Skip to content

‘Tartufo’, o buscando el camino

noviembre 11, 2016

tartufo-cartel

Espectáculo en lengua gallega

Muchos años complicados arrastra ya el Centro Dramático Galego con constantes cambios de directiva en la última década y sin encontrar excesivamente el favor del público. También muchos años sin producir un espectáculo verdaderamente brillante, por unas cosas o por otras -diría que desde el 2007, cuando se estrenaron una estupenda versión de Noite de Reis de Shakespeare y A Piragua, de Cándido Pazó, seguramente el texto teatral en gallego más importante en lo que llevamos de siglo-. La reciente llegada a la dirección de la institución de una profesional brillante y con ideas renovadoras como es Fefa Noia -de cuyos montajes, ya sea para su compañía LosLunes o con el propio CDG ya he dado buena cuenta en este blog- suponía una bocanada de aire fresco que seguramente puso las expectativas en lo alto. El primer proyecto de su mandato además logró invitar a uno de los directores más importantes de España -Carles Alfaro, que ha dado un buen número de montajes memorables: citemos por ejemplo MacbethLadyMacbeth o El Arte de la Comedia, dos propuestas plagadas de hallazgos; o incluso Éramos Tres Hermanas y ¡Atchús!, particulares acercamientos a Chéjov impecables en lo estético- para poner en pie una producción de Tartufo de Molière. Casi nada. Con todos estos antecedentes -nadie negará que sobre el papel es un lujazo que Alfaro dirija para el CDG- es normal que las expectativas estuviesen en todo lo alto. Sumen además un elenco gallego en el que aparecen nombres de probada solvencia y se les hará la boca agua… y, sin embargo, se sale de ver la función con la sensación de que algo no ha terminado de despegar en conjunto, sin que ninguna de las partes falle especialmente, más allá del propio enfoque de lectura.

Suele ser importante a la hora de levantar un montaje decidir desde dónde se va a contar una historia y por qué contarla desde ese sitio y no desde otro. Tartufo es una obra que habla de un hombre que intenta manipular a otro para conseguir todo aquello que desea de él; es una obra con siglos a sus espaldas, pero perfectamente actual en su temática. Ante este panorama, la primera decisión que habría que tomar es la de si hacer una recreación histórica de época o traernos la obra a nuestros días -ambas son perfectamente válidas-. Alfaro -lo sabemos por los sones del charleston y por el vestuario de Diego Valeiras- sitúa su lectura de Tartufo en los años 20 del pasado siglo; pero no hay una razón poderosa que indique por qué ahí y no en otro tiempo o en otro lugar: quiero decir, siento que esta ubicación concreta no aporta nada reseñable a la obra -podríamos pensar que se busca recrear una etapa de especial decadencia para hacer paralelas el ascenso de Tartufo y la caída en picado de Orgón; pero esto también se podría haber encontrado ese paralelismo en la crisis económica española de la actualidad, por poner un ejemplo-. Pero puestos a situarla ahí, en los años 20, lo que resulta evidente es que habría que hacer modificaciones en el original para que la idea funcionase: en la traducción -se habla de traducción, no de versión; y como mínimo hay una modificación importante del desenlace…- se ha mantenido por ejemplo el tratamiento de cortesía entre los personajes -mantener el ‘voseo’ con bastante frecuencia entre personajes que son familia en plenos años 20 no parece una opción demasiado acertada-, que tendría coherencia en el original, pero no tiene mucho sentido en los años 20. Además, se ha modificado el sexo de algunos personajes -Damis pasa a ser la hija de Orgón; de la misma manera que Cleanto es ahora CleantA, cuñada de Orgón- sin que se sepa muy bien ni el motivo ni qué aportan estos cambios a la historia -si la decisión corresponde a una cuestión de casting, no sería la primera vez que mujeres asumen roles masculinos sin que ocurra nada…-. Así las cosas, Alfaro no termina de encontrar ni el tono de la comedia -¿dificultades con el idioma? ¿falta de comunicación con el equipo? ¿quién sabe?- ni el espectáculo se redondea; y las dos horas de duración acaban resultando excesivas. Hay sin embargo un hallazgo en la reescritura del final, que simplifica las cosas y arroja una nueva conclusión; pero esto no tiene una correspondencia con todo lo anterior.

tartufo1

En resumen: a Alfaro le ha quedado una comedia digamos de brocha gorda, fácil, más cercana a la farsa que a la sátira; de esas que buscan la risotada fácil a base de extremar los temperamentos de los personajes -en este sentido el enfoque de Tartufo, rozando lo paródico, es muy discutible- que conectará con un sector del público, pero a la que le falta profundizar en la obra -falta enfatizar por ejemplo toda la crítica social que hay presente en la obra por la que este montaje pasa de puntillas-; y la mano maestra de un director que ya ha demostrado otras veces que hace las cosas muy bien. La sensación es que este montaje está pensado para salir del paso, quién sabe si montado con prisa excesiva; y quizá sea ese uno de los principales motivos de que la cosa no termine de despegar. Ante este panorama -y con la mano de un maestro como Alfaro al mando- cabe volver a hacerse preguntas sin respuesta para entender qué ha pasado aquí: ¿falta de implicación? ¿falta de entendimiento? Sea como sea, hay algo que no marcha bien -y esto con Carles Alfaro es casi una rareza, más aún cuando los mimbres son buenos, como sucede aquí-. Hay incluso otra opción posible pero improbable: que el texto de Molière haya envejecido mal como herramienta cómica: habrá fácil ocasión de comprobarlo, porque casualmente -y rara vez ocurren estas cosas- se estrena otro montaje de esta misma obra en Madrid la semana que viene -dirige José Gómez Friha y protagoniza Rubén Ochandiano-, que -a juzgar por la cartelería- va a abordar la pieza desde otro ángulo bien distinto.

tartufo3

El reparto -con algunos nombres verdaderamente excelentes- hace lo que puede, y da la sensación de que la dirección no ha terminado de profundizar en los personajes. Alejandro Saá defiende como un jabato la peligrosa caricatura que ha hecho de Tartufo este montaje -y el asunto no está nada fácil…-; y ese excelente actor que es César Cambeiro quizás no termine de encontrar el tono justo desde el que enfocar su Orgón, entre la compasión y el patetismo -pero habría que decidirse por una de ambas-. El resto se divide entre errores de casting difícilmente comprensibles -sencillamente porque no terminan de ajustarse a los perfiles de los personajes: resulta difícil visualizar a Mariana y Elmira en Marta Lado y Antela Cid, respectivamente, pero más por una cuestión de casting que por la calidad misma de las actrices-; actrices peleando con cambios de sexo que no aportan nada y desdibujan a los personajes -sale mejor parada Patricia Torres, que tiene mucha energía a pesar de que tardé en comprender si hacía de hombre o era un cambio de sexo; que Mónica García que, pese a que suele estar estupenda, esta vez no consigue descollar en la cuñada, tal vez porque convertir al cuñado y consejero de Orgón en mujer es una decisión que se sostiene con dificultad…-; actores que sacan adelante partes muy breves -sin mácula Roberto Leal y Xan Forneas en lo poco que tienen que hacer- y las excepciones a la regla. Porque no me pregunten cómo se las arreglan, pero Casilda Alfaro -en la Señora Pernela- y sobre todo Rebeca Montero -una Dorina espectacular, ciertamente- consiguen destacar por libre por cómo sirven los personajes: no dejan pasar ni una y están en el punto justo; resulta casi increíble la confianza que tiene Montero en el asunto y cómo la mayoría del elenco se contagia de esa energía suya cuando comparte escenario con ella; si ha conseguido destacar aquí -intuyo que sin apenas dirección- ya la creo capaz de cualquier cosa. Con todo -y hay que volver a reseñarlo- creo que todos estos altibajos responden a una cuestión de dirección.

tartufo4.jpg

Y en el fondo la sensación es la de que una dirección demasiado esquemática a muchos niveles no ha terminado de echar a volar un espectáculo que sobre el papel tenía todos los ingredientes para hacerlo. Falta aliento cómico, definición en la idea y los personajes y -sobre todo- la función se hace larga sin serlo especialmente -y estas cosas, si siempre son imperdonables, lo son mucho más en comedia-… Cuesta decir esto, pero por la razón que sea aquí Alfaro no ha acertado y contagia un poco a todos. La intención era buena, y hay que confiar en que Fefa Noia sepa trazar en próximas propuestas el camino firme que el CDG pide a gritos: sabiendo de su valía, no me cabe duda de que lo hará. Es todo cuestión de tiempo.

H. A.

Nota: 2 / 5

Tartufo”, de Molière. Con: Alejandro Saá, César Cambeiro, Antela Cid, Rebeca Montero, Marta Lado, Patricia Torres, Casilda Alfaro, Mónica García, Xan Fórneas y Roberto Leal. Dirección: Carles Alfaro. CENTRO DRAMÁTICO GALEGO

Teatro Rosalía Castro, 31 de Octubre de 2016

Anuncios
4 comentarios leave one →
  1. Luis permalink
    diciembre 3, 2016 22:25

    Esquemática? Moderna? Dos horas de artificiosa impostura en la que solo el papel e la criada disimula el fracaso.

    • diciembre 3, 2016 22:28

      Gracias por comentar y leerme. Por si quieres estar atento, en un par de días sale la reseña de OTRA versión de Tartufo que se está representando en Madrid y que coincide en fechas con esta. Saludos.

Trackbacks

  1. ‘La Vida es Sueño [vv.105-106]]’, o medias tintas | BUTACA EN ANFITEATRO
  2. ‘Tartufo’, o una cuestión de equilibrios | BUTACA EN ANFITEATRO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: