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‘#Malditos16’, o el monstruo que vive en nuestro cerebro

febrero 28, 2017

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Éxito sin precedentes el de este proyecto de Escritos en la Escena del Centro Dramático Nacional -ya saben, funciones creadas a pie de escenario durante los ensayos- que corre a cargo de Fernando J. López: todo vendido desde mas de un mes antes de estrenar para apenas once funciones y -afortunadamente- de momento una segunda vida en El Pavón Teatro Kamikaze como función para institutos -y, de algún modo, para todos los que nos quedamos fuera de aquellas apenas dos semanas de funciones para público general-. En #Malditos16, Fernando J. López toma las figuras de cuatro jóvenes -Dylan, Nayma, Ali y Rober- que han sobrevivido a sendos intentos de suicidio a los 16 años -cada uno por sus motivos- y que en la actualidad -en la veintena- forman parte de un programa cuyo fin es ayudar a adolescentes que, como ellos, atraviesan situaciones semejantes; en una serie de sesiones coordinadas por dos psicólogos.

Esta premisa sirve no sólo para hacer una crítica al suicidio -segunda causa de muerte en adolescentes según estudios-, sino también para evaluar tanto el peso de nuestro pasado para evaluar nuestro presente -esas cicatrices aparentemente olvidadas pero aún abiertas que todos llevamos de una u otra forma y que marcan nuestra forma de ser hoy, tal vez creando un pequeño monstruo dentro de nuestra cabeza visible y palpable sólo para nosotros-; e incluso para dar una patada al sistema y a las normas morales y éticas que rigen nuestra sociedad ¿Es implicarse una obligación del sistema y del ciudadano ante casos de este calibre, o se nos va la fuerza por la boca? Todos estos temas afloran en el texto de Fernando J. López; algo que pretende ser teatro para adolescentes sólo en apariencia, pero que por fortuna logra ir más allá de eso.

Cualquiera que haya visto otros trabajos de Fernando J. López ya se habrá dado cuenta de su capacidad para escribir historias sociales con personajes humanos y cercanos. Esa es también una de las claves del éxito de #Malditos16, una obra de hoy -el hashtag que acompaña al título, así como las múltiples referencias a redes sociales que contiene el texto demuestran que la obra es hija de su tiempo, y como tal ha de leerse- que junta a un grupo de personajes impregnados de verdad, impregnados de contradicción y -en general- huyendo de ciertos tópicos. No se trata de desvelar cuál es la problemática de Rober, Ali, Nayma y Dylan para haber estado a un paso del suicidio y para no haber terminado de superarlo a día de hoy -cada uno tiene la suya, y todos sus motivos son perfectamente válidos-; pero sí de reseñar la manera en la que J. López ha logrado plasmar una panorámica de una problemática social tan grave a través de cuatro personas que son un todo tanto metafórico -porque representan a todo un grupo mucho más amplio- como real -porque se sienten unidos por haber logrado salvarse en aquel momento, son como balsas de salvación los unos para los otros, se necesitan y confían en ellos. El regreso de estos cuatro adolescentes para ayudar al sistema es un reto de doble filo, que Fernando J. López emplea de manera inteligente como excusa para que afloren sus temores -en ese círculo de seguridad que suponen los unos para los otros y que seguramente sea el único lugar en el que puedan hablar de ello-, y como herramienta crítica para evaluar el grado de compromiso del sistema educativo y social para con ellos -por todo lo que les deben- y para con los adolescentes de hoy: ¿cuál es el deber del sistema y cuál es el nivel de implicación real de esos individuos que lo forman? ¿Están ahí para ayudar o para cumplir una mera función sistemática en la que no se necesita una verdadera implicación? ¿Son nuestros protagonistas meros instrumentos del sistema? ¿Qué nuevas heridas les podría ocasionar sentirse nuevas víctimas? En este sentido, Fernando J. López no deja títere con cabeza; y excede con creces la mera etiqueta del ‘teatro para adolescentes’ para arrojar al aire cuestiones que nos implican a todos. Estas dos bazas -la veracidad y la dignidad que el autor aporta a cada uno de sus personajes y esa voluntad de remover conciencias- son claves en el hecho de que #Malditos16 sea el éxito que está siendo.

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Es cierto que seguramente algunos de los adolescentes estén mejor perfilados que otros -Nayma, por ejemplo, es el personaje más rico precisamente por todos los interrogantes no resueltos sobre los que se asienta; y Dylan es ejemplo de una cruda realidad aquí representada con una dignidad que rara vez se encuentra en los escenarios; de la misma manera que Rober puede caer en el prototipo del graciosete que esconde, por supuesto y de manera bastante previsible una culpa terrible e injusta; y a Ali posiblemente le falte el tiempo necesario para desarrollar su historia como se merece; e incluso las figuras de los psicólogos podrían estar más desarrolladas en su problemática paralela, que apenas queda perfilada y da para un debate mucho mayor… e incluso se podría haber apostado por un desenlace más explosivo-. Así y todo, creo que estos hechos -que bien pueden venir dados por una cuestión de metraje cerrado -estas funciones suelen durar por norma más de una hora, pero menos de hora y media…- con la que López debe luchar- no invalida en absoluto este artefacto que se ofrece ahora para adolescentes; pero que cautivará con toda seguridad al público general por lo directo, la sinceridad y la contundencia de su escritura.

Ignoro el tiempo que hay para levantar estos proyectos -aquí se ha acompañado de diversos talleres con especialistas en la materia-, pero de alguna manera siento que la sencilla -y válida- puesta en escena de Quino Falero -apoyada en muy pocos elementos escénicos y bien iluminada; pero acaso demasiado estática por momentos-  quizá le falte una cocción a fuego lento que resalte aún más ciertos aspectos estéticos, aspectos que seguramente se podrán redondear con una etapa de ensayos más extensa; si bien por ejemplo la cuestión física -esa gestualidad y fisicidad con la que los actores pasan de los 16 a la actualidad en apenas un movimiento- está trabajada de forma formidable, y es uno de los mayores ganchos de la propuesta. Seguramente, eso sí, las transiciones con cortinillas musicales sean aún susceptibles de mejora.

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El elenco trabaja de forma bastante sólida; desde la acostumbrada rotundidad de los psicólogos de David Tortosa y Rocío Vidal -se les perdona algún desliz con el texto por una cuestión concreta que comentaré más abajo-, hasta el extraordinario Dylan de Manuel Moya -que triunfa en un rol que lo tiene todo para triunfar por escritura-, lo bien que se maneja Pablo Béjar en un perfil que podría haberse quedado en la caricatura, el muy destacable trabajo físico y gestual de Andrea Dueso -que, en Ali, es a menudo una presencia muda que observa los hechos; pero que precisamente por ello crea expectativa que se cumple cuando finalmente explota y se confiesa-. A Paula Muñoz le ha tocado el que creo que es el mejor personaje de la función, y le falta un escalón para terminar de redondearlo: el trabajo físico -e incluso la vocalización- son aún un punto mejorables; si bien se hace con un momento de lucimiento personal cuando dispara su monólogo final como una metralleta, con claridad en la dicción y sin titubear: hay actriz, pero debería rendir siempre a este nivel.

Un último apunte que no quisiera pasar por alto: mi función -una matinal escolar que los adolescentes siguieron con un completada con un animado coloquio- se vio alterada por la presencia de un individuo adulto -a día de hoy no acierto a saber quién era- que, con su impropio comportamiento, perturbó notablemente tanto el seguimiento de la función como el grado de concentración del elenco artístico; que incurrió en algunas faltas porque no se dieron las mejores condiciones para la actuación.

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Así y todo, la propuesta es estimulante por texto y mensaje; y con una propuesta escénica muy válida, que seguramente crecerá con tiempo, rodaje y alguna revisión. Esperemos, eso sí, que esta propuesta tenga vida más allá de estas funciones escolares. Lo merece.

H. A.

Nota: 3.75/5

#malditos16”, de Fernando J. López. Con: Rocío Vidal, David Tortosa, Manuel Moya, Paula Muñoz, Andrea Dueso y Pablo Béjar. Dirección: Quino Falero. CENTRO DRAMATICO NACIONAL / COARTE

El Pavón Teatro Kamikaze, 14 de Febrero de 2017 (11.30 horas).

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One Comment leave one →
  1. febrero 28, 2017 02:02

    Transformar las ocultas vidas de los adolescentes, sus terribles mundos y fantasmas, en formato teatral me parece una idea estupenda para poner de manifiesto estos huecos sociales. Ojalá no todo se quede ahí y no se nos vaya la fuerza por la boca.

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