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‘Clean City’, o ¿hacia la tierra prometida?

julio 21, 2017

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Espectáculo en griego (con fragmentos en otras lenguas)

Siguiendo la premisa de que lo personal es político, los jóvenes creadores griegos Anestis Azas y Prodromos Tsinikoris -en una coproducción del Onasis Cultural Center y el Goethe Institut- presentaron en la XXXIII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia Clean City, un espectáculo de teatro-documento que giran por todo el mundo; en el que se valen de los testimonios reales de cinco mujeres extranjeras que han vivido en Grecia durante más de 30 años, como mujeres de la limpieza. Una propuesta fresca en la que, a modo de confesionario, las actrices-personajes revisan no sólo su situación social como foráneas ‘marcadas’, sino también toda la evolución de la sociedad griega en los últimos 30 años. Un país al que nuestras protagonistas acudían ante la falta de expectativas, llenas de sueños, casi como si de una nueva tierra prometida se tratase; pero que sin embargo se convirtió en un reto, en una lucha constante por encontrar su dignidad, mantener a sus familias, e incluso salvar sus propias vidas, en un momento en que el partido neonazi Amanecer Dorado marcó como apestados a todos los extranjeros que vivían en Gecia… Por más que llevasen años viviendo en ella. El Amanecer Dorado promulgaba la consigna de “limpiar Grecia”; y fue precisamente esta consigna la que llevó a Azas y Tsikinoris a dar con la idea de la pieza: dotar de voz a limpiadoras, a señoras de la limpieza de diversa raza, edad y condición; para preguntarse quién limpia Grecia realmente. No es la clase política, sino estas mujeres anónimas a las que ahora el teatro da voz.

Bajo las miradas de una búlgara, una albanesa una moldava, una filipina y una sudafricana; cuya primera intención era buscarse la vida en Grecia y que suman ya media vida en el país, Clean City se apoya en un estilo de teatro-documento que es sencillo, directo y fresco. Una revisión a la parte más turbia de las reglas de respeto y convivencia del diferente en una sociedad que posiblemente prefiere mirar para otro lado antes que integrar. Una reflexión lúcida, franca y despojada de todo artificio que explora un país a la deriva, encorsetado en las convenciones; y que da la espalda sin el menor pudor. Por el universo de la obra desfilan historias de abusos sexuales y policiales por el mero hecho de ser emigrantes, discriminación, problemas flagrantes para conseguir unos papeles o una nacionalidad, desencanto ante una esperanza que poco tiene que ver con la realidad que estas cinco mujeres se encuentran allí. También el miedo, el marcaje; e incluso los conatos terroristas. Y, en definitiva, la lucha por salir adelante en unas condiciones de inferioridad casi deplorable de cinco mujeres que nunca pierden la sonrisa, las ganas de luchar ni la esperanza por un futuro mejor -en Grecia o regresando a sus países de origen- que tal vez nunca llegue; porque en un principio parecen tenerlo todo de espalda: mujeres que, casi sin comerlo ni beberlo, han encontrado en una extraña oportunidad en el teatro una bolsa de oxígeno al menos momentánea que les da una oportunidad imprevista: la de recorrer el mundo entero contando su historia; para que su historia se conozca y, quién sabe si para que, tomando conciencia, el público -aquí, mejor dicho, el ciudadano- consigue que algo cambie no sólo para estas mujeres, sino en la sociedad general… En cualquier caso, mujeres con derecho a no rendirse. Mujeres valientes para las que volver atrás no es una opción.

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Hay dos grandes virtudes en esta propuesta. La primera, esa capacidad de revisar lo político desde lo personal, desde lo social; desde los testimonios en primera persona que bien podrían ser, sin embargo, los de toda una sociedad. Estas cinco mujeres se erigen en portavoces de su propia realidad, de la realidad del que ya debería ser su país -aunque, de algún modo, les haya dado la espalda- y nos dan a todos una lección. Esto es, claro, teatro político; pero también es un teatro humano, de personas y para personas, que nos hace llevar la reflexión de lo humano hacia lo político, pero que pone el foco en pequeñas historias: la denuncia viene integrada, pero nunca impuesta ni encorsetada en un discurso que nunca pierde su humanidad. Es un acierto. La segunda gran virtud radica en emplear mujeres reales, que cuentan sus historias reales; en vez de actrices que ponen en escena testimonios de investigación -se ha hecho teatro-documento social con actrices -en Galicia, sin ir muy lejos, tenemos un ejemplo claro en As do Peixe-, bastante más que con mujeres reales hablando de sí mismas-. Creo que no hay comparación posible: el tener a las mujeres reales, hablando de su propia problemática, permite un grado de sinceridad, de franqueza y de honestidad en el discurso que difícilmente podrán alcanzar intérpretes de teatro. Estas cinco mujeres hablan sin tapujos, sin regordearse en el dolor, y con una verdad que apabulla. Desde el coraje, desde lo irónico, desde una capacidad admirable de reírse de sí mismas e ironizar sobre la deriva a la que va el país que ahora habitan.

Ellas son Rositsa Pandalieva, Fredalyn Resurrection, Drita Shehi, Valentina Ursache y Lauretta Macauley. En en esa verdad que aportan, en esa sinceridad y en ese mirar directamente al público radica gran parte del valor y el atractivo de una propuesta que, como digo, ha preferido luchar desde la ironía -la ironía, arma poderosísima de denuncia siempre- que desde un dramatismo que se ve y se intuye en el contexto; pero nunca aparece en escena más que sugerido por la dureza de los testimonios. El tener a estas mujeres reales sobre el escenario puede poner en tela de juicio parte de la ‘teatralidad’ del discurso; pero a cambio nos da algo que conecta con cada espectador como una bomba por su verdad y franqueza. Estas mujeres golpeadas cantan, ríen y hablan de su problemática con la inusitada acidez de las que ya están de vuelta de todo: es seguramente, el mecanismo de defensa de las débiles, de las que están solas, de las que deben hacer piña para salir adelante y quizá desconectar -si quiera un momento…- de su desgracia callada para seguir luchando. El tono es un hallazgo.

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Tampoco el discurso feminista que, por fuerza, impregna esta propuesta se come a otros aspectos más centrales. Lo hay, evidentemente; y el ser mujeres es un rasgo fundamental en la historia de estas cinco voces; pero -de la misma manera que la función nunca pretende resultar dolorosa directamente- sus discursos aparecen llenos de dignidad femenina; pero despojados con acierto de cualquier rasgo de lo que se podría definir como una corriente feminista-panfletaria que tanto gusta a veces en este tipo de propuestas. Nada de ello hay aquí, porque estas mujeres nos hablan, ante todo, como verdaderas supervivientes. Esto puede parecer a primera vista una obviedad; pero iempre es un gusto dar con un espectáculo que mantenga su conciencia feminista -curiosa mezcla: testimonios de mujeres, ordenados y armados por dos hombres- sin tener por ello que cargar las tintas.

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La dramaturgia de Margarita Tsomou ha ideado una estructura de monólogos polifónicos, intercala en el discurso desde canciones -cabe música típica griega, como también suena con toda la fuerza “She works hard for the money”, de Donna Summer; en una versión jaleada por el público- hasta anuncios comerciales griegos que dan una idea del rol de la mujer en Grecia en los últimos años -la esposa amantísima, la madre ejemplar, la mujer que limpia: estereotipos que se han visto hace ya décadas en España y que empiezan a estar más que superados; pero que, por el mensaje que nos lanzan los autores, en Grecia parece seguir a la orden del día-. Estas proyecciones -muchas veces de fuerte carácter irónico- complementan bien los discursos las más de las veces; si bien tal vez a la dramaturgia le falte un punto extra de dinamismo -se sustenta sobre unas estructuras dramáticas con tendencia a repetirse-. La puesta en escena -que firman los propios autores-, mostrando muchas posibilidades; seguramente pueda ser más redonda. Y, en este sentido de fomentar lo teatral, creo que a la escenografía de Eleni Stroulia -un diseño interesante y con posibilidades- no se le saca todo el partido que se podría, precisamente por esa cierta tendencia al estatismo de la que pega el montaje algunas veces. Señalar que las canciones están bastante bien integradas, y que consiguen de largo esa conexión con el público que se proponen.

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Más allá de que mueva a la reflexión -lo hace- lo mejor de esta propuesta es la honestidad que desprenden los discursos. Ver teatro-documento que hable de tú a tú, desde la verdad y por la verdad, como ocurre aquí es muy poco frecuente; y en el hecho de que ocurra radica lo que hace de Clean City una apuesta interesante. Se le pueden poner pegas a la puesta en escena, incluso a la estructura de la dramaturgia; pero lo que logra esta función -que miremos embobados a estas cinco mujeres que nos hablan con el corazón en la boca- es algo que va más allá de eso. Sólo el tiempo nos dirá si Grecia puede llegar a convertirse en esa tierra prometida que soñaban estas mujeres… Habrá quien prefiera un formato de teatro-documento más ‘teatral’; pero este espectáculo sin actrices profesionales juega, en este sentido, en una liga mucho más alta. Interesantísimo, directo, sincero y fresco.

H. A.

Nota: 3.75/5

Clean City”, una idea de Anestis Azas y Prodromos Tsinikoris. Con: Rositsa Pandalieva, Fredalyn Resurrection, Drita Shehi, Valentina Ursache y Lauretta Macauley. Dirección: Anestis Azas y Prodromos Tsinikoris. OASIS CULTURAL CENTER / GOETHE INSTITUT / PROYECTO EUROPOLY

XXXIII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Auditorio do Castelo), 17 de Julio de 2017

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