Skip to content

‘Los Caminos de Federico’, o recordar y recuperar

octubre 19, 2016

federicocartel.jpg

Muchos son los espectáculos en torno a la figura y a la obra de Federico García Lorca que se han presentado en Madrid a lo largo de 2016. En esta nueva producción de Los Caminos de Federico, se recupera un espectáculo que parte de una dramaturgia de Lluis Pasqual sobre poemas, textos dramáticos y discursos de la obra del poeta andaluz. Un espectáculo que -interpretado por el inolvidable actor argentino Alfredo Alcón- se vio en el María Guerrero allá por 1988. Ahora es la también argentina Flor Saraví la encargada de volver a poner de manifiesto la fuerza de la palabra de Federico, en un espectáculo creado y pensado a mayor gloria de acercar esa palabra al público.

Teniendo en cuenta el antecedente, no debe ser fácil la decisión de repescar un espectáculo que una parte del público ha podido ver con un actor tan carismático como Alcón; y por eso hay que calificar como mínimo de valiente la decisión de enfrentarse a ese recuerdo. Para los que no pudimos ver la primera versión, sin embargo; Los Caminos de Federico aparece como una recuperación necesaria para volver a poner de manifiesto lo que ya se sabía: la fuerza intrínseca de la palabra de Federico. E incluso quiero pensar que los que hayan admirado el arte de Alfredo Alcón sabrá reconocer en este nuevo acercamiento al espectáculo el estupendo trabajo que es.

federico1

Una actriz y un escritorio como únicos elementos para crear un espectáculo que se plantea como una confesión íntima de la actriz con el público, casi a modo de conferencia dramatizada como punto de partida; pero que sin embargo está formado únicamente por textos de Federico, ensamblados en cinco bloques -separados por un tañido-, durante los cuales se transita por toda la obra del poeta andaluz. Caben aquí fragmentos de Poeta en Nueva York, Romancero Gitano, Doña Rosita la Soltera, La Zapatera Prodigiosa, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías o incluso las Canciones Populares Españolas lorquianas; en una propuesta escénica que se basa como digo en la fuerza del texto y en la fuerza de la actriz, pero que tampoco renuncia a imprimir un curioso ritmo narrativo al conjunto. El escritorio que preside el espacio -elemento escénico de Mili Paredes y Leo Torful- esconde multitud de utilidades, en un espectáculo que termina teniendo espacio para técnicas como el retablo o el simbolismo, y que termina yendo mucho más allá de una mera lectura dramatizada de fragmentos de poesía lorquiana. Los Caminos de Federico es un espectáculo total, un tour de force que emplea a la actriz -casi transmutada en el alma de Federico- como hilo transmisor de sus textos al público; y un espectáculo capaz de explorar lo teatral de lo poético a través de muy pocos elementos.

Si hay una idea con la que uno sale de ver Los Caminos de Federico es sin duda la de la fuerza expresiva de la literatura lorquiana; esa palabra que todos conocemos, pero que siempre conviene recordar y recuperar -de la misma manera que se ha recuperado esta propuesta-. La palabra es tan poderosa que no se necesita nada más, y Samuel Blanco lo tiene claro, y por eso no sobrecarga la propuesta escénica, a pesar de salpicarla de pequeños detalles que favorecen el juego teatral y están puestos al servicio de la poesía. Ha impreso al todo un ritmo casi coreográfico -acierto-, que potencia mediante el movimiento la musicalidad de los textos mismos. Por otro lado, se vale del escritorio como principal elemento escénico para el juego. El escritorio encierra un sinfín de sorpresas insospechadas -una y otra no tienen nada que ver, pero viendo este espectáculo no pude evitar recordar el secreter de Ildebrando Biribó: El Último Cyrano-: el uso del escritorio como retablo en el “Romance de la Guardia Civil”, por ejemplo, es una belleza; como es un acierto el uso del cajón flamenco como elemento expresivo más allá de su mera musicalidad. Blanco sabe que cuenta con unos textos potentes y con una actriz expresiva, y ha entendido bien que cualquier añadido superfluo podría sobrar y empañar el resultado. Hay alguna sugerencia que podría revisarse -sobre todo en espacios más amplios que así lo permitiesen, cosa que no es el caso de este-: de haber mayor profundidad en el espacio -aquí no la hay-, algunos juegos quedarán más conseguidos; y se podría jugar más con la iluminación. Sin embargo, este espacio -la sala es pequeña y básica- no se presta a demasiados juegos. Creo además que pausar más algunas transiciones entre los textos -en ocasiones un poco encabalgados en exceso- ayudaría decisivamente al ritmo de la propuesta.

federico2

Vestida de blanco puro, Flor Saraví se entrega a fondo a la tarea de transmitir el mensaje de Federico. Encuentra el equilibrio idóneo entre la fuerza expresiva -se nota, y se agradece, la escuela argentina- y el cuidado por mantener siempre el sentido de la palabra. Trabaja siempre desde una emoción intensa y sincera; siempre orgánica pero siempre equilibrada y más preocupada por dotar a los poemas y monólogos de aliento dramático que por la métrica. En otras palabras: Saraví entiende cada texto como una pequeña obra de teatro en la que se deja la piel; y en su implicación dramática emocionada está una de las claves del trabajo de una actriz que sabe medirse además bien con el público en las distancias cortas. Su Lorca está despojado de cualquier lugar común en torno a la manera de decir la poética del autor -dicho más claro, olviden cualquier posible deje andalucista…- y es más teatral que meramente poético: este enfoque podrá alejar emocionalmente a los espectadores más puristas; pero en mi opinión engrandece no sólo la teatralidad implícita en la poesía de Federico, sino también la fuerza teatral del espectáculo en sí mismo. Su monólogo final de Doña Rosita la Soltera está para enmarcar, en el punto justo de sincera emoción; tanto que me hace desear ver a Saraví en el rol completo -¿cuántos años hace que no se programa en Madrid una gran producción de esta obra?- El de Saraví es un trabajo honesto, cercano y sincero; que -como todo en este espectáculo- está humildemente puesto al servicio de Federico.

federico3.jpg

Como decía al principio de esta reseña, se ha visto mucho teatro de García Lorca o inspirado en García Lorca en 2016 en Madrid -ahí están El Público, Así que Pasen Cinco Años, incluso La Piedra Oscura o el Leyendo Lorca que en pocos días presentará el Festival de Otoño a Primavera-; pero pocos tan auténticamente lorquianos como Los Caminos de Federico. Un espectáculo que mejorará en espacios más agradecidos, y al que se le podrá pulir algún detalle; pero que resulta imprescindible para los que admiramos la poesía de Federico. Una poesía brillante, expresiva y poderosa que nunca está de más recordar y recuperar; y este espectáculo -que también es una recuperación que llama a otro recuerdo- es una excusa perfecta para ello. Además, el particular horario en que se presenta -domingos a mediodía- reduce mucho la siempre dura competencia de la cartelera madrileña: una opción más para fijar la vista en este espectáculo.

H. A.

Nota: 4/5

Los Caminos de Federico”. Dramaturgia de Lluis Pasqual sobre textos de Federico García Lorca. Con: Flor Saraví. Dirección: Samuel Blanco.

El Umbral de la Primavera, 9 de Octubre de 2016

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: