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‘Drac Pack’, o cantan más que cuentan

enero 31, 2017

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En un experimento bastante curioso -una idea original de Najwa Nimri, que al parecer inicialmente iba producir con un elenco masculino y que acabó protagonizando ella junto a otras actrices- ha estado escasamente un mes en la Gran Vía madrileña Drac Pack, un concierto teatralizado -más que un musical en sí mismo- que une a cuatro cantantes-actrices posiblemente en el mejor momento de sus carreras a nivel mediático -son Najwa Nimri, Anna Castillo, Alba Flores y Kimberley Tell- para revisar un repertorio musical muy concreto -el del Rat Pack, un grupo de artistas que confluyeron en América a mediados de los 50 en torno a la figura de Frank Sinatra, y en el que también se enclavan nombres como Marilyn Monroe, Judy Garland, Dean Martin o Sammy Davies Jr.-, unido mediante una premisa argumental que mezcla vampiros, divas y momentos oníricos; pero que acaba resultando un tanto cogida por alfileres. Un espectáculo que se puede disfrutar por el repertorio -grandes clásicos de sobra conocido por todos- y por la entrega de las intérpretes a todos los niveles; pero que falla en su componente más puramente teatral. En definitiva, un buen concierto dramatizado envuelto en una puesta en escena solvente, que tiene mucho que cantar, pero bastante menos que contar.

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Una joven espera algo en la oscuridad, cuando se le aparece una presencia extraña, la estrella musical del momento buscando una sucesora. Sin embargo, algo extraño ocurre con esa mujer, que le dice a nuestra joven protagonista que para alcanzar su sueño deberá decidir entre la luz de los focos o la luz del sol: puede ser conducida al triunfo, pero nunca volverá a ver la luz del día. Tras esta advertencia -y con nuestra protagonista bastante convencida de que puede correr ese riesgo por triunfar…-, se abre ante nosotros un ambiente vampírico en el que nuestra maestra de ceremonias -ese ser venido de no se sabe bien dónde que nos incita a dejarnos arrastrar- emerge como un supuesto conde Drácula, y en el que la joven a iniciar acaba erigiéndose como una especie de Marilyn Monroe. Junto a ellas, otras dos mujeres, siervas de algún modo de la maestra de ceremonias -¿y quién sabe si también antiguas aspirantes al reino del éxito y la oscuridad, como lo es ahora la protagonista?: una de ellas en patines y obsesionada por la música de las minorías raciales y otra de ellas de sexualidad más bien indeterminada. En ese ambiente, se va desgranando todo el repertorio antes mencionado, unido por un conjunto de pequeños textos -las más de las veces más rimbombantes que oportunos- que intentan lanzar un mensaje metafórico sobre lo complejo de la carrera del artista, lo efímero del éxito y la fama o el existencialismo; pero sin que sepamos nunca con certeza a dónde nos quieren llevar con su reflexión, o sin que la reflexión alcance un peso específico que la justifique.

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No parece que la idea inicial de este espectáculo haya sido el de crear un espectáculo teatral con un peso narrativo; porque mientras las canciones y la estética están logradas, es el componente meramente teatral el que se queda más justo en el conjunto. De hecho, si se consulta el programa de mano -por cierto, uno de los mejor editados que haya visto en bastante tiempo en las salas madrileñas-, el crédito de los textos -que firman Najwa Nimri, Carlos Dorrego y Emilio Tomé– aparece bastante abajo, dando prioridad a muchas otras disciplinas. Y es que, más que con la sensación de que esos textos no aportan nada especial; me quedo con la sensación de que este espectáculo planteado meramente como un concierto teatralizado -sin los textos, o sin esa voluntad, en mi opinión más bien fallida, de hilar una trama que enlace las canciones- hubiese funcionado bien, incluso mejor de lo que lo hace ahora. Porque hay, ya digo, un repertorio atractivo, un clima estético logrado y unas intérpretes entregadas a la causa; pero curiosamente es la teatralidad del espectáculo -o el intento de teatralidad- la que baja los enteros del resultado final. Se han visto anteriormente otras propuestas más o menos semejantes a esta -más musicales que teatrales, y alejadas del formato del musical como género: El Intérprete o Miguel de Molina al Desnudo son ejemplos claros de formatos semejantes más logrados- que tenían el swing de este Drac Pack, pero eran sin embargo menos ambiciosas a la hora de crear una teatralidad. Y, en esa sencillez -que puede que sea lo que le falte a Drac Pack, que se pierde sin necesidad en textos que se pretenden complejos pero se quedan en nada- estaba el acierto. Si este Drac Pack se vendiese y se enfocase como lo que es -un concierto teatralizado-, creo que el resultado mejoraría. Porque los mimbres están en escena.

Fernando Soto dirige una propuesta visualmente atractiva, pero da la sensación de que no ha sabido tampoco cómo hilar el todo para convertirlo en algo con entidad más allá de las propias canciones; o, sencillamente, de que tampoco lo pretendía: hace y deja hacer, facilitando que las actrices saquen adelante las coreografías, y creando algún cuadro de buena estética… Pero todos sabemos que Soto puede dar más de sí. Adecuadas la escenografía de Alessio Meloni y la iluminación de Yahve Ramos, y vistoso el vestuario de Belén Rastrollo.

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Las cuatro actrices se entregan al máximo a la causa, se agradece, se disfruta de esa entrega y es la que hace que el público se entregue con ellas. Ver a Najwa Nimri en los escenarios no siendo en uno de sus conciertos es rara avis; y es por ello por lo que sus fans -entre los que me cuento- lo agradecerán: tiene presencia potente, y esa voz personal, rasgada e inconfundible ya conocida por todos, y regala algún momento de extraña belleza -su particular versión de “My Way”-. Frente a ella, Kimberly Tell -también de timbre muy personal- es esa Marilyn, que destaca más como cantante y bailarina -brillante en ambas facetas- que cuando debe ser actriz de texto -la vocalización del texto no es siempre clara-. Enfundada en unos patines, Anna Castillo pisa el escenario como un verdadero ciclón: asume un personaje desagradecido, muy exigente a nivel físico -no cualquier actriz podría hacer todo lo que ella hace a nivel físico, y mantener la afinación a pesar de todo como ella lo hace: la voz tiene un timbre más genérico, pero la afinación nunca falla: su “Blue Moon” seguramente sea el mejor número musical de la noche en términos de musicalidad- ; y sabe destacar en cada intervención; quizá parezca algo insegura con el texto hablado, pero la verdad es que no son textos cómodos ni de memorizar ni de decir con alguna intención. Y hablando de voces personales, puede que el instrumento de Alba Flores -con un deje flamenco muy marcado- no sea el más indicado para lucir en este tipo de repertorio -es una cuestión de estilo, básicamente-; si bien está tan volcada en lo que hace como sus compañeras.

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La música oscila entre el directo -piano y batería, con Gonzalo Maestre y Marcos Sánchez en los laterales de la escena- y los sones ocasionales de una big-band pregrabada. Personalmente no soy muy amigo de la música pregrabada en los espectáculos teatrales; y creo que todo se debería poder hacer con el piano y la batería -tal vez un bajo o un contrabajo también ayudaría-, fomentando un ambiente de intimidad del que este espectáculo parece querer alejarse; pero que creo que le iría muy bien al resultado final. A estas alturas ya habrán intuido que todas las actrices van convenientemente microfonadas, tanto al cantar como al hablar.

No se puede decir que Drac Pack sea un mal producto -no lo es-, porque las canciones se escuchan con agrado, el reparto se vuelca y se crea la atmósfera suficiente como para que el público salga feliz del teatro. Pero creo que la ambición por querer revestir la propuesta con un halo de ampulosidad que nunca alcanza del todo -pero ojo, que creo que tampoco necesita- le juega una mala pasada a un espectáculo que gana si se ve y se entiende como un concierto teatralizado más que como una historia teatral en la que se han incrustado canciones. Aquí se canta más -y mejor- de lo que se cuenta.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

Drac Pack”, de Najwa Nimri, Emilio Tomé y Carlos Dorrego. Con: Najwa Nimri, Alba Flores, Anna Castillo y Kimberley Tell. Dirección: Fernando Soto. ROYAL ROLE / SEDA / RAMBLETA.

Teatro Philips de la Luz Gran Vía, 21 de Enero de 2017

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