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‘Happy End’, o ¿negra o blanca?

diciembre 7, 2016

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Fruto de lo que parece un particular proceso de escritura colectiva -el programa de mano indica que se trata de “una comedia muy negra de Vaivén Producciones a partir de un texto de Borja Ortiz de Gondra”, llegó al coruñés Rosalía de Castro Happy End, un espectáculo que toma un tema muy serio, controvertido y hasta de cierta actualidad para armar una comedia. Una obra que parte de una anécdota brillante que podría haber generado polémica y debate; pero que sin embargo la compañía ha preferido enfocar como una comedia blanca, fácil y sin buscar ni la reflexión ni el peligro de que nadie pueda llegar a ofenderse… y ante lo atrevido de la trama principal es una pena, porque, aunque sea una función que se ve con agrado, es casi imposible que no se le quede a uno la sensación de lo que pudo haber sido y sin embargo no es.

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En un presente más o menos contemporáneo en el que parece que España empieza a salir de la crisis económica; Gabriela observa con horror la quiebra de su negocio después de una época de prosperidad: Happy End, una particular empresa de suicidio asistido que funciona como una especie de cadena de favores en la que cada socio debe ayudar a morir a un socio antes de ser asistido por otro. Cuando comienza la pieza, Ainhoa -una anciana que es una de las clientas- se encuentra ayudando a morir a uno de los socios… pero el problema es que Gabriela no tiene otra persona que ayude a morir a Ainhoa, y da constantes largas hasta la llegada de alguien que no existe, mientras la ancianita empieza a impacientarse. La aparición circunstancial de Martín, un hombre de mediana edad que vive con su madre y viene buscando otra cosa, precipitará los acontecimientos hacia una situación de comedia rocambolesca a medio camino entre el sainete y la comedia blanca; con un eco más o menos claro de ciertos títulos del pasado -¿cómo no pensar en Prohibido Suicidarse en Primavera, de Alejandro Casona, por ejemplo?-.

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No se puede negar que la idea de partida es brillante, y que la primera escena plantea un desarrollo prometedor. Pero nada más lejos de la realidad. Sorprende que se anuncie ‘una comedia muy negra’; y que luego sin embargo el texto tire por una línea completamente blanca, de una ironía casi infantil; que entretiene pero no profundiza en nada ni mueve a la reflexión, ni busca remover conciencias… pero que, sobre todo, tiene poco -o nada- de negra que es lo que promete el programa de mano. La sensación final es de que no han querido -o no se han atrevido- mojarse hacia una reflexión -siempre desde la comedia, claro- que funcionaría mejor desde una escritura más ácida, más afilada y no tan condescendiente. Estos personajes -claros deudores del género del sainete- no tienen ni mala intención, ni dobleces, ni esa acidez que tan bien le iría a esta historia; y la comedia se queda en algo sencillito, cuando se podría haber hecho algo de mayor complejidad sin dejar de hacer comedia… Y esto ya se ve venir a los cinco minutos de arrancar. Hay algún intento de tirar hacia temas más turbios -los motivos de Ainhoa para querer morir-, pero nunca llega a haber un atrevimiento a tirarse a la piscina: prueba de ello es el juego del doble final -ejecutado de manera bastante pobre-, que disipa de un plumazo cualquier intención de negrura que pudiese tener la cosa. Y debo insistir: se ve con agrado; pero del programa de mano se desprende que va a ser otro tipo de espectáculo -esto no es comedia negra, sino comedia blanca sobre un tema muy negro…-; puede que ese -y la sensación de que se podrían haber hecho muchas cosas que no se hacen con el material de partida- sea el gran pero de una propuesta que es honesta en todo lo demás. Hay risotadas aisladas aquí y allá -nunca se llega a la carcajada plena-, pero sin embargo tengo la certeza de que la idea de partida daba para mucho más de sí si se hubiese optado por escribir algo más gamberro, más políticamente incorrecto; y, en definitiva, más negro… A fin de cuentas ¿no es eso lo que se anuncia?

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La cosa está bien montada -la puesta en escena de Iñaki Rikarte insufla vida al texto sin perder de vista que es lo que es, y ya es difícil armar un espectáculo entretenido con este texto que da poco margen, sin embargo Rikarte lo logra; y la escenografía de Ikerne Giménez es útil y está bien planteada-; y los tres actores se vuelcan en dar lo mejor de sí, y esa es una de las claves a la hora de intentar mantener el interés de un texto que acaba resultando más bien discreto. Visiblemente curtidos en este tipo de comedias -y no es fácil dar con el tono para afrontar estos personajes…- Ana Pimenta -que aprovecha muy bien el único conato dramático que permite la trama- y Xabi Donosti -que seguramente tenga el más simpático de los tres personajes, y lo sabe jugar- sirven muy bien los gags, dentro de ese código de humor blanco que rige toda la propuesta. Puede que la intérprete de Gabriela -que, desde luego, no era la que anuncia el programa de mano: ¿por qué no se anuncian estas sustituciones debidamente por megafonía?- no termine de componer su papel al mismo nivel que sus compañeros -hay alguna inseguridad notoria con el texto-. En una búsqueda he encontrado que tal vez fuese Dorleta Urretabizkaia, que parece que alterna el rol con la actriz que anuncia el cartel, pero no lo puedo afirmar con seguridad…-. En cualquier caso, tratándose de una sustitución el que haya cierta distancia -siempre dentro de la honestidad, claro- hay que tomarlo como algo perfectamente comprensible.

Como digo, es complejo valorar este espectáculo. Porque como lo que finalmente es -una comedia en la línea de un Casona con ojos de hoy- funciona; pero sin embargo me quedo con la sensación de que no es lo que promete antes de entrar; y de que en el texto no se ha tratado la idea con el debido riesgo como para cuajar el producto notable que podía tenerse entre manos. De acuerdo que otro enfoque de este tema -sin renunciar a la comedia, porque la comedia no está reñida con la reflexión- tal vez hubiese podido levantar molestas ampollas en un sector del público y generar un polémico debate ¿pero acaso no está el teatro para eso? La puesta en escena y los intérpretes son perfectamente solventes, pero no puedo evitar tener la sensación de que el texto -teniendo mimbres para hacerlo- sencillamente nunca termina de despegar del todo. Y es una pena… Por cierto: eviten ver el trailer, porque reúne los mejores momentos del espectáculo, y la decepción seguramente será aún mayor.

H. A.

Nota: 2.25 / 5

Happy End”, una comedia de Vaivén Producciones a partir de un texto de Borja Ortiz de Gondra. Con: Ana Pimenta, Xabi Donosti y Dorleta Urretabizkaia. Dirección: Iñaki Rikarte. VAIVÉN PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía de Castro, 3 de Diciembre de 2016

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