Saltar al contenido

‘Gross Indecency’, o pasaporte a los infiernos

octubre 6, 2017

grosscartel

Después de aquella espléndida revisión de Our Town de Thornton Wilder -que nos sorprendió a casi todos hace un par de años y regresó a la íntima Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez hace unos meses con gran éxito- había mucha curiosidad por conocer el nuevo proyecto de TeatroLab y El Reló en el mismo espacio que vio nacer aquel boom. Y, lejos de amilanarse, Gabriel Olivares -prolífico director de los grandes éxitos del teatro español actual- escoge un texto complejo nacido en 1997 al amparo del llamado off-Brodway y vuelve a aplicar la premisa del menos es más: elenco nutrido para un espacio intimísimo y muy pocos elementos para crear muchas atmósferas. Esta vez con Gross Indecency (Los Tres Juicios a Oscar Wilde), un texto de Moises Kaufman que revisa el proceso de caída a los infiernos del mítico escritor angloirlandés a partir de un híbrido entre las actas de los tres procesos a los que se le sometió, citas de sus obras maestras y apuntes biográficos tanto de Wilde como de varios de los implicados en esta etapa de su vida, en un espectáculo valiente y complejo que supera con generosidad las dos horas de duración sin intermedio que se anuncian en el programa.

En Abril de 1895, Oscar Wilde demanda por injurias y difamación al Marqués de Queensberry, quien a su vez acusaba al escritor de cometer sodomía con su hijo, Lord Alfred Douglas alias Bossie, un joven bastante menor que el escritor. Este primer juicio -en pleno triunfo creativo de un Wilde que para entonces era toda una celebridad literaria- se convierte en un hecho con una repercusión pública mundial casi sin precedentes; lo que acaba provocando que -más allá del motivo principal de la acusación- entren también en tela de juicio cuestiones como la correspondencia privada de Wilde o incluso el valor moral de sus obras, todo ello salpicado por los ecos de la prensa sensacionalista y la opinión pública. Será, como digo, el punto de partida de una debacle personal que pronto acabará con el celebérrimo autor en la ruina y en la cárcel, tras someterse a dos nuevos juicios -el primero de ellos sin veredicto al no ponerse de acuerdo el jurado y el último con la dura sentencia-. Moises Kaufman traza aquí un complejo relato con algo de teatro documental, que se vale de toda una serie de datos -más allá de las actas de los juicios- que completan una visión panorámica no tanto de los juicios; sino más bien de las circunstancias, personajes y hechos que llevaron a Wilde a perderlo todo y lanzarse a su trágico final. Por el escenario desfilan un sinfín de voces y personajes que enmarcan, comentan y matizan el contenido de los juicios: por supuesto Wilde, Bossie y el Marqués de Queensberry; pero también George Bernard Shaw, la Reina Victoria, antiguos compañeros de Wilde reconvertidos ahora en abogados, jóvenes que participaban en supuestos encuentros privados con el escritor, su esposa, periodistas de todos los bandos; e incluso personajes de muchas de sus obras para trazar no sólo una visión polifónica de los hechos, sino también un retrato de aquel tiempo.

gross1.jpg

Si algo tiene de interesante este denso y extenso ejercicio que sobre el papel suena casi ensayístico es el hecho de que Kaufman -en su exhaustivo ejercicio de corta, copia y pega- se limita a exponer hechos, y a intentar explicar reacciones en base a las palabras de otros; pero nunca juzga ni se posiciona ni obliga al público a posicionarse. Ahora bien, tanto por la extensión del texto como por la cantidad innumerable de referencias variadísimas que incluye, lo cierto es que estamos ante un material interesante; pero complicado de subir a las tablas con garantías por su naturaleza misma. Y este es un hecho importante que no hay que perder de vista.

Alejado del corte de sus trabajos comerciales más convencionales con los que llena teatros durante años, Gabriel Olivares opta por repetir aquí la fórmula que ya fuera la clave del éxito en Our Town: público situado dentro del espacio escénico, de forma que la inmersión sea casi total, reparto copioso, elegante vestuario y apenas unas cajas como escenografía -ambos de Felype de Lima- más una iluminación acertadísima de Carlos Alzueta -algo especialmente complejo dado el espacio- y una poética ya muy personal, un sello que recuerda directamente al de Our Town -por ese gusto por lo coreográfico a la hora de crear imágenes, y esa banda sonora que llama a otros tiempos pero a su vez tiene aquí un fuerte valor expresivo (el Across the Universe escogido para el primer encuentro entre Bosie y Wilde deja luego paso a grandes éxitos queer esparcidos aquí y allá)-. Y, pese a que el espectáculo conserva la fórmula del anterior, lo cierto es que este resulta más ambicioso en todo: tanto en la extensión y complejidad del texto como en la acumulación de estilos y referencias, el tono actoral o los recursos empleados. Y, pese a que se le reconoce el esfuerzo, la buena mano dirigiendo, la seriedad y el compromiso; allá donde Our Town era un éxito inesperado, Gross Indecency se recordará como una propuesta arriesgada que no termina de cuajar con la misma solidez, aún teniendo muchos elementos interesantes.

gross2

Seguramente consciente de la densidad y complejidad del texto que presenta, Gabriel Olivares ha ideado un espectáculo de ritmo frenético, lleno de ideas, lleno de recursos, lleno de soluciones ingeniosas. Un espectáculo por momentos desaforado, que transcurre a centímetros del espectador y que, por muchas cuestiones, se verá mejor en un espacio mucho más amplio que este, donde los espectadores puedan tomar algo de la necesaria distancia para ver algunas imágenes en cierta perspectiva. En la propuesta de Olivares hay drama legal -gran parte del espectáculo la comprenden las actas del juicio-, poesía, simbolismo casi expresionista -el juicio ligado a los combates de boxeo a cuyas reglas dio nombre Queensberry-, sátira y farsa -para señalar los juicios como farsa sensacionalista y evocar ese mundo depravado del que se acusa a Wilde, muchas veces satirizado aquí como para quitarle hierro al asunto, con símiles un poco pasados de rosca por demasiado obvios (descorchar-penetrar analmente, por poner un ejemplo)- y hasta números de musical -todo un Over the Rainbow con arriesgadísima y potente decisión coreográfica a cargo de toda la compañía durante cinco minutos-. Hay muchos recursos que ya aparecían en Our Town y vuelven a aparecer aquí -se pierde, por lo tanto, parte del factor sorpresa-; y se incorpora el apartado audiovisual y tecnológico -grabaciones, proyecciones, secciones microfonadas- como otra seña de que esta propuesta es más ambiciosa.

No cabe duda de que hay que tener ideas, pulso dramático y ser un gran director de actores para sostener una propuesta que sobrepasa las dos horas y no da un segundo de respiro; una propuesta extrema que, sin embargo, aquí aparece controlada al milímetro. Y Gabriel Olivares tiene todos los ingredientes -esto no es sorpresa, ya lo había demostrado en Our Town– para levantar un espectáculo sólido. Hay ritmo, ideas, imágenes potentes y la cosa apenas decae en los casi 140 minutos que dura -que se dice pronto…-. Pero, a la vez, creo que tanto el espacio -que ahora se ha vuelto demasiado íntimo para el frenesí que todo el pulso de este montaje parece exigir- como esa cierta sensación de no dar ni un segundo sin que ocurra algo nuevo le juegan cierta mala pasada a un montaje que acaba tornándose demasiado recargado, y transcurre demasiado cerca del espectador para la intensidad que pretende mantener. El problema más obvio de todo esto es que, en favor de lo visual, la propuesta acaba haciendo que el texto sea muchas veces un mero soporte de lo que se ve; de manera que se puede llegar a desconectar de una palabra que aquí se torna muy densa, abrumado por todo cuanto ocurre ante nuestras narices. También es cierto que al espectáculo -cercano a las dos horas y veinte minutos-, en una adaptación de Gabriel Olivares y David DeGea, no le vendría mal algún recorte, porque el impacto inicial que causan algunas escenas se diluye cuando estas se prolongan-. Además, ciertos aspectos conscientemente recargados caen un poco en lo obvio -Wilde ligado insistentemente a lo queer con fines de farsa satírica con visos de crítica, de distintas formas a lo largo de la función; pero siempre como gran motivo recurrente pierden fuerza precisamente por esa recurrencia: está muy bien la idea de juicio como circo mediático e incluso la idea de la intimidad de Wilde banalizada como si fuese juzgada por la prensa rosa; pero hay momentos que se repiten y hubiesen funcionado mejor de mostrarse solo una vez -las declaraciones de los testigos que afirman que Wilde cometió con ellos la ‘grave indecencia’ del título -la penetración anal, obviamente-: con una declaración basta. Pese a todo, el espectáculo es potente de intenciones e imágenes -por momentos puede que hasta demasiado-; y tiene la suficiente personalidad en las formas como para resultar una experiencia interesante que mejoraría si se relajase y se recortase.

gross3

El nutrido elenco hace una buena labor grupal, capitaneada por un trío protagonista que incluye al inspirado -en inesperado- Oscar Wilde de un bastante entonado Javier Martin -gran trabajo de caracterización-, al Bosie bastante pasado de rosca todo el rato de David DeGea -que, no obstante, sugiere muy bien la ambigüedad del personaje, pero que seguramente funcionará mejor a mayor distancia: a la actual no estaría de más relajar varios escalones…- y el intenso Queensberry de un Eduard Alejandre que juega muy acertadamente la caricatura. Álex Cueva saca buen provecho del abogado del escritor. El resto del nutrido elenco –Guillermo Sanjuán, David García Palencia, Andrés Acevedo, Asier Iturriaga, Alejandro Pantany y Carmen Flores Sandoval- se multiplica en diversos roles breves, retazos a los que es complejo dotar de una entidad real; pero entre los que podemos señalar el buen provecho que saca la pareja de amantes de Wilde a algunos de los momentos más histriónicos y excesivos del montaje; o la solvencia con la que la única mujer del reparto saca adelante sus muchos y muy variados roles -jueza, fiscal, reina…-. Un elenco, además, que responde a  nivel global a las tremendas exigencias de ritmo y forma física que demanda este montaje.

gross4.jpg

De Gross Indecency hay que aplaudir el atrevimiento de levantar un espectáculo tan complejo con garantías, -dando fluidez a un texto que a priori podría no haberla tenido- el manejo de Olivares de un espacio como este con un elenco tan nutrido y la interesante estética de algunas imágenes. Siento que la propuesta requiere esta vez cierta distancia por parte del espectador y por tanto lucirá mejor en un espacio más grande -o eso, o es menester relajar la intensidad tal y como está ahora-; y que la acumulación de elementos e ideas tal vez haya hecho que -partiendo de un concepto semejante- algo de la sencilla frescura que me había cautivado en Our Town se quedase esta vez por el camino, por más que esta propuesta sea más ambiciosa. Aquí se podrá entrar más o menos en el juego que propone -reconozco su interés, su riesgo y su rigor formal; como reconozco que no siempre entré del todo en algunas decisiones-; pero indiferente desde luego no deja y vuelve a realzar la figura de Gabriel Olivares como un director capaz de cosas mucho más complejas de lo que algunos creen.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

Gross Indecency (Los Tres Juicios a Oscar Wilde)”, de Moises Kaufman. Con: Javier Martín, David DeGea, Eduard Alejandre, Álex Cueva, Guillermo Sanjuan, David García Palencia, Andrés Acevedo, Asier Iturriaga, Alejandro Pantany y Carmen Flores Sandoval. Dirección: Gabriel Olivares. TEATRO LAB / EL RELÓ

Teatro Fernán Gómez (Sala Jardiel Poncela), 30 de Septiembre de 2017

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: