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‘Annus Horríbilis’, o hija de su tiempo

julio 18, 2017

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Espectáculo en lengua gallega

La segunda recuperación de Chévere para los festejos de su 30 Aniversario fue Annus Horríbilis, un montaje estrenado en 1994 bajo el subtítulo de piccola opera portabile que, en su momento, fue un grandísimo éxito nacional e internacional para la compañía. Una función en la que los gallegos toman como punto de partida los escándalos -entonces recientes- de la monarquía británica; para imaginar toda una serie de luchas de poder en dinastías gallegas y encajarlas en el seno de una ópera de cámara, para cinco intérpretes y un piano. En fin, una especie de parodia del concepto de ópera no exenta a su vez de una importante carga de crítica política.

Galicia. Reina la dinastía de los Tamara -sí, como la legendaria banda de pop gallego-; pero los Cúnters acechan atentos para poder ascender al trono al menor descuido… Lucas Tamara, príncipe heredero del trono, sale un día en busca de nuevas emociones y conoce por casualidad a Obdulia, una mujer casada que sueña con medrar en la sociedad… Inmediatamente surge el romance -amor a primera vista por parte de él; pero amor interesado por parte de ella- y una logia filtra la exclusiva buscando generar el escándalo dinástico. Así, el Rey -padre de Lucas-, en un primer momento encantado con que su hijo haya encontrado el amor, ha de hacer frente a un golpe que le puede costar el trono; de la misma manera que el marido -engañado e ignorante de la situación- de Obdulia clama venganza cuando descubre el engaño de su mujer… Esta es la trama que emplea Chévere para armar una ópera -parodiada- en dos actos que se prolonga por más de dos horas.

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De la misma manera que decía hace poco que Río Bravo mantiene toda su esencia, casi tres décadas después; creo que Annus Horríbilis es una obra mucho más hija de su tiempo, que debe ser observada y valorada desde ahí: desde el punto en el que fue concebida. Tanto por la trama política que aborda indirectamente -las crisis sentimentales, dimes y diretes que azotaron a la monarquía británica en 1992, año considerado por Isabel II como “horribilis”– tanto por el formato en sí mismo: resulta original que en 1994 una compañía gallega se lanzase a esta suerte de loca parodia de ópera; pero a día de hoy ya hemos visto ejemplos similares más redondos, sin que esto quiera decir que la propuesta carezca de interés. En Annus Horríbilis se valoran las intenciones, y se valora la osadía de abordar este tipo de apuesta en ese momento; pero hoy, 23 años después -que se dice pronto…- la idea y el concepto necesitarían de un lavado de cara para brillar en todo su esplendor. También, de la misma manera que Río Bravo anticipaba -casi sin quererlo- las señas de identidad de la compañía, cuesta mucho más encajar este Annus Horríbilis en el devenir de lo que es Chévere a día de hoy, más allá de una sátira política que aparece aquí mucho más velada que en otros montajes posteriores -y por eso quizás no vea una necesidad real de recuperarla, más allá del componente nostálgico que pueda tener-.

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Sobre un texto de Pepe Sendón, con una muy estimable partitura de Fran Pérez ‘Narf’ -que, musicalmente, parodia con acierto algunos de los tópicos musicales y libretísticos del género: desde la figura del da capo, hasta la sobrecarga de ornamentación; pasando por unos libretos que las más de las veces tienden a perderse en símiles poéticos que hacen caer las tramas operísticas al borde del ridículo- la sencilla puesta en escena bebe sin esconderlo del universo de Les Luthiers. El propio director de la compañía, Xesús Ron, nos habla al comienzo de cada acto para hacernos una simpática génesis del espectáculo, y regalar una falsa clase erudita sobre los principios de la ópera al público que ha venido a verla -¿y cómo no pensar en los monólogos de Marcos Mundstock, que abrían los sketches del incomparable grupo argentino?: es, claro, un piropo; pero no hay que olvidar que Les Luthiers llegaron antes como grupo…-. Tras esta introducción, la ópera avanza entre números musicales y sketches cómico-cantados que funcionan con fortuna irregular. Curiosamente, algunos de los más logrados -el de la conspiración del bufón de la corte (el guiño a Rigoletto es más que evidente…), con unos efectos de luces que dejan alguna imagen muy sugerente, la nostálgica mención al hoy caído en desgracia Compostela Club de Fútbol; y la larga secuencia de de los globos, sin duda el más hilarante instante de la propuesta- son de los que menos hacen avanzar la trama como tal; y creo que aquí radica una de las debilidades del montaje: la trama se acaba convirtiendo casi en una excusa para generar la ópera, cuando debería ocurrir al revés… Y, en consonancia con esto, siento que a fin de cuentas la duración -sobrepasa las dos horas con el lastre de un intermedio- es excesiva para lo que se nos quiere contar: con apenas una hora y cuarto bastaba. En otro orden de cosas, siento que la compañía no ha sacado todo el jugo a las posibilidades que da el hecho de parodiar el código particularísimo de la ópera -esa gestualidad siempre excesiva, esos tópicos romanticoides, esas repeticiones interminables…-; y en este sentido sí que hay varios montajes -e incluso sketches- que les llevan gran ventaja: sin perder de vista a Les Luthiers, hay no uno sino dos sketches icónicos que han parodiado la ópera –La Hija de Escipión- y la zarzuela –Las Majas del Bergantín- con mayor coherencia que este Annus Horríbilis: y aquí vuelvo al tema de la duración; mientras que ninguno de estos sketches llega a la media hora, la ópera de Chévere supera las dos horas con generosidad…

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No nos engañemos: Annus Horríbilis resulta entretenida -más allá de su exceso de metraje- y hay momentos francamente divertidos; pero puede que sea la propuesta menos original, la menos sorprendente, de cuantas haya visto de Chévere -y he visto unas cuantas-, sobre todo porque este mismo formato se ha abordado otras veces. En la puesta en escena -que se sirve de un piano y el vacío escénico como únicos elementos, hay momentos muy logrados -algunos los he citado más arriba-; pero también caídas de ritmo que seguramente se solucionen con una revisión del material -que bien podría llevar a condensar todo en apenas una hora y media…-. A día de hoy, el desequilibrio de la trama es evidente -y doy un nuevo dato: dos horas y media de metraje; pero, sin embargo, el final es precipitadísimo…-.

Seguramente los dos monólogos de Xesús Ron que abren cada acto sean -junto con la interesante partitura de Narf-, que acierta al reírse de los tópicos musicales del género, e incluso integra bien en los códigos operísticos toda una miscelánea que va desde la muiñeira gallega hasta la salsa- lo más interesante de una función que se eleva gracias a la entrega incuestionable del equipo actoral, que une actores clásicos del equipo de Chévere a algunos más recientes que se incorporan para esta reposición. Todos aparecen razonablemente dotados para el canto, sin perder de vista que lo que se busca es la parodia; y hacen gala de una capacidad gestual ciertamente portentosa. Con toda seguridad, Patricia de Lorenzo y César Goldi -que no dejan pasar ni una oportunidad de destacar a la hora de manejar sus roles- son los mejor preparados vocalmente; pero he de confesar que las notorias limitaciones de Borja Fernández en la franja aguda me resultaron cruciales y pertinentes para poner de manifiesto esa voluntad de comedia que maneja el espectáculo: está perfectamente consciente de cuál es el género y cómo lo tiene que hacer, las da todas y acierta en la mayoría. Miguel de Lira descolla por su reconocido carisma natural; al tiempo que Manolo Cortés cumple adecuadamente en sus breves intervenciones. Suso Alonso al piano maneja con destreza una tarea que acaba resultando mucho más compleja de lo que pueda parecer a primera vista -interpretar una partitura de más de dos horas solo, buscar la comodidad en los actores-cantantes e integrarse en el componente paródico de la propuesta: de las tres sale victorioso-.

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Un inciso que no quisiera pasar por alto: este espectáculo nació para la pequeña sala Nasa, y ahora se presentó en el Auditorio de Galicia compostelano: la amplificación no fue todo lo limpia que sería deseable -al menos en la función que presencié-; y la excesiva presencia del piano tendía a dificultar la correcta comprensión del texto, perdiéndose parte de los mensajes. Algo con lo que el propio Xesús Ron ironizaba al comienzo del espectáculo como parte de la esencia de la ópera -esa barrera lingüística entre castellano y otros idiomas (italiano, francés, alemán), que para ellos es la clave de que una ópera en gallego triunfase fuera de Galicia; pero que aquí, esta noche, acabó convirtiéndose sin quererlo en un problema tan puntual como real.

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A fin de cuentas, siento que Annus Horríbilis es una obra hija de su tiempo; interesante como idea pero que necesitaría una revisión -o reescritura- para dar de sí hoy todo lo que podría. Momentos entretenidos los hay, también interpretaciones entregadas; pero no creo que sea ni de lejos lo más logrado en estos 30 años de historia del grupo. Hay que mirarla desde su tiempo y considerarla una curiosa recuperación -casi diría una exhumación- que quizás ayude a dar una panorámica más amplia del recorrido de la compañía. Pero creo que Annus Horríbilis impactaría y sorprendería mucho más en 1994 de lo que lo hace hoy en 2017, donde no pasa de un mero divertimento puntual. Que se deja ver, cierto; pero hace tiempo que a Chévere se le puede exigir mucho más que eso, porque sencillamente sabemos que nos lo puede dar.

*Ante la dificultad de encontrar imágenes de la reposición actual, he tomado prestadas las del archivo de la función que tuvo lugar en la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia, dos días después que la que aquí se reseña; porque creo que dan una idea más clara del montaje que las que corresponden a su estreno en 1994.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

Annus Horríbilis”, piccola ópera portabile con texto de Pepe Sendón y música de Fran Pérez Narf. Con: Patricia de Lorenzo, Borja Fernández, Miguel de Lira, César Goldi, Manolo Cortés y Xesús Ron. Pianista: Suso Alonso. CHÉVERE.

Auditorio de Galicia, 14 de Julio de 2017

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