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‘Herederos del Ocaso’, o Spain is different… ¿no?

diciembre 16, 2016

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Después del éxito obtenido en la pasada temporada con la primera parte de su llamada Trilogía Crónicas Ibéricas -la inolvidable y berlanguiana Desde Aquí Veo Sucia la Plaza, sátira sobre la realidad de algunas tradiciones añejas de España-, la compañía Club Caníbal regresa con la segunda entrega, Herederos del Ocaso –estrenada con gran éxito en el pasado Festival Frinje y ahora haciendo una pequeña temporada en el Teatro Galileo- que parte de una noticia real –el fraude del equipo paralímpico de baloncesto en las Olimpiadas de Sydney 2000 , que logró el oro con un equipo que no formaban discapacitados- para trazar una historia de ficción en clave de comedia negra -negrísima- y ácida -acidísima- saca una fotografía deformada -en clave de esperpento- a nuestra realidad social a muchos niveles. Una comedia hilarante -que una vez más bebe de esa tradición berlanguiana, con un humor netamente español-; pero incisiva, de esas que no dejan títere con cabeza y mueven irremediablemente a la reflexión más profunda. Un espectáculo atrevido, que se lanza sin miedo a meter el dedo en la llaga de nuestra realidad; y una propuesta que apuesta por causar la risa sin que perdamos nunca de vista lo vergonzante que es aquello de lo que nos estamos riendo: y, sobre todo, un espectáculo que demuestra que se puede hacer -buen- humor de cualquier cosa, sin temer traspasar las líneas de la corrección política… De eso va, al fin y al cabo, esto del teatro.

La Federación Española de tenis de mesa para Discapacitados se echa las manos a la cabeza ante la inminente llegada de los juegos paralímpicos: su jugador estrella es un verdadero paquete, e intuyen que no tienen nada que rascar como vayan con él… Casualmente, se cruza en su camino Juan Alegría, un profesor de tenis de mesa en paro con mujer e hijos, que parece un crack de ese deporte y necesita el dinero… Entonces, a la Federación se le enciende la bombilla: hará pasar a Alegría por un deportista paralímpico con un falso certificado de discapacidad y así España y nuestro protagonista alcanzarán la gloria. Total, nadie tiene por qué enterarse del fraude y todos pueden salir ganando… O tal vez no.

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Sobre esta anécdota, Chiqui Carabante construye una dramaturgia -a partir de textos creados por toda la compañía- que explora de forma absolutamente negra y corrosiva conceptos como los de honestidad -o falta de ella- y compromiso -o falta de él-, e incluso critica abiertamente el concepto de paraolimpíada como elemento que trata a los discapacitados con una falsa condescendencia. Por el escenario van desfilando diferentes personajes de distintos gremios -médicos, empresarios, jefes de comité, jueces, falsos deportistas e incluso gente común y corriente- cuyo único afán -cada uno por sus motivos- parece ser el de lucrarse a toda costa poniendo su mejor cara, llenarse los bolsillos mientras se convierten en un símbolo para nuestro país. Es una instantánea de esa España actual de pandereta en forma de sátira implacable, que no se casa con nadie y no deja un palo sin tocar. Bebe de algunos de los maestros del humor español -las influencias de Berlanga y Cuerda son incuestionables- y además tiene un doble acierto: hace humor de un tema muy serio -no sólo del fraude olímpico, sino del concepto de falsa integración -la llamada ‘discriminación positiva’- que a veces tiene la sociedad ante el discapacitado: una contundente patada en todas las partes nobles a la falsa corrección política. Podrá ser un tema que toque la fibra sensible de muchos; pero Carabante sin embargo es plenamente consecuente con su concepto de espectáculo, en el que la sátira es feroz, irreverente e hilarante y está llevada hasta el final, rehuyendo la autocomplacencia y evitando quedar bien con nadie: es un acierto; si se va a hacer comedia sobre temas muy serios -como en este caso- creo que debe hacerse siempre así. El resultado es un espectáculo crítico, valiente y constantemente hilarante; en el que nos reímos a carcajada -casi diría que por no llorar…- de aquello que sabemos que es real -de hecho el espectáculo no esconde el caso real en el que se basa-, de esa sociedad en la que vivimos… Porque Spain is Different… ¿o no?

No se puede negar que Club Caníbal ha conseguido un tono inmediatamente reconocible en su forma de hacer humor: algo que estaba en la primera parte de su trilogía, y que inmediatamente se mantiene aquí en toda su esencia y con toda frescura. Puede que quizá se haya perdido el factor sorpresa que sí estaba en la primera entrega -creo que es lo único de esta continuación que me parece un pero frente a la primera parte- pero también hay que reconocer que es complicado lograr un sello tan sólido en tan poco tiempo.

Encuentro que la historia que plantea Herederos del Ocaso es más compacta a nivel dramatúrgico que la que planteaba Desde Aquí Veo Sucia la Plaza -y desde luego es más peligrosa, y por tanto mucho más valiente-. Si en aquella los personajes tenían menor recorrido -tiraba más por la estructura de sketches-, aquí hay una historia central, un protagonista, unos antagonistas y una trama que avanza más y más hacia el despiporre… También aparecen secundarios, claro; pero a nivel formal tanto los perfiles psicológicos como la historia en sí misma están aquí mejor cerrados. El tono de la comedia va desde la sátira más negra al sainete más esperpéntico, del esperpento a la astracanada gamberra; y de ahí incluso al absurdo más puro y genuino -les va a costar volver a pensar en la flor de Bach sin rememorar un chiste que aparece en esta obra, que me cogió desprevenido y me produjo una de las carcajadas más sonoras del año en una sala de teatro…-, y en este sentido hay muchos momentos deliciosamente absurdos -la escena del interfono lleva directamente al humor de Faemino y Cansado- que provocan la carcajada de inmediato. Hay muchos momentos para el recuerdo -toda la ceremonia de apertura, las eliminatorias de ping-pong, la escena de las vecinas, los vuelos, el desarrollo del juicio…-; la carcajada es constante, y el público disfruta cuando los cómicos invitan a unirse al espectáculo sin dudar. Nunca se pierde, sin embargo, un marcadísimo espíritu crítico que tiene su mayor consecuencia en la sorpresa que Carabante reserva para su contundente -y por eso también valiente, por certero e inesperado- desenlace, que nos recuerda que esto con lo que nos hemos estado riendo durante una hora y media dista de ser una comedia: con este final contundente -que es como la última bofetada tras toda la sátira- Carabante nos lo deja bien clarito.

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Puede que, visualmente, el espectáculo y los planteamientos recuerden demasiado a los de la propuesta anterior; y aquí es donde más falla el factor sorpresa: el tener a un músico en directo -Pablo Peña- para generar los efectos de sonido sigue siendo un acierto; pero seguramente sorprenda menos a quienes ya hayamos visto Desde Aquí Veo Sucia la Plaza. Lo que en ningún momento se puede negar, es la capacidad probada del trío actoral –Font García, Vito Sanz y Juan Vinuesa- para este tipo de comedia tan marcada, tan esperpéntica y por tanto tan difícil de hacer: ellos son la clave de que nos partamos de risa, porque son auténticos bufones, genios de la payasada con capacidad de desdoblarse en más de una veintena de personajes -casi diría que cada uno más surrealista que el anterior..- incorporando la lógica improvisación en su interacción con el público. No es fácil defender este tipo de humor con la sutilidad y con el gusto por el detalle con que ellos lo hacen -ya saben, cuando uno se mueve en estos códigos es muy fácil pasarse de rosca, y si eso ocurriese la cosa perdería toda la gracia; sin embargo aquí la carcajada es constante-.

La puesta en escena del propio Carabante recuerda también en muchas cosas a la de Desde Aquí Veo Sucia la Plaza; pero ahora se ha decidido a integrar al público en la acción -acierto: vean cómo el público se afana en coger los caramelos que lanzan las mascotas paralímpicas y entenderán hasta dónde llega el nivel de implicación del respetable…-. Tiene su propuesta el ritmo frenético de la bufonada y la ironía de la gamberrada más fina -el número incalculable de pelotas de ping-pong que acaban desparramadas por el suelo es una prueba inequívoca de ese gamberrismo- y en haber sabido mantener todo ese ritmo -encadenando las escenas sin tregua alguna- radica otra de las claves para que nunca nos despeguemos de cuanto pasa en el escenario.

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En definitiva, en Herederos del Ocaso hay, primero, un espectáculo indudablemente divertidísimo que se sirve de un humor sin límites para denunciar, para criticar y para hacer reflexionar al público y se lanza al vacío con suma valentía a la hora de enseñar la peor cara -pero también la más típica y tópica- de nuestro país; después, una potente herramienta de denuncia desde un lugar particular y arriesgado -y a veces el humor es la mejor forma de denunciar algo-; y por último un formato que pone el género del esperpento como herramienta cómica en primer término. Con respecto a la primera parte de la trilogía, sólo falta ese factor sorpresa -reconvertido aquí en sello reconocible e inconfundible- pero a cambio hay un componente crítico y social mucho más afilado que antes. Por cierto, en el Teatro Galileo se puede ver con opción a curioso y oportuno doblete con Las Princesas del Pacífico, una propuesta con la que Herederos del Ocaso -y esta Trilogía por extensión- tiene no pocos paralelismos temáticos y estilísticos. Para acabar, hay que aplaudir a la compañía la valentía; y esperar con máximo interés la tercera y última entrega de la trilogía, que llegará previsiblemente el próximo año.

H. A.

Nota: 4/5

Herederos del Ocaso”, dramaturgia de Chiqui Carabante. Con: Font García, Vito Sanz, Juan Vinuesa y Pablo Peña. Dirección: Chiqui Carabante. CLUB CANÍBAL.

Teatro Galileo, 8 de Diciembre de 2016

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2 comentarios leave one →
  1. Carlos Fernandez Pascual permalink
    abril 14, 2017 18:33

    Es lo peor que he visto en muchos años.
    Es una pena que con una interpretación tan buena, tenga un guión tan flojo.

Trackbacks

  1. HEREDEROS DEL OCASO en el Teatro Galileo - Madrid Es Teatro

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