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‘Si no te Hubiese Conocido’, o buscarse sin hallarse

abril 11, 2018

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Dentro de la programación del Centro Dramático Nacional se presenta Si No Te Hubiese Conocido, una comedia romántica que escribe y dirige Sergi Belbel y que se apoya en las teorías de los universos paralelos – como aquella función de David Lindsay-Abaire que vimos esta misma temporada- y de las vidas trazadas por la casualidad – puede que como en Los Amantes del Círculo Polar, de Julio Medem, salvando las distancias- para contar una historia de pérdida, búsqueda y reencuentro hipotético que bebe además del espíritu de algunas comedias americanas presentadas en cine durante los años 90 y la primera década de este siglo – podemos pensar en El Cielo Sobre Berlín, City of Angels o Sliding Doors por citar algunos ejemplos claros-. Una historia que parte de una premisa interesante; pero que adolece en su desarrollo de revisar uno a uno varios lugares comunes del género y por momentos se vuelve excesivamente azucarada; además de verse lastrada por una evidente falta de complicidad de la pareja protagonista.

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Eduardo está felizmente casado con Elisa, se aman y tiene dos hijos. Un día, de forma fortuita, Eduardo pierde a su esposa y sus hijos en un desgraciado accidente de coche. Sin poder levantrar cabeza y culpándose de la tragedia, recibe la visita de su amigo Óscar –casado a su vez con Cristina, los cuatro amigos desde la universidad- dispuesto a intentar ayudarle. Como en una revelación, Eduardo le cuenta a su amigo que conoce la teoría de los universos paralelos en la que existirían mundos diferentes a este; y en los que por tanto podría reencontrar a Elisa y evitar conocerla, enamorarse de ella para evitar el sufrimiento que le causa su muerte. Es así como, empastillado, el protagonista puede revivir toda una serie de episodios –desde los tiempos de universidad hasta el futuro en 2028- claves para entender la relación de los cuatro amigos. Episodios que se repiten con pequeñas modificaciones – porque hay tantas realidades posibles como universos existentes- en los que Eduardo ve cómo hubiera sido su vida si algunas cosas hubieran pasado de forma distinta: ¿y si nunca hubiera conocido a Elisa? ¿y si se hubiese casado con Cristina? ¿y si Elisa fuese realmente la esposa de Óscar? Pero, a lo largo de todas estas escenas que muestran todas las probabilidades existentes, parece que una fuerza superior siempre acaba provocando que los destinos de Eduardo y Elisa se acaben encontrando y estén condenados a estar juntos… Como si no pudiesen escapar de su propio destino, de su vida juntos y tal vez tampoco de su fatal desenlace. ¿Están escritos nuestros destinos? ¿Podemos cambiarlos? ¿Somos meros juguetes de la paradoja temporal? ¿Puede ser el recuerdo otra cosa que un momento de nostalgia? Sobre estos asuntos reflexiona la obra de Belbel, que lanza a la pareja protagonista a una ensoñación circular en forma, efectivamente, de paradoja o agujero negro. Una función que posee todos los grandes elementos de la comedia romántica – los hormigueos, la fuerza del destino, las canciones clásicas…- teñidos sin embargo de una siempre acechante presencia mortuoria de la que tal vez no se pueda escapar. Y es que ¿cuál es en realidad la esfera de felicidad concedida a estos personajes?

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Hay que reconocer que la pieza, en su aparente simpleza, está escrita, desarrollada y dialogada con agilidad. Los tiempos avanzan y se superponen sin que resulte un problema para el espectador poder seguirlos y enseguida entramos en el juego que Belbel nos plantea: el de recibir todos los puntos de vista, todas las opciones posibles y armar no sólo un puzzle sino todos ellos. Tiene tanto lugares comunes en el texto – ese cierto aire de misticismo romanticoide que destilan todos los personajes- como momentos audaces de desarrollo –las escenas finales dejan por un instante lo edulcorado del género para erigirse en lo más interesante de la representación- y el cómputo global podría ser el de una agradable curiosidad. Si no logra ir más allá como texto seguramente sea por la falta de factor sorpresa tanto en la premisa original – la de los universos paralelos, que ya hemos visto como digo esta misma temporada en otra función- como en el desarrollo mismo – esa sensación de que esta historia nos la han contado varias veces antes; y seguramente nos la hayan contado mejor-. Por unas cosas y otras, lo cierto es que algo que se promete interesante nunca acaba de arrancar y se queda en un festival de romanticismo que seguramente tendrá su público, pero que se las prometía más felices sobre el papel. Se deja ver, pero a la vez la historia es tremendamente previsible en su desarrollo –y solo apunta detalles de verdadero interés hacia el final.

La puesta en escena que firma el propio autor se basa en un paredón sobre el que se proyectan los tiempos y los espacios en los que transcurre la acción y un juego de sillas en primer término como únicos elementos escénicos, con una dirección actoral tan sencilla como pulcra y funcional. Tras el paredón –dispuesto para algunas escenas- un gran salón de bodas que se dejará a la vista en aquellas escenas –varias- en las que los personajes revivan las combinaciones de uniones posibles. No deja de llamar la atención que, partiendo del minimalismo en el que transcurre gran parte de la propuesta, se haya construido una escenografía tan aparatosa como la del salón de bodas para usarla en apenas unas escenas – tampoco tengo claro hasta dónde era realmente necesario…-. La dirección del autor es sencilla y sabe cómo contar una historia compleja por espacios y tiempos sin enloquecer al respetable; si bien los playbacks de Hazas cantando – playback a la vista del público…- y Ugalde tocando la guitarra – convenientemente dispuesto de espaldas, por si acaso…- bordean peligrosamente lo sonrojante y habría que buscar alguna solución que no dejase la trampa tan a la vista. Muy bien aprovechada la iluminación.

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No tiene malos mimbres Belbel para levantar su función y, sin embargo, la química entre Unax Ugalde y Marta Hazas casi nunca aparece; aún cuando ambos están muy bien por separado. Es casi inexplicable; pero no hay chispa entre ellos, no hay esa luz que debería ser indispensable para contar este tipo de historias… Uno nunca llega a ver a una pareja enamorada, estable y capaz de todo por estar juntos; por más que, como digo ni él –solvente en sus intervenciones- ni ella – hábil para pasar del drama a la comedia- estén mal del todo. Pero si en una historia de estas características, la pareja protagonista no termina de empastar gran parte de la magia se queda por el camino sin poder remediarlo. El comienzo – largas escenas entre ambos- es tedioso y cuesta entender qué ha podido pasar para que una pareja transmita tan poca química como esta; pero lo cierto es que es una realidad que lastra en gran medida el resultado final de la función. Dado que ninguno de los dos está mal por separado, es complejo decidir a qué achacar una falta de química que, por otra parte, es más que evidente… Tal vez sea por eso que el foco de la función lo acaban robando tanto Óscar Jarque – en ese mejor amigo que transita por la fidelidad, la cornamenta, la traición y el desengaño, un trabajo muy divertido- como sobre todo una chispeante Ana Cerdeiriña – nunca la he visto en grandes proyectos teatrales; pero siempre se las arregla para salir airosa de lo que le den- en el papel de la segunda de turno, la mujer a la sombra, la esposa engañada que engaña… y un papel que, en definitiva, le permite explorar toda una serie de posibilidades cómicas e histriónicas a las que se sube sin miedo: tarda un mundo en entrar en escena; pero la función sube enteros considerablemente cada vez que lo hace.

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En fin, Si No Te Hubiese Conocido es una comedia romántica que promete bastante más de lo que da a primera vista – básicamente porque no aporta nada nuevo al género-; si bien se ve con agrado y seguramente gustará a los amantes del género. Desde luego, hay que señalar que Sergi Belbel nos ha presentado propuestas textuales más ambiciosas; y la pareja protagonista no consigue ni enamorarse ni enamorarnos porque, como les ocurre a sus personajes, tal vez se busquen; pero nunca llegan a hallarse del tdoo. Se pasa el rato, pero esto tenía mimbres más que suficientes como para haber ido mucho más lejos.

H. A.

Nota: 2.5/5

Si no te Hubiese Conocido”, de Sergi Belbel. Con: Marta Hazas, Unax Ugalde, Óscar Jarque y Ana Cerdeiriña. Dirección: Sergi Belbel. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL / OCTUBRE PRODUCCIONES.

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 5 de Abril de 2018

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