquiera ellos pueden saberlo.

Al comenzar el espectáculo se presenta ante nosotros, micrófono en mano, Sara Toledo, una mujer que nos habla desde el futuro y que, mediante lo que podría ser un experimento de realidad virtual que exista en ese futuro en el que nos situamos, va a retroceder hacia la noche en la que tuvo, según ella misma afirma, “la primera decepción de mi vida”. Desde este punto, retrocedemos a esa noche de botellón de la que hablo algo más arriba, que podemos ver desde los nostálgicos ojos de Sara. Un bosque, una vista del cielo nocturno de Madrid y un Opel Astra cargado de bebida encuadran toda una serie de confidencias entre seis amigos que tienen la suficiente confianza entre ellos como para hablar sin ambages, de tú a tú, de sus miedos, sus verdades o su manera de agarrarse al futuro sin querer por ello soltar lastre del presente que tienen ahora; un presente en el que se sienten cómodos. Por las cabezas de estos jóvenes pasan asuntos como la duda ante la posibilidad de dejar atrás todo lo que se tiene para lanzarse a la aventura de irse al extranjero, explorar los límites entre una estrecha amistad y algo parecido a un incontrolable amor o dejarse arrastrar por ese flechazo al amparo del alcohol y la necesidad de expresarse sin más feedback que el de ser escuchado por un otro. Son pequeñas historias superpuestas, como confidencias que se dicen al oído – no en vano toda la función usa micrófonos; y, por una vez, su uso tiene una función dramatúrgica clarísima: la de adentrarnos en la esfera de lo íntimo de estos jóvenes que navegan a caballo entre la duda ante un futuro incierto y la certeza de que ellos son los más capacitados y los más preparados para ejecutar el cambio, hacer algo grande; hacer algo con unas herramientas que van más allá de aquellas que tenían los que vinieron antes que ellos.

tristura1.jpg

Future Lovers nace como una idea original de La Tristura desarrollada por medio de talleres, tras haber escogido a seis jóvenes de entre 18 y 20 años en principio sin otra experiencia profesional en el mundo del teatro que esta –si bien dos de los integrantes de este elenco formaron parte, siendo niños, del reparto de Materia Prima-. Posiblemente los jóvenes hayan influido mucho en los temas que se tocan, abordando cuestiones que les toquen de cerca, por más que haya un texto más o menos prefijado. Y se nota y se agradece porque gran parte del encanto que transmite Future Lovers radica no sólo en la frescura que desprende el elenco, cómodo en este aire de confidencia que tiene toda la propuesta –por momentos parece que no estuviesen actuando- sino en la verdad que se desprende del discurso. Hemos visto, sí, muchas obras de teatro “por y para adolescentes”; pero sin embargo Future Lovers no usa ni esta ni ninguna etiqueta semejante porque se dirige desde la adolescencia a todos: a los que lo fuimos, a los que lo son, e incluso a los que lo van a ser. El discurso que se emplea en Future Lovers podrá ser tal vez pequeño en apariencia; pero trabajar con esas supuestas menudencias le acaba ayudando a alejarse de tantos y tantos lugares comunes que aparecen una y otra vez en otras obras que abordan la adolescencia para erigirse en un alegato de una generación que hoy tal vez esté perdida pero, efectivamente, tiene todas las de ganar si trabajan en ello.

tristura5

La propuesta escénica –apoyada en sugerente escenografía de Ana Muñiz muy bien iluminada por Carlos Marquerie- camina a medias entre o textual y lo performativo –porque la danza, casi se diría que como elemento de liberación, de desconexión (o de nueva forma de expresión) con el mundo está muy presente- y está planteado como un doble viaje: por una parte el de una mujer que consigue mirar al pasado para reconocer el yo que es ella hoy y entender cómo las circunstancias de aquella noche fueron algo así como un pistoletazo de salida de su vida real; y por otro lado como una curva de montaña rusa de unos jóvenes al amparo del botellón. Así, todas las relaciones y pulsiones que aparecen en la obra están dibujadas en forma de curva, desde un comienzo en el que los protagonistas nos muestran sus dudas hasta un punto en el que la ingesta alcohólica está en lo alto – y por tanto afloran sin temor por un instante las verdades, lo que son y lo que sienten realmente- y finalmente la calma después de la tempestad que corresponde a ese momento en el que amanece y los efluvios del alcohol van desapareciendo para dejar paso a lo que para ellos ya es un – nuevo- círculo de seguridad. Y después de esa noche, el futuro. Un futuro incierto, pero que los seis afrontan – cada uno desde su lugar- con coraje y determinación; y, por último, desde ese mismo futuro, la mirada de Sara, determinada y al mismo tiempo con un poco de pesimismo al reconocer que tal vez las cosas no son como se sueñan, sino simplemente como son. Lo cierto es que Future Lovers – si bien no se acerca al mazazo emocional que supuso para tantos de nosotros Materia Prima- enseguida muestra mucho más calado del que puede parecer a primera vista, porque es el retrato de una generación contado por ellos, sin dobleces, sin trucos, sin medias tintas y sin giros necesarios para la trama. Tal vez por ello nos resulte tan cercana y tan reconocible –hasta el aire naif de algunas escenas nos es cercano-: porque nos presenta la realidad desde un punto –¡este sí!- en el que todos hemos estado; y porque al tiempo nos permite vislumbrar un poso doloroso de futuro incierto ante lo que les pueda esperar a estos jóvenes – y en este sentido, la elección de “Coward”, de la francesa Yael Naim, como tema conductor de la trama no puede ser más acertada, porque resume muy bien el espíritu de duda y determinación que impregna toda la pieza-. Jóvenes que hoy por hoy, dicen sí y saltan – de nuevo doblemente- sin red: tanto a la hora de observar el futuro como a la hora de decidir subirse al escenario para participar de esta hermosa experiencia; que es un teatro rabiosamente contemporáneo y cercano. Es cierto que en mi función falló la microfonía en según qué momentos; y que algunas historias de todas las que se cuentan podrían ser susceptibles de un mayor desarrollo; pero a la vez hay que aplaudir la cercanía, honestidad y sinceridad que desprende esta propuesta.

tristura3.jpg

Los seis intérpretes derrochan una frescura, una comodidad y una sensación de seguridad ante lo que están haciendo que es imposible que no arrastre al resto del público. Estamos ante uno de esos espectáculos que no interpretan profesionales; pero a la vez la ganancia para el público es clarísima : esto no puede fingirse; esto se nota que es de verdad, que son ellos hablando y expresando su forma de sentir. Hemos visto triunfar formatos semejantes en los que no se cuenta con actores profesionales –recordemos aquella propuesta griega que era Clean City, o Don Juan y Garage, de Voadora- y hemos visto también muchos otros tratando el tema de la adolescencia: pero en todos aquellos veíamos actores interpretar adolescentes, mientras que aquí no se finge, se es. Hay que tener mucha entereza para lanzarse a hacer algo así siendo tan jóvenes y sin una formación específica dando la sensación de una profesionalidad apabullante –muchos de ellos estarían perfectamente preparados para hacer carrera en esto…- y con una contagiosa sensación de vitalidad y disfrute que se transmite al momento al patio de butacas. Son Sara Toledo –permítaseme empezar por ella, porque hace suya la función con los monólogos de apertura y cierre-, Pablo Díaz, Manuel Egozkue, Gonzalo Herrero, Itziar Manero y Siro Ouro-. Hay escenas hermosas, como las confidencias entre los dos amigos que afrontan un futuro a distancia que podría esconder una peligrosa y evidente confidencia deseosa por aflorar por fin o la del descubrimiento del amor mágico, del amor flechazo que en ese momento nos puede parecer tan sincero y necesario entre una recién estrenada universitaria y el novio de la protagonista: grandes momentos de inspiración por parte de los dos actores; si bien hay que insistir en que todos aportan su grano de arena a un espectáculo que navega con pulso firme hacia el éxito que es.

tristura4.jpg

Viendo Future Lovers – y aunque no sea la bofetada que fue Materia Prima- uno entiende que La Tristura sabe muy bien lo que se hace; y que han encontrado un lenguaje, una manera de trabajar y un modo de expresar las cosas tan sencillo como contundente y cercano al público. Van a crear escuela y son un estilo de teatro escandalosamente necesario. Por lo pronto, con Future Lovers les ha salido una pieza que seguramente sea el mejor, el más sincero retrato sobre la adolescencia que hemos visto en teatro en años –y sabrán que hemos visto unos cuantos-. Tal vez porque no pretende ser estrictamente teatro ni de adolescentes ni para adolescentes; sino un teatro desde la adolescencia para la edad adulta, que no busca quedarse en ese momento sino –como hace Sara- llamar a una reflexión desde el futuro. Tremendamente honesto.

H. A.

Nota: 4/5

Future Lovers”, creación de Celso Giménez con la asesoría escénica y dramatúrgica de Itsaso Arana y Violeta Gil. Con: Sara Toledo, Pablo Díaz, Manuel Egozkue, Gonzalo Herrero, Itiziar Manero y Siro Ouro. LA TRISTURA / TEATROS DEL CANAL / COMUNIDAD DE MADRID.

Teatros del Canal, 7 de Abril de 2018

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: