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‘Panorama desde el Puente’, o ¿pero era Eddie un buen tipo?

marzo 15, 2017

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Lógica expectación ante una nueva producción del clásico de Arthur Miller Panorama desde el Puente protagonizada nada menos que por Eduard Fernández -que rara vez se deja ver en los escenarios de la capital- acompañado de un elenco bastante sólido a primera vista y dirigida por Georges Lavaudant, que en principio debería ser un valor seguro para hacer de esta versión un espectáculo sumamente interesante… Por si fuera poco, se anuncia una traducción de Eduardo Mendoza y, sin embargo, la cosa no termina de despegar; creo que básicamente -aunque no sólo por eso…- por una lectura de la obra que es bastante discutible y que por momentos va en contra del mensaje que Miller pretendía transmitir.

Para empezar, ignoro cómo se habrá hecho la traducción de catalán -idioma en el que se estrenó esta versión hace algunos meses- a castellano; pero podemos decir que hay algunas expresiones francamente mejorables: que Eddie diga que Rodolfo “no es agua clara” -cuando la expresión más apta en castellano seguramente sea “no es trigo limpio” es tan sólo una de las que más hace saltar los pilotos. Creo que la traducción -por mucho que sea de Eduardo Mendoza, y cuesta decirlo…- aún necesitaría y debería revisarse. Curiosamente, la traducción de Mendoza es la que está publicada por la Editorial Tusquets; pero no todo lo que se escucha en esta función corresponde a esa traducción publicada.

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Por lo que respecta a la lectura de la obra, podríamos decir que Panorama desde el Puente es la historia de la caída al vacío de Eddie Carbone, un hombre que en principio parece el perfecto padre de familia; pero que desde el mismo inicio de la trama alberga ya sentimientos oscuros contra los que lucha y acabarán por imponerse precipitando su caída, llevándose de alguna manera por delante a muchos otros personajes que se convierten en víctimas de su propia oscuridad. Es, por tanto, un drama, y como tal debe leerse. Sin embargo, en su lectura de la obra, Georges Lavaudant parece querer potenciar los aspectos más ácidos de la trama, en una lectura que casi bordea por momentos el tono de comedia negra americana -viendo a este Eddie es imposible no pensar por ejemplo en el personaje de Kevin Spacey en American Beauty-: el Eddie que plantea Lauvaudant es un tipo lleno de defectos; pero a la vez un tipo con el que el espectador probablemente querría tomarse unas cañas… Un tipo poco oscuro, quizás con una capacidad infinita de equivocarse sin darse cuenta y que va hacia el abismo casi empujado a rastras por todos los que le rodean. Cuesta creer, por ejemplo, que este ciudadano tenga una parte verdaderamente turbia; y que pueda llegar a propasarse con su sobrina ante el deseo que siente por ella -máxime si consideramos además que para el personaje de Catherine se ha escogido a una actriz con el empaque suficiente como para poder plantar cara a Eddie sin amilanarse, con lo cual el aspecto de la indefensión de la joven se vuelve como mínimo discutible-. Porque este hombre -casi un niño grande- es incapaz de dañar a una mosca -al menos no queriendo-. Como digo, se crea casi una conexión entre el público y este Eddie, de manera que en su fatal desenlace casi logra dar lástima al público, y que se le vea más como una víctima que como un verdugo -incluso si es verdugo involuntario- que acaba recibiendo su merecido… En resumidas cuentas, que uno sale de la sala sintiendo lástima hacia Eddie -un hombre que en este montaje nunca llega a intimidar del todo…-: es un enfoque, claro; pero tengo mis dudas acerca de si esta era realmente la intención de Miller a la hora de presentarnos al ciudadano Carbone, y desde luego tengo la impresión de que esta lectura cambia por completo las conclusiones que uno saca cuando ve la obra. Decisión de alto riesgo de dirección y primer punto discutible -pero personal, y por tanto asumible- de este montaje.

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Pero al margen de este aspecto, sí se puede decir que en el montaje de Lavaudant -que suele tener su gusto por la estética una de sus máximas señas de identidad- quizá peque esta vez de pobreza visual; y que incluso esa pobreza visual -la escenografía de Jean-Pierre Vergier es sencilla en exceso, y más para un teatro grande como el de la sala verde de Canal- provoca unas caídas de ritmo que ya deberían estar más que superadas en el teatro de hoy en día: fundidos a negro entre cada escena -conté más de diez…-; y, lo que es peor, para realizar cambios de cuadro que resultan bastante pobres a la vista. A día de hoy, con las posibilidades técnicas que hay en el teatro, tiene que haber otras formas de solucionar esto; porque dejar -tanto- espacio en negro entre las escenas sencillamente rompe la continuidad y la tensión dramática. Otra cuestión: muchos cambios de escena, y marcas claras del paso del tiempo… pero los personajes rara vez se cambian la ropa -adecuado vestuario del propio Vergier, aunque resultan pocos trajes para una obra que transcurre durante semanas…- incluso aún cuando los fundidos daban pie a que así fuese. Mejor las imágenes de Franscesc Isern, que genera algunos de los mejores momentos visuales de la propuesta; aquellos que están resueltos sólo mediante la integración de una producción -visto esto ¿por qué no haber solucionado toda la puesta en escena con imágenes como elemento principal?-.

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El elenco está lleno de algunos de los mejores nombres del teatro catalán actual; y nadie desentona especialmente si tenemos en cuenta que siguen ese enfoque -¿diverso? ¿extraño?- que ha escogido el director. Seguramente el más completo del elenco sea el Alfieri de Fancesc Albiol, que se muev, por presencia y formas, en unos niveles de contención expresiva muy elocuentes y muy adecuados al personaje; más acentuados si consideramos el tono en que está actuando el resto del elenco: suyos son algunos de los más logrados momentos de la propuesta -y de los que más recuerdan a lo que uno pueda tener en la cabeza sobre lo que debe ser esta obra. Eduard Fernández me parece uno de los mejores actores de este país; y se mueve con comodidad en el enfoque que este montaje ha escogido para Eddie: la carcajada invade el teatro y uno acaba sintiendo piedad de él… Es lo que le han marcado y como tal es lo que hace; pero creo que esa no es la esencia de Eddie: me faltan rudeza y violencia, me falta que parezca una presencia intimidatoria. La Catherine de Marina Salas también es una actriz válida, que ha hecho cosas interesantes en teatro. Pero aquí, sencillamente no da el físico del personaje ni por asomo: más allá de que cueste verla como a una adolescente de apenas 17 años -y ojo, no hablo tanto de la edad de la actriz como de su apariencia física…-, en carácter tiene poco de vulnerable -pisa el escenario con fuerza resolutiva-; y, como ya he dicho antes, ante cualquier amenaza que surgiese por parte de Eddie, uno siente que esta Catherine podría plantarle cara perfectamente. Además lleva implícita una sensualidad excesivamente evidente -que hace que el espectador encuentre factible sin sorprenderse una supuesta relación entre Eddie y esta Catherine… y creo que el personaje no debería ser eso. Nuevamente, es un tema más del enfoque de dirección que de actriz. Mercè Pons -otra estupenda actriz que se prodiga tan poco en nuestros escenarios- consigue liberarse en Beatrice de un cierto soniquete afectado al comienzo para convertirse en la actriz sólida que es. Bernat Quintana -que se las tiene que ver con una caracterización que no le favorece nada…- y Pep Ambròs solucionan sus personajes con solvencia. Rafa Cruz y Sergi Vallés completan el elenco sin problemas en roles de menor compromiso.

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La sala hasta los topes -y las entradas agotadísimas desde varias semanas antes de terminarse las funciones- para un espectáculo que tenía todas las fichas para haber sido uno de los éxitos de la temporada; pero que se queda en un intento fallido, básicamente por una lectura de la obra que es como mínimo discutible -esto podríamos discutirlo desde mil puntos de vista; seguramente sin llegar a una conclusión única válida- y por una puesta en escena que por momentos retrotrae a un teatro de otros tiempos que debería estar superado a día de hoy -y esto es ya más indiscutible…-. El elenco, a pesar de todo y siguiendo las indicaciones de dirección, hace todo lo posible por subir el nivel de una función que sólo despega del todo en sus últimas escenas. Pero no estaba nada fácil la cosa.

H. A.

Nota: 2.25/5

Panorama desde el Puente”, de Arthur Miller. Con: Eduard Fernández, Francesc Albiol, Mercè Pons, Marina Salas, Bernat Quintana, Pep Ambròs, Rafa Cruz y Sergi Vallés. Dirección: Georges Lavaudant. Versión: Eduardo Mendoza. TEATRE ROMEA / LG TEATRE.

Teatros del Canal (Sala Verde), 25 de Febrero de 2017

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