Saltar al contenido

‘Un Cuerpo en Algún Lugar’, o llenando vacíos

octubre 18, 2017

cuerpolugarcartel

Muy esperado era el regreso en solitario del joven dramaturgo Gon Ramos después de la exitosa Yogur / Piano -una función que casi lograba trascender el hecho teatral para convertirse en una experiencia personal e individual: no es poca broma-. Presentó ahora durante dos semanas en el ambigú del Pavón Teatro Kamikaze Un Cuerpo en Algún Lugar, una pieza de cámara que confirma algunos rasgos indiscutibles en el estilo de escritura de Ramos -y por tanto le convierte en un autor con personalidad: no es poco- y que vuelve a apoyarse en el uso de una palabra de fuerte valor poético -trufada, como en Yogur / Piano, de cierto componente filosófico- para narrar una historia que se pretende más concreta, más sencilla y hasta más íntima que la que planteaba Yogur / Piano. Y, sin embargo, reconociendo que el joven dramaturgo se está labrando un sello; e incluso su destreza para levantar un montaje tan sencillo como sugerente, debo reconocer que así como en su anterior obra en solitario algo se activó dentro de mí, no he podido evitar vivir Un Cuerpo en Algún Lugar siempre desde una cierta distancia emocional con respecto a lo que se me narraba.

Un Cuerpo en Algún Lugar no es ni más -ni menos- que la historia de una búsqueda desesperada, necesaria y casi obsesiva. La búsqueda de una mujer con la que nuestro protagonista tuvo un encuentro -entendemos que breve, pero lo suficientemente trascendente como para dejar un vacío que sólo puede llenar con su regreso- que le ha marcado tanto que se lanza a su encuentro a partir de una desgarradora carta de despedida -o tal vez de necesario abandono- que nuestro hombre se ha aprendido de memoria y es lo único que conserva de aquella figura idealizada hasta el paroxismo. Su búsqueda le llevará hacia una serie de pequeñas escenas no siempre lineales que irán formando un puzzle en el que el protagonista se irá encontrando con desconocidos, con su propia madre o incluso con lo poco que puede quedar ahora sobre la tierra de aquella a la que busca, Antes de que comience la trama, un prólogo -quién sabe si la voz del autor- nos plantea las reglas del juego: uno de los actores será nuestro protagonista y el otro hará todos los demás personajes, en una historia que se declara conscientemente deudora del concepto filosófico del rizoma de Deleuze. Así pues, considerando el concepto de rizoma debemos tener en cuenta que todo lo que se presenta ante nosotros podrían no ser más que imágenes de pensamiento de nuestro protagonista, donde cada idea puede estar conectada entre sí con cualquier otra sin necesidad de un centro que las sustente a todas. Esto debe hacernos por tanto dudar de lo ‘real’ de aquello que se nos narra. Puede que esta búsqueda, estos encuentros e incluso esta circularidad que mantiene el periplo del viajante -a veces con secuencias difíciles de encajar en un terreno de lo que podríamos llamar lo lógico- no sena más que un anhelo, un sueño o un viaje mental hacia lo inalcanzable, hacia la utopía reflejada en esa figura idealizada del amor que se convierte casi en una necesidad enfermiza a distancia, en una hazaña casi quijotesca que non sabemos cómo se resolverá, porque nunca sabemos el tipo de relación que une a ese hombre y a esa mujer -¿son amantes pasajeros? ¿es un amor imposible? ¿un paso más en una mera huida hacia adelante de ella? ¿es todo una tergiversación de la realidad del protagonista?- ni si la naturaleza de esa búsqueda merece la pena en la esfera de lo real tanto como el hombre parece afirmar.

cuerpolugar1.jpg

Se apoya Gon Ramos para contar su relato en una prosa a medio camino entre lo decididamente lírico y poético y el humorismo, según el tipo de sketch por el que la historia esté transitando. La fuerza del lenguaje tiene momentos de hermosura innegable, como sucedía en Yogur / Piano; e incluso ramalazos filosóficos incrustados en la historia -no sólo el concepto de rizoma, sino la relación entre búsqueda y soporte, otro de los motivos conductores de la trama- pero creo que el querer contar aquí una historia más concreta que aquella le ha jugado una mala pasada a Ramos, porque tras la belleza del lenguaje no siempre encuentro algo que me conecte emocionalmente ni con el conflicto del personaje ni con la historia en sí misma: se disfruta de algunos momentos del texto por su belleza, pero personalmente no logré empatizar ni con la historia ni con el conflicto. Posiblemente incluso sienta que el nivel poético del texto -debo insistir, muy hermoso al oído las más de las veces- sea demasiado elevado para la verdadera naturaleza de lo que se nos está contando, provocando esto un distanciamiento para con la historia. Lo que en Yogur / Piano funcionaba maravillosamente -puede que precisamente por ese carácter más inconcreto del material- aquí acaba resultando casi un obstáculo en el que la palabra se come el conflicto en sí mismo. Por otro lado, siento que la amplia variedad de lo que sucede en los sketches -creo que, aun a riesgo de perder ese cierto carácter circular de la historia, no todos son necesarios ni todos funcionan igual de bien a nivel expresivo- y los diferentes tonos por los que transitan -se pasa de forma alternativa de lo poético y simbólico a diálogos más intrascendentes que buscan la hilaridad en un abrir y cerrar de ojos- perjudica el resultado del todo, en una miscelánea que no siempre cuaja como debería; incluso creo que la historia ganaría si se recortasen los casi 90 minutos largos que dura…. Más allá de que estas historias de búsquedas de un imposible idealizado ya se hayan explorado más veces en la ficción -¿cómo no pensar en algunos de los films de Julio Medem, que han abordado este tipo de problemáticas con resultados muchas veces emocionalmente más potentes (pienso obviamente en Los Amantes del Círculo Polar, aunque aquí la búsqueda vaya en una única dirección; pero también en ciertos aspectos de Lucía y el Sexo), o incluso en la reciente obra teatral Furiosa Escandinavia, de Antonio Rojano, que también abordaba la búsqueda obsesiva de un amor idealizado en un relato igualmente complejo pero -a mi modo de ver- mucho más rico en resultados y posibilidades?-.

Dos actores y dos sillas -que se van cambiando de posición para evocar los diferentes lugares en los que transcurre la historia- le bastan a Gon Ramos para su concisa propuesta escénica, que sin embargo explora muy bien los códigos de la teatralidad, y obliga tanto a los actores como al público a un juego que hace disparar la imaginación. La sensación inicial de excesiva desnudez pronto desaparece para dar paso a un espectáculo interesante en lo dramático, que además hace que los dos actores se vean obligados a un viaje amplio y complicado que han de afrontar ya no sólo desde la contención expresiva, sino también desde la contención espacial. La idea resulta interesante y funcional como forma de exponer lo narrado; pero a la vez siento que desaprovecha sobremanera las posibilidades de un espacio en el que ya se ha demostrado otras veces que se puede jugar mucho y muy bien pese a lo reducido de su tamaño.

cuerpolugar2

No tanto por la estructura del texto, sino más bien por esa desnudez e inmediatez en el encabalgamiento de escenas y situaciones que plantea la puesta en escena, los dos intérpretes sobre los que descansa la función tienen un arduo y complejo trabajo por delante. Fran Cantos -que se encarga del protagonista y ha de pasar por toda una gama de sentimientos, desde la incertidumbre hasta la paranoia- encuentra momentos de contenida emoción que contrastan sin embargo con ciertos arrebatos algo excesivos, sobre todo hacia el principio de la representación: lo que en un principio me pareció una cuestión de demasiada intensidad, con el tiempo se ha convertido en un guiño que quizás sugiera la inestabilidad psíquica del personaje ante esta situación que no sabe cómo gestionar -y que tal vez sólo exista dentro de su cabeza-. Así y todo, hay algo de cautivador en encontrar a un actor tan rotundo en un personaje que es pura fragilidad. A Luis Sorolla le toca en suerte replicar a Cantos en todos los demás roles que pueblan la narración -un turista alemán, la niña, una madre, un camarero de pub, el empleado de una floristería…- y lo hace desde un lugar que elude cualquier tipo de sobreactuación o tic a la hora de componer la mayoría de los personajes, como si Ramos confiase absolutamente en su texto como vehículo de expresión y narración: esta opción coarta mucho el potencial expresivo de Sorolla; pero a la vez precisamente por ese reto creo que la complejidad de lo que hace es digna de aplauso.

En definitiva, con Un Cuerpo en Algún Lugar se confirma que Gon Ramos es un autor con un estilo propio y reconocible; que, sin embargo, en mi opinión funciona con mayor potencia cuando explora lugares e historias más inconcretos. El nivel de la prosa es hermoso y elevado; pero esta vez no consiguió ni implicarme ni emocionarme más allá de la belleza de las palabras -y eso que viendo Yogur / Piano alcancé casi la epifanía personal…-. Así y todo, es de justicia reconocer que la función fue un grandísimo éxito -se palpaba la emoción en la sala; y a mi lado una actriz lloraba con generosa intensidad-; por más de que en esta ocasión, aún valorando lo elaborado del lenguaje y el hecho de que Ramos siga un estilo, yo no haya logrado conectar del todo con la historia.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

Un Cuerpo en Algún Lugar”, de Gon Ramos. Con: Fran Cantos y Luis Sorolla. Dirección: Gon Ramos. IN GRAVITY

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 3 de Octubre de 2017

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: