Skip to content

‘Resaca’, o declaración de amor

junio 27, 2017

resacacartel.jpg

Espectáculo en lengua gallega

El recuerdo de su rostro y de su cuerpo comenzaba a desvanecerse. Aunque pudiéramos ver cientos de fotos en nuestros ordenadores, o verla moverse decenas de veces en los vídeos que teníamos grabados con ella. Aunque pudiéramos entrar en su muro de Facebook y dejarle un mensaje. Cando cerrábamos los ordenadores, su rostro comenzaba a desvanecerse en nuestras cabezas”. (Resaca, Tito Asorey y Ana Carreira).

***

En apenas cuatro años, IlMaquinario Teatro se ha consolidado no sólo como una de las nuevas compañías teatrales gallegas de referencia; sino también como una de las de mayor proyección nacional. Eclécticos desde un principio, se mueven con la misma comodidad en el thriller dramático de O Home Almofada (Martin McDonagh) que en el más puro absurdo existencialista de Perplexo (Marius von Mayenburg). Y, lejos de sucumbir a etiquetas, firman ahora con Resaca, el que seguramente sea su espectáculo más personal: una miniatura, una suerte de teatro-documento a medio camino entre realidad y ficción en el que cada integrante de la compañía ha puesto sobre la mesa sus más íntimos recuerdos, sus cuentas pendientes; para generar al personaje central, Álex, una pérdida que no es más que un símbolo, el compendio de pérdidas sobre las que se vertebra este espectáculo.

Resaca comienza con una torpe y cómica declaración de amor, que surge de entre el público casi a modo de los talk-shows que se ven en prime-time. Tras esta primera escena, se nos explica que el objetivo inicial de este montaje era investigar sobre el concepto de amor líquido, acuñado por Zygmunt Bauman en 2005 referente a lo frágil de las relaciones interpersonales en la sociedad posmoderna. Sin embargo, se nos cuenta que el fallecimiento de Álex -una amiga del grupo- durante el proceso de creación del espectáculo dio un giro decisivo a esta exploración; que ahora se centraría no ya en el amor ni en las relaciones personales; sino en llenar de algún modo el vacío que esa pérdida inesperada les dejaba. Desde este punto, los actores -aquí más actores que personajes- inician una suerte de último homenaje a esa Álex que se marcha antes de tiempo, a través de una especie de investigación para reconstruir su memoria, la memoria de Álex, su recuerdo desde varias generaciones, para darle sentido a quién fue, para no olvidar, para honrar su memoria. Para reconstruir una historia, una identidad; y, por tanto, para dar vida a la realidad a través de un personaje.

resaca4

En un momento del montaje se nos aclara que, efectivamente,“Resaca” es un término polisémico que puede referirse a la “sensación de malestar de alguien que ha bebido en exceso”; pero también a la “situación que sigue a un evento importante”, e incluso a la “corriente marina que provoca que regresen al mar restos de los naufragios pasados”. A esta oportuna polivalencia del término se agarra la compañía para convertir esta Resaca en un homenaje a esa Álex más que en “el espectáculo sobre el amor que nunca haríamos”, como dice uno de los actores en un momento de la función. Pero, después de todo, Resaca sigue siendo una gran declaración de amor, puesto que demuestra que el amor es un concepto amplio que puede verse y leerse desde distintos prismas, todos ellos válidos y personales.

El juego que abre Il Maquinario en este espectáculo consiste como digo en una especie de teatro-documento. Poco importa si Álex es o no un personaje real; y poco importa si su pérdida es o no un hecho concreto. Porque todos los elementos que aparecen en este espectáculo -ligados a la memoria de Álex- son vivencias, recuerdos, fotografías o instantes archivados en el cajón de cada integrante de la compañía, que desnuda así -aunque sea a través del filtro de Álex- algunos de sus sentimientos más íntimos. Pero el ejercicio que plantea la compañía -una dramaturgia de Tito Asorey y Ana Carreira a partir de textos de todos los integrantes- va más allá de lo personal. Por un lado, sirve para dibujar una panorámica social y generacional de nuestro país, y del país que habitaron nuestros antepasados. Porque la construcción de la memoria de Álex -a través de su vida en primera persona, de los perfiles de sus amigos, del recuerdo de su padre, de una supuesta relación de amor idealizado y mal entendido con su novio o de una cuenta pendiente con su bisabuela, entre otros elementos- da toda una visión panorámica -a veces crítica, a veces irónica, a veces directamente tierna- de la evolución de un mundo y hasta de la evolución de esa sociedad posmoderna a la que se refería Bauman. Porque Resaca nunca se aleja, como digo, del concepto de amor, de una declaración de amor mucho menos torpe que la que da comienzo a la función; porque es una declaración de amor hacia conceptos más amplios que el amor-sexo o el amor pasión. Resaca es una declaración de amor a la memoria, al recuerdo, a los que cabalgan en la vida junto a nosotros y un día se bajan del tren, a los que están, a los que nos dejan y a la herencia que nos dejan aquellos que se han marchado. Una declaración de amor al amor como concepto menos líquido y más perdurable, al fin y al cabo. Al amor auténtico, en toda su amplitud.

resaca2

Más allá de la ternura que produce observar este ejercicio, puede que uno de los mayores aciertos de este montaje sea esa voluntad de convertirse en una experiencia unipersonal, que invita a cada espectador a buscar su Álex, a rebuscar en su cajón y a hacer su propia reconstrucción, buscando en sus recuerdos, rellenando los huecos que falten en cada uno de nosotros, y quién sabe si planteándonos preguntas que nos lleven a buscar respuestas dentro o fuera del teatro. Evidentemente se puede observar Resaca desde la distancia, desde el mero hecho teatral; pero considero que prestarse a ese juego que -indirectamente- se propone es la única forma de afrontar la experiencia en toda su extensión. Será ese espectador activo, el que se preste a vivir su propia “resaca” quien redondee el propósito de la propuesta. Porque Resaca es teatro documento, que por momentos llega incluso a coquetear con el posdrama; pero desde un lugar humano y cercano, que invita a cada espectador a extrapolar el mensaje a su propia realidad. Un acierto. Por supuesto -y este es un segundo acierto-, todos los temas que se abordan en Resaca -el recuerdo, la pérdida, la memoria, la construcción de la identidad, y hasta el amor- son universales; y esta universalidad incuestionable convierte a esta propuesta en algo perfectamente exportable más allá de nuestras fronteras.

Se sirve esta Resaca en una puesta en escena -la firma Tito Asorey– que bebe de diversas disciplinas. Aquí caben desde la música -no como accesorio, sino como parte de reconstrucción de la memoria-, la poesía o la danza como elemento mucho más expresivo que decorativo; hasta las proyecciones de whatsaapp -algo cada vez más frecuente en los montajes-, fotografías, e incluso el teatro de objetos mediante un hermoso juego con una maqueta proyectado en tiempo real, en lo que termina siendo uno de los mayores aciertos del montaje. En sus apenas 70 minutos, Resaca, que comienza con un sugerente aire de pub trasnochado, nunca satura en lo visual, nunca deja que lo estético pase por encima del contenido del mensaje y nunca esconde esa voluntad de intimidad que es clave en la idea de la propuesta. Puede que las proyecciones sobre un cortinaje practicable resten algo de nitidez a algunas imágenes -tal vez fuese mejor emplear una pantalla…-. La certera iluminación de José Manuel Faro ‘Coti’ permite asimismo sugerentes imágenes.

resaca1.jpg

A pesar de que, por la naturaleza del material, puede que resulte tarea complicada; creo que la función todavía ganaría de tener un final tal vez más cerrado y circular, más aún cuando estamos ante un espectáculo breve, que admite desarrollar más y mejor el cierre. Pero, así y todo, haber juntado tantos elementos tan dispares en un mismo espectáculo y lograr que tenga el resultado una cohesión, un ritmo y una fluidez como la que aquí se alcanza -yendo más allá del mero teatro documento, y hasta podríamos decir que más allá del mero ‘teatro confesionario’- es un valor muy a tener en cuenta. Porque viendo Resaca uno tiene siempre la idea de estar viendo un todo, cuando el resultado bien podría haber sido un cajón de sastre; algo que, afortunadamente, nunca sucede.

En el que sin duda es el espectáculo más coral de cuantos hayan hecho hasta la fecha, Melania Cruz, Fernando González, Fran Lareu y Laura Míguez incorporar a este equipo habitual la presencia de un músico Vadim Yurkhnevic. Cada uno de ellos echa el resto, pone la carne en el asador y -dado que la creación nace de preocupaciones reales-, se lanza a un proceso emocional cuya intensidad queda patente al ver el espectáculo. Además, todos ellos se muestran como artistas multidisciplinares -se defienden con soltura no ya sólo en la interpretación, sino también en lo musical, en la danza e incluso la manipulación de objetos. A esta pluralidad hay que añadir esa sinceridad con la que exponen las palabras y los mensajes sobre el escenario, una sinceridad que demuestra una implicación bien visible de todos hacia el resultado de algo que, esta vez, va bastante más allá que demostrar unas cualidades actorales que están fuera de toda duda: sin esa implicación -real y palpable- de cada uno de ellos, es probable que Resaca no fuese lo que es.

resaca3

Resaca es un espectáculo personal -y por tanto valiente y arriesgado-, que rompe con la tónica anterior de la compañía. Algo que, de alguna manera, logra conectar con cada uno de nosotros, trascendiendo el hecho teatral en sí mismo para convertirse más bien en una experiencia individual que, con toda probabilidad, ayudará a crecer a cada espectador que entre al juego. A nivel teatral tal vez se pueda pedir una mayor redondez en el discurso, o una mayor profundidad en algunos temas concretos, e incluso mejorar la manera en que se visualizan algunas de las proyecciones. Pero está contado desde la sinceridad de lo humano y lo cercano; e incluso puede que sea el pistoletazo de salida para que cada espectador ponga algunas de sus cuentas en orden. No son pocas virtudes. Y, por supuesto, es una gran declaración de amor de cada componente de la compañía; pero a la vez invita a ser una declaración de amor de cada uno de nosotros hacia esas cosas -puede que ya ausentes o intangibles- a las que tengamos que recordar que, de una forma u otra, seguimos queriendo; seguimos recordando. Amor. Tal vez no amor líquido; pero amor, al fin y al cabo.

H. A.

Nota: 4/5

Resaca”, dramaturgia de Tito Asorey y Ana Carreira. Con: Melania Cruz, Fernando González, Fran Lareu, Laura Míguez y Vadiiim Yukhnevic. Dirección: Tito Asorey. ILMAQUINARIO TEATRO.

Salón Teatro (Santiago de Compostela), 14 de Junio de 2017

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: