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‘No Hay Mejor Defensa que un Buen Tinte’, o visitas inesperadas

julio 5, 2017

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Desde hace ya algunos años, Juanma Pina ha encontrado la fórmula del éxito, creando a partir de Lavar, Marcar y Enterrar una especie de marca en torno a la comedia de corte ochentero ambientada en una peluquería, convertida ahora en una trilogía que triunfa desde hace tiempo -sin fecha de salida prevista- en las noches de los fines de semana en la sala Lola Membrives del Teatro Lara. Cierro ahora la trilogía -que he visto en el plazo de casi un año-, tras haber comentado Lavar, Marcar y Enterrar y su precuela Rulos: El Origen, corresponde esta reseña a No Hay Mejor Defensa que un Buen Tinte, secuela de la primera obra, que transcurre en el presente inmediato.

2016. Tres años después del final de Lavar, Marcar y Enterrar, Fer -el asistente de Gabriela- abre su propia peluquería en la Calle Pez. Aunque comparte negocio y estrecha amistad con Martha -una mentirosa compulsiva empeñada en que tiene estrechos contactos con las más altas esferas de la realeza rusa- ahora buscan un tercer estilista que complete la plantilla ante la inminente apertura del negocio. La llegada del excéntrico Gustavo -cuya experiencia reciente consiste en el estilismo canino- completará el personal y dará paso a la apertura del recinto. Tras unos inicios difíciles, poco a poco el local se acaba convirtiendo en la peluquería de moda, y atrae la atención de famosos y medios de comunicación de las más diversas índoles. Pero, lejos de que el éxito sea un premio, se convertirá en un serio problema para Fer cuando deje al descubierto uno de los más oscuros secretos de Martha… Como si de una maldición se tratase -y como ocurrió en Lavar, Marcar y Enterrar.- la peluquería de Fer recibirá una visita inesperada y se convertirá en el escenario de toda una serie de rocambolescos y sangrientos sucesos que harán que Fer, Martha y el recién llegado Gustavo tengan que trabajar codo con codo y con la cabeza fría si quieren salir a bien de la situación.

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Se puede decir que No Hay Mejor Defensa… es la pieza que menos conexión tiene con las otras dos de la trilogía, y la que mejor se entiende por separado. De la misma manera que el nexo de unión de Rulos con Lavar… es que aquella nos aportaba más información sobre los sucesos de esta; no hay datos relevantes que hagan pensar en una relación de No Hay Mejor Defensa… con las otras obras -más allá de la continuidad del personaje de Fer-. Así, No Hay Mejor Defensa… mantiene algunos de los códigos que estaban en la primera obra -y que Pina redondearía después en la tercera, la más redonda- pero seguramente sea la menos redonda y la menos equilibrada de la trilogía, porque también es la más independiente. Creo que Juanma Pina pierde gran parte de la primera mitad en aportar toda una serie de datos en los que se incide mucho y que no siempre se necesitan -por ejemplo: la escena de la rueda de prensa, que es la que implica la participación del público es demasiado larga y no fluye con la misma naturalidad que en las otras dos obras- y esto hace que esta primera mitad pierda agilidad e incluso esa señal identitaria que sí está tanto en el original como en la precuela. Porque No Hay Mejor Defensa… intenta copiar en su primera mitad el tono de Lavar… pero la escritura ha hecho a los personajes -incluso a Fer- bastante menos carismáticos. Es sólo en la segunda mitad de la obra -cuando comienza una trama que (SPOILER) acaba derivando en un nuevo secuestro (FIN DEL SPOILER) cuando la función coge aire y termina saliendo ese código de comedia de corte almodovariano que Pina tan bien domina. La irrupción de un personaje icónico del género de la telenovela -no sé cuántos espectadores podrán captar esta referencia, pero es un golpe de efecto incomparable- constituye el pistoletazo de salida a una trama que se torna delirante y encuentra por fin su punto. Como digo, la cosa termina mucho mejor de lo que empieza; y el género esperado acaba saliendo a la luz de nuevo con toda su nitidez; pero esta vez siento que habría que recortar considerablemente una primera parte que, por un momento, corre el riesgo de empezar a dar vueltas sobre sí misma.

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Sólo en la segunda parte de la obra salen a relucir ciertos iconos de la cultura pop petarda y ochentera que, en las otras dos funciones, estaban más equilibrados en torno a toda la función. Pero lo cierto es que este delirante segundo acto compensa y merece la pena; porque, partiendo de ese personaje simbólico que Pina se saca de la chistera -y es, como digo, un símbolo tremendamente personal- la consabida trama del secuestro -que aquí deriva en simpática parodia de telenovela venezolana, en fondo y forma- acaba dando en el clavo a la hora de despertar una hilaridad que antes no acababa de llegar del todo. Dicho de otra manera, aquí hay material; pero creo que lo que se cuenta en 75 minutos bien podría haberse contado en 60: la obra ganaría en ritmo si -como sucedía en Lavar…– comenzase directamente en medio del secuestro, para aportar los datos del pasado mediante píldoras que se intercalasen con el presente; en vez de ese largo flashback inicial que, en mi opinión, resta ritmo a una función que -bien consciente de su género y su lugar, como siempre sucede en las obras de Pina- vuela alto algo más tarde de lo previsto. Estructuralmente hablando, en definitiva, creo que las dos hermanas de esta obra quedan bastante más logradas.

La puesta en escena -que firma, como es costumbre, el autor- mantiene todas las señas de identidad que han funcionado en la pieza precedente: el tono elevado de sitcom -aunque muchos de los gags de la primera parte pasan por alto, puede que por que no se subrayan debidamente-, el gusto por la estética pop ochentera y recargada y unos personajes perfilados a gran escala, casi como sacados de una tira cómica. La estructura de esta obra -hasta cierto punto, la más lineal de las tres- no permite grandes virguerías ni presenta especiales problemas a resolver; así que Pina hace lo que sabe, y como seña de identidad que haga que el público enseguida se sienta cómodo con lo que ve, el estilo funciona. Ahora bien, subrayar más por ejemplo un par de momentos más dramáticos que atraviesa el personaje de Martha creo que todavía podría redondear el resultado final.

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Teniendo en cuenta que la segunda parte de la obra ofrece a los tres intérpretes mayor oportunidad de lucimiento en términos de comedia que la primera, podemos destacar que el Gustavo de Fran Arráez crece cuando regresa convertido en esa falsa villana; es ahí donde se siente como pez en el agua, y desde ese punto -que empieza con una interpretación completa de “Rata de Dos Patas”, nada menos…- regala varios momentos verdaderamente hilarantes; mucho más que en el perfil de un Gustavo que por momentos queda demasiado de brocha gorda. Mario Alberto Díez, como es lógico, tiene el pulso bien cogido a Fer, y se mueve en su rol con total comodidad, incluyendo toda esa gama de tics hipocondríacos que son seña de identidad del personaje y que el actor maneja a placer; pero el papel le permite aquí bastantes menos ocasiones de lucimiento personal que en Lavar… Y, en fin, Carmen Navarro dibuja a Martha con un perfil que funciona bien; pero que no deja de ser semejante a aquel con el que construyese a la María José de Rulos unos meses atrás: funciona, pero estaría bien diferenciar algo más ambos perfiles. Hay que decir, sin embargo, que maneja con bastante naturalidad un par de arrebatos algo más dramáticos que este personaje le regala.

El público -no muy numeroso en mi función- acaba sintiéndose cómodo con esta obra, que tiene muchas de las señas de identidad de la trilogía de Pina, aunque globalmente puede que sea la menos conseguida del conjunto. Pero, a fin de cuentas, No Hay Mejor Defensa… se ve con agrado y se disfruta especialmente en su delirante segunda mitad; aunque -creo que por una mera cuestión de estructura narrativa- nunca alcance ni aquel aroma castizo contemporáneo que tenía Lavar… ni mucho menos el derroche de originalidad ochentera de Rulos: El Origen, que para mí es de largo la más conseguida de la trilogía.

H. A.

Nota: 3/5

No Hay Mejor Defensa que un Buen Tinte”, de Juanma Pina. Con: Mario Alberto Díez, Fran Arráez y Carmen Navarro. Dirección: Juanma Pina. MONTGOMERY ENTERTAINMENT.

Teatro Lara (Sala Lola Membrives), 30 de Junio de 2017

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