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‘Mármol’, o entre tu deseo y el mío

noviembre 30, 2016

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Presenta el Centro Dramático Nacional dentro de su temporada una de las primeras producciones españolas de un texto de Marina Carr (Irlanda, 1964), una de las voces jóvenes más reseñables del panorama teatral actual. Autora prolífica y variopinta, capaz de explorar con igual acierto el absurdo -en Woman and Scarecrow– o la revisión de la tragedia griega -en By the Bog of Cats-; traza en MarbleMármol, la obra objeto de esta reseña- un complejo drama humano que explora el mundo de los deseos incumplidos, el subconsciente y el sueño como herramienta de liberación hacia la vida que se desea.

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Ben y Art son dos hombres en la primera madurez, amigos desde hace años y compañeros de trabajo, que tienen todo lo que se puede desear en la vida: un trabajo estable, una familia modelo y un sueldo de categoría. Dos triunfadores. Un día, Art le confiesa a Ben que ha tenido un sueño erótico con Catherine -la esposa de su amigo- en el que mantenían sexo salvaje en una habitación cubierta de mármol. En un principio Ben le resta importancia al asunto hasta que llega a su casa y descubre estupefacto que su esposa Catherine ha tenido exactamente el mismo sueño con Art. La rocambolesca anécdota se complica aún más cuando Catherine y Art continúan teniendo sueños eróticos de sexo salvaje el uno con el otro cada noche y durante semanas sin poder controlarlo. Mientras Art -felizmente casado con Anne- intenta tomarlo como algo meramente anecdótico, Catherine empieza a obsesionarse de forma enfermiza con estos sueños que constituyen para ella una verdadera vía de liberación, quién sabe si un escape hacia una ensoñación mejor que la realidad en la que vive. Así las cosas, esta situación amenaza con dinamitar no sólo el matrimonio entre Ben y Catherine -puesto que ella cada vez se evade más de la realidad, y sólo espera dormirse para soñar con Art…-, sino también la amistad entre Art y Ben; e incluso la estabilidad del matrimonio entre Art y Anne, una vez que Catherine decide dar un paso adelante en su lucha por hacer realidad ese sueño salvador para su existencia. De esta manera, lo que comienza siendo una comedia de salón enseguida deriva en algo más turbio, que escarba en la necesidad humana de materializar una fantasía para evadirse de una vida gris y monótona; y que se plantea cuál es el precio para tratar de alcanzar la posibilidad -que no la certeza- de la felicidad, en un entorno en el que realidad y sueño se confunden no sólo para el público, sino también para los propios personajes, que muchas veces no alcanzan a comprender en qué esfera están.

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A primera vista uno podría pensar que Mármol es una comedia de parejas sobre sexo; y sin embargo el sexo es sólo el punto de partida que emplea Marina Carr para hablar de cuestiones mucho más complejas. Mármol se ubica a medio camino entre la ensoñación de Realidad de Tom Stoppard y la metáfora del pasado de Viejos Tiempos de Harold Pinter -no en vano hay una referencia más o menos clara y muy oportuna en el texto a que una de las parejas asistirá a ver precisamente esta última obra-; e incluso del naturalismo de Cena con Amigos de Donald Margulies. Se inicia como una comedia ácida, pero acaba derivando casi en un thriller psicológico bastante simbólico que profundiza en la miseria de las relaciones humanas, y que a menudo vale más por lo que calla que por lo que dice: vemos a las dos parejas asomarse constantemente al abismo, intuimos su autodestrucción sin que podamos calibrar las consecuencias. Y, además, esa atmósfera en la que realidad y sueño se entrecruzan; hace que el público se entregue a una honda reflexión sobre la catarsis existencialista que atraviesan estos personajes, que tienen la felicidad al alcance de la mano aunque tengan que pagar un precio para tratar de alcanzarlo. A fin de cuentas, los sueños eróticos que precipitan la trama son solo una anécdota para ver cómo dos matrimonios se van al garete sin remedio: porque Anne se ha instalado en la comodidad del matrimonio con Art dejando la pasión en segundo plano; a la vez que Catherine está exhausta de la monotonía de su matrimonio con Ben… Pero ¿cómo alcanzar la felicidad desde una mera ensoñación que acaba ocupando el primer plano de la acción? Marina Carr acierta al plantear preguntas al espectador, y eludir aportar más respuestas que las que el propio espectador quiera plantearse; desde un lenguaje ácido, incisivo, de fuerte carga simbólica y metafórica -la habitación de mármol en la que Art y Catherine sueñan sus hipotéticos encuentros se compara en un momento con el mármol de las lápidas mortuorias- y que nunca renuncia a una fina y oscura ironía que mantiene la sonrisa en un público que asiste sin embargo a una caída al vacío de cuatro seres humanos que luchan contra sus propias insatisfacciones.

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Una de las mayores dificultades de este texto es sin duda encontrar el equilibrio en el tono entre la comedia que parece y el thriller oscuro que en esencia es. La puesta en escena de Antonio C. Guijosa se basa en una escenografía de corte neutro en varias alturas -firmada por Mónica Teijeiro-, para evocar los diferentes espacios en los que transcurre la acción. Es ágil e inteligente la forma de encadenar las escenas y los espacios -en continuidad-; aunque tal vez en los momentos de corte más decididamente oníricos se haya caído en soluciones demasiado obvias -cuarto montaje que veo este mes en el que caen cosas del cielo…-. Así y todo, el ritmo es óptimo y la progresión desde la comedia hasta ese estamento más oscuro que acaba por imponerse en la trama está bien dibujado. Así y todo, en un texto que es más de arrojar preguntas que de dar respuestas, intuyo que Guijosa sugiere un desenlace en el que cabe la luz mediante un guiño poético final. Personalmente, hubiese preferido un desenlace más neutro -que es lo que el texto mismo parece sugerir-, más acorde con el tono de la historia.

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Hay no obstante cierta distancia entre el enfoque de los cuatro actores -vi la segunda función en Madrid, y estoy seguro de que la cosa aún crecerá y se fijará-. En líneas generales, se puede decir que los dos hombres -el sólido Art de Pepe Viyuela, que dibuja muy bien el arco de un personaje que transita del hombre bonachón al que se ve acorralado sin comerlo ni beberlo, con una versatilidad y una humanidad que se agradecen mucho; y el rotundo Ben de ese actor siempre seguro que es José Luis Alcobendas, en un personaje que vale más por lo que traga y aguanta que por lo que expresa, aspecto bien dibujado por el actor, acaso algo titubeante con el texto en la función que presencié- actúan en un tono más naturalista que las dos mujeres, que tiran más por la vena de lo poético. De acuerdo que el personaje de Catherine se mueve en esa delgada línea entre cordura y locura, entre sueño y realidad, y esto dificulta encontrar el equilibrio; pero creo que el personaje funcionaría mejor desde un tono más frío y crudo que el del deje hasta cierto punto poético que Elena González -una actriz que siempre destaca- parece querer insuflarle; es sin duda una opción de enfoque y lectura del personaje, pero creo luciría mejor desde un punto más turbio y realista, sobre todo por una cuestión de equilibrio con respecto a los personajes masculinos: en su descargo hay que decir que mejora conforme avanza la representación. En fin, Susana Hernández saca adelante un rol ingrato, porque -a pesar de su importancia- es un mero retazo con respecto al resto hasta bien avanzada la trama. Hay una escena -capital- en la que ambas mujeres se confrontan; e insisto en que me quedo con la sensación de que la diferencia en el tono de ellas con respecto al de ellos es bastante notoria y tal vez debería equilibrarse. No me atrevo a pronunciarme sobre si esta diferencia se debe a alguna elección de dirección; porque es una cuestión compleja.

Con todo, hay que saludar la incorporación de Mármol como la llegada a España de una autora fundamental como es Marina Carr, y por un texto interesante, sugestivo e inteligente que plantea cuestiones interesantes, deudor claro de algunos grandes clásicos del teatro contemporáneo. La propuesta es honesta, aunque quizás aún podría redondearse en algunos aspectos -que, en muchos casos, seguramente llegarán con algo más de rodaje-.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

Mármol”, de Marina Carr. Con: Pepe Viyuela, Elena González, José Luis Alcobendas y Susana Hernández. Dirección: Antonio C. Guijosa. EL VODEVIL / IRIA PRODUCCIONES / SERENA PRODUCCIONES / CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 26 de Noviembre de 2016

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