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‘El Cíclope y otras Rarezas de Amor’, o cruces de escasa profundidad

agosto 28, 2017

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El autor, actor y cantante Ignasi Vidal nos sorprendió a casi todos hace no mucho tiempo -primero en La Pensión de las Pulgas y después en El Pavón Teatro Kamikaze, que fue donde tuve oportunidad de verla- con El Plan, una función redonda y sin fisuras que comenzaba como una comedia casi costumbrista para avanzar al terreno del thriller y acabar revelando una espeluznante comedia dramática que arrojaba además un polémico dilema moral final puesto en manos del espectador. Me fascinó aquella función por lo perfecto de la escritura -no había un solo cabo suelto-, por lo logrado del tono y por el mensaje final. Es por ello que me acerqué, con mucha curiosidad, hasta Avilés, para presenciar el estreno absoluto de El Cíclope y otras Rarezas del Amor, nuevo texto de Vidal. Igualar los resultados de su anterior propuesta estaba complicado; pero a pesar de todo no puedo evitar sentir cierta decepción ante esta obra. Porque en El Cíclope Ignasi Vidal parte del texto del capítulo 7 de Rayuela de Cortázar -que se lee en off al comienzo de la función- para armar una historia que bascula entre la comedia y el drama -sin decidirse nunca por ninguna de las dos cosas…- y que aprovecha un esquema tal vez manido pero que podría haber dado juego -las historias cruzadas de amor- pero termina quedándose en eso: en un intento; en una obra inofensiva de enredo que se deja ver pero queda muy lejos de la genialidad que Vidal ya ha demostrado que puede alcanzar y que no aparece exenta de alguna laguna e incongruencia narrativa.

Pedro y Amanda han sido pareja pero lo dejaron hace años y ahora se reencuentran en un bar tras mucho tiempo sin verse. Aunque nunca ha conseguido olvidar a Amanda y reconoce sin pudor que ha sido la mujer de su vida, ahora Pedro está anclado en un matrimonio en crisis y tiene una hija con Marta -que trabaja en una inmobiliaria junto a Paz, una joven con pareja que vivirá un extraño flechazo mientras enseña un piso a Sergio, un hombre que le dobla la edad-. Estos puntos de partida trazarán una historia de vidas cruzadas en la que los cinco personajes tratarán de emprender una especie de huida hacia delante que no todos lograrán, y que para algunos de ellos podría tener un alto precio.

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Como digo algo más arriba, Vidal escribe un enredo de vidas cruzadas con lo improbable e imprevisible del mundo del amor como núcleo temático, en el que en general el espectador siempre tiene más información que algunos de los personajes. Las premisas tal vez estén ya muy vistas -ante este planteamiento me es inevitable no pensar en Closer, de Patrick Marber-; pero, con un buen desenlace, puede que la trama hubiese dado juego. Y, sin embargo, tengo la sensación de que el autor intenta contar demasiadas, sin llegar a profundizar realmente en ninguna: el precio a pagar es el de unos personajes que rara vez escapan del cliché -el matrimonio de Marta y Pedro es una honrada excepción- y una trama en la que hay que asumir demasiadas cosas improbables, para desembocar en un final que resulta precipitado, con un golpe de efecto algo sacado de una chistera -porque, a diferencia de lo que sucedía en El Plan (donde había datos encubiertos casi desde la primera frase, aunque no cobrasen sentido hasta conocer el desenlace) aquí no hay pista alguna que sugiera o justifique el acontecimiento final- y que tengo la sensación de que no golpea a los personajes lo suficiente -hay supuesta conmoción en un primer momento, pero parece que enseguida pueden pasar página; y esto no deja de ser un poco chirriante…-. Quiero insistir en una cuestión que me parece importante: con un desarrollo diferente, este planteamiento hubiese tenido muchas posibilidades -he hablado de un cierto aroma a Closer; ¡y vaya si Closer se redondeaba!-. Pero para cuando llegamos al desenlace nos quedamos con la sensación de que es demasiado camino para llegar solamente ahí, de que tal vez falta evaluar la profundidad de las consecuencias de un acontecimiento grave en los personajes, mostrar una cierta etapa de reflexión antes de que sigan con sus vidas; por más que la trama posea una circularidad casi perfecta que demuestra que eso y justo eso es lo que Ignasi Vidal ha querido contarnos.

Al margen de esa sensación de cierta precipitación, creo que Vidal no ha acertado del todo esta vez en el tono de los diálogos, que se mueven entre lo cotidiano y lo poético. El tono costumbrista y tan de verdad que se respiraba en su anterior obra sólo aparece aquí en algunas ocasiones -un conato de discusión entre Marta y Pedro que seguramente sea la escena mejor escrita- para dejar paso a unos diálogos que pretenden alcanzar un aroma de trascendencia que no siempre procede y no siempre se corresponde al tipo de personajes que hablan, lo que -al menos en mi caso- me produce un cierto distanciamiento, una falta de empatía hacia ellos; tal vez también señal de que no están todo lo perfilados que sería deseable.

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Por otro lado, hay en la historia situaciones que sencillamente no resultan del todo creíbles. Veamos alguna sin hacer spoilers: sabemos que Pedro y Amanda han tenido una relación sólida de años, pero sin embargo en un momento de la función él parece desconocer que ella tiene un hermano -¿pero no es la mujer de su vida?-; Sergio busca un nuevo local para restablecer su negocio después de separarse -entendemos que la separación es reciente…-, pero sin embargo más adelante afirma que se ha separado hace varios meses; la escena de Sergio y Paz está escrita desde un tono tan pretendidamente azucarado que le quita toda credibilidad… El resultado es, efectivamente, una historia inofensiva, con sus agujeros; pero de la pluma de Ignasi Vidal cabría esperar algo más ambicioso, porque ya ha demostrado que lo puede hacer.

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Firma el propio autor la puesta en escena, y hay que decir que es bastante ingeniosa en su sencillez. Para cubrir los múltiples espacios por los que transita la trama, Vidal ha ideado un dispositivo en de tizas y pizarras sobre un suelo que evoca un tablero de la rayuela. Los propios actores -como actores no como personajes, puesto que además a menudo esperan su turno en las esquinas del escenario- van modificando los nombres de los lugares donde transcurre cada escena en las pizarras, quedando la escenografía reducida a lo mínimo y un espejo refleja la acción, creando un efecto de profundidad y perspectiva bastante interesante a nivel visual. Es una buena idea la escenografía de Curt Allen Wilmer; e incluso encuentro acertada la música incidental; pero a la vez creo que se pierde demasiado tiempo en las transiciones, lo que perjudica sobremanera la continuidad de la trama: la vi en estreno, pero el ritmo de las transiciones todavía debe ajustarse.

Partiendo de que los personajes no siempre escapan de ciertos estereotipos, encontré sin embargo bastante entonado al elenco. Que los que más se luzcan sean el matrimonio que forman Eva Isanta y Manuel Baqueiro probablemente obedezca también a que son los personajes mejor construidos. Así y todo, Sara Rivero se ve perfectamente consciente de lo cargante que debe resultar su personaje, y juega muy bien sus armas para resultar adecuadamente empalagosa: y no estaba la cosa fácil. Daniel Freire consigue aportar cierta dignidad en un personaje difícil por cómo está escrito -algunas de sus escenas son complicadas de defender…- y Celia Vioque está mucho más entonada en esta Amanda que en otras funciones que le haya visto. En resumen, el reparto es sólido y bien escogido por más que algunos personajes resulten a veces demasiado superficiales.

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No nos engañemos: El Cíclope no es una mala función y convencerá a más de uno. Es un texto que se promete ambicioso; pero que acaba prometiendo más de lo que realmente da. Inofensiva, fácil; de esas propuestas que pretenden llegar a cualquier tipo de público. Hemos visto -y seguiremos viendo- muchas funciones así. Pero después del golpe en la mesa que supuso El Plan, la verdad esperaba bastante más de Ignasi Vidal, esperaba otra experiencia impactante. Pero no es eso lo que pretende El Cíclope, una obra menor defendida con aplomo por su reparto. Una y otra son dos tipos de texto diferentes -seguramente ambos válidos, pero dirigidos a distintas audiencias-: yo, personalmente, me quedo de largo con aquella; pero gran parte de los no pocos que se sintieron molestos viendo El Plan encontrarán en la sencillez de El Cíclope -de corte decididamente comercial- algo casi balsámico. Para gustos…

Un último apunte. Al día siguiente de los terribles atentados de Barcelona y Cambrils; mientras en muchas ciudades de España se suspendían diversos actos lúdicos, esta compañía decidió sin embargo levantar el telón tras guardar un respetuoso minuto de silencio: aplaudo su seriedad y su valentía, puesto que creo que seguir adelante es la forma más indicada de sobrellevar la tragedia, sin tener por ello que perderla de vista. Bravo por ellos.

H. A.

Nota: 2.5 / 5

El Cíclope y otras Rarezas de Amor”, de Ignasi Vidal. Con: Manu Baqueiro, Celia Vioque, Daniel Freire, Sara Rivero y Eva Isanta. Dirección: Ignasi Vidal. OLYMPIA METROPOLITANA S.A. / EMILIA YAGÜE PRODUCCIONES / UNAHORAMENOS PRODUCCIONES.

Centro Niemeyer (Avilés), 18 de Agosto de 2017

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