Saltar al contenido

‘Guateque 69’, o ellas bailan solas

marzo 24, 2018

guatequecartel.jpg

En la Sala Tarambana se presenta Guateque 69, una versión libre que firma Ozkar Galán a partir de Lo Que Son Las Mujeres, infrecuentísima comedia de figurón de Fernando de Rojas Zorrilla, título ausente de la cartelera española desde hace aproximadamente tres siglos. Que en una programación en la que abunda el teatro del Siglo de Oro –ahí tenemos, sin ir más lejos, el Teatro de la Comedia- sea un espacio del off el que apueste por recuperar una rareza de semejante calibre – mientras las programaciones on insisten en reponer los mismos títulos del Siglo de Oro una y otra vez- ya es, sin duda alguna, razón más que suficiente para acercarse a ver este Rojas Zorrilla – un autor del que, en menos de una década se han visto en Madrid dos producciones distintas de la misma obra: Donde Hay Agravios, No Hay Celos- que amplía el canon de repertorio. Pero es que, además, el espectador encontrará una comedia de estructura modernísima para su tiempo en la que el autor nos habla de mujeres con capacidad de decidir; mujeres en una posición cómoda que tienen la vida resuelta y no ven la necesidad de casarse; aunque sí buscan disfrutar sexualmente con los hombres. Mujeres empoderadas, que diríamos hoy. Pensar en las mujeres que pueblan esta historia nos hará como mínimo sorprendernos ante la completa actualidad de lo que se nos cuenta – y de ahí la pertinencia de la actualización que presenta este montaje-; pero también en la modernidad de un Rojas Zorrilla que, casi 400 años atrás, ya se atrevía a hablar de mujeres de rompe y rasga, cuestionando sin temor algunos de los cánones preestablecidos en este tipo de teatro.

Conviene recordar que la llamada comedia de figurón –subgénero al que pertenece el original- era u tipo de comedia en el que se buscaba una figura protagonista ridiculizada o satirizada por sus extravagancias. Aquí, en pocas palabras, tenemos a dos hermanas –Serafina, la mayor; y Matea, la pequeña y menos agraciada- dueñas de un mayorazgo que rechazan la idea de casarse porque, dada su posición social, se bastan por sí solas para vivir con comodidad y en armonía. Será el casamentero Gibaja el que presente a toda una serie de pretendientes – cuatro en el original y tres en esta versión- arquetípicos –los figurones- para tratar de cortejar a la hermana mayor –y a la sazón dueña de las tierras-. Pese a las reticencias de Serafina para contraer matrimonio, Gibaja insiste en hacer desfilar a los pretendientes por el feudo de las muchachas, para derribar la barrera de la hija primogénita casi como algo personal; despertando sin quererlo la curiosidad de Matea, la hermana menor, acostumbrada a mantenerse en segundo plano y que ve en los hombres que el alcahuete introduce en la casa una oportunidad de dar rienda suelta a su sexualidad dormida. Para terminar de embrollarlo todo, Serafina trata de convencer a la ilusionada Matea de que no tiene ninguna necesidad de casarse ni de hombres, salvo que sean meros amantes.

guateque1

Ozkar Galán parece perfectamente consciente de la actualidad del conflicto que plantea Rojas Zorrilla – mujeres dispuestas a dar el golpe en la mesa en un mundo de hombres que las ven como mera moneda de cambio-, y tal vez por eso sitúa la acción en la España de 1969, en las horas previas a un guateque que se celebra el mismo día de la mítica final Eurovisiva que venciese Salomé –en la que por cierto hubo cuádruple empate-. Aquí, Gibaja es un chuleta que escribe sobre la marcha una obra de teatro – Lo Que Son las Mujeres, claro- para la que necesita que ciertas situaciones tengan lugar –¿cómo no pensar en el Don Alfonso del Cosí Fan Tutte de Da Ponte y Mozart, por ejemplo?-. Serafina es una chica yeyé con la vida resuelta y sin el menor interés por los hombres; y Matea nada más y nada menos que la hermana fea a la sombra de la heredera, deseando que algún hombre se fije en ella… El caso es que Gibaja plantea un guateque al que introduce a tres hombres –Roque, Marcos y Pablo-, cada uno con defectos, ya sea físicos, de falta de luces o de exceso de ego, con el objetivo de sacar tajada cuando alguno de ellos se lleve finalmente al huerto a Serafina. Mientras los tres hombres riñen por saber quién se lleva a la heredera el huerto –esto es, a ver quién se gana los cuartos…- sin demasiado éxito, puesto que Serafina no da su brazo a torcer, la joven Matea ve cómo se dispara su libido ante la presencia de tanto hombre, coqueteando con todos y con la idea de casarse. Es el inicio de un enredo que transcurre entre los ritmos propios de un guateque en el que Gibaja y el resto de los hombres tendrán que comprender que aquí, en este guateque, ellas bailan solas; y tal vez sean los hombres las monedas de cambio de las mujeres, y no al contrario.

Al traer su adaptación a la actualidad Ozkar Galán ha respetado el verso de Rojas Zorrilla, si bien ha suprimido personajes – quedándose con siete de los aproximadamente veinticino que incluye el original- y simplificado todo a la trama central: la de los tejemanejes de Gibaja para encasquetar hombres a las mujeres – y poder así acabar su obra-, condensando la función en aproximadamente 80 minutos. La idea del guateque como punto de encuentro de la guerra de sexos es, desde luego, interesante; porque sitúa al público en un entorno en el que – al amparo del baile y el alcohol- la temperatura podría subir con facilidad; en este aspecto, ha aprovechado Galán también para convertir a Gibaja casi en un pretendiente más, que abre sin quererlo una línea de cierta tensión sexual entre Gibaja y Serafina, que quizá podría convertirle a él en un cuarto pretendiente – ese cuarto pretendiente del que prescinde la versión-. Tampoco me parece baladí escoger precisamente el Festival de Eurovisión 1969; no solo por la importancia social que tuvo ese año Eurovisión para España, sino también por la incertidumbre ante el cuádruple empate –queue aquí podría verse como una especie de paralelismo por ver quién se llevará a la chica, en una analogía oportuna-. Entre los versos de Rojas Zorrilla –como digo, bien pulidos; y es un acierto haber mantenido el verso pese a la actualización- algunos guiños a la actualidad, morcillas entran bien en una versión veloz, que tiene el acierto de implicar directamente a un público con el que los personajes no dudan en confesarse una y otra vez. El resultado es una comedia directa, cercana y ligera; que demuestra que se puede actualizar el Siglo de Oro sin traicionar su esencia y salir victorioso, al tiempo que desata las risas y la complicidad del respetable.

guateque2

En el íntimo espacio de la Sala Tarambana, la puesta en escena de Gorka Martín opta por acotar todavía más la distancia entre público y escena al disponer al público a tres bandas, fomentando esa cercanía entre personajes y público que es una de las claves de la propuesta. Sencilla escenografía y colorista vestuario – ambos firmados por Yeray González Ropero, con un punto kitsch muy propio de la época en la que está ambientada la representación. Con un especial cuidado por la administración y dicción del verso; pero sin perder de vista la inmediatez de la comedia que busca, la puesta en escena se saca un as de la manga al decidir que un único actor interprete a los tres galanes, multiplicando así la hilaridad de una comedia de equívocos como es esta. La ambiciosa decisión beneficia sobremanera al ritmo atolondrado del enredo –e incluso riéndose de sí mismos ante la circunstancia de que un único actor no dé más de sí a la hora de tener que multiplicarse: un hallazgo cómico muy rico- y es uno de los aciertos de una propuesta que busca divertir al público, siendo justo lo que consigue. El ritmo es implacable – tal vez convendría relajar el ritmo de algunas escenas en favor de percibir el verso- y la comedia pasa en un suspiro. Ni siquiera ciertos errores puntuales en la administración de las luces y el sonido – los hubo- quitan interés a una propuesta muy bien medida en ideas y realización.

guateque3

Los cuatro actores se manejan bien en el siempre difícil arte de decir el verso –está muy bien dicho, nada encorsetado, dando prioridad tal vez al ritmo sobre la medida métrica- respetando el tono y las ideas de la adaptación. Hay que destacar mucho la proeza que acomete Héctor Carballo al hacerse cargo de los tres galanes – Roque, Marcos y Pablo- alternativamente, lo que le permite no solo lucirse al personificar tres personajes estereotipados con sus diferencias sino también hacer uso de mil y un recursos expresivos al servicio de la comedia. Los momentos en el que el actor – porque por momentos habla como actor- se enfrenta al Gibaja autor recriminándole que no llega a tiempo para desarrollar la trama son especialmente hilarantes; y, en cualquier caso, asistimos a la muestra de un actor de extraordinaria versatilidad. El Gibaja de David  Fernández Kelly –que se ha incorporado recientemente a la producción en sustitución de un compañero- personifica adecuadamente al guaperas chuletas de medio pelo y encuentra sus mejores momentos en sus confesiones a público; e incluso en sus inesperados requiebros con Serafina. Las dos hermanas caen en manos de Lara Fernán – que sabe plantear a Matea, la hermana menos agraciada y un punto salida desde un punto que evita la caricatura, resaltando su humanidad- y Luna del Egido –una Serafina que maneja bien sus aires de insolente prepotencia de la mujer que no se deja doblegar-: las escenas de intimidad entre ambas están para enmarcar.

guateque4

Buen y ágil acercamiento pues a una comedia infrecuente y nada representada del Siglo de Oro – ya sólo por esto merece atención en la cartelera- que presenta una trama de sorprendente modernidad, en una producción sencilla pero ingeniosa e interpretada a un palmo de distancia que acierta en la adaptación. No estamos solo ante una oportunidad de acercar un género complejo al gran público; sino también ante la oportunidad –única- de conocer una rareza absoluta del corpus – mientras otros teatros insisten en reponer una y otra vez El Caballero de Olmedo, El Perro del Hortelano o El Burlador de Sevilla-. Esta pequeña pero necesaria producción nos demuestra que hay Siglo de Oro más allá de los grandes clásicos.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

Guateque 69”, versión libre de Ozkar Galán a partir de “Lo que Son Las Mujeres”, de Fernando de Rojas Zorrilla. Con: Héctor Carballo, Lara Fernán, Luna del Egido y David Fernández Kelly. Dirección: Gorka Martín. SINSORGADAS PRODUCCIONES.

Sala Tarambana, 11 de Marzo de 2018

Anuncios
2 comentarios leave one →
  1. Carmen Naveira Velasco permalink
    marzo 26, 2018 18:52

    Tras leer tu crítica, debo darte, una vez más, la enhorabuena por tu claridad en la exposición y porque consigues que me apetezca ver la obra ya. A ver si hay suerte y viene a Coruña.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: