Skip to content

‘Demonios’, o un Dios (no tan) salvaje

marzo 24, 2017

demonioscartel

Buen equipo en la nueva producción de Demonios, uno de los textos más representados de Lars Norén; y otro de esas funciones -hemos visto tantas- que exploran el esquema de dos parejas de lo que podríamos llamar clase media-alta aparentemente civilizadas que acaban estallando cuando entran en conflicto a partir de una situación pacífica en apariencia. Un punto de partida que ha servido para tantas y tantas comedias -sobre todo francesas-; pero que aquí el autor emplea para trazar una radiografía de la cara más oscura de los individuos, a partir de sus pulsiones sexuales -ocultas, oscuras, incontrolables…- casi como una excusa para escarbar en la incomunicación de pareja, sus frustraciones o sus deseos más inconfesables. Uno podría pensar que la principal novedad de la obra sea la de tomar un esquema que funciona con las comedias y tornarlo en drama; pero a día de hoy esto tampoco es novedad. En este aspecto, Demonios entronca de alguna manera con obras como Mármol de Marina Carr o Cena con Amigos, de Donald Margulies -siendo la obra que nos ocupa bastante anterior a ellas-; y sobre todo con Mujeres Soñaron Caballos, de Daniel Veronese y, si me apuran, hasta con algo de Peceras, de Carlos Be -también posteriores a la obra de Norén-. Quizá deberíamos apoyarnos en que la de Norén vino primero; pero a día de hoy creo que se han hecho muchos textos bastante superiores de corte muy semejante.

Katarina y Frank -un matrimonio en los 40 años, sin hijos- intentan sobrellevar la desidia y la apatía de su vida conyugal con amenazas veladas, en un esquema en el que él parece casi un depredador sexual encubierto de ella, que actúa como esposa reprimida. La visita de los vecinos, Jeena y Tomás -un matrimonio con hijos que parece normal y equilibrado- y el alcohol que eleva la temperatura serán dos de los detonantes principales para que aflore una tensión en la que los cuatro personajes bajan al abismo, casi como en una suerte de grito libertador de identidades sexuales acalladas, necesidades reprimidas y equilibrios de pareja que se tornan imposibles de mantener. Y, conforme la situación ya no tenga vuelta atrás, el hecho de que los cuatro personajes tengan que mirarse al espejo de su miseria -y desnudar sus miserias más íntimas, sin quererlo, ante los otros tres- implicará la toma de una serie de decisiones que provocarán que todos acaben buscando una válvula de escape a esa vida que les asfixia… quién sabe si a cualquier precio.

demonios1.jpg

Creo que a estas alturas -no sé si también en el momento de su estreno- el texto de Norén no es nada nuevo bajo el sol ni nada que no se haya visto antes. El haber situado su historia -tantas y tantas veces contada- en un ambiente de oscuridad, sexo y perversión entre personas civilizadas podrá aportar un plus si se da con un montaje capaz de tirarse a la piscina y no amedrentarse ante la oscuridad que se ha de transitar. A pesar de todo, creo que el texto en sí mismo es demasiado largo para lo que pretende contarnos -la segunda pareja tarda un buen rato en aparecer, y no se necesita una escena tan extensa entre Frank y Katarina para marcar las coordenadas de una relación que va a la deriva sin remedio: hubiesen bastado un par de pinceladas más lo que el espectador ya pueda suponer…-. Además, una vez que coinciden los cuatro personajes, Norén parece querer asomarlos al abismo, sin atreverse después a soltar la cuerda floja en la que se sostienen: pretende escribir una obra oscura y explosiva al tiempo; pero sin embargo acaba dejando a sus personajes en una deriva metafórica -casi en un limbo temporal que nos haga preguntarnos qué va a ser de ellos mañana ahora que han afrontado una serie de decisiones-, renunciando a un final de mayor impacto que seguramente resultase más atractivo. No sabría decir si el texto de Norén -no he localizado la fecha exacta de escritura, pero teniendo en cuenta que existe una película del año 85, debe estar fechado en los primeros 80…- sencillamente ha envejecido mal -porque por mucho que hable de sexo y muestre sexo, dudo que esto pueda escandalizar ya a nadie-; y de hecho creo que con una puesta en escena potente y atrevida -hay un trailer muy interesante de la versión de Ostermeier…- su interés pueda ser mayor; pero sí que creo que necesita de un soporte que vaya más allá del texto mismo, al menos vista desde el día de hoy.

Lo primero que llama la atención de la presente producción es la versión del texto -de Francisco J. Uriz- en la que -al margen de conocer o no el original- todo el mundo notará un cierto empeño por trasladar la acción a España -¿de verdad les parece tan importante que la cosa pase o no en España?- .Sin embargo, al cúmulo de referencias al cine español o a la feria Arco -que enseguida nos hacen entender que la acción se ha trasladado a España- hay que sumar la sorpresa de que los cuatro personajes mantengan sus nombres extranjeros, sin demasiada razón de ser: algo que tal vez parezca una minucia; pero que de algún modo es parte de las decisiones que han de tomarse a la hora de adaptar el original: o todo en una dirección, o todo en otra; pero hay que procurar mantener una cierta coherencia…

demonios2

El montaje de Julián Fuentes Reta -un director al que le he visto cosas muy buenas y otras menos buenas…- tiene un elenco de actores de esos que nunca fallan y una escenografía sencilla pero atractiva, que apuesta con decisión por lo estético -de Juan Sanz y Miguel Ángel Cosso-, y esto deja gran parte del trabajo hecho. Y, sin embargo, creo que en su lectura de la obra, el afán por ofrecer un producto comercial hace que ofrezca un acercamiento blando, light, alejado de la violencia extrema -verbal y física- y de la fuerte carga erótica que debería desprender esta función. El tono en el que se mueve Fuentes Reta se queda un poco a medio gas -y, a la vista del reparto, debo pensar que es decisión de dirección-, con un montaje demasiado pulcro, demasiado limpio; hasta diría que demasiado marcado en un texto que pide a gritos ya no más violencia; sino incluso un punto extra de ‘suciedad’ en la ejecución de algunas escenas que a la vista resultan excesivamente coreografiadas -y no me estoy refiriendo solamente a las de sexo (que también) sino a peleas, e incluso a una larga escena entre los dos hombres empleando un jarrón de diseño cual pelota de baloncesto durante casi cinco minutos, en algo que roza el sinsentido…-, con lo cual pierden fuerza y credibilidad. Hay algún momento muy bien resuelto -la escena de las conversaciones cruzadas en dos espacios es un acierto de planteamiento y ejecución-, pero el tono nunca alcanza el vuelo deseado, porque parece que Fuentes Reta no ha querido ir más allá. Evidentemente es su opción; pero para que la cosa se sostuviese así, hay que tener mucha confianza en un texto que suena antiguo, y por sí solo ya no escandaliza.

demonios3

A pesar de este particular enfoque, la función cuenta con elenco perfectamente preparado; que lo da todo para salvar los muebles con una dirección que siento que no saca lo mejor de ellos y que seguramente se hubiera entregado a fondo de haber tenido que asumir un enfoque digamos más radical del texto. Así y todo, ellos dos, por ejemplo, están francamente bien: Alberto Berzal clava la curva desde una supuesta superioridad física y moral, hasta una caída en picado que debe ser la más brusca de los cuatro personajes: un papel en el que lo fácil hubiese sido pasarse; pero que Berzal defiende sin embargo con seguridad en todas sus facetas. David Boceta -un actor de presencia poderosa que siempre destaca, le des lo que le des- tiene junto a él los mejores momentos de la función; personificando otro tipo de violencia, seguramente más contenida pero que todos sabemos que acabará saliendo por algún sitio, y asume su parte con completa convicción. Si tanto Berzal como Boceta consiguen destacar aquí, no me quiero imaginar lo que habrían brillado ante otro enfoque más bestial. Los papeles de ellas son, en comparación, menos agradecidos. A Paola Matienzo no la terminé de encontrar del todo creíble en su rol -está en un código bastante más impostado que el resto, y hay que acostumbrarse a un acento algo extraño-, y Ruth Díaz -que ya nos ha demostrado varias veces la excelente actriz que es- aparece bastante desaprovechada en un papel más bien menor que no es más que un retazo que sólo en los últimos minutos alcanza cierto desarrollo: una pena, porque creo que se merece más que esto.

En conclusión, creo que -a pesar del buen trabajo del elenco, que defiende la función con una convicción muy de agradecer- la cosa se deja ver, pero nunca termina de alzar el vuelo. Puede que porque el texto de Lars Norén haya envejecido mal y el público ya esté un poco de vuelta de lo que nos cuenta; pero creo que una dirección más atrevida y arriesgada y menos obvia habría contribuido decisivamente a que la cosa mejorase varios enteros. Pese a todo, los actores consiguen mantener la función a flote.

H. A.

Nota: 2.25/5

Demonios”, de Lars Norén. Con: Alberto Berzal, Paola Matienzo, David Boceta y Ruth Díaz. Dirección: Julián Fuentes Reta. AZARTE.

Teatro Galileo, 12 de Marzo de 2017 (20 horas)

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: