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‘Martingala’, o el autoengaño como zona de confort

junio 16, 2017

martingalacartel

Martingala. (Del fr.martingale.)

1.f. Artificio o astucia para engañar a alguien,o para otro fin.

2.f. En el juego del monte, lance que consiste en apuntar simultáneamente a tres de las cartas del albur y el gallo contra la restante.

***

Se presenta en la Sala Tú Martingala, un texto del joven autor catalán Joan Yago, que triunfase la temporada pasada en esta misma sala con No Soy Dean Moriarty, Como entonces, tras su paso por el Festival Surge Madrid, hace ahora temporada en la sala. Estamos ante una pieza de apenas 50 minutos de duración, que en primera instancia traza un panorama social actual en la que caben temas como el paro, la crisis económica o la dificultad de la inserción de unos jóvenes sobradamente preparados en el mercado laboral; pero que en el fondo construye una serie de relaciones a veces tan sólo esbozadas en las que se apuntan frustración, balsas salvavidas para seguir adelante, y la necesidad de jugar a ser quien nos hubiera gustado ser en un círculo donde no se nos conoce. El autoegaño como zona de confort visto desde los ojos de unos personajes que esconden, se esconden y encuentran en casa ajena un supuesto círculo de seguridad del que tal vez no quieran salir a un mundo real que les resulta complejo y que les da la espalda. La vida en una casa en la que, por un momento, parece que todo lo que sucede fuera carece de importancia. La vida en una casa en la que las cosas están bien. Y la tentación de mirar hacia fuera, a la realidad, a una existencia que se hace cuesta arriba si deciden salir de ahí.

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Casa de Quim y Jonás, dos jóvenes que han acabado los estudios universitarios, pero al no encontrar un futuro laboral que les llene se pasan la vida apostando a la lotería. Dos jóvenes que son como hermanos, pero sobre los que se empieza a levantar una peligrosa brecha ante sus diferentes maneras de ver el mundo. En la primera escena acompañan a Aurora, una mujer madura a la que invitan a pasar a casa para recuperarse de un accidente que acaba de tener en la calle. En una conversación en apariencia banal, Aurora mira con cierta sorpresa la precaria forma de salir adelante de ambos jóvenes; tal vez porque para ellos no sea tan precaria. Más adelante, uno de los jóvenes trae a casa a una supuesta prostituta con la que reproduce uno de los diálogos de Pretty Woman. También es un encuentro fortuito, pero también derivará en una conversación en la que tanto Jonás y Julia tal vez tengan mucho que esconder y que haga saltar algo por los aires. El paso del tiempo nos confirma que ambas mujeres, Aurora y Julia, han seguido viéndose con los jóvenes, y será el momento en que las dos mujeres se queden por fin solas a la espera de que los hombres lleguen con la cena cuando asistamos a un verdadero choque de trenes: el de la huida hacia adelante de la joven Julia; una huida que Aurora intenta frenar a toda costa, tratando de que se asuma, de que asuma quién es y encare de una vez por todas sus problemas. Y desde este punto, los personajes tendrán que decidir cómo mirar al mañana.

En apenas 50 minutos, podemos decir que Martingala es -para bien y para mal- toda una incógnita en sí misma. Porque Joan Yago apunta, en una obra muy bien dialogada -y puede que esa sea su mayor virtud- situaciones que nunca se llegan a resolver del todo; dando cierto margen al espectador para imaginar, para completar todo aquello que no se nos dice. Lo cierto es que estamos, en general, ante unos personajes empeñados en negarse su propia realidad para tratar de acceder a la vida que querrían: fingidores profesionales; personas que tal vez aupadas por la seguridad de hallarse entre desconocidos, pueden darse el lujo de aparentar una comodidad que tal vez necesiten. Sobre el texto sobrevuela no tanto la dura realidad social, sino una verdadera necesidad de enmascaramiento de unos problemas, diversos en cada caso pero que afectan sin duda a su manera de relacionarse con el exterior de los que -con toda seguridad- los cuatro personajes son perfectamente conscientes. Pero, como digo, Yago apunta sin dar demasiadas respuestas; y creo que, tal y como está ahora -50 minutos- Martingala podría ser un boceto, un buen germen para una obra más larga que profundice en algunas cuestiones que como espectadores necesitamos saber; incluso sin renunciar a que ciertos asuntos se queden en mera incógnita. La frescura del diálogo, y lo humano y cercano de los personajes hacen que la función se siga con agrado; que se genere una empatía entre público y escena, que nos sintamos cómodos con esos cuatro seres desvalidos a los que miramos a un palmo de distancia. Y todo esto son valores muy importantes, no fáciles de lograr. Pero siento que la función debe crecer, primero con un desenlace más poderoso, que apunte hacia un futuro de forma más clara -me falta, a todas luces, una escena al final-; y después desarrollando más algunos aspectos. El más obvio: el personaje de Aurora. Llega por azar, esconde un poso de amargura visible pero nunca aclarado; pero a la vez se permite cuestionar -o sería mejor decir alentar…- al resto de los personajes, porque ve la vida desde otra perspectiva, como si tratase de evitar que repitiesen errores que ella ha cometido y que les llevasen a ser lo que ella es hoy. Pero, sin embargo, nada se nos dice del pasado -ni del presente- de Aurora, algo que me parece fundamental para situar la trama en toda su extensión. Algo tan sencillo como un mayor dibujo de este personaje, y un desenlace con mayor carácter de desenlace -esto es difícil de explicar si no se ve la función…- podría terminar de redondear un texto muy interesante; que encuentra su mejor momento en la larga conversación que mantienen las dos mujeres hacia el final de la pieza: cuando hemos visto de alguna manera las dos caras de Julia y surge una suerte de confrontación entre dos mujeres muy distintas, a las que seguramente les gustaría estar en posesión de la verdad; aunque sepan que ni una ni otra tienen verdades absolutas ni son capaces de solucionar sus problemas ni los de su interlocutora. Esta escena -justo cuando la obra camina veloz al final- es tan poderosa que casi termina por dejar en segundo plano a los dos personajes masculinos, y es aquí cuando la obra alcanza una temperatura tal que por eso me parece necesario que la cosa continúe. Porque Martingala termina cuando las cartas empiezan a estar sobre la mesa, y ahora es cuando Yago podría -insisto, creo que con una revisión todavía se puede- empezar a jugar con ellas; y construir algo que tienda a explosionar. Pero hay buenos personajes, buenas situaciones, buenos mimbres y diálogos muy bien equilibrados: debo insistir, no es poca cosa.

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El montaje de Gerard Iravedra se maneja con comodidad en esa esfera de lo íntimo que termina de redondearse en un espacio tan pequeño y que mantiene al público tan cercano como el de la Sala Tú. Ha sabido aprovechar bien todo el espacio -y en esta sala no es fácil- no cargar las tintas en las construcciones de los personajes -porque a un metro de distancia cualquier cosa se amplifica por sí sola, y en este sentido el catalán ha mimado lo cotidiano al punto justo- y logra por ejemplo un momento de gran teatro en la extensa conversación de las dos mujeres, que para mí es el puntal de la función: está muy bien de escritura; pero también se ha sabido lograr que las dos intérpretes den lo mejor de sí, en un momento en el que Iravedra calibra muy bien las pulsiones internas sin hacer que esa olla a presión que se va formando llegue nunca a estallar. Sólo un apunte: en un escenario con el público a cuatro bandas, hay alguna decisión de posiciones -un ejemplo claro: el lugar en el que se sienta Aurora en la primera escena- que podría dificultar la visión desde algunas posiciones de la sala. Lo vi todo correctamente desde mi sitio; pero tengo la sensación de que los personajes tienden a dar la espalda a la banda de enfrente con demasiada frecuencia.

Del reparto destacan más las mujeres, seguramente porque han de hacerse cargo de la que para mí es la mejor escena de la función. Tener nada menos que a Elisa Matilla en un personaje como este, que es pura incógnita, es un regalo: porque no sabemos nada de ella, pero podemos intuirlo a través de cómo mira, de cómo escucha y de esos ojos vidriosos que parece que están en lucha constante por tratar de olvidar algo que, sin duda alguna, pesa como una losa. No debe ser fácil sacar todo lo que ella saca de un personaje que tiene tan pocos datos -por no hablar de que es un registro completamente diferente al que nos tiene acostumbrados-; y es el hecho de que esté en sus manos el que hace que deseemos que el rol tenga un mayor desarrollo. No conocía a Ángela Cervantes y se maneja con una frescura ciertamente envidiable en el único personaje al que se le ven con claridad las dos caras. Su trabajo es un reto -porque ha de abordar a Julia desde una perspectiva diferente en cada una de las dos escenas-, y sin embargo acierta de pleno al viajar del descaro inicial a un progresivo derrumbamiento que esconde un personaje que está, sin embargo, lleno de luz. Tanta luz como tiene esta actriz que hará, seguramente, buena carrera, porque tiene todos los mimbres para ello. Saltan verdaderas chispas en la escena con Matilla. Sólo un consejo: aún está a tiempo de revisarse el nombre artístico -hay una cantante con su mismo nombre-, lo que le facilitará los éxitos de una carrera que, sin duda, llegará. Ferrán Vilajosana y Fernando Tielve, por su parte, juegan sin demasiados problemas y con la acostumbrada honestidad de sus interpretaciones los dos personajes masculinos, que acaban siendo casi secundarios conforme se van diluyendo en favor de las dos mujeres, tal vez debido a esa falta de desarrollo de la historia de la que hablaba más arriba.

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En resumidas cuentas, Martingala es un texto interesante que puede dar pie a una obra de mayor envergadura pero que consigue con lo que tiene generar interés y conexión con el público; en un montaje honesto que aprovecha bien la intimidad de la sala, y que encuentra en la escena de ambas mujeres un momento teatral de alto calibre. Pero, con todo lo apuntado, creo que 40 minutos más de texto caben, tranquilamente, para redondear el resultado final.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

Martingala”, de Joan Yago. Con: Elisa Matilla, Ferrán Vilajosana, Fernando Tielve y Ángela Cervantes. Dirección: Gerard Iravedra. INTEMPERIE PRODUCCIONES.

Sala Tú, 6 de Junio de 2017

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