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‘Soño dunha Noite de Verán’, o fiesta de lo sensual y lo sensorial

julio 23, 2017

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Espectáculo en lengua gallega (con fragmentos en castellano e inglés)

Shakespeare y los distintos acercamientos a su obra -de forma directa o indirecta- han sido uno de los ejes vertebradores de la XXXIII edición de la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia. En este encuadre acogió producciones de La Ternura, Sueño, Conto de Inverno y ahora este Soño dunha Noite de Verán que -para festejar su décimo aniversario- la compañía gallega Voadora coproduce -junto a Iberescena, Marco Layera (Chile), Malverde Produçoes (Brasil), el Festival de Almada (Portugal) y la propia Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia-. Un espectáculo con personalidad propia que parte de la base del clásico de William Shakespeare para incidir en su vertiente más erótica, onírica y relativa al mundo de la identidad personal y sexual; el derecho a elegir -a elegir un amante, a elegir un marido, a elegir un sexo…- y la manera en que los humanos tendemos a juzgar aquello que vemos sin pararnos a pensar en su relatividad.

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Respetando el eje argumental de la obra del bardo, el espectáculo pivota sobre una versión libre del chileno Marco Layera, que ha potenciado aquellos aspectos que más le interesaban, y ha optado por presentar tal vez la cara más descarnada del mundo onírico. De entre las múltiples tramas que presenta la obra de Shakespeare, Layera se centra en la que se ocupa de las dos parejas de amantes -Hermia y Lisandro y Helena y Demetrio- y la errática venganza de Oberón a través de Puck, refundiendo o directamente eliminando el resto de tramas. Así, en esta versión es Egeo -padre de Hermia- quien está a punto de casarse al comenzar la obra, y pone trabas al romance de su hija con Lisandro, que en esta versión pasa a ser un personaje transgénero, algo que Egeo no puede encajar. Dispuesta a vivir su amor por encima de todo, Hermia se fuga con su amado al bosque, hasta donde les sigue Demetrio, el macho alfa escogido por Egeo como esposo de su hija; que no puede entender que la joven prefiera a ese ser ambiguo que es aquí Lisandro antes que a él, un “hombre de verdad”. Por su parte, Helena sigue a su esposo Demetrio al bosque, después de que él la haya repudiado tras no encontrarla atractiva después del parto de su hijo, una carga que ha dinamitado el matrimonio y de la que Helena -que no duda en rebajarse y humillarse lo necesario- llega a estar dispuesta a deshacerse. Sobre esta premisa argumental -fiel a Shakespeare incluso en el texto y en las intenciones- Layera arma una propuesta más agresiva, más centrada en el mundo de lo sensual; y que incluye por ejemplo a una reina Titania lujuriosa, a un paso de la depravación. De esta forma, Layera llama a una reflexión más honda de la que puede contener a simple vista esta obra; sin perder de vista la voluntad de comedia, pero extremando los sentimientos de los personajes, tensando la cuerda al extremo y lanzando al aire preguntas a buen seguro tan universales como las que planteaba el bardo; pero traídas a hoy, a lo actual. Es cierto que el resto de las tramas quedan diluidas en favor de la que más ha interesado a Layera -toda la trama de los cómicos, por ejemplo, queda reducida a poco menos que un sketch ofrecido a modo de entremés-; pero sin embargo siento que el conjunto ha logrado una temperatura muy sugerente, que revela que, efectivamente, otro Sueño de una Noche de Verano es posible.

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Sin perder de vista gran parte de la estética pop y gamberra que es seña identitaria de la compañía, Marta Pazos ha levantado un espectáculo que destaca por su dominio del espacio y de las imágenes -muchas muy bellas en lo estético-, e incluso por una cierta sobriedad estética y formal para lo que acostumbran a ser sus trabajos; que sin emabrgo acaba convirtiendo a esta propuesta en una de las más elegantes y mejor acabadas de cuantas haya visto de Voadora. Todo transcurre ante un telón translúcido que distorsiona de manera tenue la visión del espectador; y en torno a un tul rosáceo que envuelve toda la escena. Sobre este sencillo espacio escénico -iluminación soberbia de Rui Montero, estilismo de Fanny Bello y atrezzo de Olalla Tesouro- Pazos va introduciendo progresivamente los elementos necesarios para cada escena -nunca más de los necesarios-. Por el escenario desfilan desde un cortejo de novias de ambos sexos, hasta un cantante con aires de Sinatra que nos da la bienvenida a esa boda festiva que ya ha arrancado antes de comenzar la función -suenan “My Way” o “Fly me to the Moon” entre otras- hasta un Puck que se pasea completamente desnudo o dos pares de ojos de corte irónico y pop que espían a los amantes en sus escenas más íntimas, casi como voyeurs de la intimidad ajena. El cuidado estético viene dado por un montaje de indudable belleza plástica y visual, en el que se nota que la directora maneja con maestría la generación de atmósferas y el sentido del ritmo: el aspecto plástico es de gran hermosura y el espectáculo se desarrolla con una fluidez casi coreográfica. Ni siquiera un recinto al aire libre como es este -que seguramente resta impacto a algunos efectos visuales- nos distancia del acierto estético del montaje. Como es costumbre en la compañía, la música tiene una importancia esencial, en una miscelánea en la que caben desde temas propios específicamente creados para el espectáculo hasta clásicos del mundo de los crooners o fragmentos de la consabida suite de Felix Mendelsohn para la pieza shakesperiana -este último un recurso bastante manido cuando de montar el Sueño… se trata-.

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Podemos decir sin temor a equivocarnos que se trata de un acercamiento a la obra de carácter inclusivo, no sólo por las particulares disciplinas que engloba su reparto -desde bailarinas profesionales hasta actores, actrices e incluso una intérprete amateur transgénero- como por la diversidad lingüística presente en una versión en la que los personajes hablan en gallego, castellano y hasta inglés; y todos llegan al entendimiento sin problemas. En la apuesta de Pazos, muy centrada en el mundo de lo sensual -no olvidemos que las pulsiones pasionales son uno de los motores que mueven los impulsos de todos estos personajes- y hasta de lo sensorial -la vista, el tacto, el gusto están potenciados en la narración- Pero también tiene también gran relevancia el mundo interior de los personajes, el subconsciente; evocado ya sea a través de la danza como forma de expresión de lo que no se puede decir con palabras o mediante una luz que a veces tiende a distorsionar conscientemente las imágenes que suceden en escena -en un paralelismo claro con ese mundo de la confusión que aparece en la obra de Shakespeare-. En otro orden de cosas, puede que haya un notorio contraste entre la dureza de la versión del texto de Layera y el ambiente pop, irónico y a veces casi festivo de corte naif que propone Pazos en su puesta en escena: escenas enfocadas hacia lo irónico -Demetrio follándose literalmente el suelo en su frenesí sexual, o un parón musical con una canción de corte pop setentero cuyo estribillo reza algo así como “nuestras hormonas son muy cabronas”, el enfrentamiento final entre las dos mujeres, alzado aquí en un ring de boxeo, y no digamos ya toda la escena de Titania- producen un choque de trenes que, curiosamente, acaba beneficiando a la propuesta en sus dos vertientes, la textual y la visual; porque ninguna de las dos va en contra de la otra, por más que emprendan caminos bien diferentes.

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Para el final de su función, la dupla Pazos-Layera reserva un golpe de efecto esperado e inesperado al tiempo; una escena de gran carga emocional y social, que opta por dar un último puñetazo al público. Se nos dice que hay una actriz transgénero; pero no se nos aclara el rol a interpretar: con el devenir de la representación, una parte de los espectadores entrarán seguro en una obvia suposición que acaba resultando falsa; y que encierra otra gran moraleja de esta función: cada uno de nosotros como espectadores ha prejuzgado -al igual que los personajes-; y, como los personajes, de algún modo y casi como en una metáfora, hemos visto la realidad filtrada sin ser conscientes de ello. Así, la función acaba en una gran moraleja; en un alegato que deja la representación en punta, pero que a la vez conduce la trama de Sueño de una Noche de Verano a un final abrupto y abierto, que podrá desconcertar a más de uno. El golpe final -y más en una función festiva y gozosa como esta- es brillante; pero convendría haber cerrado de una forma más sólida las tramas shakesperianas abiertas, para darle a la propuesta una mayor cohesión general. Quizá esta decisión -que encuentro francamente discutible- sea el punto más débil de toda la idea general, porque creo que dejar todas esas tramas abiertas no suma especialmente… -más bien al contrario-.

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Puede que, como casi siempre me ocurre con Voadora, sienta que el amplio elenco -que hermana a un nutrido número de profesionales de distintas nacionalidades y disciplinas- esté más al servicio de lo estético que a potenciar la fuerza dramática del texto. Hay que decir en su favor que, por más que el nivel al decir el texto sea por momentos irregular, esta carencia queda suplida con otros alicientes y todos parecen firmemente convencidos de lo que están defendiendo, y lo juegan con entrega y seguridad apabullantes. A todos se les exige desdoblarse, y rendir en distintas disciplinas en un espectáculo tremendamente dinámico. Así y todo, me parecieron de alto voltaje los trabajos actorales del sugerente Lisandro de una muy expresiva Andrea Quintana, que se mueve muy bien en la ambigüedad de su rol; la encendida Helena de Anaël Snoek -que se expresa en castellano, pero imprime a su rol un enorme pulso dramático- e incluso el latido -y nunca mejor dicho- que imprime Janet Novás a su Helena, tan bien en lo danzado como en lo actoral. Areta Bolado defiende con tremenda dignidad su escena central como Titania, que pide de ella unos niveles de entrega que no son nada fáciles de aportar y que aquí están; y lo mismo se puede decir del Puck de Hugo Torres, llevado adelante -literalmente- con un par, en una situación que tal vez no sea cómoda para muchos actores; pero que aquí enseguida se vuelve anecdótica por lo bien controlada que resulta. Diego Anido -muy entonado en esa escena musical previa al comienzo- aún crecería dando a su personaje principal un punto extra de patetismo; Borja Fernández ofrece un sólido Oberón que contrasta adecuadamente con la particular imagen de Puck que ofrece esta propuesta y José Díaz aprovecha un número musical estelar que termina siendo uno de los mejores del montaje. A la debutante en el teatro Paris Lakryma, por su parte, se le reserva una escena demoledora; casi en forma de pequeña píldora que está expuesta en el punto justo de sinceridad y emoción; y que deja curiosidad ante futuros trabajos que Voadora: bravo por su generosidad al exponerse de esa forma.

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Este particular acercamiento a esta obra tantas veces montada destaca, en pocas palabras, por lo potente que resulta su relectura a la hora de abrir nuevos caminos en torno a una obra aparentemente inofensiva; y por un aspecto estético cuidadísimo que resulta de atractivo incuestionable. Darle un final más cerrado a las tramas, e incluso ampliar la función alargando la trama de los cómicos -aquí casi un instante…- acabaría de redondear una propuesta que mantiene muy el equilibrio entre el respeto a Shakespeare y su sello personal de identidad; pero del que tal vez se salga con la sensación de que esto bien podría haber durado 20 minutos más; sin perder ni una sola de las intenciones pero escogiendo cerrar ciertos caminos que quedan abiertos y que con total seguridad llevarán a confusión a quienes no conozcan la obra original. Con todo, es una versión que merece la pena ver por ese sello que tan bien luce y por un buen puñado de imágenes ciertamente sugerentes en lo estético.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

Soño dunha Noite de Verán”, a partir de la obra de William Shakespeare en versión de Marco Layera. Traducción: Manolo Cortés. Con: Diego Anido, Areta Bolado, José Díaz, Borja Fernández, Paris Lakryma, Janet Novás, Andrea Quintana, Anäel Snoek y Hugo Torres. Dirección: Marta Pazos. VOADORA / MOSTRA INTERNACIONAL DE TEATRO DE RIBADAVIA / MARCO LAYERA /IBERESCENA / MALVERDE PRODUÇOES / FESTIVAL DE ALMADA

XXXIII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Auditorio do Castelo), 21 de Julio de 2017

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