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‘Jardiel, un escritor de Ida y Vuelta’, o quedémonos con la esencia

diciembre 26, 2016

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Me parece fundamental -ya lo he dicho en otras ocasiones- que una institución como el Centro Dramático Nacional reivindique de tanto en tanto figuras importantes del pasado reciente de nuestro teatro, tales como Miguel Mihura, Carlos Arniches o Enrique Jardiel Poncela. Nombres que -por más que haya un sector del público que sistemáticamente opte por denostar- tienen un lugar en la historia de nuestro teatro. Creo que si alguien tiene que lanzarse a realizar grandes producciones de estos autores con todas las garantías es, precisamente, el CDN. Tras el exitazo de público que supuso hace unos años la Carlota de Mihura que protagonizó Carmen Maura, y una versión más desacertada de Los Caciques, de Arniches; el CDN apuesta este año por una súperproducción de época: 14 actores y un montaje con todo lujo de detalles capitaneado por Ernesto Caballero supone este Jardiel, un Escritor de Ida y Vuelta, que no es más que una versión del clásico Un Marido de Ida y Vuelta (1939) presentado en todo su esplendor; pero con unos añadidos que empiezan pareciendo mero relleno anecdótico -y, ya saben: en esto del teatro todo lo que no suma, resta…- y acaban por volverse francamente discutibles.

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El espectáculo comienza con la voz en off de Jardiel Poncela leyendo uno de sus poemas, desde la pobreza y el olvido; cercano a su muerte. Una muerte que se produce. De pronto, el mismísimo escritor aparece en un limbo con forma de teatro, en el que se encuentra con Eloísa, la protagonista invisible de Eloísa está Debajo de un Almendro , y que no es más que el ideal de mujer que reside en el imaginario del autor. Eloísa le reprocha a Enrique no haberle dado un papel protagonista en su comedia; y le pide que escriba una nueva comedia en la que ella sea la protagonista… Tras este prólogo empieza la versión de Un Marido de Ida y Vuelta -comedia jardielesca en la que se supone que Noel Coward se basó para escribir su clásico Un Espíritu Burlón-; en una versión de factura impecable, ambientación de época y todo lo necesario para hacer Jardiel Poncela de forma absolutamente clásica y en tono de alta comedia… Sólo en los entreactos la acción se detendrá para que Enrique Jardiel Poncela regrese a escena, y sea preguntado por los miembros de la compañía acerca de su relación con las mujeres y su pensamiento político: dos añadidos que, en mi modesta opinión, no aportan nada a la obra que se representa -de manera, insisto, impecable-; pero que además bordean peligrosamente lo tendencioso. Da la impresión de que Ernesto Caballero -que intuyo que es quien ha tenido la idea de incrustar estos intermedios en la comedia- toma partido por Jardiel e intenta justificar su pensamiento político, para que no parezca algo que ta vez no sea lo más conveniente para el gran público del teatro -y, de paso, intenta justificar su programación en el CDN, como si programar a Jardiel necesitase de justificación alguna-. Supongo que no será esa la intención que se busca, pero desde luego es lo que yo como espectador percibo desde el discurso -ya saben que a veces hay diferencia entre lo que se quiere expresar y lo que se expresa-. Honestamente, creo que emitir juicios sobre el pensamiento político de un autor -aquí los hay, al menos indirectamente- no es lo más conveniente: deberíamos limitarnos a exponer su obra -y a separar su obra, una simpática comedia, de su pensamiento político, sea el que sea-. Cuando el montaje de la obra en sí –Un Marido de Ida y Vuelta– tiene la calidad de una propuesta como la que aquí se presenta, este tipo de añadidos -a un centímetro de lo tendencioso- quedan bastante fuera de lugar; y empañan de alguna forma el espíritu de un gran montaje. Si la cosa se hubiese limitado a exponer la obra original hubiese ganado varios enteros; máxime cuando el propio Jardiel Poncela considera en el programa de mano Un Marido de Ida y Vuelta como “una obra de arte todo lo perfecta que permite nuestra imperfecta condición humana”. Lo dicho: siendo así incluso para su autor ¿para qué tocar nada? Y, siendo una simpática comedia como es ¿para qué salpicarla de cuestiones ideológicas que nada tienen que ver con la obra?

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Una vez comentada esta cuestión, lo cierto es que se ve una buena versión de Jardiel, en un montaje cuidado y divertido. El argumento de Un Marido de Ida y Vuelta es de sobra conocido por todos -el primer marido de Leticia vuelve de la tumba para abroncar a su mejor amigo por haberse casado con ella faltando a su palabra de honor e intentar reconquistar a su mujer- y tiene todos los ingredientes del humor de Jardiel Poncela: una situación normal que se vuelve surrealista, y un humor fino provocado a partir del lenguaje, básicamente mediante juegos de palabras que producen diálogos cercanos a lo absurdo. La presente producción sitúa en escena una réplica de la platea y el escenario del propio María Guerrero, ubicando la acción en un escenario, como si estuviésemos asistiendo a una representación de la obra ante los ojos del propio Jardiel Poncela, que asume además el rol masculino protagonista. Es una idea interesante, hermosa de ver, y está bien realizada. Nadie negará que la escenografía de Paco Azorín es imponente, como lo es el variadísimo y cuidado vestuario de época -fiesta de carnaval incluida- de Juan Sebastián Domínguez, todo ello realzado por una iluminación de Ion Aníbal que subraya el componente fantasmagórico de la comedia. En este montaje casi historicista -que apabulla por lo logrado que está visualmente…- se escapa al menos un pequeño gazapo: no tiene sentido alguno que en esa radio en la que suena “Celeste Aida” -todo indica que de manera diegética- escuchemos la voz de Luciano Pavarotti, tenor muy posterior a la época en la que se ubica la acción, máxime cuando existen un buen número de grabaciones de la época correspondiente: es casi el único pero que se le puede poner a un montaje que por lo demás es estéticamente muy potente.

Puesto que se opta por una versión ‘de época’, todos los diálogos están expuestos en un tono de alta comedia -con todos los soniquetes y exageraciones que ello conlleva ocasionalmente- que está asociado de siempre a las obras de Jardiel Poncela. Es un camino por lo tanto por tanto perfectamente válido; aunque seguramente a mí me hubiesen interesado más otros -¿algún día alguien se atreverá a abordar este repertorio desde un lugar más contemporáneo a nivel de lectura de texto?- y como válido hay que tomarlo. Este enfoque clásico en absoluto invalida el poder de la palabra como herramienta cómica -que es la base en Jardiel Poncela-, y hace las delicias de todo tipo de público; yendo además en consecuencia con el enfoque de la versión. Quizá se le podría dar una vuelta a este tipo de obras en cuanto al tono -no he dejado de pensar desde que vi la función en qué habría pasado si este texto lo hubiese dirigido, por ejemplo, Alfredo Sanzol…-; pero el enfoque es correcto y coherente.

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El nutrido reparto -en esa línea de alta comedia- contiene a algunos de los nombres que más han hecho este repertorio últimamente, y se nota. En pocos repertorios se mueve Lucía Quintana con tanto acierto como en la alta comedia; y esta Leticia no es la excepción: hace exactamente lo que pide el género, y siempre en el tono justo. Sus dos galanes, Jacobo Dicenta -que además interpreta a Jardiel Poncela- y Paco Ochoa abordan el texto desde un lugar que fomenta mucho más la poesía presente en los versos que la comedia misma -también es un lugar válido y comprensible-. Paco Déniz hace una verdadera y desternillante creación del hermético mayordomo, colocando cada frase en su sitio -y, miren por dónde, es un actor de la ‘factoría Sanzol’…-. En intervenciones de menor peso, Luis Flor sabe no cargar demasiado las tintas en Sigerico -acierto-; y Juan Carlos Talavera y Chema Adeva aprovechan bien cada intervención. El resto cumple en mayor o menor medida -hay algún caso tal vez demasiado altisonante por ese registro de alta comedia en el que se mueven todos, pero puede ser una cuestión de mero marcaje…-. Hay que destacar que, siguiendo esa regla de que no hay papel pequeño, a una enorme Carmen Gutiérrez a la que le bastan un puñado de minutos para ponerse en primer término: afronta la comedia desde un lugar muy particular, muy fresco, casi almodovariano en Gracia, esa amiga buscona que está siempre al quite de lo que pueda sacar y acierta de pleno. Coloca cada frase de una manera tan fresca que me ha llevado a preguntarme qué hubiera pasado si todo el elenco hubiese trabajado desde ese mismo punto -a esto me refiero cuando hablo de darle un soplo de aire fresco a estos textos…-; y tiene junto con Paloma Paso Jardiel la que seguramente sea la mejor escena de todo el montaje. Lo dicho, no hay papeles pequeños…

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El teatro -lleno hasta arriba ya en las primerísimas funciones- aplaude y ríe a gusto casi cada gag -señal de que, le pese a quien le pese, hay un público para este repertorio-; y es encomiable el esfuerzo por levantar una producción de Jardiel Poncela con todo lujo de detalles, recuperando la esencia misma del autor. Sería una gran función si se suprimiesen esos añadidos de los que hablo más arriba, que en mi humilde opinión no aportan nada más que polémica discutible y que ya debería estar asumida y superada; y que puesto que son eso, añadidos, bien podrían no estar ahí. Pero, con o sin polémica, lo cierto es que esta es una buena versión de Un Marido de Ida y Vuelta, y es con eso con lo que hay que quedarse: con la esencia jardielesca que respira este montaje por encima de cualquier otro mensaje.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

Jardiel, un escritor de Ida y Vuelta”, versión de Ernesto Caballero a partir de “Un Marido de Ida y Vuelta”, de Enrique Jardiel Poncela. Con: Chema Adeva, Felipe Andrés Santos, Raquel Cordero, Paco Déniz, Jacobo Dicenta, Luis Flor, Carmen Gutiérrez, Paco Ochoa, Paloma Paso Jardiel, Lucía Quintana, Cayetana Recio, Macarena Sanz, Jaun Carlos Talavera y Pepa Zaragoza. Dirección: Ernesto Caballero. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

Teatro María Guerrero, 18 de Diciembre de 2016

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2 comentarios leave one →
  1. enero 27, 2017 08:19

    Muchas gracias por esta crítica, tan acertada. Vi la obra anoche y disfruté mucho… pero salí pensando que hubiera preferido más Jardiel dramaturgo y menos Caballero exégeta

    • enero 27, 2017 13:37

      Es algo que se ha señalado más o menos en todas las críticas que he visto de este espectáculo… Por algo será, supongo. Un saludo, gracias por leerme y comentar!

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