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‘Teatro Invisible’, u oralidad directa (una teoría del teatro)

julio 23, 2016

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Dentro del ciclo monográfico de tres experiencias que presenta la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia para conmemorar el 30 aniversario de Matarile Teatro -que incluye, además de este espectáculo, el work in progress Antes de la Metralla y El Cuello de la Jiirafa-, se presentó Teatro Invisible, unipersonal de Ana Vallés que hace un par de años supuso el regreso de la compañía a los escenarios tras un tiempo de silencio.

A medio camino entre la conferencia, el posdrama, el teatro-danza y el teatro de lo oral, Teatro Invisible -que germina a partir de un encargo de una conferencia sobre los presupuestos estéticos de Matarile encargada a Vallés para alumnos de dirección de escena- pretende ser un repaso a algunos de los postulados que impulsan a Vallés -y a Matarile Teatro por extensión- a hacer teatro: sus referencias, sus presupuestos estéticos; su manera de creer en el teatro y, en definitiva, la razón misma de su manera de ser, pasada por el filtro de la teatralización y de la confesión en un tú a tú directo y cercano con el público.

A través de un discurso de difícil clasificación, Vallés desnuda su alma ante el público -y también su cuerpo llegado el momento- explicando los por qués de su imaginario personal, y sus refrentes: voces como Tadeuz Kantor, Kazuo Ohno, Pier Paolo Passolini, Jane Alexander y un largo etcétera, filtradas a través de experiencias personales de Vallés con todas estas figuras, contadas desde la cercanía, la sinceridad, la admiración; y hasta incluso la ironía más ácida, y enlazadas por pequeñas píldoras de posdrama y teatro-danza.

Un espectáculo que se inicia con una pregunta lanzada al aire por boca de Vallés: “¿por qué hago teatro?” y que acaba con una declaración de intenciones: “quería hacer un acto de amor al teatro, pero no me sale”. Quizá eso falte, y quizá haya que tomar esta frase final como una verdadera declaración de intenciones: en el discurso de Vallés -como el de tantas grandes artistas del arte performativo- puede que falten una pizca de emoción y de implicación, que se vea que cree en ese teatro que hace y que ama esa forma de hacer teatro y no otra.

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No es ningún secreto -ni pretendo esconderlo- que no siempre -o mejor decir casi nunca- comulgo con el ideario de Matarile, quizá interesante hace 30 años; pero bastante superado a día de hoy. Ese lenguaje híbrido que ni es una cosa ni es otra podría tener un cierto encanto; pero siento que queda algo emborronado por esa manía de Vallés que se repite en varios espectáculos de citar y citar y citar, como si quisiera dejarnos claro que ella ‘sabe¡, que es una mujer leída, vivida y preparada; una mujer de cultura, en suma. Confieso que por momentos este estilo me distancia de la teatralidad de la propuesta y me coloca en la línea roja más peligrosa de la pura y dura pedantería, como si Vallés se situase por encima del bien y del mal…

Así y todo, también he de confesar que a este espectáculo le encontré de interesante un acabado más a conciencia y más acabado que otros de la compañía; y que creo que es muy de agradecer el grado de sinceridad y honestidad desde el que Vallés se expresa esta vez -permítanme apuntarlo: esta vez más que otras veces, o al menos así lo siento yo-. Esto de la honestidad es una virtud importante, porque la he encontrado aquí mientras que en otras propuestas de la misma compañía la hallé en menor medida; por más de que no pueda escapar a la sensación de que esa oralidad directa y hasta aparentemente improvisada está medida al dedillo. Un claro ejemplo de esto es la integración en la acción de personas del público que, lejos de ser conejillos de indias, son profesionales reconocidos y seleccionados conscientemente que trabajan con la compañía; algo que -al menos conmigo- funciona como distanciamiento del carácter distendido y cercano que la propuesta pretende.

Este teatro existe -en la práctica y la teórica- desde hace muchos años; y, como digo, siento que ya está muy superado. Es un discurso que, al menos en mi opinión, dista de ser lo que yo busco en una función porque deja la emoción y las sensaciones en un segundo plano; pero al menos en esta propuesta concreta -por su carácter teórico exhibido desde la oralidad más directa- uno puede reflexionar sobre un punto de vista de hacer las cosas que, insisto, dista mucho de ser mi modo de sentir el teatro; porque este no es un teatro de sentimiento, sino un teatro más estético y teórico, no exento de golpes y retazos de sentido del humor irónico, cosa que también se agradece para suavizar la posible aridez.

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No hay que olvidar que estamos ante algo que nació con la idea de ser una conferencia, y el esfuerzo por vestirlo de teatralidad está más o menos logrado. Además, mueve a la reflexión estética -o quizá sea mejor decir a una reflexión estética- que sitúa a la propuesta en un estamento de teatro culto que puede servir tanto para formar al público como para enriquecer el intelecto. Otra cosa es si se cree o no que el público deba formarse o no; y el admitir que la visión del teatro de Vallés es una; pero hay o debería de haber otras que pueden no tener nada que ver y ser a su vez perfectamente válidas y hasta complementarias … Me hubiese gustado además que Vallés -que habla esta vez desde la sinceridad-, hablase además desde la pasión, desde la emoción del teatro que defiende, puesto que recibo su discurso filtrado por un cierto hilo de frialdad.

En otro orden de cosas creo que la introducción de las técnicas posdramáticas y de danza a modo de píldoras crea momentos de acierto estético -hay un juego de papiroflexia, por ejemplo, que da un resultado muy estimulante-, pero a la vez queda un poco metida con calzador en algo que seguramente luciría más si se limitase a lo oral y escapase de adornos que -al menos en este espectáculo- resultan simbólicos para subrayar elementos discursivos que siento que no deberían subrayarse, partiendo de que el concepto de espectáculo requiere un conocimiento previo para seguirse con facilidad que o se tiene, o no se tiene: es teatro para público de teatro, y teatro sobre teoría del teatro. A mí, esto me funcionaría más como una mera confesión desde lo oral, sin más añadidos.

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Por su interés teórico; incluso por su utilidad para comprender los presupuestos estéticos de la compañía -se compartan más o menos, eso ya es otra cosa- y por su capacidad para mover a la reflexión, este espectáculo de Matarile -pensado para público instruido, o sea, un teatro de minorías; como dice la propia Vallés en su speech- tiene un cierto interés; pese a que en cierta medida -a pesar de que, por una vez, el discurso de Vallés me resulta más cercano que pedante- se le vea el truco por momentos y el todo resulte algo frío.

H. A.

Nota: 2.5 / 5

Teatro Invisible”,creación e interpretación: Ana Vallés. MATARILE TEATRO.

XXII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia (Igrexa da Magdalena), 22 de Julio de 2016

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