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‘Historia de Amor’, o perfilando al depredador

julio 22, 2016

HCARTEL

Procedente de Chile llegó en esta ocasión Historia de Amor, un espectáculo que presenta la compañía TeatroCinema y que es fruto de una ambiciosa coproducción entre algunos de los festivales de teatro más importantes del mundo. Una propuesta doblemente sorprendente: por una parte porque presenta un nuevo punto de vista de ‘lo teatral’, con una técnica que la propia compañía denomina ‘cine en vivo’, consistente en integrar actores en tiempo real en una ambiciosa, lograda y compleja creación de vídeo-mapping, situando la acción en lo que podríamos llamar un cómic en blanco y negro; y por otra parte porque escoge un material peliagudo como es la novela Historia de Amor de Régis Jauffret (1988) que aborda un caso de violación, acoso y sumisión desde un único punto de vista. Material complejo pues, en formato y contenido

Un profesor de inglés de instituto ve a una mujer en el metro, la sigue hasta su casa y la viola. La mujer denuncia a su agresor, y nuestro protagonista acaba en la cárcel. Al cabo de dos meses, la mujer retira la denuncia. Desde este momento, el hombre siente una obsesión enfermiza hacia Sofía, comenzando un acoso salvaje al que ella casi no opone resistencia, anulada por la fuerza de la presión psicológica de su depredador. Este será el punto de partida de un viaje en el que asistimos al acoso y derribo de una víctima por parte de un macho alfa; que el espectador recibe tan sólo desde el punto de vista del acosador -Sofía, la víctima, aparece casi privada del don de la palabra-, en lo que podríamos contemplar como un estudio hondo y profundo de la personalidad de un psicópata desde una perspectiva que no busca la redención ni la justificación; sino simplemente mostrar los mecanismos que rigen el mal. La historia de un psicópata enfatizando en la obsesión, la incapacidad de control, la necesidad de saberse obsesionado para sobrevivir, el sentimiento de culpa y su autodestrucción.

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Es el primer espectáculo que veo de TeatroCinema, la compañía que dirige Juan Carlos Zagal y que completa con Historia de Amor una trilogía basada en una técnica concreta. Creo que nunca había visto algo así. No es teatro de sombras, no es cine, tampoco teatro propiamente dicho; pero todo está perfectamente unido para dar lugar a un espectáculo de aspecto fascinante en lo estético. La compañía ha hecho de esta opción, de esta manera de trabajar, su bandera; y se nota que la técnica está dominada por completo. Para el que -como yo- no los conozca, como mínimo es una experiencia que sorprenderá no solo en un primer momento, sino a lo largo de toda la función, porque los efectos son muchos y muy variados.

teatrocinema

Vista del escenario antes del comienzo de la representación, con la pantalla tras la que transcurre la acción.

Es complicado explicar -e incluso es complicado expresar en meras imágenes- el ingenioso juego que plantea esta propuesta en la que teatro y cine se dan la mano hasta límites que difícilmente pueden separarse. La espectacular videocreación nos remite a los cómics más oscuros -el paralelismo estético con Sin City es muy evidente-, ofreciendo un espectáculo visual de un impacto inmediato y una calidad incuestionables. Bocadillos, viñetas, juegos de profundidad, rupturas de plano y acciones paralelas se pasean ante nuestros ojos en un juego que impacta y al que nunca se le ve el truco. Además, la integración de ambos actores -Julián Marras y Bernardita Montero- y de los elementos escénicos que van apareciendo en el plano de lo real -escaleras, camas, bañeras, sillas, mesas…- en este universo audiovisual es verdaderamente impactante: vemos todo el espectáculo a través de una pantalla, perfectamente conscientes de que los actores están en tiempo y cuerpo real con nosotros; pero nunca dudamos a la vez de que lo real y lo humano está perfectamente integrado en el devenir de la proyección: no busquen ver algo que anule o elimine la ilusión óptica; porque no lo van a encontrar. He visto muchos espectáculos centrados en lo visual, en el video-mapping y en técnicas semejantes, y creo que este es el primero en el que en ningún momento localizo el truco que me separe del juego de la ilusión óptica. Estéticamente el resultado es impecable -Vittorio Meschi y Laura Pizarro en la dirección de arte, Montserrat Q. A. en la dirección multimedia, Meschi y Abel Elizondo en el story-board…-, y la exactitud de integración de los actores en el proceso ilusivo traspasa la perfección técnica y roza el milagro. Puede que me quede la duda de si una vez visto un espectáculo de esta compañía desaparece el factor sorpresa; pero el resultado es espectacular e inatacable. Pueden hacerse una idea del resultado final pinchando aquí.

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Un rasgo que es seña de identidad de este espectáculo es el mestizaje estilístico: la estética del cómic en principio se da de bruces con una historia tan árida como la que plantea la novela escogida para la adaptación, y la historia está contada desde un tono que roza casi la telenovela de sobremesa -quiero pensar que con plena consciencia-. Así, tanto lo visual como lo expresivo se alejan decididamente del realismo, en una historia que es realista y descarnada: es una opción arriesgada, pero me parece perfectamente válida para resaltar un contraste entre lo que se ve y se escucha -la ilusión óptica en blanco y negro y el énfasis desmedido del melodrama- y lo que se cuenta -una historia en la que reinan las escenas sórdidas, con violaciones, lenguaje sexualmente explícito, y unos niveles de degradación que van en aumento y no dejan vuelta atrás posible-.

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Hay una cuestión -tendría que comprobarlo, pero creo que viene más derivada de la narratividad de la novela escogida que del espectáculo mismo- que no está exenta de cierta polémica. Historia de Amor ofrece, como ya he dicho, únicamente el punto de vista del depredador -el hombre, el obseso, el violador-, silenciando tajantemente a la víctima -Sofía, la mujer, cuya presencia en escena es constante; pero cuya capacidad verbal queda reducida a pocas frases-. Llegados a este punto, quisiera una polémica generalizada mostrando un caso puntual; si quieren seguir leyendo la crítica, pueden saltarse la sección entre corchetes.

***

El hecho de que sólo se dé voz al hombre, al macho alfa y al depredador; y se silencie la figura de esa mujer que casi acaba convertida en una sumisa y rendida sierva ofendió a parte del público, que consideró abiertamente que la historia narrada era simplista, machista y potenciadora de esquemas de violencia de género. Todo esto puede llevarnos a una conclusión tan válida como potencialmente diversa a mi lectura. Un espectador anónimo que decidió abandonar la sala antes de que el espectáculo terminase visiblemente molesto por los contenidos, el mensaje y el discurso, me cedió amablemente algunas notas que tomó al terminar la función, y que les adjunto en fotografía, como buena prueba de la abierta controversia que generó el espectáculo:

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Estas reflexiones son reales y fueron tomadas DURANTE la función por un espectador anónimo abandonó el castillo antes de finalizar, y que amablemente me las cedió al final de la función para ser publicadas. 

Evidentemente leer el espectáculo tal y como reza la imagen anterior es perfectamente válido -y se pueden buscar y encontrar los argumentos precisos-. En cualquier caso, me parece interesantísimo y estimulante que un mismo espectáculo pueda generar dos lecturas y dos sensaciones tan encontradas -y, ojo, que hay mucha más gente que piensa como el espectador del que tomo esta captura: no estamos ante un caso aislado y concreto ni muchísimo menos-; creo que de eso va todo esto del teatro, de crear sensaciones, de crear controversia encendida y de generar puntos de vista contrarios, encendidos, pero siempre perfectamente válidos. Sensaciones al fin y al cabo.

***

Volviendo a la crónica propiamente dicha sin dejar de lado este inciso que me parece poderoso y reseñable, creo que la idea de esta historia es indagar en los mecanismos del psicópata, que sepamos todo lo que ocurre en su cabeza -de hecho, muchos de los grafismos empleados nos indican claramente que parte de la acción sólo ocurre en el pensamiento obsesivo del protagonista- y cómo funciona una mente enferma; es por ello por lo que Sofía -que cae anulada ante la presión de su acosador, y casi se diría que acaba claudicando porque no tiene o no es capaz de pensar otra salida: la sola presencia del acosador la anula- no tiene peso narrativo como personaje; porque Historia de Amor habla de un psicópata, de lo turbio, de la parte más oscura de las relaciones de sumisión.

Casualidad bien traída -o, mejor dicho, bien planteada por la dirección del Festival-: Trópico del Plata daba voz exclusivamente a la víctima -la mujer- en una extraña situación de sumisión y acoso, silenciando prácticamente al hombre lobo mientras que Historia de Amor ofrece únicamente el punto de vista del villano, silenciando a la víctima; de alguna manera, una y otra ofrecen puntos de vista complementarios, dos caras de la misma moneda, y es muy gratificante haber visto ambas con sólo 48 horas de distancia. ¿Que Historia de Amor es una historia dura, incómoda, molesta; contada desde el punto de vista de un personaje con el que es imposible empatizar? Seguramente. Incomoda, busca incomodar y consigue ese propósito, desde el momento que en el Auditorio el público se dividió con claridad entre ofendidos e indignados. Pero creo que no por estar protagonizada por un personaje psicópata y machista debemos entender -como encajó parte del público, y está en todo su derecho…- que la obra defienda, ni mucho menos estos esquemas; es más, los critica precisamente a base de mostrarlos en toda su dureza; pero es una obra que por los temas que trata y cómo los trata puede incomodar e incomoda de la misma manera que fascina.

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Tiene la estructura narrativa del espectáculo alguna fisura, tanto en lo que cuenta -esto es cosa de la novela- como en cómo lo cuenta -esto es cosa de la adaptación-. Entre las primeras: ¿cómo se entiende que Sofía retire la denuncia después de haber denunciado la primera vez sin dudar ni por un instante? Es, claramente, un recurso rocambolesco para dar lugar a todo lo que viene después… ¿pero qué historia no los tiene desde el principio de los tiempos?. En cuestiones de estructura, creo que el espectáculo es y se hace demasiado largo, vemos demasiadas persecuciones de nuestro hombre a Sofía, y esta reiteración acaba por cansar, básicamente porque ya sabemos que allá donde vaya ella estará él -que siempre consigue colarse donde sea cual culebra- sin necesidad de verlo tantas veces: a la hora y tres cuartos que dura bien se le podrían recortar veinte minutos largos para redondear el todo…

En otro orden de cosas, a nivel puramente teatral, creo que los dos actores –Julián Marras y Bernardita Montero– quedan profundamente reducidos a segundo plano por el todo: los códigos de la propuesta hacen que se integre perfectamente en esa fiesta visual -y su capacidad de amoldarse al estilo es admirable: insisto en esa idea de que cualquier mínimo error de posición o tiempo lastraría por completo la ilusión óptica, y no ocurre-; pero creo que, a pesar del esfuerzo descomunal, este tipo de teatro deja a los actores reducidos a meros objetos, a meras partes del todo, y no permite que brillen como sería deseable en teatro. A pesar de todo, su trabajo de integración es brutal y plenamente conseguido.

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Un espectáculo sorprendente en la forma, que cautiva por el preciso y perfecto juego técnico y visual a quien lo vea por primera vez; y polémico en el contenido, porque aquello que cuenta puede incomodar e incomoda: la polémica y el malestar tras la función de anoche eran tan palpables como el más encendido entusiasmo. Ni es cómodo ni es fácil, desde luego; pero es algo que todo el mundo debería experimentar al menos una vez para saber que existe, y está -como ya he comentado- muy bien integrado en la línea de programación de este festival. Tal vez me quede la duda de cómo funcionarán otros espectáculos de esta misma compañía que siempre trabaja en estos códigos una vez perdido el factor sorpresa -que en mi caso fue decisivo- pero para una visión merece la pena, y la controversia que generó fue desde luego muy estimulante.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

Historia de Amor”, basado en la novela homónima de Régis Jauffret. Con: Julián Marras y Bernardita Moreno. Dirección: Juan Carlos Zagal. TEATRO CINEMA.

XXXII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia, 20 de Julio de 2016 (Auditorio do Castelo)

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