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‘Missing’, o cuando el cómo devora al qué

noviembre 25, 2017

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Espectáculo en varias lenguas

Dentro del Festival de Otoño a Primavera se estrenó en España Missing, creación de la legendaria compañía de Reino Unido Gecko Theatre, famosa por sus propuestas de teatro físico y de movimiento. Un espectáculo sugerente en lo visual, con buen sentido del ritmo y la perspectiva; pero que, sin embargo tal vez se quede algo corto a la hora de apoyarse en una historia muchas veces conscientemente críptica que parece querer aparentar mayor trascendencia de la que realmente tiene, de manera que la imagen -el cómo se cuenta- se acaba imponiendo con mucho a la trama -el qué se cuenta-.

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Una niña canturrea una canción flamenca; aupada por sus padres, mientras unos flashes cortan la escena. Una joven asiste a un espectáculo de ilusionismo de un italiano que afirma que puede salvar su alma; y la escoge como ayudante. Será el inicio de una especie de pesadilla enmarcada en una especie de ejercicio de hipnosis en la que Liliana -que así se llama nuestra protagonista- se vaya encontrando con flashes de su vida en diversas etapas. Sin saber muy bien desde qué estado observa la mujer -¿hipnosis? ¿la otra orilla?- asistimos a momentos, retazos no siempre escuchados con claridad que incluyen una pareja en una casa en la que se va acoplando gente, lo que parece una sala de investigaciones en la que se guardan algunas de las fotografías más relevantes de la vida de Lily y, sobre todo, la figura obsesiva de una madre que ha dejado todo en su vida -incluida, entendemos, a su propia hija- para labrarse una carrera como bailaora flamenca en tugurios de mala muerte. Tal vez sea la madre a la que la pequeña nunca conoció -solo ahora pueden verse y reconocerse, en el sueño- o tal vez sí sea perfectamente consciente de su abandono y por eso sea un pensamiento recurrente, pero lo cierto es que, a lo largo de esos momentos fragmentarios de la vida de Lily, la figura y la influencia de la madre -y de un flamenco en el que ahora parece querer entrar- rozan lo enfermizo. A fin de cuentas, lo que propone Missing es un viaje hacia los rincones más escondidos del alma del personaje -sus pérdidas, sus vacíos, sus cuentas por resolver-, a través de imágenes disgregadas, dispersas y no siempre conectadas, como si la historia sucediese en una especie de flujo de conciencia de Lily en hipnosis, en la que aparecen con mayor frecuencia aquellos recuerdos -¿son recuerdos?- que más peso parecen tener para ella. Haber optado por el terror o el surrealismo para la narrativa creo que potenciaría mucho tanto el efecto como su resultado.

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Sobre el papel parece que la trama que plantea Amit Lahav tenga mucha trascendencia; el comienzo -con esa niña representada en una manrioneta entre chispazos amenazantes- es prometedor; pero pronto comprobaremos que a nivel de trama el asunto se dispersa, porque se cuentan muchas cosas y no se llega a profundizar del todo en nada, ni se nos muestra la cara más oscura de algunos aspectos. Además, debo reconocer que esa recurrencia por el flamenco en su vertiente más naive me distanció sobremanera -miren que me gusta el flamenco, pero no puedo con estos enfoques extranjeristas de tablaos de medio pelo, por más que sean buscados como parece ser este caso- y es uno de los motivos conductores de una propuesta que, como digo, tiene indudablemente sus momentos; pero que, en primera instancia, parece que irá por unos derroteros más turbios y profundos que los que finalmente toma: los traumas de Lily acaban por ceñirse a lo pequeño, cuando -dado el sugerente arranque- ya estábamos preparados para enfrentarnos a lo grande, a lo oscuro. A fin de cuentas, parece que la historia no es más que un pequeño-gran pretexto para montar un espectáculo de imágenes poderosas; pero no hay que olvidar que ya hemos visto varias propuestas de teatro físico y de imágenes en las que la historia tenía más calado y estaba mejor insertada que aquí -pienso en Golem, La Veritá o Historia de Amor, por poner dos ejemplos claros-.

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También reconozco que, visualmente, el espectáculo tiene una fuerza incuestionable y un ritmo implacable; que la estética es muy sugerente en su oscurantismo, que hay imágenes muy potentes -la secuencia inicial, la superposición de planos, la tierna interacción de los actores con una marioneta que representa a la pequeña Lily y que acaba constituyendo lo más interesante de la propuesta-; y que el elenco forma una troupe volcada por el espectáculo para crear algo que se acaba viendo casi como una coreografía adornada por una sugestiva iluminación a lo lejos: un bonito envoltorio sin que se sepa muy bien ni a dónde ni por qué quieren llevarnos. Lo cierto es que, tras un inicio prometedor; sigue una parte central más descafeinada y solo hacia el último tramo del espectáculo volvemos a encontrar esas imágenes potentes iniciales. Los mejores momentos, insisto, los que juegan a superponer varios planos de realidad -por la belleza plástica con la que se plantean- y las irresistibles apariciones de esa marioneta que representa a la niña: en un espectáculo de marcada complejidad física, personalmente son esos pequeños momentos de la marioneta los que me resultaron más atractivos y más fascinantes, y creo que eso dice mucho a la hora de valorar cómo percibí la propuesta. Formidable trabajo del reparto –Chris Evans, Anna Finkel, Ryen Perkins-Gangnes, Katie Lusby y el propio Amit Lahav- a nivel físico; y muy bien insertada la música de Dave Price, pero no puedo evitar sentir que, reconociendo que la propuesta tiene sus momentos, me quedé algo frío en un espectáculo de apenas 70 minutos de duración; pero que sin embargo parece prolongarse mucho más allá por esa insistencia en reiterarse en según qué cosas que no tienen demasiado interés más allá de la anécdota. Hay una cuestión sin embargo muy interesante, que es esa especie de torre de Babel lingüística -por supuesto despojada de cualquier subtítulo de forma consciente- en la que se convierte el espectáculo, puede que para sugerir el periplo de Lily, su no pertenencia a un lugar o su viaje a tierra de nadie. Es una opción sugerente pero no del todo explotada.

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En pocas palabras, creo que Missing es un bello espectáculo visual que, sin embargo, pierde la oportunidad de contar una historia más turbia y oscura cuando tenía sobre la mesa muchas de las cartas necesarias para ello. Algunas imágenes quedan guardadas en la retina; pero reconozco que me distancié de la trama en varios momentos. Y es que me interesó más el cómo que el qué. También quiero terminar señalando algo que ya comenté: cuando un espectáculo relativamente breve parece que ha durado el doble es que algo no ha terminado de engancharte; y creo que esta es de las peores cosas que le pueden pasar a uno en un teatro. Todo ello sin negar ni la impecable factura técnica de la propuesta, ni su estupenda ejecución. Pero, a decir verdad, tras un inicio en el que parecía que no podría despegar la vista del escenario, mi atención se fue dispersando progresivamente y regresaba cuando llegaban las imágenes más sugestivas.

H. A.

Nota: 3.25/5

Missing”, de Amit Lahav. Con: Chris Evans, Anna Finkel. Ryen Perkins-Gangnes, Katie Lusby y Amit Lahav. Creación: Amit Lahav. GECKO.

Teatros del Canal (Sala Roja), 18 de Noviembre de 2017

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