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‘Las Princesas del Pacífico’, o siempre con una sonrisa

noviembre 23, 2016

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Después de una amplia estancia en diversos espacios de Madrid, por fin he podido ver Las Princesas del Pacífico, una pequeña pieza creada a tres bandas por José Troncoso, Alicia Rodríguez y Sara Romero a medio camino entre la comedia dramática, el esperpento y el teatro social; que aborda cuestiones espinosas bajo la falsa apariencia de la comedia de brocha gorda. La obra aborda las peripecias de dos personajes que pueden parecer arquetipos exagerados y deformados por el espejo del esperpento; pero que son, a fin de cuentas, una metáfora de la miseria humana de tantas y tantas personas. Así, Las Princesas del Pacífico es, claro, una comedia; pero tiene el acierto de hacer que no perdamos de vista ni el dolor de unos personajes que intentan salir a flote con una sonrisa aunque sean dos náufragas en vida y al mismo tiempo incidir en ese componente de miseria del que -como en las buenas comedias, construidas a partir de una tragedia- nos estamos riendo.

Agustina y Lidia, tía y sobrina, son dos mujeres que viven aisladas del resto del mundo en su casa, con la televisión como única ventana al exterior. Dos mujeres extrañas, como de otro planeta, ausentes del mundo en el que viven y por lo tanto felices a su manera. Dos mujeres, también, más solas que la una -sólo se tienen la una a la otra, y lo saben sin duda alguna: han activado un mecanismo de protección mutua que es de vital ayuda para su supervivencia en un mundo que las trata a patadas…-; aunque nunca terminemos de saber cómo han llegado a esto. Un buen día, en vísperas de Navidad, a estas dos estrambóticas mujeres -¿cómo no pensar observándolas, por ejemplo, en una versión cañí de las dos Marías de Santiago de Compostela, que por cierto este año también han encontrado voz en otra función como Voaxa e Carmín?- les toca un crucero en un concurso de la televisión… Así, Agustina y Lidia tendrán que salir a comerse el mundo; o a evitar que el mundo se las coma a ellas en un choque de trenes que hará que estas dos mujeres que vivían felices en su desconocimiento de la realidad tengan que darse cuenta de su propia miseria como una bofetada en la cara; y decidir qué van a hacer con sus vidas en este mundo que les es hostil por desconocido.

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A nivel textual, Las Princesas del Pacífico es un material complejo, no solo por estar escrito a tres bandas -con todo lo que ello conlleva-, sino por ese juego atrevido que plantea, presentando a dos personajes extremos, que bien podrían haber formado parte de un programa de sketches por todo su exceso; pero enfocados con toda su humanidad. Hay mucho humor en la función por lo esperpénticas que llegan a resultar estas dos mujeres; pero también hay mucho cariño en la escritura, mucho respeto hacia lo que nos están contando: entre risa y risa, entre carcajada y carcajada, los autores han conseguido que nunca perdamos de vista la tragedia que oculta la existencia de estas dos mujeres, a veces solo mediante pinceladas que sugieren más que confirman. La carcajada se vuelve entonces un tanto amarga, y creo que ese es uno de los grandes aciertos de una función sencilla en su planteamiento; pero que no se ha limitado a hacer una comedia absurda. Hay un trasfondo claro social claro -el de la lucha del diferente, el del camino del marginado y del outsider por salir a flote- y del alguna manera estas dos mujeres -alzadas, de alguna forma, como heroínas de lo común- acaban convirtiéndose en un reflejo de la doble moral de esa sociedad: en Lidia y Agustina vemos, a fin de cuentas, tanto la miseria que escondemos como la miseria que provocamos; siempre desde una comicidad que esconde no sólo mucho dolor, sino también un halo de misterio que por momentos sitúa esta historia en la línea de una comedia macabra.

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Por lo particular de los personajes que maneja esta función, existe un peligro que se ha salvado en el montaje. Lo fácil hubiese sido reducir a tía y sobrina a la mera astracanada; y sin embargo director y actrices han sabido localizar y matizar el lado más humano de estas dos protagonistas. Es esto lo que hace que nos encariñemos con estos personajes, que nunca pierden la sonrisa; estas mujeres que están dispuestas a comerse el mundo a pesar de la que se les está viniendo encima -que no es otro monstruo que la sociedad misma-. Alicia Rodríguez y Belén Ponce de León obran el milagro de clavar el tono de los personajes, enfrentándose a esta comedia dificilísima -porque si se hubiesen pasado de rosca el asunto pierde toda la gracia…- en el punto exacto de esperpento, pero subrayando el cariño por los personajes. Gracias a ellas -y a la dirección de José Troncoso, que intuyo que habrá tenido que trabajar hilando muy fino para evitar que el asunto se desparrame…- somos capaces de ver todo lo que hay detrás de esta comedia; que desata la carcajada constante por el tono costumbrista de los personajes, pero también dibuja mucha miseria bajo la comedia. El acierto de que todo esto funcione como lo hace intuyo que está en el respeto desde el que está tratada la caricatura -y en la facilidad cómica para hacer serio lo costumbrista que tienen ambas actrices, claro-.

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Es un teatro de personajes y de actrices; y por lo tanto todo en la puesta en escena queda supeditado al texto y al trabajo actoral. Intuyo que el escenario del Teatro Galileo es demasiado grande para la propuesta -que seguramente lucirá mejor en espacios más pequeños-. Hay que destacar, sin embargo, tanto el formidable trabajo de caracterización de los personajes -no aparece por ningún lado un nombre en los créditos…- como el buen juego que saca la iluminación de Juanan Morales a esta propuesta, con apenas un par de detalles que dibujan la comedia con trazos de misterio que por momentos se torna casi como un cuento de terror, tan propio del esperpento en el que se mueve la propuesta.

Una propuesta que triunfa y se mete al público en el bolsillo, porque se mueve en varios niveles de lectura perfectamente válidos; y sólo cada público deberá decidir hasta cuál quiere rascar: en Las Princesas del Pacífico hay una comedia esperpéntica que desatará la carcajada del gran público; pero también un gran drama social encubierto que, si nos atrevemos a meter la cabeza, nos permitirá ver la función en toda su extensión. Pero, por encima de todo, Las Princesas del Pacífico incluye un trabajo actoral de muchos quilates: seguramente esta sea una de las claves de que esta función -que lleva más de 100 representaciones a sus espaldas- se haya convertido en algo más que la comedia de brocha gorda que parece a simple vista.

H. A.

Nota: 4/5

Las Princesas del Pacífico”, creado por José Troncoso, Alicia Rodríguez y Sara Romero. Con: Alicia Rodríguez y Belén Ponce de León. Dirección: José Troncoso. LA ESTAMPIDA / PADAM TEATRO

Teatro Galileo, 13 de Noviembre de 2016

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