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‘Una Habitación Propia’, o a caballo entre dos géneros

diciembre 13, 2016

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Dentro de su ciclo Femenino Plural -que ofrece una amplia perspectiva de la mujer dentro del mundo del teatro desde diferentes puntos de vista-, el Pavón Teatro Kamikaze presenta una adaptación para las tablas de Una Habitación Propia, el icónico ensayo feminista que Virginia Woolf publicase en 1929. Un texto a medio camino entre la ficción y la no ficción -fruto de una serie de conferencias sobre Mujer y Literatura que dictó la autora en su momento-; y que -aunque tiene elementos simbólicos- no estaba pensado originalmente para tener una teatralidad propiamente dicha. No es la primera vez que se hace una adaptación teatral de este ensayo; pero seguramente la mayor dificultad radique en darle al todo una teatralidad.

Resulta complicado -por no decir imposible- entender Una Habitación Propia fuera de los parámetros geográficos, sociales e ideológicos en que fue escrito. Se trata, indudablemente, de un ensayo hijo de su tiempo; en el que Woolf realiza una suerte de vindicación del rol de la mujer en la sociedad británica, desde el pasado hasta su época -tal y como antes hiciesen otras voces feministas como Mary Wollstonceraft en A Vindication of the Rights of Woman (1792), con la que este texto de Woolf comparte un lugar muy importante en el corpus de la literatura inglesa, por citar un ejemplo claro-. No ha de verse pues como un texto necesariamente actual, sino como una reflexión que resulta certera únicamente si se lee encajada en un tiempo y una sociedad muy determinadas, de los que creo que no puede desligarse sin perder una parte de su significado. Ese es uno de los mayores problemas que hay que resolver a la hora de decidirse a montar este texto; unido tal vez a la verdadera falta de acción de un texto que no deja de ser una prosa descriptiva -decididamente crítica y hasta irónica, siempre si se lee desde la época en la que fue escrita-. Escollos que -más allá de la actualidad del texto- una puesta en escena debe decidir cómo salvar.

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El montaje que presenta María Ruiz en el pequeño Ambigú del Pavón Teatro Kamikaze ha reducido convenientemente el texto hasta dejarlo en aproximadamente una hora y diez; y confía plenamente en el poder de su actriz para transmitir el mensaje de Woolf. Sobre el escenario, apenas una mesa, una silla, un piano y la actriz. No es fácil adaptar el ensayo a teatro; primero porque hay que decidir qué se suprime para que el conjunto tenga una duración razonable, y segundo porque hay que buscar la forma de darle un poco de vida al texto. Hablaba algo más arriba de la necesidad -para mí imperiosa- de situar el texto en unas coordenadas concretas para que se pueda comprender en toda su extensión. Ruiz -que firma la versión teatral además de dirigir la propuesta-, sin embargo, ha eliminado gran parte de las referencias más específicas a las mujeres de su tiempo -han desaparecido de un plumazo muchas de las autoras que cita Woolf en su texto-, así como a la sociedad británica misma; como si se buscase universalizar lo que se nos cuenta. Creo que esta falta de referencias a lo británico es una decisión no del todo acertada, porque puede implicar perder la perspectiva de lo que se está exponiendo, perspectiva que para mí es fundamental para valorar el mensaje del ensayo en toda su extensión. También algunos de los pasajes que podrían resultar más polémicos -las referencias más o menos explícitas al lesbianismo- pasan de un plumazo. Tampoco la presencia de la hermana, Vanessa -que no deja de ser la otra cara de Virginia, su contrario…- tiene demasiada relevancia en esta versión, cuando creo que es un elemento interesante para establecer una reflexión sobre el papel de la mujer, precisamente por ese fuerte contraste. Sin embargo, algunos episodios que a mi modo de ver son ya menos interesantes -el de Judith, la supuesta hermana marginada de Shakespeare- tienen más peso del que sería deseable en un conjunto que siento que no haya logrado potenciar los aspectos más interesantes del ensayo -incluso aquellos que resultan más interesantes vistos a día de hoy- a la hora de decidir qué se mantiene y qué no.

La puesta en escena, como digo, confía plenamente en la actriz; y afortunadamente hay una actriz excelente para levantar un monólogo que, de otra manera, podría haber resultado tedioso. Exceptuando algunos paréntesis en los que la propia actriz adorna el texto tocando el piano -los créditos del espectáculo apuntan “música de Clara Sanchis a partir de Johann Sebastian Bach- y algunas frases que son subrayadas por un micrófono -creo que ambos elementos me sobran, sobre todo el micrófono, elemento cada vez más omnipresente en los montajes teatrales- todo queda en manos de Clara Sanchis, que se transforma en esa voz narrativa -que no pretende ser Woolf misma, pero de alguna manera sí llega a serlo. El mayor acierto de Sanchis es ser capaz no sólo de levantar un monólogo que podría resultar tedioso a primera vista -sobre todo por la falta de verdadera acción-, sino de subrayar debidamente toda ironía, toda la acidez y por tanto todo el discurso crítico que desprenden las palabras de Woolf. No era fácil hallar ese lugar; y sin embargo creo que Sanchis lo ha captado perfectamente: en esa virtud -grandísima, dado todo lo anterior- reside la mayor clave del espectáculo. Uno puede irse con la impresión de que tal vez la adaptación sea mejorable, incluso de que al todo le falta una teatralidad más plena que justifique haber escogido este texto para subirlo a las tablas; pero la propuesta se sigue con interés precisamente por el lugar desde el que Sanchis nos habla; sin pretender aleccionar pero siempre poniendo de manifiesto ese componente crítico clave en el ensayo de Woolf: no era tarea fácil pero creo que a fin de cuentas la elección de la actriz termina siendo la gran baza de la propuesta.

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En resumen, en esta versión del texto de Woolf encontramos un espectáculo sencillo, que quizá no haya logrado salvar todos los escollos de la dificultad de convertir este complejo texto en un espectáculo teatral que ponga de pleno relieve el mensaje de la obra -misión muy ardua-; pero que por fortuna viene servido por una actriz con registros y gran capacidad comunicativa.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

Una Habitación Propia”, versión teatral de María Ruiz a partir del ensayo de Virginia Woolf. Con: Clara Sanchis. Dirección: María Ruiz. LOS PÁJAROS / NUEVO TEATRO FRONTERIZO.

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 7 de Diciembre de 2016

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