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‘El Sillón’, o la idea y el desarrollo

marzo 21, 2017

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Se estrenó en el Teatro Lara El Sillón, una propuesta de bunraku contemporáneo para adultos -ya saben, las clásicas marionetas japonesas que se manipulan generalmente a la vista y con tres personas por pieza- que pretende ser una suerte de sátira política a la actualidad de nuestro país; y que se enmarca en ese curioso -e imbatible, por la falta de competencia directa- horario de domingo a mediodía.

La nueva Presidenta del Gobierno -una marioneta a medio camino entre Esperanza Aguirre, Manuela Carmena e incluso Margaret Thatcher: una marioneta muy lograda y de aspecto francamente simpático- acaba de tomar posesión de su cargo y ocupa su sillón presidencial. A lo largo de diversos sketches -que incluyen no sólo el juego de la marioneta, sino también juegos de carteles en una técnica cercana al cine mudo- veremos de alguna manera su periplo al frente de la nación, su auge y caída a lo largo de apenas 50 minutos de función.

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En El Sillón –producción de la compañía The Winged Cranes– el espectador se encuentra ante una idea ingeniosa, una idea que podría haber dado mucho juego tanto a nivel estético -por la ocurrencia de emplear una marioneta- como a nivel de hacer crítica ácida y sátira político-social a través de la marioneta -quién sabe si bordeando casi el Punch & Judy y el género del títere de cachiporra desde otro lenguaje y desde otra técnica (el bunraku). Pero, sin embargo, lamentablemente todo se queda en la idea. Una idea que está bien ejecutada, pero a la que le falta una dramaturgia sólida, un desarrollo, una continuidad dramática: en pocas palabras, que pasen cosas y nos cuenten una historia. Se trata de una creación colectiva de la compañía, pero efectivamente nadie firma una dramaturgia; y pronto entendemos que todo se va a quedar ahí, en la anécdota, y en una sucesión de flashes y momentos que renuncian de alguna manera a tener una sucesión narrativa que habría redondeado el espectáculo -y a pesar de no pretender una sucesión narrativa, sí hay bastantes fundidos a negro en un espectáculo de apenas 45 minutos: cuando se trabaja sobre una duración tan concentrada no se debería perder ni un segundo…-. Por otro lado, como ocurre en muchos de estos espectáculos, la sátira política siempre es educada, nunca se salta lo políticamente correcto; y por tanto nunca cae en lo corrosivo, que de alguna manera hubiese sido lo deseable, dado que optamos por hacer una crítica política -por tanto sátira-. E insisto en que precisamente el uso del muñeco se hubiese prestado como pocas cosas a irse un poco de madre desatando más la sonrisa que la mala leche… pero no han querido ir por ahí.

La verdad es que duele tener que decir todo esto, porque insisto en que la idea es buena -se te tiene que ocurrir y se les ha ocurrido- y hubiese dado pie a un espectáculo muy apegado a la realidad social actual -quién sabe si de culto- de haber trabajado sobre una narrativa más sólida. Pero, al fallar la narrativa como aquí lo hace, la cosa se queda poco menos que en mera anécdota bien ejecutada, con algún momento simpático -nunca de carcajada, pero sí de sonrisa, incluyendo la oportuna intervención de un perro adiestrado, en lo que acaba siendo uno de los mejores momentos de la propuesta- que no pasa de ahí. Tal vez ese sea el camino que se buscaba -y eso lo hay y nadie se lo niega- pero tengo la sensación de que la cosa podría dar mucho más de sí.

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La manipulación, sin ser la mejor que haya visto en esta técnica, sí es correcta -en escena Ale Prieto, Almudena Rubiato y Lucía Mellado, sobre una dirección de la primera de ellas-, si bien tengo la sensación de que las manipuladoras -integradas en los sketeches como ayudas de cámara de la presidenta- acaban robándole inconscientemente el protagonismo al muñeco, que debería ser la razón de existir del espectáculo. Pero poco más hay que objetar a la ejecución, como digo muy correcta.

En resumidas cuentas, se hace muy poco teatro de marionetas para adultos en nuestro país (pienso ahora mismo en Monicreques de Kukas o Pelmanec como máximos exponentes del género) -y menos aún con la técnica concreta del bunraku en España-; pero creo que incluso dentro de los pocos que haya visto, la mayoría eran superiores a este, sobre todo por el hecho de contar con una dramaturgia elaborada -cosa que aquí se echa en falta-. En El Sillón hay, como digo, una idea brillante y con muchas posibilidades de éxito; pero una idea que alguien debería todavía revisar, repensar y dotar ya no sólo de una capacidad de sátira punzante; sino sencillamente de una historia con la entidad suficiente, que a día de hoy sencillamente no está ahí. Y, pese a todo, insisto una vez más en que me ha gustado la idea, me ha gustado la ejecución, y tengo la sensación de que esta misma propuesta podría volar alto una vez que tenga una dramaturgia sólida: se puede hacer.

H. A.

Nota: 2/5

El Sillón”. Con: Ale Prieto, Almudena Rubiato y Lucía Mellado. Dirección: Ale Prieto. THE WINGED CRANES.

Teatro Lara, 12 de Marzo de 2017 (13.15 horas)

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