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‘Cronología de las Bestias’, o del thriller al melodrama

abril 2, 2018

CRONOLOGÍA BESTIAS cartel ok

Después de Siempre me Resistí a que Terminase el Verano, el actor, director y dramaturgo Lautaro Perotti – inolvidable primer intérprete de Marito en La Omisión de la Familia Coleman– presenta en España –con notable elenco de nuestro país- Cronología de las Bestias, un melodrama con tintes de thriller que presenta algún hallazgo de estructura; pero que, sin embargo, acaba perdiendo parte de su fuerza por la acumulación de tragedias que enlaza –y que acaban por distanciar sin remedio al espectador-, e incluso por una narrativa que presenta cabos sueltos difíciles de asimilar, aún cuando la presentación de la trama es interesante y apunta y promete cosas que, al final, no siempre llegan del todo.

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Diez años después de su desaparición en extrañas circunstancias cuando apenas tenía doce, Beltrán – el hijo de Olvido, una profesora que se agarra al alcohol para olvidar- regresa a casa sin explicación aparente, pistola en mano y en estado de shock. Será Celia –la hermana de Olvido- quien encuentre al joven, aterrado y oculto tras un sofá. Este acontecimiento, que debería ser motivo de alivio para todos; hace sin embargo que esta familia de un pequeño pueblo en el que todos se conocen se esfuerce por crear una nueva rutina de normalidad que resulta a todas luces forzada. En la casa, junto a Olvido y Celia, vive también César –el hijo de esta última-; puesto que ambos se mudaron para acompañar a la madre cuando estalló la tragedia. En un pueblo pequeño, la intervención de un sacerdote con dotes de detective –con más ganas de saber qué ha ocurrido realmente que la propia familia- amenazará la supuesta nueva paz de un grupo de personas esforzadas en mirar adelante como si nada hubiese ocurrido… aunque en el fondo hay mucho que tapar. Muchas cosas que no conviene que salgan a la luz. Será la estructura fragmentaria y progresiva –en cada flashback o flashforward vemos un fragmento más de escenas que ya conocemos- la que permita al espectador armar un puzzle de historias entrelazadas en el que los secretos, los pactos de silencios o los intereses creados están a la orden del día; y en el que la llegada del hijo perdido cierra – ¡por fin!- de alguna manera un círculo vicioso que ha afectado de una u otra manera a todos los personajes y en el que todos han intentado solucionar su soledad de la mejor manera posible… Ahora, con Beltrán nuevamente en casa, todos ven en él una herramienta necesaria para terminar de dar sentido a sus vidas, marcadas hace años por hechos que no pueden desvelarse pero que, en el fondo, a todos les persiguen. Así, Olvido ha optado por evadirse mediante la bebida, de la misma manera que Celia cose jerseys sin cesar mientras parece no enterarse de nada de lo que pasa a su alrededor y César parece más centrado en lucrarse con negocios digamos poco recomendables que en otra cosa… Pero ¿quién es realmente Beltrán? ¿qué le ha llevado a esa casa? ¿por qué la familia decide ver este hecho improbable como lo más natural del mundo? ¿por qué el sacerdote –empeñado en ayudar a esclarecer unos hechos que para él son, como poco, sorprendentes- parece ser un obstáculo en esa casa? Son algunas de las incógnitas que se irán desvelando a lo largo de la obra, con unos personajes que han conseguido absorber aquellos episodios con los que no podían bregar y mirar hacia otro lado, consiguiendo un –falso- equilibrio eficaz que ahora podría sin embargo tambalearse…

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Como digo, el arranque de la función –con un aire de oscuridad e incógnita que inmediatamente hace querer saber más de lo que está sucediendo- es prometedor, e incluso la manera de aumentar datos en cada escena –de forma que el rompecabezas va encajando a medida que avanza el texto, y vamos entendiendo más y más capas de lo que ocurre- es también muy interesante. Incluso el tono – que, entre el thriller y el melodrama, deja además pinceladas de humor en según qué perfiles y situaciones con bastante habilidad- tiene algo de encanto. Incluso la evolución del personaje de Celia – la hermana aparentemente atontada y manipulada por todos- permite lucimiento y tiene un arco de personaje bastante interesante. Y, sin embargo, la manera de resolverse el conflicto cae con frecuencia en clichés –cúmulos de fatalidades puestas en fila para conmocionar más y más al espectador- más propios del melodrama – en el peor sentido del término- que del thriller que apuntaba que iba a ser la función. Hay, además, más allá de la trama central – el descubrir qué pasa con Beltrán realmente- aspectos del argumento que no terminan de cincelarse del todo – el personaje del sacerdote, o toda la subtrama relativa al trabajo sucio que desempeña César, que de alguna manera enlaza todo el resto de las tramas y que resulta forzada e improbable-, e incluso cabos sueltos difíciles de comprender –Celia ve aparecer a Beltrán, al comienzo encañonando un arma, pero no parece sorprenderse ni asustarse más de la cuenta…-. La sensación final es la de que una historia que podría haber resultado interesante por contenido y estructura, cae sin remedio tanto por lagunas narrativas – hay mucho cabo suelto que admitir, incluso a pesar de que, como en los melodramas televisivos, los datos importantes se nos repiten una y otra vez para que no tengamos la menor duda…- como por esa tendencia a un melodrama excesivo –porque los secretos que se destapan tienen a cada cual más tela que el anterior…- que nos distancian de lo que parecía el propósito inicial. Ni siquiera un cierto repunte hacia la comedia negra en la última escena – en la que parece que, a pesar de las psicopatías de los personajes, todo ha vuelto a la normalidad, en la medida de lo posible para estos personajes a los que, después de todo, les falta un tornillo..- consigue aumentar el interés de la historia. Así pues, puede decirse que el texto que firma Lautaro Perotti tiene posibilidades – y una estructura que funciona- aunque empieza por parecer una cosa – un thriller con pinceladas de humor negro aquí y allá que permiten cierto respiro- para acabar siendo otra, pues rara vez aparta del melodrama de sobremesa; pese a ciertos intentos por distanciarse de ese género, que terminan derivando en lo mejor de la función.

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Útil y vistosa la escenografía de fines expresivos de Mónica Boromello –si aceptamos esa cama de Beltrán que resulta diminuta para un joven de su edad, y hasta para un niño..-, adecuada la iluminación de Carmen Martínez y, pese al intento de imprimirle esa naturalidad tan argentina marca de la casa, puede que algo afectada en demasía la dirección de actores que firma el propio autor. A pesar de que el elenco es de relumbrón, lleno de actores de primer nivel y probada solvencia en estas lides, hay que decir que los personajes con mayor poso dramático –aquellos que interpretan Carmen Machi y Santi Marín– están llevados con una tendencia al exceso expresivo sin demasiada necesidad –marca de dirección, imagino- que con frecuencia hace que bordeen la caricatura, sobre todo ella, muchas veces pasada de revoluciones sin demasiada necesidad real – y todos sabemos que Machi sabe hacer las cosas de otra manera…-. Una caricatura en la que, si no acaban de caer del todo, seguramente sea por la habilidad de ambos actores para sortear una dirección que no les deja las cosas fáciles. Pilar Castro, versátil, sobrada de registros y llena de luz, saca oro sin embargo de Celia – la tía arrinconada en la sombra, que crece conforme avanza la representación- y exprime todas las posibilidades del personaje. Simpático el sacerdote de Jorge Kent –que llega a ser un soplo de aire fresco entre tanta escena cargada de tensión desmesurada- y más que aceptable Patrick Criado en un personaje difícil –Beltrán, el hijo que regresa, porque se basa mucho en miradas, silencios; y el personaje es una incógnita en sí mismo durante buena parte de la representación- que tiene que afrontar además un desnudo integral no demasiado pertinente ni del todo bien resuelto por la puesta en escena. A la vista del reparto, insisto, si algunos de estos actores no brillan como suelen seguramente sea por un asunto de dirección.

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Tiene Cronología de las Bestias a primera vista mimbres más que suficientes para ser algo interesante: buenos actores y un texto que apunta maneras Sin embargo, la ambición misma del texto provoca que la trama vaya por unos derroteros que se alejan de la emoción real para caer con demasiada frecuencia en el melodrama por pura acumulación de historias sórdidas y trágicas que se encadenan: un melodrama que acaba por contagiar a casi todo lo que hay alrededor, aunque el punto de partida –y ciertos toques de humor negro- permiten que la función respire aquí y allá. Desde luego, parece más o menos comprobado que Lautaro Perotti destaca más como actor que como autor o director.

H. A.

Nota: 2 / 5

Cronología de las Bestias”, de Lautaro Perotti. Con: Carmen Machi, Pilar Castro, Santi Marín, Patrick Criado y Jorge Kent. Dirección: Lautaro Perotti. OCTUBRE PRODUCCIONES / TEATRE LLIURE / TEATRO ESPAÑOL

Teatro Español, 20 de Marzo de 2018

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