Skip to content

‘El Cartógrafo’, o algunos mapas del alma

mayo 31, 2017

cartógrafocartel

La presente producción nació como el estreno de Todas las Noches de un Día, uno de los últimos textos de Alberto Conejero, con dos personajes que interpretarían José Luis García-Pérez y Blanca Portillo, en montaje dirigido por Luis Luque. Sin embargo, con la publicidad lanzada –se encuentra incluso la cartelería…- e imagino que muchas de las fechas de la gira más o menos cerradas; de un día para otro y por motivos nunca del todo aclarados se convirtió en lo que es hoy: una flamante producción de El Cartógrafo, texto relativamente reciente de Juan Mayorga que mantendría el reparto original y estaría dirigido por el propio autor.

Así las cosas, de partida todo eran dificultades, casi una carrera de fondo. Sobre las fechas previstas –entiendo que con menor tiempo de planteamiento y ensayos del que hubiera tenido la otra obra- estos dos actores se lanzaron a dar vida a un complejísimo texto por el que pasean la friolera de más de una docena de personajes; en un montaje que salva todas las dificultades de estructura de la obra –y créanme que la cosa no está nada fácil- apelando a la imaginación del espectador, y recurriendo por tanto a un teatro en su esencia misma: desnudo de elementos; pero lleno de vida, de alma y de soluciones que son, a fin de cuentas, teatro en su esencia más primitiva.

cartógrafo1

Conjugando presente y pasado y realidad y ficción, El Cartógrafo pone sobre la mesa una compleja red de historias que se inician cuando Blanca –española que reside en Varsovia con su esposo, trabajador de la embajada- ve una fotografía en una exposición, y escucha una leyenda según la cual en tiempos de la Varsovia ocupada, un anciano cartógrafo quiso elaborar un mapa del gueto judío para que fuese encontrado por las generaciones venideras, como si se tratase de una prueba de vida en un mundo de muerte: como sus piernas ya no le permitían salir a reconocer el terreno, cuenta la leyenda que se valió de la ayuda de una niña que era quien salía a recorrer el territorio por él cada día, para que el anciano pudiese trazar el mapa de lo que la niña veía con una única condición: no debe juzgar, sino limitarse a describir lo que ve. Esta leyenda llevará a Blanca a iniciar una investigación personal que la modificará inevitablemente como persona, haciendo que se replanteé su propia vida y mire a la cara a algunos fantasmas que su matrimonio guarda en el cajón.

El Cartógrafo revive fundamentalmente dos peripecias: la del viejo cartógrafo y su nieta, en lo que es casi una declaración de intenciones y un último grito de vida y confianza en el ser humano, en un mundo en el que ya no hay porvenir para él; y la que ayuda a Blanca a acabar tomando conciencia de sí misma y a darle un sentido a su existencia. Una y otra historia tienen en común que, mientras sus protagonistas –el cartógrafo y su nieta por un lado; Blanca por otro- mantienen la confianza y el afán de querer demostrar algo, pareciera que todo a su alrededor se derrumba –el horror nazi en el pasado, y todas esas voces que parecen sordas a la búsqueda y a las necesidades desesperadas de Blanca en el presente-. Esta doble anécdota sirve a Mayorga para construir un complejo puzzle sin un solo cabo suelto, que reflexiona no sólo acerca del horror, sino también acerca de la necesidad de representar, y del poder de esa representación a los ojos de los demás. En un momento de la función, el cartógrafo previene a su nieta acerca de la imposibilidad de querer representarlo todo, así como acerca de la imposibilidad de un buen cartógrafo de ser imparcial –su mapa está representando la vida en un mundo que se cierra y se apaga-; de la misma manera, en un momento de estallido, Blanca se refiere a su propio cuerpo como el lugar en el que han quedado metafóricamente marcados algunos episodios que han marcado su vida. Estas dos maneras de definir un mapa –el plasmar la impronta de algo en el territorio sin juzgarlo, limitándose a definirlo- son una buena definición de lo que, en esencia, contiene esta obra: algunos ‘mapas del alma’ de los personajes; que plasman sentimientos –heridas no curadas, sueños, anhelos, gritos de necesidad- en el terreno.

cartografo2

No es la primera vez que Juan Mayorga demuestra su maestría para abordar temas espinosos en lo histórico o en lo social desde una perspectiva que sugiera el horror sin mostrarlo directamente –Himmelweig, Hamelin– pero sin que perdamos de vista que está ahí. En El Cartógrafo, Mayorga plantea un juego al espectador en forma de puzzle que debe ir encajando, y deja el horror no en primer término –nunca ‘vemos’ una escena desagradable-, sino a través de la palabra –es el relato de lo que la niña ve lo que ayuda al anciano a tomar conciencia de que su mundo se desmorona- para que cada espectador imagine. Porque la imaginación, después de todo, es siempre un monstruo mucho más poderoso que cualquier realidad que alcancemos a vislumbrar. Como en otras obras suyas, a Mayorga le interesa sobre todo contar una historia que mueva a la reflexión a través de la intriga de ir completando; cerrando el círculo. No hay cabos sueltos; pero tal vez sí un golpe de efecto –para justificar el distanciamiento entre Blanca y su marido, supongo- que me resulta algo innecesario: queda claro que no hay comunicación fluida entre ellos y que el matrimonio está roto; sin necesidad de que se les endose una tragedia en presente –una tragedia que, además, estalla de pronto, como una bomba…- en un texto en el que el tiempo pasado es tragedia pura y dura; y en un texto que tiene la sensibilidad de contar el horror sin hacer más sangre que exponerlo real, tal cual es. No siendo por ese giro, lo cierto es que El Cartógrafo tiene todas las claves de la literatura mayorguiana: esa capacidad de ofrecer varios niveles de lectura -para que cada uno llegue hasta donde quiera llegar-, esa fuerza poética y dialéctica y esa estructura fragmentaria pero bien meditada para que el círculo se cierre sobre sí mismo.

No siempre me había convencido hasta ahora el Mayorga director –director, además de sus propios textos, con todo lo que ello conlleva-; y, sin embargo, creo que en esta puesta en escena acierta de pleno. Y acierta porque ha sabido renunciar a ciertas cosas: hay modificaciones en el texto original -escenas que faltan, acotaciones poéticas que han desaparecido, cambios de sexo…-. Aquí Mayorga no pretende mostrarlo todo –en un puro ejercicio cartográfico-, pero favoreciendo tanto el seguimiento de la trama como algunas soluciones que llaman directamente al teatro más puro. Espacio vacío y completamente abierto –lo que obliga, sí o sí, a la consabida microfonía, un mal que aquí hay que aceptar-. Apenas unas sillas, una mesa y algunos objetos. Los dos actores nos aguardan ya desde el comienzo, vestidos de un rojo absoluto que nunca abandonarán -¿símbolo de que todos los personajes sangran y están cercados por la muerte?-. La historia comienza, y por el escenario van desfilando espacios, tiempos y personajes a los que nunca vemos más allá de la caracterización más pura de cuerpos y voces de los actores. Pero este espacio vacío no impide sin embargo que Mayorga respete la (in)existencia de objetos clave que, aunque no vemos, decididamente están ahí, y los actores trabajan con ellos como si así fuese. En un ejercicio de pura fantasía, vemos abrir y cerrar cajas, cajones y armarios que no existen; y respetar límites espaciales y obstáculos invisibles con mayor precisión que si nos encontrásemos ante la más opulenta de las escenografías. Este juego permite, por un lado, echar a volar la imaginación de cada espectador, que habrá de transportarse con su imaginación a esos lugares que están sin estar, y por otro lado potenciar el poder del texto mismo como vertebrador de historias y generador de imágenes. Sólo las fundamentales luces y sombras de Gómez-Cornejo –¡madre mía, qué bien puestas!- ayudan –y de qué forma- a crear este mundo desde la nada.

cartografo3

En una obra que se podría haber prestado a una superproducción por su estructura, aquí sin embargo no se necesita más; y se recurre a las leyes del teatro en su esencia más primaria: convención pura, que alcanza su máximo exponente cuando, por un momento, Portillo y García-Pérez han de intercambiarse el mismo personaje en una escena, con un mero gesto… Eso es la magia del teatro. Hay, sin embargo, una pequeña concesión en un momento concreto en el que los actores rompen por un instante la convención y la cuarta pared y dan luz en sala, pidiendo la complicidad del público, como abrumados por la dureza de lo que tienen que contar. Este modo de realzar el horror ya se ha visto esta temporada en otras propuestas –recordemos In Memoriam: La Quinta del Biberón donde un juego semejante quedaba mucho más logrado-; pero, sin embargo, aquí no terminó de resultarme un recurso creíble, sino más bien un instante de concesión al artificio -por unos segundos hasta encontré a Portillo un pelín impostada…- que me sacó por un momento de una mecánica que –tal y como estaba armada y ya funcionando- no necesitaba más. Por fortuna es sólo un instante muy puntual, y enseguida la función vuelve por sus fueros. Y es que, en general, la propuesta me parece un acierto de inventiva y de ejecución; y hasta diría que un ejercicio de generosidad del autor para con su obra.

Como ya he explicado, Blanca Portillo y José Luis García-Pérez –en un trabajo de equipo que muestra una gran generosidad mutua entre dos colosos de su categoría- se lanzan a interpretar más de una docena de personajes sin prácticamente ningún cambio de atrezzo, sin otro elemento que su expresividad vocal y corporal. El ejercicio es un reto para actores y espectadores; y lo hacen sin aspavientos, sin forzar tonos ni caracterizaciones, sin una sola concesión a la impostura; porque todo está en ellos al igual que todo está en el texto: que el seguimiento de la trama y de la propuesta sea tan sencillo –y esto puede parecer una obviedad, pero no lo es de ninguna de las maneras- da una idea del tino con el que asumen un reto del que no cualquiera habría salido a bien. Sólo observar el ejercicio de transmutación de Portillo de niña a mujer –la voz, el gesto, la movilidad…-, la manera en que el regio García-Pérez se entumece de pronto para dar vida a ese anciano o ese momento mágico en que, por un instante, los actores se ‘traspasan’ los personajes da una idea del formidable trabajo que ambos se marcan, de la misma manera que ese enfoque que no carga las tintas en ninguna emoción para limitarse a contar –porque la emoción está en el mensaje del texto mismo- es también un ejercicio al que pocos intérpretes se hubiesen prestado como ellos lo hacen. Ambos fueron celebrados por el público con larga ovación y repetidas llamadas a saludar; prueba de que todos éramos conscientes de que esto no lo hace cualquiera.

cartografo4

Incluso a pesar de ese par de concesiones innecesarias –ese golpe argumental que encuentro fácil y obvio; y una ruptura de la cuarta pared no prevista en el original y que para mí no funciona como debería- gran noche de teatro: por texto, por la idea del montaje –que podría haber quedado en agua de borrajas; pero se acerca a la genialidad- y por devolvernos al arte del teatro en su más pura esencia.

H. A.

Nota: 4/5

 

“El Cartógrafo”, de Juan Mayorga. Con: Blanca Portillo y José Luis García-Pérez. Dirección: Juan Mayorga. AVANCE PRODUCCIONES TEATRALES / ENTRECAJAS PRODUCCIONES / GARCÍA-PÉREZ PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía Castro, 27 de Mayo de 2017

 

Anuncios
3 comentarios leave one →
  1. Carmen Naveira Velasco permalink
    junio 5, 2017 19:53

    Ququi Naveira Velasco
    Gustoume moito a análise que fas da obra porque o teu estudo é pormenorizado e xustificas en todo momento a túa posición.
    Positiva encontrei a interpretación de José Luis Ga-Pérez e coincido contigo na sobriedade e elegancia do seu quefacer. Blanca, que é habitualmente unha actriz entregada, aparentaba desganada, cansa, cumprindo un papel. Agradoume a súa expresión corporal.
    Sobrou o recurso das ‘interpretacións invisibles’; molesta que se abra un armario que non existe; chega coa fala: “Aquí non hai nada”. Digo o mesmo dos momentos de teatro narrativo, non hai que adiantar acontecementos. Niso, veo a Mayorga algo anticuado.
    Creo que a unha parte do público nos cansou o exceso de datos, mapas e aclaracións.
    A posta en escena, a luminotecnia, o son, funcionaron con grande efectividade.
    A trama non conseguiu interesar. Prefiro o Mayorga das historias breves e surrealistas de ‘O home do saco’. O quebranto da cuarta parede deu un pouco de vergoña allea.
    Gazas á túa crítica, os demais reflexionamos sobre a obra. Grazas, Hugo. Digo o mesmo que Avelino: Un pracer lerte.

  2. mayo 31, 2017 09:44

    Só escribo porque me encantou o espectáculo e polo que falas dos apelos ó público. Os dous xogos, as chiscadelas á realidade que se fan aqui e mais na “Quinta do biberón” son, creo, innecesarias e tramposas. Que pasa, logo? Que o teatro é insuficiente/deficiente para apelar á emoción ante o xenocidio? Persoalmente penso que non e hai espectáculos que así o demostran. E máis que haberá.
    Penso, e sei que é doado de dicir, que esta vez se lle foi a man a Mayorga, que algo escribiu de máis nesta peza, é a primeira vez que me pasa con el. Pero é unha gozada escoitar este texto igualmente.
    Un pracer lerte, como sempre

    • mayo 31, 2017 16:32

      Ola Avelino,
      Grazas coma sempre por lerme e tomarte o tempo de comentar. A min (xa o sabes porque xa o falamos no seu momento) a chiscadela da QUINTA DO BIBERÓN funcionoume ben, de feito levanteime con naturalidade (e na miña función saltou un espontáneo…). Curiosamente, cando o outo día deron luz en sala, mentalmente fun de súpeto a aquela función; e había algo neste recurso (prácticamente o mesmo) que non me funcionaba. Mesmo digo que durante eses 2 minutos, Portillo (unha das miñas actrices de cabeceira) resultoume impostada, penso que por primeira vez que me pasa… Por que? Non sabería concretalo.
      Teño e consultei o texto orixinal do Cartógrafo no tomo de obras de Mayorga e, pese a que esta función dura 2 horas 15, asegúroche que hai cortes. Persoalmente a min REIKIAVIK (tan celebrada por todo o mundo) deixoume máis frío, e fíxoseme un texto máis denso e máis longo ca este, aínda que a este tamén lle topo aspectos que seguramente sobren (levo días dando voltas á NECESIDADE REAL de sacar o da morte da filla da chisteira de pronto… e non a atopo). Pero, pese a todo, paréceme un acerto de espectáculo a nivel global.
      Grazas por lerme, escribir e abrir o debate!
      H.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: