Skip to content

‘La Gaviota’, o de la energía y el margen de error

julio 26, 2016

g1

Espectáculo en lituano

Cuando en Octubre de 2015 esta Gaviota que dirige Oskaras Korsunovas se presentó en el festival Una Mirada al Mundo del Centro Dramático Nacional en Madrid se encendió la polémica debido a problemas técnicos de sonido que obligaron a detener la representación. No la pude ver entonces, pero ahora la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia ha recuperado este espectáculo del Teatro Municipal de Vilna. Curiosamente esta vez no hubo de detenerse la función; pero hay que reconocer que ocurrieron algunas -muchas- cosas inesperadas, en una representación marcada por una lectura que rebosa energía por los poros y que se saldó con un éxito importantísimo de público. Pero pasaron cosas ‘fuera de guion’, y surge entonces mi primera gran duda ¿hay alguna representación de esta Gaviota en la que no ocurra algo que haga saltar los pilotos automáticos?

g2.jpg

La Gaviota es uno de los textos más representados de la historia del teatro universal. Creo que no hay temporada en la que no vea una versión de la obra, y he visto acercamientos de todas clases: desde clásicos -que sitúan la obra en el seno de esa burguesía decadente y decimonónica que planteaba Chéjov- hasta plenamente contemporáneos -que optan por universalizar el conflicto y extremar los sentimientos de los personajes-. Pocas cosas nuevas se pueden hacer ya con La Gaviota que no se hayan visto anteriormente. Además, los dos grandes ejes que articulan la trama argumental -el de las pasiones no correspondidas de todos los personajes hacia otros, como un círculo vicioso por una parte; y la lucha entre la literatura clásica de Trigorin y las nuevas formas que busca Treplev por otra- hacen que a menudo haya que tomar decisiones para equilibrar el que será el núcleo central de la pieza. Quizá sea esta decisión la que más vaya influir en la idea de un montaje; pero, en cualquier caso, apoyarse en los presupuestos estéticos de ‘lo que buscaba Chéjov’ es algo que ya está perfectamente superado: defender que algo es ‘muy chéjoviano’ o ‘poco chéjoviano’ carece de toda importancia; porque Chéjov -tanto en La Gaviota como en otras obras- habla de afectos y sentimientos totalmente extrapolables y universales.

g6

Oskaras Korsunovas -en una producción que nace en 2014 a modo de laboratorio- sitúa a los personajes en un espacio atemporal, diáfano y cerrado; observando la acción sentados en sillas laterales, observando la acción en aquellas escenas en las que no aparecen, y reaccionando activamente a estas escenas: esto es, los personajes no sólo esperan su turno, sino que son parte activa -aunque sea indirectamente- en toda la representación. En el centro, con apenas unos pocos elementos dispuestos a modo de escenografía, la acción transcurre con una intensidad creciente, a veces casi desaforada. Encontrar un elenco de diez actores que trabaje en estos niveles de verdad casi excesiva -piensen, por ejemplo, en un montaje de Daniel Veronese, multipliquen esa energía por 20 y tendrán la energía que se desprende aquí- es indudablemente atractivo al menos a primera vista. Todo en este montaje desprende una energía contagiosa y arrolladora; y el montaje tiene algunas ideas interesantes: la obra de Treplev -planteada como un ejercicio de posdrama- queda visualmente atractiva, y ayuda a entender la perplejidad que causan esas ‘nuevas formas’ en el resto de los personajes; Treplev dispara a una gaviota de papel ante Nina en la escena troncal de la función -recordemos que habitualmente Treplev se presenta ante Nina con la gaviota ya muerta-; de la misma manera que la pataleta de Arkadina para evitar perder a Trigorin está instalada en unos modos teatrales impostados, muy de primera actriz y muy propios por tanto a la naturaleza del personaje. También el hecho de que los personajes rompan la cuarta pared varias veces para dirigirse directamente al público a modo de confidente puede tener un valor dramatúrgicamente interesante, por más que no sea la primera vez que veo tal opción en esta obra.

g3

Ahora bien. Por un lado, no hay prácticamente nada en la Gaviota de Korsunovas que no haya visto antes en otras Gaviotas -la disposición de los personajes en sillas, o el dirigirse al público ya estaban, por ejemplo, en la versión de Adan Black en su escuela, el pasado año en Madrid-; y, por otro, siento que Korsunovas pone toda esta energía del montaje sobre el escenario, a flor de piel, con el corazón en la boca… pero sin dirigirla a ningún lugar concreto, sin ningún fin. Pierde Korsunovas hermosas oportunidades de subrayar especialmente las relaciones emocionales entre los personajes -y es que todo está siempre tan arriba, incluso en los momentos de mayor intimidad…-, de la misma manera que el montaje va más dirigido al conjunto que al detalle: no es fácil que los actores mantengan esa energía durante las tres horas del espectáculo; pero algún momento de relax, de contención, de calma, hubiera venido bien tanto a un espectador que puede terminar saturado como a una obra cuyas intenciones a veces quedan apenas subrayadas, en favor de un diseño de personajes sufrientes que siempre expresan su sufrimiento a través de lo desaforado: se puede llorar sin lloriquear, se puede gritar de desesperación sin que se caiga la baba… El gusto por el detalle no tiene por qué ser menos expresivo que la grandeza de unos sentimientos que constantemente explotan. En este aspecto, la mayoría de las pasiones amorosas que fluyen entre los personajes quedan apenas esbozadas: cuando Nina regresa y Treplev le pide literalmente a gritos que no se vaya, uno no es capaz de entender de dónde nace esa pasión; porque siento que la relación no está lo suficientemente construida sobre el escenario…

Esta falta de atención al detalle -sobre todo a todo lo que no es lo actoral- se pone patente en dos aspectos que emborronan la puesta en escena: la iluminación parte de un juego de luces que manipulan los propios actores y cuyo significado dramatúrgico nunca conseguí entender -atractivo desde luego no es…- e incluye unas proyecciones bastante feas que se proyectan sin ton ni son en una pantalla trasera: tiene gracia durante la obra de Treplev, pero el juego de rojos que surge en la escena en la que Treplev mata la gaviota es un símbolo tan evidente -el disparo, la muerte, la sangre, el rojo…- que sobra a todas luces. Tampoco la música aleatoria -y no me refiero a la que retumbaba en el castillo, procedente de las fiestas del pueblo de al lado- ayuda demasiado al resultado, básicamente porque no aporta nada.

Llegados a este punto, me gustaría puntualizar algo: vi la función en primera fila, y en esta posición todo este exceso se magnifica hasta llegar a estresar. Además, de la misma manera que en Madrid hubo problemas técnicos; en Ribadavia la compañía también tuvo que enfrentarse a imprevistos inesperados no siempre solventados que a veces fueron en contra del sentido mismo del drama, al menos en una distancia tan corta como en la que yo me medía con ellos: objetos que caen del escenario fuera de control -una botella estallada saltó y llegó a golpearme en el pie; pero además hubo periódicos y otros objetos que acabaron fuera del espacio escénico dentro de ataques de ira de los personajes, la punta del zapato de Trigorin abierta en un momento de seducción a Nina…- fueron la tónica de la representación. Pero entonces llegó el cuarto acto, y una serie de catastróficas desdichas se fue sucediendo a la vez que el drama avanzaba inexorable hacia su final: un sofá colocado en primer término se venció cuando Medevenko trataba de sentarse: entonces la actriz que interpretaba a Masha intentó montarlo de nuevo… pero fue en vano, porque al ir a tumbar a Sorin el sofá terminó de desplomarse, dejando una imagen entre cómica y grotesca en primer término del escenario- Gajes del oficio, la magia del directo… Con esta imagen del sofá hecho pedazos ocurriría el desenlace… Pero la situación acabó de desmadrarse cuando a Nina, que llega de su ausencia para pronunciar su capital monólogo se le rompió el tacón, potenciando lo grotesco del momento en el que, sinceramente, a mí me resultó complicado centrarme en el drama ante esa sensación de que ya nada más podía pasar… Es una pena decirlo, pero a pesar de que es una de mis escenas favoritas del repertorio teatral, toda esta serie de imprevistos me alejaron emocionalmente sin poder evitarlo: y miren que me gusta esta escena.

Y aquí repito mi duda existencial sobre este montaje: ¿ocurren cosas fuera de lo previsto en todas las funciones de esta Gaviota? ¿Esta sensación de energía fuera de control -que, desde luego, a mí no me funciona- es algo buscado por Korsunovas? ¿quieren descolocar al público en este ambiente o simplemente son descuidos los que producen toda esta serie de errores de brocha gorda? Probablemente nunca lo sabremos, pero me resulta imposible abstraerme de todo lo que vi fuera de control -sumando el caos que sé que hubo en Madrid- para emitir un juicio sobre este montaje que, como mínimo, descoloca. De acuerdo que esta producción nació como un proceso de laboratorio, pero ha transcurrido el suficiente tiempo desde su estreno como para que las cosas se estabilicen. ¿Es Korsunovas un genio de la provocación consciente o un creador que no atiende al detalle, provocando pequeños accidentes cada noche? Posiblemente, la respuesta que cada uno encuentre a estas preguntas sea clave para decidir el grado de conexión con esta propuesta.

Los actores, situados en esta línea de energía, hacen un trabajo extenuante, y muy a valorar. El Treplev de Martynkas Nedzinskas es una olla a presión a punto deestallar constantemente: hay que valorar el esfuerzo del actor, un puro derroche de energía y en este sentido es un actor mayúsuclo; pero el personaje pierde fuerza si ya parte de este grado de intensidad. Cuesta valorar debidamente a la Nina de Gelminé Glemzaite, fundamentalmente porque enfrentó su escena final capital en una atmósfera en la que, como ya he dicho, me estaba resultando imposible concentrarme en el drama…  Seguramente los mejores del elenco sean la Arkadina de Nelé Savicenko , con el punto de neurosis del personaje muy bien medido y algunos de los momentos más estimulantes del montaje -en sus encuentros con Trigorin y Treplev está para enmarcar-; el Trigorin -aquí un ídolo gafapasta, muy oportuno- de Darius Gumauskas, por el equilibrio que alcanza entre el gafapasta pedante y el ser pusilánime que es; la Masha de Rasa Samuolyte, por la atención al detalle que hay en su actuación, por ser la que más y mejor expone momentos de contención -ojalá todos transitasen por la senda por la que camina ella-, y, por supuesto, por el aplomo a la hora de intentar arreglar la situación cuando el sofá decidió despedazarse, aunque no lo consiguiese…; e incluso la Polina de Airida Guintautaute, que aprovecha cada momento que el montaje le deja para destacar. Todos los demás están bien -el elenco actoral me parece notable-, una vez que asumimos los códigos en los que están trabajando: unos códigos que se podrán compartir más o menos.

g9

Exitazo incuestionable de público para un montaje que desprende energía desbordante por los poros, con algunos momentos de buen teatro y un reparto poderoso; pero que creo que deja pasar una oportunidad de oro para centrarse en el detalle, sin tener por ello que perder esa intensidad que es -según parece- marca de la casa. Y, personalmente, creo que peca de ser un montaje algo sucio en la realización, con un ‘margen de error’ demasiado abierto, como muestran los incidentes inesperados que ocurrieron aquí y en otras funciones… Qué quieren que les diga: el teatro es y debe ser algo vivo; pero tener las emociones, los hechos y las situaciones que suceden en escena bajo control me parece también algo importante. Cuando uno piensa más en qué va a ser lo siguiente que va a fallar que en otras cosas -sobre todo cuando esas otras cosas son el capital monólogo de Nina- quizá es que algo no está yendo del todo bien.

H. A.

Nota: 3/5

La Gaviota”, de Anton Chéjov. Con: Martynas Nedzinskas, Gelminė Glemžaitė, Nelė Savičenko, Rasa Samuolytė, Airida Gintautaitė, Darius Meškauskas, Vytautas Anužis, Dainius Gavenonis y Giedrius Savickas. Dirección: Oskaras Korsunovas. OKT / VILNIAUS MIESTO TEATRAS.

XXXII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Auditorio do Castelo), 23 de Julio de 2016

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: