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‘Por Toda la Hermosura’, o cualquier tiempo pasado…

junio 30, 2017

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Último de los proyectos de la presente temporada del ciclo Escritos en la Escena -tras #Malditos16 y La Rebelión de los Hijos que Nunca Tuvimos- es este Por Toda la Hermosura (Cartografía Textual Para Un Jueves), un texto de alto valor poético en el que Nieves Rodríguez Rodríguez traza una serie de apuntes oníricos para explorar las cosas que se dejaron atrás una serie de personajes golpeados por el horror de una guerra -una guerra indeterminada en un país indeterminado-. Personajes supervivientes, personajes que siguen viviendo a alto precio; y que añoran en voz alta aquello que han perdido, el tiempo que ya no va a volver o el incierto porvenir; pero también personajes golpeados por un pasado que les ha perseguido casi como una losa o, mejor dicho, por un pasado que ha constituido una excusa para seguir viviendo en busca de revancha…

Un cerco de tierra baldía en el que resisten un abuelo con la pierna necrosada, que ha vivido el horror en sus propias carnes pero mantiene la esperanza de un futuro mejor; una madre protectora que carga con la losa de un acto accidental en errónea defensa propia y una hija adolescente que recuerda el tiempo pasado y desea que las cosas por fin cambien. Afuera, de ese círculo de seguridad, la guerra. Afuera, todo lo que estos personajes que sobreviven aislados se dejaron hace cinco años cuando tuvieron que huir. Y también afuera, la presencia de un extraño que emprende un viaje de retorno en busca de respuestas. La vida pasa, entre partidas de ajedrez infinitas, silencios e imágenes que demuestran la monotonía en la que se ha convertido la vida de estos personajes cuya única opción es sobrevivir como agazapados en una madriguera de la que apenas se pueden escapar -con una radio como único elemento de comunicación con el exterior, una radio por la que llegan las noticias a cuenta-gotas y suena Chopin-; mientras desean e imaginan un futuro incierto.

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Si hay algo especialmente destacable de esta propuesta es el bello aliento poético que Nieves Rodríguez Rodríguez imprime a sus frases, en un universo a medio camino entre el realismo mágico y el simbolismo que, en apenas una hora, apunta y dibuja una situación más que da respuestas o aporta soluciones al conflicto. En escena es más lo que se intuye que lo que pasa -y eso imprime un ritmo lento al conjunto-; e incluso es más lo que se nos cuenta que lo que vemos. Así y todo, si se sigue la representación con interés es por la cadencia sonora de las frases, por el uso -importantísimo- de los silencios y por un texto que tiene un interés poético por encima de todo -incluso por encima del factor dramático, que acaba siendo algo devorado por esas líneas que son pura poesía-.

La línea argumental es muy sencilla, porque no parece ser lo que más le interese a la autora; pero cuanto se ve, se lee -porque el espectáculo lleva abundante proyección de texto- y se oye es, como mínimo sugerente. Traza Rodríguez en apenas unos retazos -a la historia le falta un mayor desarrollo, y se puede lograr dada la brevedad del espectáculo- distintas visiones a la hora de afrontar una desgracia, una pérdida; la sensación de sentirse náufragos en la tierra que habitamos. La visión pesimista de la madre -que ha llegado a mancharse las manos de sangre inocente en esa obsesión suya con mostrarse a la defensiva y evitar que la desgracia entre en casa- contrasta con la esperanza en el futuro de ese abuelo que, sabiendo que su tiempo se termina, intenta imprimirle a su nieta algunas lecciones de supervivencia para el que él cree que será un futuro mejor. Del mismo modo, la figura de la hija -una joven que, probablemente, apenas ha conocido otra cosa que no sea el horror más allá de su niñez- es la voz que cuestiona, que no entiende cómo se ha podido llegar a esto: los tres personajes -más ese extraño que en un principio busca una violencia que sólo generaría más violencia- completan toda una panorámica de las consecuencias del horror. Y, al final, no sin algún precio que pagar, una puerta abierta a la esperanza, al tal vez mañana, a la regeneración del mundo a través del perdón, en forma de una flor que brota en medio de la tierra seca.

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Con seguridad, este texto -al que, como material dramático, puede que le falte algún golpe, alguna explosión argumental que ayude a que sepamos con certeza de dónde procede la naturaleza del relato- probablemente ganará al ser leído -escucharlo es una belleza, pero es imposible que no se pierdan los matices-; y seguramente la trama como tal podría estar mejor desarrollada, pero este texto -casi un ejercicio, como digo apenas un conjunto de retazos que todavía pueden crecer en futuras revisiones- revela a Nieves Rodríguez Rodríguez como una autora interesante, con una sensibilidad especial para dominar el mundo del lenguaje a través de una prosa poética de altos vuelos y gran calado, capaz de generar sugerentes imágenes mentales a través de las palabras. Y esto no es poco mérito: que este texto tenga casi más valor en su componente literario que en su vertiente dramática, en absoluto invalida ni su calidad ni su sugerente interés. A pesar de sentir que a este proyecto le falta algo que termine de redondear un resultado sin duda interesante; también confieso que me quedo con ganas de conocer más de esta autora, que seguramente dará qué hablar en el futuro inmediato.

La puesta en escena de Manu Báñez apoya decididamente el componente onírico que impregna toda la pieza, a partir de una logradísima escenografía -un espacio cercado de tierra seca que ayuda a crear dos lugares, dos tiempos y dos realidades con muy pocos elementos- de Alessio Meloni, con un juego de luces conseguido -atención a cómo recae la luz sobre el tablero de ajedrez…- que a veces nos muestra el espacio como si fuesen simples fotografías de esa vida que pasa y transcurre. Los personajes -que por un momento me parecieron meros espíritus, náufragos de la memoria- habitan esa tierra casi como presencias muertas, sin que uno llegue nunca a saber con certeza hasta el final la naturaleza -real o no- de lo que se nos narra. Habría que revisar todo el texto proyectado porque -al menos desde mi posición, en segunda fila de una sala muy pequeña- no siempre se lee con comodidad -queda muy alto, y puede que se vea con mayor claridad desde más arriba…-, y es un elemento fundamental para completar la experiencia. Chopin es una elección oportuna -música elegante para un entorno decadente-; pero tengo la sensación de que “Cruz de Olvido”; aún siendo una preciosidad de melodía, es una elección bastante externa al espíritu de la propuesta.

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En una función difícil por la estructura misma del texto, los cuatro actores manejan bien esa naturaleza de espíritus que el tono parece sugerir. Por un momento parece que la hija de Esther Isla -imposible en ella, aquí en un puro ejercicio de contención, a aquella actriz pizpireta y atolondrada de marcado aliento cómico de hace unos meses en el Tartufo; y esto es, claro, un piropazo- es una proyección en proceso de la rotunda madre de Ester Bellver -¡cuánto hace con tan poco!- que lucha por no convertirse en eso. Jesús Berenguer se maneja con poética soltura en ese abuelo que termina siendo el personaje más desarrollado y más interesante; y Javier Carramiñana afronta sin grandes problemas a ese extraño que termina siendo, de algún modo, el personaje más desagradecido del cuarteto. Pero los cuatro han asimilado bien ese juego de ser ‘figuras que habiten el espacio’ más que personajes en sí mismos; que termina por redondear la potente carga poética y simbólica de la propuesta.

Curiosamente se han visto en esta temporada que termina en el CDN tres propuestas que abordan, de una u otra forma, la problemática de los refugiados de guerra -a saber, Refugio, La Rebelión de los Hijos que Nunca Tuvimos y Por Toda la Hermosura-. Sin que ninguna de las tres sea especialmente redonda, sí se puede decir que la suma del terceto completa un interesante conjunto, donde Por Toda la Hermosura posiblemente sea el texto más interesante de los tres -aún estando en cierta fase de desarrollo-, Refugio el mejor montaje y La Rebelión… la experiencia teatralmente más completa. Pero quienes vean Por Toda la Hermosura seguramente salgan del teatro con ganas de saber más de esta autora; y con ganas de revisitar el texto con el detenimiento que sin duda merece, y que un solo pase no termina de permitir. No son pocas virtudes.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

Por Toda la Hermosura (Cartografía textual para un jueves)”, de Nieves Rodríguez Rodríguez. Con: Ester Bellver, Esther Isla, Jesús Berenguer y Javier Carramiñana. Dirección: Manu Báñez. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL / LABORATORIO RIVAS CHERIFF / ESCRITOS EN LA ESCENA.

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 29 de Junio de 2017

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