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‘Perra Vida’, o el novio de la muerte

septiembre 20, 2016

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Después de una corta pero exitosísima vida en gira -con una pequeña parada veraniega en Madrid- aterrizó finalmente para hacer temporada en el Ambigú del Pavón Kamikaze Perra Vida, el último texto de Jose Padilla que se apoya en una novela ejemplar de Miguel de Cervantes –El Casamiento Engañoso– para crear algo que más que una versión libre o una reescritura es una obra con vida propia que parte de la anécdota de la novela ejemplar de Cervantes para ir por derroteros más o menos distintos.

Un tugurio de alguna carretera secundaria en la actualidad. Peralta, un correcaminos contemporáneo de ocupación poco clara y que conoce como la palma de su mano todos los antros de perdición habidos y por haber, se encuentra con Campuzano, un antiguo compañero de la legión. Pero le cuesta reconocerlo: Campuzano se ha convertido en un despojo, un mendigo que no tiene dónde caerse muerto, que duerme a la puerta del garito cada noche y que sostiene que puede entender el lenguaje de los perros. Ante tal panorama, Peralta se apiada de su amigo -que rechaza en un principio su caridad- y le pide que le cuente cómo acabó en ese estado lamentable. Paralelamente, unos años atrás, Lorenzo -joven propietario de ese garito de carretera- contrata a Estefanía como camarera. Automáticamente, Lorenzo pierde la cabeza por la joven, que aparentemente opone resistencia porque no le parece decoroso tener una relación con su jefe… aunque parece que finalmente el amor se impone por las dos partes. Pero las cosas no son tan de color de rosa, y Lorenzo se verá envuelto en una maraña incontrolable, de esas en las que el ojo por ojo está al orden del día: una de esas historias en las que todos pierden y las fronteras entre víctimas y verdugos están bastante difusas. Como ya adivinarán, ambas historias están directamente relacionadas. El viento silba, los perros ladran y el Himno de la Legión resuena como un eco en las cabezas de los personajes, en un espacio en el que nada invita a quedarse y donde sucede la tragedia.

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Como comentaba más arriba, creo que Jose Padilla ha escrito algo que tiene vida propia más allá del Casamiento Engañoso cervantino; y acierta de pleno al traer a la actualidad un conflicto de entonces que se entiende y encaja perfectamente en la actualidad -amor, traición, venganza, honor…-. Además, el hecho de desplazar la acción a un lugar tan sórdido como un bareto de carretera de dudosa reputación ayuda a acentuar la bajeza de los personajes, y su necesidad de apostarlo todo a una sola carta para salir adelante en un entorno hostil. Por otra parte, el hecho de reconvertir a Peralta y Campuzano en legionarios retirados es una inteligente idea para buscar un paralelismo a la hora de encontrar personajes que tengan el sentido del honor ‘desmedido’ como algo fundamental en sus vidas -y los ecos del Novio de la Muerte no dejan indiferente a nadie…-. Los diálogos -como siempre con Padilla- fluyen cercanos, directos y naturales -cosa que deja gran parte del trabajo hecho de antemano en este tipo de funciones-; y si bien la relación entre ambas historias se ve venir de inmediato, la trama se sigue con incuestionable interés; y la adaptación es inteligente. Las transiciones temporales -resueltas casi siempre dentro de una misma escena- resultan a veces algo bruscas; y, sobre todo, siento que son muchas para lo que se tiene que contar.

Esta función se ha representado en diversos escenarios; pero el hecho de que ahora llegue al ambigú del Teatro Pavón Kamikaze -que viene a ser un bar, con su barra y todo- ayuda decisivamente a que entendamos que estamos en un bar -no en vano los personajes entran a la barra en un par de ocasiones, muy oportunamente-: pocas veces un espacio no convencional como este habrá ayudado tanto a crear un ambiente. En un espacio diminuto pero muy bien aprovechado, la escenografía de Eduardo Moreno -suelo de serrín, una mesa y un par de sillas- es un acierto para crear un ambiente. Las luces de Pau Fullana, sin embargo, todavía deben adaptarse a este nuevo espacio -no olvidemos que se ha representado en disposiciones muy diversas- porque -al menos desde mi posición- llegan a cegar perjudicando la visión en un par de momentos: pero esto seguramente sea una cuestión más del espacio que del diseño de luces en sí mismo. En su puesta en escena -recurso inteligente- Padilla no renuncia ni a usar sin miedo todo el espacio del que dispone -llegando a confrontar directamente a los actores con el público si es necesario- ni a imprimir al relato un ritmo veloz y enérgico, casi cinematográfico, que ayuda decisivamente a la trama.

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Pero no nos engañemos: esta es una función de texto y de actores; y si decíamos que el texto era fresco, lo cierto es que el cuarteto actoral ofrece unas interpretaciones de altísimo voltaje a apenas un palmo del espectador. Ya hace aproximadamente un año Samuel Viyuela me llamó poderosamente la atención en una función que no era redonda. Esta vez, en un entorno mucho más favorable, Viyuela se confirma como un actor a seguir muy de cerca. En su Lorenzo hay a partes iguales la distancia inicial del hombre ante la desconocida, la torpeza del joven enamorado que no sabe cómo acercarse a la loba -aquí, y es un elogio, aparece claramente la figura maestra de su padre a la hora de colocar algunos gags-, la sinceridad del que imagina un futuro en común y la rabia del hombre traicionado. En Samuel Viyuela todo está presente, todo en su justa medida y todo expresado con intensidad: hay un actor entregado y versátil. Los legionarios de Diego Toucedo -al que se le concede un hermoso momento perruno que el actor resuelve con toda convicción- y Nerea Moreno también lo clavan: si alguien -como yo en un primer momento tiene reticencias a la hora de dar un papel como el de Peralta a una mujer, sólo esperen a ver la rotundidad salvaje con la que expone su último monólogo -el de “no tienes cojones de hacer lo que hay que hacer”- y verán cómo se les pasan las reticencias: rotunda; resuelven además muy bien los dos secundarios que les tocan en suerte. En fin, Elisabet Altube sabe darle también a su femme fatale la pertinente humanidad, que nos deja claro que tal vez sea una mujer presionada y utilizada para hacer lo que hace; sin quedarse en el prototipo de la chica guapa.

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En fin, una función muy disfrutable, que acierta de pleno al ir más allá de una mera relectura de Cervantes para tener vida propia por sí misma. Podrá haber alguna cuestión que revisar en la puesta en escena, pero seguramente sea debido al nuevo espacio; espacio -el ambigú del teatro- que por cierto resulta acogedor y muy agradecido para funciones de cercanía.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

Perra Vida”, de José Padilla a partir de “El Casamiento Engañoso” de Miguel de Cervantes. Con: Samuel Viyuela, Elisabet Altube, Nerea Moreno y Diego Toucedo. Dirección: Jose Padilla. ÁNGEL VERDE PRODUCCIONES.

El Pavón Teatro Kamikaze (Ambigú), 16 de Septiembre de 2016

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2 comentarios leave one →
  1. septiembre 21, 2016 11:21

    Da gusto concordar contigo. Que ben escribe Padilla! Eu saín con ganas volver ler a Cervantes.

    • septiembre 21, 2016 14:45

      Fuches o xoves verdade? Estaba eu na outra sala, vendo IDIOTA. Mágoa non ter coincidido, tería todo o gusto en saudarte! 😉 Unha aperta, grazas por lerme e comentar! H.

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