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‘Malas Hierbas’, o el vodevil de los chupasangres

marzo 29, 2018

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El Teatro Lara presenta en la pequeña sala Lola Membrives Malas Hierbas, una nueva comedia de Carlos Be que, en esencia, viene a ser una reescritura o versión libre de La Muralla –obra de Joaquín Calvo Sotelo estrenada en 1954 y que se mantuvo en cartel en el Lara durante más de 20 años; y cuya última producción en Madrid tuvo lugar en el Centro Cultural de la Villa (ahora Teatro Fernán Gómez) allá por 1993-. Malas Hierbas es, por tanto, una obra escrita por encargo del propio Teatro Lara, casi como una reproducción simbólica para recuperar de alguna manera uno de los títulos emblemáticos de su antigua cartelera, en una revisión camerística y actualizada que sirve a Carlos Be para reflexionar sobre el mismo tema del que hablaba la obra original –¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conservar lo que más queremos?- a ojos de hoy, tocando un tema que sigue tan en boga hoy como en 1954: la corrupción y la especulación de los terrenos.

En su reescritura, Carlos Be –uno de los autores más variopintos, prolíficos e inesperados de la actualidad- nos presenta a Juan, un empresario de la construcción corrupto hasta las trancas que intenta eludir responsabilidades y seguir adelante con sus cosas; mientras ve cómo sus compañeros van cayendo… Él siempre podría ser el siguiente; pero para eso está la estrategia: llamadas con nombres en clave, seguimiento de los hechos y quizás algún empujoncito a alguien que le estorbe… pero todo con tal de mantener su estatus social y todo aquello que ha conseguido. Junto a él vive Carmen, su abnegada esposa, una nueva rica, fan de su antigua vecina Ana Belén en uno de sus chalets, que se sabe engañada y conoce los tejemanejes de su marido; pero trata de mirar para otro lado porque a ella también le conviene esa comodidad, que no está dispuesta a perder por nada del mundo – de ahí que, al menos hasta cierto punto, acepte compartir al marido-. Y es que también tenemos para terminar el trío a la explosiva Jesusa, la amante de Juan, una supuesta actriz del tres al cuarto que ha actuado en algunas de las últimas películas del destape y ahora se agarra a su amante millonario para chupar del bote todo lo que pueda y, a fin de cuentas, mantenerse… que es lo que en resumen intentan, de un modo u otro intentan los tres personajes: ser chupasangres de los demás para mantenerse en su posición. La entrada de la amante en casa del matrimonio será el punto de partida de una trama que contiene todos los elementos del vodevil español de tiempos pasados – la referencia más clara, más allá del mismo Calvo Sotelo, tal vez sea el teatro de Alfonso Paso; pero también, yéndonos por la senda de lo cinematográfico, el landismo– en una comedia de enredo y con giros argumentales que nos llevará a reflexionar sobre cómo las deudas –sean del tipo que sean- al final siempre se pagan y la forma en la que a veces hay que aliarse con el que en principio es el enemigo buscando salvar el pellejo.

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Sin conocer el original en el que se basa Malas Hierbas, sí parece bastante claro que Carlos Be ha querido respetar el estilo de la comedia vodevilesca; y no ha renunciado en absoluto a que su propuesta tenga un cierto aroma a comedia antigua, al que le ha añadido ciertos gags actuales – morcillas, recursos de flashback o flashforward- manteniendo el carácter estereotipado hasta el extremo de unos personajes que en todo momento son caricaturas de manera bastante consciente. Por más que se empeñe en traer el conflicto al aquí y al ahora, tanto la ambientación como la música – suena constantemente George Gershwin- y la trama misma – que, pese a los múltiples giros, no esconde ese aire de enredo perfectamente previsible y medido- nos retrotraen a comedias de otros tiempos; en lo que casi podríamos considerar un ejercicio de arqueología, suavizado y tamizado por ciertos recursos que emplea el autor para acercarla al público de hoy – no me refiero tanto a la actualización temporal, sino quizá más bien al lenguaje y las técnicas narrativas-; y, sin embargo, siendo Be un autor arriesgado como es, nunca termina de dar el salto mortal: coquetea con actualizar según qué cosas, pero en su respeto por la esencia original no se aleja de dejar un cierto aire de comedia de otro tiempo –aire buscado, claro- Así las cosas, la verdad es que no tengo del todo claro hasta qué punto las actualizaciones que introduce Be benefician o perjudican al resultado final de una comedia que nunca esconde ser justo lo que es: un homenaje a un tipo de teatro al que hay que mirar desde el cariño de la nostalgia; pero cuya estructura está a un paso de lo rancio. Es cierto que, al reescribirla, Be ha conseguido una trama que se aleja de lo rancio; pero nunca va más allá de la comedia simpática, porque el autor ha querido mantener el carácter caricaturesco de personajes y situaciones. Y, ante esta decisión, sólo cabe preguntarse: puestos a mantener la esencia – todos sabemos que Be, autor siempre original e inteligente, hubiera podido alejarse de esta tradición, de haber querido- ¿no sería tal vez mejor opción recrear el ambiente el original, dejando de lado unos guiños a la actualidad que se quedan en meras anécdotas? Tal vez o eso o tirarse a la piscina y hacer una reescritura salvaje; pero tirar por el camino de en medio –por el que parece haber apostado Carlos Be en esta ocasión- resta bastante interés al asunto; aunque es de ley señalar que el espíritu está muy bien conseguido, por más que nos llame a un teatro de otros tiempos.

No no confundamos: Malas Hierbas está bien realizada, se ve con agrado y arranca alguna risotada aquí o allá; pero el resultado casi parece más una excusa por compromiso – se nota a leguas que es un encargo…- que algo con el calado al que el autor nos tiene acostumbrados, ya sea en comedia o drama – recordemos títulos como Peceras, Añicos o Elepé, por poner dos ejemplos-. Esa profundidad aquí no está, ni se pretende, ni se espera; y posiblemente el que acuda a ver Malas Hierbas esperando una genialidad creativa de Carlos Be se sienta algo defraudado, sin que para nada sea un mal producto lo que se ofrece –no lo es-. Para valorar Malas Hierbas como lo que es, no hay que perder de vista las circunstancias del proyecto: un Be menor, por encargo e inspirado en una obra concreta de unas características muy concretas que – por más que se hayan querido actualizar- mantiene para bien y para mal su esencia.

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Cuenta Be – que también dirige el espectáculo en una sencilla pero imaginativa y eficaz puesta en escena, de corte cinematográfico y jugando con coreografías y estereotipos parodiados hasta los límites: muy bien el vestuario de Guadalupe Valero y la iluminación de Jesús Antón- con un excelente reparto que tiene la nada fácil tarea de identificar con qué material se están viendo las caras y cómo gestionarlo. Y los tres salen a bien de un código que les obliga a cargar las tintas de sus personajes en busca de la comedia; pero nunca llegando al ridículo. Hay que ser muy hábil para que estos personajes – digamos una suerte de revisión de los que en otros tiempos poblaban el llamado vodevil de salón- funcionen de forma cómica sin caer nunca en la parodia ni en el ridículo y los tres lo hacen. Joan Bentallé – ese empresario al que le van cayendo las desgracias encima sin poder evitarlo- mantiene muy bien el tipo en el que quizás sea el personaje menos estereotipado de entre los tres; pero son Carmen Mayordomo y Lidia Navarro quienes se llevan la palma como la esposa y la amante respectivamente; porque juegan a placer con dos personajes constantemente crecidos que saben sin embargo cincelar, como si se estuviesen riendo de la propia situación: insisto, hay que ser actrices muy, muy hábiles para conseguir lo que ellas consiguen con estos dos roles, algo así como un jugar a la parodia y creérselo. De la química y la habilidad del trío actoral – y de una puesta en escena no exenta de pequeños hallazgos- depende que Malas Hierbas se vea y se siga con interés; incluso mucho más que por el propio humor y por el texto en sí mismo. Todo este equipo – desde Carlos Be hasta los propios actores y el equipo técnico- que echa el resto en este proyecto parece llamado a empresas de mayor calibre; pero a la vez saben defender lo que tienen entre manos como auténticos jabatos, y eso no hay que perderlo de vista: va pues para ellos mi aplauso y mi reconocimiento.

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En Malas Hierbas el espectador encontrará una comedia ligera, fácil y que homenajea a géneros de otros tiempos; que constituye un texto ciertamente menor de un autor siempre a tener en cuenta, muy bien levantado por un equipo sólido, capaz de de hacer frente a desafíos de mayor calibre; por más que, al mismo tiempo, haya que entender este espectáculo como el homenaje casi arqueológico que es.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

Malas Hierbas”, de Carlos Be. Con: Joan Bentallé, Carmen Mayordomo y Lidia Navarro. Dirección: Carlos Be. LA ESCENA / LA CANDELA / TEATRO LARA

Teatro Lara (Sala Lola Membrives), 17 de Marzo de 2018

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