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‘Don Juan (Memoria Amarga de Mí)’, o burlados por la magia del teatro

julio 24, 2016

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Manteniendo su particular gusto por mostrar siempre nuevos lenguajes teatrales, la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia presentó Don Juan (Memoria Amarga de Mí), un espectáculo unipersonal de la compañía catalana Pelmànec que lleva varios años girando con éxito en el que el actor no sólo aborda un personaje dentro de la narración, sino que además comparte espacio con tres títeres de tamaño natural que dialogan directamente con él también como personajes; y que él mismo manipula. Así pues, una propuesta que va más allá del mero teatro de títeres para mostrar a títere y actor como personajes, dialogando y moviéndose en el mismo código.

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Fray Luis acoge en su convento a un Don Juan Tenorio en sus últimos días, decrépito y lejos de su esplendor. Encarga su cuidado a Jacobo, un monje de la congregación que acepta pese a la reticencia inicial: ante la vida disoluta de Don Juan le parece impropio dejar que tal monstruo entre en el convento. A través de sucesivas conversaciones con Don Juan, Jacobo empezará a ver cómo sus principios se tambalean; a la vez que el Tenorio debe enfrentarse a los fantasmas de las mujeres que burló. Así, durante un tiempo uno y otro han de enfrentar sus miedos, sus fantasmas y ver que tal vez estén más cerca de lo que ellos pensaban. Además, la presencia de Don Juan en el convento en sus últimos días, dista de ser casual…

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El texto de Paco Bernal y Miquel Gallardo parte de datos y momentos de casi todos los mitos de Don Juan que existen -con especial atención a los de Molière, Zorrilla y Tirso de Molina, muy presentes-, para crear un todo nuevo, que examine sobre todo la figura global del Tenorio y su contexto desde una situación de ficción. Seguramente, revisar el Tenorio a través de un texto nuevo no se nada que no se haya hecho antes -ahí está por ejemplo La Sombra del Tenorio, de Sanchis Sinisterra-; y en este sentido el texto mismo es la principal debilidad del espectáculo. Porque tarda un mundo en arrancar, y porque rara vez pasa de lo anecdótico; alcanzando de hecho sus más emocionantes momentos cuando resuenan los versos de Zorrilla-. Es cierto que el texto va in crescendo; como también es cierto que no deja de ser una excusa para el espectáculo mismo, y que no aporta nada nuevo sobre el mito del Don Juan: se deja ver, se deja escuchar y arranca alguna carcajada aquí y allá, pero en términos dramatúrgicos me parece en general endeble, siempre a pesar de que termina mejor de lo que empieza.

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Pero el verdadero espectáculo, ese que justifica la visión de Don Juan (Memoria Amarga de Mí) es el descomunal tour de force que se marca Miquel Gallardo en su doble función de personaje y manipulador de las tres marionetas que se entrelazan con Jacobo. Su trabajo -durísimo desde el punto de vista actoral e impecable en técnica- es descomunal: porque consigue dotar de personalidad propia a cada una de las marionetas -su dominio del arte del ventrílocuo es excelente-, integrarse perfectamente con ellas en la acción como actor y conseguir que olvidemos que esas tres marionetas que hay en escena dependen de él. Una vez que hemos reparado en la dificultad extrema de lo que hace -y esto apenas nos lleva unos minutos- se produce el milagro: ya solamente vemos personajes y solo le vemos como Jacobo, olvidando que él es el encargado de dar vida y voz a todos sus compañeros títeres. Uno sólo mira a Jacobo personaje y a la marioneta que se interrelaciona con él, olvidando al Miquel Gallardo manipulador. Vamos, que de algún modo conseguimos creer que las marionetas son también actores con vida propia, como Gallardo. Sucede la magia del teatro -incluso llegamos a pensar que las marionetas nos miran, que gesticulan, cuando en realidad su expresión nunca cambia…- y esa es la gran clave de esta función: en cuanto vemos a todos los personajes -actores y títeres- en una única dimensión, en el mismo rumbo; y olvidamos de cuajo que todo lo que sucede en escena depende solamente de Gallardo, nos damos cuenta de que estamos viendo un ejercicio de gran teatro. El formidable trabajo de Gallardo -que no sólo tiene la valentía de afrontar él solo un montaje de carácter multidiscplinar que le exige ser sobresaliente en todo- se pone aún más de manifiesto cuando no pensamos en ello mientras vemos la función, sino solo al salir de ella. La sola idea de conseguir entrar en el juego de integración de dos disciplinas -el teatro de actor y los títeres- es ya un triunfo, y admirar el trabajo de Miquel Gallardo ya convierte la propuesta en algo de peso, en un espectáculo teatral que hay que ver. Porque de alguna manera, lo que logra Gallardo nos burla, nos engaña y nos seduce cual si de conquista de Don Juan se tratase, haciendo que entremos sin problema alguno en la magia del teatro hace su efecto.

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Por si todo lo que consigue no fuese suficiente añadamos la dificultad añadida -y solventada- de presentar un espectáculo de títeres a tamaño real en un auditorio al aire libre, y en una de las jornadas más ventosas de la semana -casi diría que en la única-. Doble carambola pues.

La puesta en escena es de María Castillo en general sencilla, para ayudar a que la presencia de los títeres luzcan lo mejor posible. Tal vez sea cierto que en algunos elementos se empiece a notar que esto lleva ya muchos años en la carretera, pero cumple perfectamente con su función. Dentro de todo, sí quisiera señalar un acierto especialmente logrado -ese conejo que Jacobo mata para comer y que deja un reguero de sangre a la vista del público, en un gran efecto de teatro- y algo que no me termina de funcionar -las proyecciones de las caras de las amantes de Don Juan, creo que proyectarlas es, hasta cierto punto, redundante-. A pesar de todo, creo que la puesta cumple con su objetivo primordial, que es el de facilitar las cosas a Gallardo -que ya bastante complicado lo tiene- y hacer que su trabajo brille debidamente.

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En fin, un unipersonal muy bien realizado; que consigue crear la magia de la ilusión y posiblemente sea uno de los espectáculos mejor ejecutados que haya visto en su género. El texto es casi una excusa -si, además de todo, el tuviese un calado por sí solo, podríamos estar hablando de algo muy importante…- pero el espectáculo teatral y el despliegue técnico de Miquel Gallardo es de los de primer nivel. Muy agradable de ver, y teatro en estado puro.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

Don Juan (Memoria Amarga de Mí)”, de Paco Bernal y Miquel Gallardo. Dirección: María Castillo. COMPANYA PELMÀNEC.

XXXII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Auditorio do Castelo), 22 de Julio de 2016

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