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‘Lo(r)ca: Tragedia Homosexual’, o Lorca, semiótica y género: reinterpretando signos

enero 30, 2018

LORCACARTEL

En una temporada en la que se han visto muchos acercamientos particulares a la obra de Federico García Lorca –mientras Samuel Blanco y Flor Saraví ya han convertido Los Caminos de Federico en todo un clásico de la cartelera madrileña, Pablo Messiez se alejó de los tópicos lorquianos con sus Bodas de Sangre, Carlota Ferrer miró Esto No es la Casa de Bernarda Alba desde su particular feminismo radical con reparto masculino- la función Lo(r)ca: Tragedia Homosexual, que firma el dramaturgo israelí Barak Ben David. Completa con acierto el crisol lorquiano que se ha abierto en Madrid durante últimamente al insistir en una nueva mirada sobre la obra del poeta andaluz, a partir de una serie de escenas de sus más célebres tragedias – La Casa de Bernarda Alba, Bodas de Sangre, Yerma y Doña Rosita la Soltera– desde lo que en primera instancia parece una perspectiva de género o una perspectiva queer; que acaba derivando sin embargo en algo más complejo: una profunda relectura semiótica de la obra de García Lorca. Un atrevido proyecto estrenado con éxito en el Festival de Teatro Alternativo de Akko (Israel) y que ahora llega a España en la siempre plural programación de Nave 73.

Ya desde que se accede a la sala, el espectador asiste a un juicio a modo de jurado –desde el comienzo se nos entrega un dossier con lo que podría ser una especie de atestado- en el que la parte de la acusación aportará pruebas a modo de defensa hacia una serie de hombres acusados por la sociedad por su condición sexual; una condición sexual que, al menos desde el punto de vista del director, “aún es considerada una enfermedad mental”. Desde este punto, asistimos a todo un ramillete de grandes escenas lorquianas que se van presentando ante nuestros ojos a modo de colección de pruebas, sin cambiar apenas ni una palabra de lo escrito por Federico; pero con una impresionante capacidad de relectura dramatúrgica o resignificación semiótica de los signos. Son hombres y siguen siendo Adela, Martirio, la Novia, Yerma o Doña Rosita; pero aquí están enfrentados a conflictos de identidad homosexual con la misma fuerza dramática que lo estaban los originales. La pasión de Adela por Pepe el Romano sigue siendo tan prohibida como lo era en Lorca cuando se trata de dos hombres; de la misma manera que el conflicto en el que se ha reconvertido Bodas de Sangre –dos hombres que se aman pero se han visto obligados a casarse con sendas mujeres para guardar las apariencias- respeta el sentido de la escritura lorquiana sin que apenas haya que cambiar una coma del texto; de la misma manera que el hijo que no viene en Yerma – siempre releída con hombres- podría llamar a problemas de máxima actualidad como la dificultad para adoptar de las parejas homosexuales; e incluso la inútil espera de Doña Rosita puede reinterpretarse como el anhelo del personaje por mantener la esperanza de llegar a encajar en una sociedad que veta lo diferente. Cuatro historias, cuatro conflictos, cuatro relecturas que miran a nuevas problemáticas –cada una desde un ángulo distinto- sin cambiar ni una palabra de los originales, más allá de algunas cuestiones de género. Las escenas de las inmortales obras de Federico se suceden ante nuestros ojos –como segmentos, como escenas completas, como pruebas en vídeo, como elementos precintados- para defender el derecho de los homosexuales a reivindicarse y ser respetados y aceptados por la sociedad.

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Lo(r)ca: Trageedia Homosexual es por supuesto un elemento de teatro reivindicativo queer, y en primera instancia pretende trazar un alegato por la igualdad a través de la palabra de Lorca, universalizada demostrando que lo que pasaba antes podría seguir pasando ahora. Nuevos tiempos, nuevo género, la misma opresión. Porque las mujeres de Lorca y los hombres en que se han reconvertido aquí son, a fin de cuentas lo mismo: personas sometidas y oprimidas por unas convenciones sociales que han cambiado en la forma pero no en el fondo. Así y todo, reconociendo el valor social del proyecto como método reivindicativo y de denuncia; me parece mucho más interesante el tratamiento filológico y semiótico que Barak Ben David ha hecho con los textos para llegar hasta aquí. De partida, Barak Ben David defiende una línea estética para acercarse a la obra de Lorca –un Lorca en línea queer-; pero, además de presentar el concepto ha sido capaz de desarrollarlo y justificarlo mediante un tratamiento de los textos tan sutil como eficaz. Puede que lo más sencillo hubiese sido plantear una reescritura; pero sin embargo el director israelí prefiere ampararse en lo que podríamos llamar una “resignificación del signo”: no es tanto un trabajo de cambio textual; sino de recolocación, para lograr que el receptor asuma cuál es el juego. Un juego que fluye con naturalidad y que nos lleva a distintos puntos de reflexión no a través de modificar los versos, sino a partir de lo que sugiere la situación misma. Decir que Barak Ben David ha convertido a las mujeres de Lorca en hombres – y dejar el asunto en la etiqueta “un director que hace Lorca con hombres”- sería quedarse en la superficie de un trabajo textual que va mucho más lejos; porque el dramaturgo ha ponderado con mimo qué implicaría reconvertir las coordenadas de la historia hacia un paisaje parcialmente masculino –porque no todos son hombres-, qué ocurriría si algunos de los protagonistas de las obras de Lorca fuesen hombres hoy, y esto le permite no quedarse en un único conflicto homosexual. Cada obra de las cuatro seleccionadas aborda una perspectiva distinta de lo queer, y todas en conjunto ofrecen un mosaico de algunas de las cuestiones por las que el colectivo homosexual sigue siendo señalado como diferente. No sólo hay una idea – la de reconvertir algunos personajes en hombres homosexuales-, sino que también hay todo un complejo concepto muy bien desarrollado a nivel dramatúrgico, apoyándose como digo en la resignificación; algo que desde luego va mucho más allá de la idea de ‘hacer Lorca con hombres’ – que, planteada por sí sola, no sería nada nuevo-. El tener un concepto y haberlo desarrollado es sin duda una de las claves del interés de esta propuesta, que muestra un profundo trabajo de estudio de la obra de García Lorca.

Así y todo, puede que a Barak Ben David le falte un último paso una vez que ha logrado con acierto lo que para mí era lo más difícil –darle un sentido a su idea-. Porque entendemos bien cuál es el juego que plantea, a dónde nos quiere llevar en su nueva mirada sobre los textos; pero sin embargo deja por el camino su punto de partida: desde el comienzo sabemos que asistimos a un juicio, vemos la recopilación de pruebas y somos el jurado… Pero, cuando la obra termina, no hay un regreso, una reconexión final con la idea de juicio, que se va diluyendo conforme avanza la representación. Uno espera un cierre que mueva a la reflexión más allá del interesante ejercicio filológico desarrollado; pero ese cierre nunca llega como tal, dejando una suerte de agujero negro en una propuesta interesante que ya ha logrado con creces la parte más ardua de la tarea. Entiendo que si el director no ha dado un cierre a esta trama es porque no ha querido; pero me parece necesario para redondear el espectáculo.

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Con pocos medios –incluyendo diseño de videoarte fundamental en la propuesta que firma Nitay Shalem (se proyectan imágenes y textos) algo que rara vez se ve en una sala off- Barak Ben David ha levantado una puesta en escena desde un lenguaje contemporáneo y atractivo, que se apoya en el respeto por los textos de Lorca –dichos con la debida intención-; pero también en juegos de iluminación y vídeo y un trabajo físico por momentos explícito y exigente para los actores. Un lenguaje escénico tan sencillo como rabiosamente contemporáneo; que ofrece una nueva mirada a Lorca nuevamente despojada de todo tipo de tópicos ligados a miradas a este autor. Más allá del atractivo que tenga para un espectador español ver lo que podríamos llamar una deconstrucción de Lorca a ojos de extranjero – algo que siempre es interesante- podemos decir que este es un Lorca de hoy, mostrado desde hoy y universalizado. Este lenguaje contemporáneo sumado al nuevo tratamiento del texto hace de Lo(r)ca: Tragedia Homosexual no sólo el espectáculo interesante que es; sino una apuesta perfectamente pertinente para la cartelera madrileña actual, porque casa y complementa otras recientes que nos demuestran –una vez más- que otro Lorca es posible. Quizás hubiera sido deseable llevar hasta el extremo según qué escenas de pasión aquí y allá, en línea con ese lenguaje moderno y contemporáneo que defiende la propuesta en pos del riesgo escénico y expresivo.

El cuarteto actoral –son los sólidos Juan Caballero, Jorge Gonzalo, Javier Prieto y Raúl Pulido- tiene la complicada tarea de actuar por momentos como actores de texto –que han de decir versos emblemáticos con la debida intención; desde una emoción que va hacia lo universal, hacia la palabra misma; y que no pide que hagan hincapié en su condición masculina- y por momentos como performers –hay algunas escenas de corte físico-. Se debe aplaudir esa capacidad del cuarteto de reasimilar la palabra de Lorca desde una nueva perspectiva, pero siempre con la misma emoción e intención. En este sentido, se puede añadir tal vez que en el acercamiento de los actores a la palabra de Lorca reside también gran parte del componente de normalización que seguramente persigue también esta propuesta.

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Lo(r)ca: Tragedia Homosexual es una propuesta que escapa del morbo fácil y que, a mi modo de ver, sabe ir más allá del mero componente reivindicativo queer y removedor de conciencias –se han visto tantas propuestas de este estilo que no pasaban de ahí ni lo pretendían…- para realizar un acercamiento audaz y valiente a las obras de Lorca desde el mundo de la semiótica. Así pues, al margen de su lenguaje escénico contemporáneo, diría este espectáculo tiene interés tanto desde la perspectiva de género como –sobre todo, porque este ejercicio es el más difícil- desde la perspectiva filológica, en la que vuela mucho más alto que propuestas lorquianas recientes más ambiciosas. Subir el tono de algunas escenas y cerrar debidamente el final para darle una coherencia al todo – seguramente sea este su punto más flaco- terminarian de redondear una propuesta que, desde luego, tiene personalidad y puntos de interés, sobre todo en la manera de reinterpretar todas las coordenadas de los textos sin traicionar nunca su esencia. Quedarse en la perspectiva de género -que es lo que parece perseguir el espectáculo ya desde la evidencia que sugiere su título- sin valorar debidamente la dificultad que entraña la cuestión semiótica tan bien resuelta me parece ofrecer una lectura incompleta de lo que ofrece la función.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

Lo(r)ca: Tragedia Homosexual”, de Barak Ben David sobre textos de Federico García Lorca. Con: Juan Caballero, Jorge Gonzalo, Javier Prieto y Raúl Pulido. Dirección: Barak Ben David. FESTIVAL DE TEATRO ALTERNATIVO DE AKKO (ISRAEL).

Nave 73, 21 de Enero de 2018

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