Skip to content

‘Locura’, o de las posibilidades de un thriller alegórico

marzo 22, 2017

locuracartel

Ya unas cuantas veces hemos prestado atención en este blog a Theatre for the People, ese minúsculo espacio de Malasaña que esconde una escuela y que se preocupa por mostrar, de forma gratuita, no sólo clásicos, sino también los últimos gritos de la dramaturgia actual -con especial atención a autores británicos y americanos-. Como digo siempre que trato sobre esta compañía, es un valor que un lugar tan coartado por el espacio en el que han de trabajar tenga al menos el atino de presentar textos nuevos, inéditos en España -y de manera gratuita- que con toda seguridad llamarán la atención de ese espectador ávido de conocer textos casi siempre interesantes, que tal vez de monten con más medios en un futuro en otro lugar; pero que de momento han aparecido en cartelera ahora y aquí. En ese acierto hacia la selección de textos -y en la inmediatez con la que trabaja la compañía, a un palmo literal del espectador- radica gran parte del valor intrínseco de este proyecto para el público. Presentan en esta ocasión Locura, uno de los últimos textos de Mike Bartlett (Oxford, 1980), que toma indirectamente la figura de Edward Snowden para trazar una alegoría a medio camino entre realidad documental y ficción y entre thriller y comedia negra.

Andrew aguarda en una habitación de algún hotel en Rusia. Sin saber muy bien qué hace allí, recibe alternativamente las visitas de dos personas -la Mujer y el Hombre- que le ponen en antecedentes de su compleja situación: ha filtrado información de alto secreto que pone en juego la seguridad y el status quo de todo un país; y ahora gran parte de ese país quiere su cabeza casi como un premio de cacería.. Para Andrew se ha acabado la seguridad, ya no puede confiar en nadie y no debería creer nada de lo que nadie le diga. Con este panorama, primero la Mujer y después el hombre le ofrecen que colabore con ellos como única posible salida de salvación -pero tampoco una salvación garantizada-. Así y todo, la reticencia de Andrew -que sostiene que ha hecho lo que tenía que hacer, lo correcto, lo que debía- a colaborar se intensifica cuando comprende que realmente no puede asegurar la veracidad de cuanto escucha: todo podría ser una trampa; y deberá ser más listo que sus dos contrincantes si quiere aprovechar la que tal vez sera su última oportunidad de salvarse, en un juego de trampas, identidades cruzadas y medias verdades que seguramente podrá estallar por cualquier lugar. En un clima de tensión progresiva ¿Dónde está la barrera del aguante psíquico y mental de nuestro protagonista, que podría caer derrotado si bajase la guardia? uánto ¿Puede Andrew controlar la situación o no es más que otra herramienta de ese sistema contra el que ha intentado rebelarse?

villartelocura

Como digo, Mike Bartlett toma la figura de Andrew Snowden y su escándalo con WikiLeaks para crear algo que es una alegoría ficticia sobre un caso real. El autor nunca clarifica ni que Andrew sea Snowden ni que los dos personajes que le retienen sean, efectivamente, funcionarios de WikiLeaks; pero todo parece indicar que así es. Sobre este eje, Bartlett construye un thriller psicológico y dialéctico, que pone sobre la mesa cuestiones como la alienación del individuo frente al Estado, la capacidad de ese Estado para manipular las decisiones y los derechos de toda una nación, el valor relativo que tienen conceptos como la ética y la moral cuando lo único que importa es salvar el expediente. Todo ello en una serie de encuentros -primero en sendos tête à tête, y finalmente a tres bandas- formulados en algo que está a medio camino entre el thriller psicológico de espionaje y la comedia americana más ácida y corrosiva; con réplicas rápidas y afiladas que bien podrían estar sacadas de alguna teleserie, en una trama que alcanza cierta temperatura para culminar en una suerte de alegato que deja de lado la opción de un final más explosivo que hubiese redondeado el conjunto.

A pesar de lo ágil de la escritura, creo que Bartlett pierde de algún modo una gran oportunidad, al decidir ceñirse al caso real -a pesar de estar escribiendo desde la alegoría-. Porque todos conocemos el desenlace desde el primer segundo; y, sin embargo, el no estar llamando al personaje principal por su nombre bien podría haberse sacado de la chistera un giro final que permitiese que la acción terminase en punta, y que realzase el componente ficcional de lo que se nos cuenta, sin que por ello perdiésemos de vista ni la figura real en la que se basa ni el caso real sobre el que actúa. En otras palabras, que una vez que Bartlett decide que tira por lo alegórico -como parece que así es-, lo suyo hubiese sido construir una ficción completa y total, sin perder de vista el eje real en el que se basa: esta opción hubiese ayudado a redondear una pieza que está bien escrita a nivel de tono, ritmo y réplicas; pero a la que tal vez le falte algún golpe inesperado de efecto.

El hecho de que la acción transcurra en un espacio cerrado -y hasta tal vez un punto claustrofóbico, como es esa habitación de hotel que tal vez no sea tal- beneficia sobremanera el uso de un espacio diminuto como el de Theatre for the People, que casi siempre se vuelve un handicap que hay que salvar a la hora de levantar una función. Esta vez no sucede, e incluso cierto estatismo de la acción -en una función que es de texto, de diálogo y de actores- ayuda a que la temperatura se genere a través del trabajo actoral, y a que la acción se pueda seguir sin sobresaltos: es quizá un proyecto menos ambicioso en lo estético que otros que se hayan visto en esta sala, pero al mismo tiempo es de esos textos especialmente idóneos a este espacio particularmente complejo. Adan Black ha dejado hacer a sus actores, ha concentrado el valor de su propuesta en el texto y en la interpretación, que es la opción más lógica para este texto y este espectáculo. El ritmo -marca de la casa- se ha extremado, eso sí, hasta tal punto que mientras la producción londinense duraba 1 h 40 minutos de acuerdo a la web del teatro, la que se ve aquí dura 1 hora y 5 minutos; pero tampoco me quedo con la sensación de que la cosa vaya esta vez especialmente disparada. Tal vez se podría suavizar una transición final a la vista -demasiado a la vista: distrae-, que seguramente se pueda solucionar con los propios actores -dejo una idea en el aire: de la misma manera que se pincha un globo, seguramente se pueda desinflar un colchón…-.

locura3

En otro orden de cosas, la mayor particularidad de este montaje reside en que mientras el personaje de Andrew -central y omnipresente- lo asume siempre el mismo actor, dos actrices -y dos actrices que además no pueden ser más distintas en lo físico- se rifan al azar los roles del Hombre y la Mujer, tirando una moneda al aire antes de cada representación, de manera que seguramente la función variará mucho conforme toque una combinación u otra. En la función que presencié, Estefanía Villarte se encargó de la Mujer., y Antonella Broglia del Hombre. Al tener a dos mujeres interpretando a los espías, la propuesta escénica -me imagino que por una decisión de dirección- juega de manera bastante inteligente con la ambigüedad genérica de ambos personajes: es un acierto y funciona, puesto que estamos trabajando en una suposición en la que con toda seguridad estos dos personajes no sean lo que dicen ser… esta ambigüedad sexual realza de alguna manera esta idea.

Pocas veces he encontrado un elenco tan homogéneo en una producción de esta compañía -como escuela que es, siempre hubo ciertos altibajos interpretativos, lógicos y perfectamente asumibles, en otras funciones que haya visto-. Los tres actores están esta vez en su punto justo, en su lugar y remando en la misma dirección para que el resultado vaya a buen puerto. Al Andrew de Miguel Brocca hay que aplaudirle no sólo un parecido físico asombroso con Snowden en la caracterización que disipa cualquier duda nada más empezar, sino también el haber neutralizado por completo su acento latino para dar vida a un personaje que seguramente no lo aceptaría: reto superado. A nivel actoral, acomete también su parte con una solidez que se diría impropia de una escuela, encontrando el punto justo de aguante y entereza en un personaje -encaja y devuelve los golpes sin que nunca perdamos de vista el sentido de esa dignidad por la que lucha Andrew- en el que tal vez lo fácil hubiese sido pasarse e irse por la vía de lo histriónico, cosa que nunca llega a ocurrirle. Entre los dos espías, el contraste máximo existente entre Villarte y Broglia hace que se genere un equilibrio muy interesante a la hora de decidir y medir la intensidad. Ya he señalado otras veces a Estefanía Villarte como una actriz con un potencial importante y destacable en lo que es esta compañía: coloca cada frase en su sitio, dispara texto con una naturalidad pasmosa y tiene un dominio del aspecto corporal y gestual verdaderamente importante; lo que permite a su Mujer establecer un juego con Andrew que tal vez sea motivo para que él pudiera llegar a bajar las defensas. En contraste, la presencia rotunda de Antonella Broglia sirve al Hombre desde un lugar mucho más hermético y más comedido; más insondable y menos dialogante -por tanto más amenazador, porque el Hombre parece siempre más dispuesto (o dispuesta) a actuar en un movimiento en seco y con mayor frialdad- en un enfoque que va muy bien no sólo al contenido del personaje -e incluso al físico en sí mismo de la actriz-; sino al contraste entre ambas -que da muchísimo juego-: son dos formas de intimidar al reo, las dos válidas, las dos complementarias y es difícil decidir cuál de ellas es más peligrosa. Sabiendo que puede tocar la otra distribución, me cuesta imaginarlas con los roles cambiados: intuyo que esta es la mejor combinación posible.

locura2

Con Locura, Theatre for the People nos ofrece -una vez más- un texto interesante -no redondo-; que se adapta muy bien a este particular espacio -y quienes lo conozcan sabrán de la importancia de que esto pase- y que tiene, indudablemente algunas de las mejores interpretaciones que haya visto en esta sala. Teniendo en cuenta que estamos ante un trabajo de escuela, diría que es una propuesta con puntos de indudable interés.

H. A.

Nota: 3/5

Locura (Wild)”, de Mike Bartlett. Con: Miguel Brocca, Estefanía Villarte y Antonella Broglia. Dirección: Adan Black. THEATRE FOR THE PEOPLE ENSEMBLE.

Theatre for the People, 12 de Marzo de 2017 (17:00 horas).

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: