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‘Idiota’, o nos miran

septiembre 16, 2016

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“Un hombre tarda una hora en cavar un agujero y dos hombres tardan dos horas en cavar dos agujeros. ¿Cuánto tardará un hombre en cavar medio agujero?” (Idiota, Jordi Casanovas)

Prácticamente desde su aparición, Kamikaze Producciones está revolucionando el teatro español. Primero con sus montajes -prácticamente un pelotazo detrás de otro-, y ahora al tomar las riendas del Teatro Pavón -antigua sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico mientras el Teatro de la Comedia permaneció en reformas- para convertirlo no sólo en un teatro de repertorio a la manera de los teatros alemanes -porque durante esta primera temporada volverán éxitos de la casa como La Función por Hacer, La Clausura del Amor, Juicio a una Zorra o Hamlet-, sino también en un teatro que da cabida a la novedad; y que sobre todo parece apostar -¡qué necesario!- por los autores españoles contemporáneos. Para su apertura estrenan Idiota, un texto de Jordi Casanovas; pero en estos mismos días desfilarán por sus dos salas propuestas de nombres como Jose Padilla o Ignasi Vidal. Todo ello debe verse como una verdadera declaración de intenciones, que insufla una nueva vida al teatro madrileño. Un teatro con propuestas de calidad, un teatro de gente de teatro, un teatro cercano y un teatro donde se respira ambiente de teatro: todo esto puede parecer una obviedad, pero todos sabemos que no es lo más frecuente.

Idiota de Jordi Casanovas es un texto para dos personajes que lleva indudablemente el sello de su autor. Como sucedía en la sorprendente Un Hombre con Gafas de Pasta, con Idiota Casanovas construye un relato que comienza siendo una comdedia ácida, casi una sátira; pero que enseguida se mueve hacia el thriller psicológico más inquietante. Es importante reírse, claro; pero aún lo es más saber de qué nos reímos; y puede que ahí resida una de las claves de este texto, que esconde más de un par de sorpresas.

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Carlos Varela es un ciudadano medio que, al verse ahogado por la crisis -el karaoke que regenta no va bien, y está en peligro de perder su casa- ha aceptado prestarse a un extraño experimento con una empresa no sabemos muy bien de qué índole a cambio de una importante suma de dinero que podría solucionar todos sus problemas. Ha firmado un contrato con la empresa, pero por supuesto no se lo ha leído… Aparentemente nada fuera de lo común: Varela deberá contestar a una serie de preguntas de test de inteligencia que la Dra. Edel le irá formulando en una habitación aséptica y cerrada a cal y canto. El “sujeto de estudio” -como es denominado por la Doctora-, no parece tener muchas luces y falla los primeros acertijos sin romperse demasiado la sesera; la verdad es que a él tampoco le importa mucho, porque sólo tiene que acabar la prueba y llevarse el dinero… Pero pronto verá que las cosas no son tan fáciles como parecían: fallar tiene un precio -y no precisamente económico…-, no puede abandonar la prueba por contrato y se verá envuelto en una extraña tela de araña morbosa que pondrá su dignidad contra las cuerdas: su inteligencia es ya casi lo de menos; ahora se trata de salvarse de algo que no sabe si es una pesadilla o una broma macabra.

No se puede contar mucho más de lo que encierra Idiota para no destripar la sorpresa; pero podemos decir que Jordi Casanovas construye un juego macabro que introduce al espectador a través de la carcajada que provoca ese personaje a medio camino entre el necio y el ignorante; para pronto tensar las cuerdas hacia algo que es otra cosa… aunque no sabemos bien hasta dónde puede llegar. El crescendo progresivo tiene un interés incuestionable, y atrapa; y casi diría que cualquier opción sobre qué está ocurriendo realmente que pueda generarse en la mente del espectador -¿es todo esto una broma? ¿una alucinación? ¿tal vez una distopía?- se ve ampliamente superada por una realidad inteligente, brusca y rotunda que termina por imponerse: porque a veces la realidad es mucho peor que cualquier cosa que podamos imaginarnos. Casanovas ya había demostrado antes que se las sabe todas en la construcción del thriller, y esta no es la excepción: si el retrato del personaje principal -que a fin de cuentas termina por ser casi el retrato de una sociedad; no en vano reivindica en un momento su derecho a ser y decidir ser idiota- es de una complejidad que se convierte casi en un verdadero ejercicio de virtuosismo; no lo es menos el rol hermético de esa doctora que parece que es quien mantiene el control de la situación, pero que en cualquier momento podría volverse vulnerable.

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Entre toda la montaña rusa que supone esta función, quizás lo más duro sea la reflexión que uno se lleva a su casa al conocer el desenlace. Rotundo, contundente -y por eso seguramente inesperado-; quizá también algo difícil de encajar como ‘real’; pero que deja muchas preguntas interesantes en el aire para mascar después de la función. A fin de cuentas, Casanovas habla desde el thriller de individuos, de nuestro derecho a pensar libremente, a ser individuos libres y no dejarnos manipular… o tal vez de todo lo contrario a eso, de qué ocurre cuando nos sentimos controlados y observados sin poder dominarlo; en una fábula que perfectamente admite una doble lectura. Como se dice en las notas al programa -aportando una de las claves de la función-: ¿somos realmente libres?

No es una función sencilla, porque hay que saber calibrar la tensión progresiva que es la base de su estructura. Y la presente producción no ha escatimado en medios para dar en la diana. Israel Elejalde -que esta vez dirige- se vale de una escenografía francamente atractiva -de Eduardo Moreno- y una iluminación que subraya muy bien la posible (ir)realidad del relato -Juanjo Llorens-; pero tiene claro que esta es una función de actores y ha construido toda la tensión a través de los dos intérpretes: así, los tonos fríos de la escenografía contrastan vivamente con la elevada temperatura dramática que se alcanza en el escenario en el combate cuerpo a cuerpo que libran ambos actores. Un combate que Elejalde ha sabido cocinar a fuego lento, sin prisa pero sin pausa; pero sin caer nunca en exhibicionismos baratos. Puede que acaso me sobren los títulos de crédito iniciales -una opción que nunca me ha convencido y que, sin embargo, cada vez es más frecuente encontrar en teatro-; pero por el resto creo que ha sido un acierto confiar en el trabajo de los actores como peso principal para mantener la casa –por más que venga con un buen envoltorio, como es el caso-.

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Y es que lo que hacen Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert es de altos vuelos. Creo que Gonzalo de Castro está en un momento de su carrera especialmente dulce, encadenando personajes que son todo lo contrario a cualquier imagen preconcebida que pudiésemos tener de él. El viaje que realiza aquí desde el patán payasesco del que nos reímos hasta el hombre en una lucha encarnizada por salvar su dignidad está lleno de matices; y revela sobre todo a un grandísimo actor dramático: el papel -por poliédico- tiene todas las dificultades imaginables; y todas están salvadas con habilidad… y eso que el reto no era fácil. Y uno puede pensar que ese todoterreno que es Elisabet Gelabert tiene un personaje menos agradecido -porque la doctora ha de permanecer en un plano mucho más seco y hermético- pero nada más lejos de la realidad; primero porque es ahí, en esa frialdad hermética -que no sabemos si esconde algo- donde reside la máxima dificultad del reto que la actriz salva de manera admirable, y después porque aquí nada es lo que parece: dejen avanzar un poco la función y verán cómo saltan chispas entre ambos y cómo el texto deja por  fin que Gelabert muestre la actriz de raza que es. Dos actores excelentes en un cuerpo a cuerpo que mantiene la tensión durante toda la función.

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Hay que calificar pues esta función como un éxito: por suponer el arranque con buen pie de un proyecto ilusionante para los que amamos el teatro, por el interés del texto -incluso a pesar de que el desenlace pueda llegar a poner nuestra credibilidad en los límites…- y por un montaje que roza lo impecable. Una gran noche de teatro, seguro que la primera de muchas que vendrán en el Pavón Teatro Kamikaze.

H. A.

Nota: 4/5

Idiota”, de Jordi Casanovas. Con: Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert. Dirección: Israel Elejalde. BUXMAN PRODUCCIONES / KAMIKAZE PRODUCCIONES / HAUSE & RICHMAN STAGE PRODUCCIONES.

El Pavón Teatro Kamikaze, 15 de Septiembre de 2016

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2 comentarios leave one →
  1. septiembre 19, 2016 11:42

    Muy de acuerdo contigo. Magnífico texto, dirección, escenografía e interpretaciones. Y lo mejor, esa cara de “idiota” que se nos queda cuando salimos de ver la obra…

Trackbacks

  1. ‘Idiota?, o nos miran ‹ Kamikaze Producciones

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