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‘Rien à Dire’, o el clown convertido en arte

agosto 27, 2017

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Dentro de la XVII edición del Festival Manicómicos -que englobó, al aire libre y de forma gratuita diversas actuaciones de pequeño, mediano y gran formato en torno al mundo del circo, siendo este su plato fuerte y su propuesta más exitosa- el clown Leandre Ribera presentó en la coruñesa Plaza de las Bárbaras su espectáculo Rien à dire, una reflexión en clave de comedia acerca de la soledad, la necesidad de compañía y el poder de la imaginación para paliar esa soledad.

Arrastrado por el viento hacia el lugar, como si portase una gran carga sobre sus hombros un hombre visiblemente cansado, hastiado, espera en una casa destartalada. Hay una mesa que cojea, un armario que pareciera tener vida propia, toda una serie de bombillas que desobedecen y hasta lavadora. Y ahí, en ese espacio, el hombre -el payaso- lucha contra su propia rutina. Una rutina que le condena a la más estricta soledad; una soledad que sólo consigue tapar desde la imaginación, desde el sueño… y una soledad que, a fin de cuentas, sólo puede curarse saliendo de ese espacio que atenaza al clown hacia la rutina. Porque nuestro payaso -que recibe cartas de improvisados carteros que intenta retener en la casa lo más posible- parece no tener quien le visite; y lucha contra el tedio, contra la rutina y hasta contra esa necesidad de escapar.

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Leandre Ribera -uno de los clowns más reconocidos del panorama nacional- tiene el acierto de hablar, desde la comedia, de temas muy serios; y de basarse para su propuesta en las reglas más clásicas del mundo del clown, sin renunciar por ello a contar una historia que avanza, con una trama que va desde un inicio hasta un desenlace cerrado. Así, Rien à Dire puede leerse bien desde la comedia de gags más pura -con salidas tan clásicas como bien encajadas y perfectamente ejecutadas- o bien desde ese poso fundamentalmente dramático que esta historia de soledad irresoluta parece esconder. Este doble fondo -sin perder nunca de vista la comedia- es una importantísima virtud del trabajo del clown catalán, que consigue ir más allá del mero payaso, tanto a nivel narrativo como a nivel de contenido y ejecución. Hay, en cualquier caso, una firme voluntad de hacer teatro sin palabras: buen teatro.

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Además, Leandre ha levantado un espectáculo vistoso que aprovecha mil y un recovecos técnicos para que jueguen a favor de la sorpresa. Todo el dispositivo escénico de Xesca Salvà -muy sencillo en apariencia, pero del que pronto descubrimos que esconde sin duda una serie de juegos que requieren mucho trabajo- está puesto al servicio de ser una atracción más en Rien à Dire, de manera que el espectáculo va mucho más allá del soliloquio: ir descubriendo las sorpresas que encierra la escenografía -ese armario parece no tener fondo, y aún no he entendido el secreto a día de hoy…- es un plus en el juego que encierra todo este espectáculo. Un juego que se ve sin duda realzado por el hecho de que esta vez, Rien à Dire se ofrece al aire libre: una opción que deja al descubierto algunos aspectos -sobre todo sonoros-; pero que, en mi opinión, potencia la teatralidad de la función, al mismo tiempo que hace que nos planteemos cómo una función como esta -que tiene una dificultad técnica indudable- puede sacarse adelante con esta soltura. Como sucede muchas veces en este tipo de espectáculos planteados en espacios no pensados originalmente para el teatro, puede que Rien à Dire siga funcionando en un teatro al uso; pero en esta ocasión el particular entorno añadió incuestionable encanto.

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Y, a fin de cuentas, Leandre Ribera demuestra con Rien à Dire por qué es uno de los grandes en su género. Por recurrir a lo más clásico, al hombre, al payaso con la cara lavada, al payaso que no necesita más que su propio gesto para hacer reír. Pero también por la sutil administración de lo físico -siempre expresivo, pero sin perder nunca la elegancia ni caer en el exceso gratuito-. Leandre trabaja con soltura no sólo la idea de su espectáculo; sino también la interacción con el público -fundamental- y -sobre todo- una capacidad para la improvisación que no deja pasar ni una sola oportunidad de brillar. Al margen de su dominio indudable de la técnica del clown, cautiva comprobar cómo cualquier imprevisto -y ya se imaginarán que en una función al aire libre surgen cientos de cosas…- es aprovechado por el payaso para que juegue a favor del resultado final. Así, esta tarde vimos a Leandre dialogar con perros que ladraban, con bebés que lloraban, con risas escandalosamente sonoras e incluso convertir la accidentada entrada de un espectador en escena en un nuevo gag perfectamente integrado. Todo para fomentar ese humor auténticamente absurdo -en el buen sentido, claro- que es la base de la idea que plantea Rien à Dire: el absurdo del hombre contra los elementos, el absurdo del hombre contra su propia existencia, una gran tragedia para construir una desternillante comedia gestual. Y ese es otro de los grandes valores de esta propuesta: la capacidad de Leandre como clown de primera categoría está fuera de toda duda, y bastan apenas unos minutos para que reluzca; pero el hecho de hacer crecer la función con cualquier cosa que suceda va mas allá de cualquier técnica, y creo que es aquí donde reluce el verdadero artista con mayúsculas.

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Siempre es un gusto asistir a espectáculos de clown de esta categoría, que no pierden de vista su cualidad de género teatral -esto pretende desde el primer momento ser y es mucho más que una mera serie de payasadas- y que descollan por su elegancia en la concepción y el dominio técnico que demuestran. Espectáculos como este dignifican el género el clown, llegando a convertirlo en un verdadero arte al alcance de unos pocos: Leandre Ribera es sin duda uno de ellos. La plaza -llena hasta los topes de público de todas las edades- disfrutó, rió, colaboró gustoso, celebró los gags con aplausos y acabó ovacionando al clown en pie. Un lujo y un éxito.

H. A.

Nota: 4/5

Rien à Dire”, de Leandre Ribera. Interpretado y dirigido por Leandre Ribera. Escenografía: Xesca Salvà. INSTITUT RAMÓN LLULL / AGNÉS FORN.

XVII Festival Manicómicos. Plazuela de las Bárbaras (A Coruña), 12 de Agosto de 2017

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