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‘Voaxa e Carmín’, o a pecho descubierto

julio 20, 2016

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Espectáculo en gallego

Máxima expectación en la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia ante el estreno de Voaxa e Carmín, texto de Esther F. Carrodeguas galardonado en la pasada edición de este certamen con el prestigioso Premio Abrente de Textos Teatrales, que recupera y da voz a dos figuras icónicas de la cultura gallega como fueron ‘Las Dos Marías’ de Santiago de Compostela, mujeres reales que han quedado plasmadas por una estatua en la Alameda de la capital gallega. Por si todos estos motivos no fueran suficientes, la producción cuenta con dos de las actrices más reconocidas, prestigiosas y de mayor proyección (inter)nacional del panorama gallego: la ganadora del Goya Mabel Rivera y Belén Constenla -uno de los nombres más sólidos y consagrados del teatro gallego actual por derecho propio-. Ambas acaban de recibir además el Premio de Honor de la MIT de Ribadavia, y conforman el reparto con el que cualquier director gallego soñaría y firmaría con los ojos cerrados… Cabría esperar que se tratase de uno de los espectáculos más relevantes del teatro gallego en la presente temporada, pero conviene hacer algunas observaciones desde la distancia.

Maruxa y Coralia Rodríguez Fandiño fueron dos hermanas que, tras sufrir toda una serie de represalias tanto familiares como en sus propias carnes durante la Guerra Civil, decidieron entregarse a un mundo de locura y abstracción para combatir la pena incurable que les dejó atrás una vida que incluyó muertes injustas y vejaciones varias. Ya en su madurez, cargadas de maquillaje y como intentando conquistar el primer amor de juventud, vagaron durante años por las calles de Santiago de Compostela combatiendo tristeza, desgracia y pobreza con una impostada felicidad que fue tachada de locura por muchos. Pese a todo, llegaron a convertirse en un símbolo incuestionable de la ciudad, recibieron la ayuda de miles de ciudadanos para ir sorteando la indigencia hasta que murieron a principios de la década de los 80; y la escultura en su memoria en la Alameda compostelana -que a día de hoy es sin duda uno de los símbolos más representativos de la ciudad- da una muestra de la importancia icónica y social que alcanzaron ambos personajes.

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El texto de Ester F. Carrodeguas pretende ser, en primera instancia, una plasmación escénica de lo que estos dos personajes representaron para el ideal gallego, mostrándonos a las dos Marías a través de un largo paseo por la ciudad de Santiago, que representa su rutina y culmina en una ensoñación de llegada al mar que las enfrenta con todo aquello que perdieron por el camino, todo lo que callan, todas las cosas con las que cargan y; en definitiva, esa felicidad que no pueden alcanzar. Así, como en una suerte de esperpento a la gallega, Maruxa y Coralia pasean sus conservadoras costumbres -enfrentadas a una ciudad que busca un progreso que Maruxa no comprende y Coralia ansía conocer-; al tiempo que se funden en una ingenuidad casi juvenil, como deseando algo que saben que no va a llegar nunca y que es lo que hace que se aparten de una realidad que les es hostil… Pero, al final, la realidad siempre se acaba imponiendo.

No cabe duda que el hecho de haber escogido a dos personajes tan particulares y tan representativos de la cultura gallega pone inmediatamente a parte del público a favor de lo que se cuenta. Pero esto debería ser solamente la base, algo que sucede en primera instancia: deberíamos desligarnos del hecho histórico y pasar a comentar el poder teatral de la propuesta en sí misma, con sus pros y sus contras. Lo que más me interesó de la obra de Carrodeguas tal vez fuese su decidido aliento lírico, en una escritura que aúna diferentes tipos de versificación y que se apoya en toda una serie de figuras retóricas -especialmente frecuente es el uso de la anáfora- para darle al todo poético una sonoridad rítmica muy especial, que hace que el texto acabe llegando al espectador casi como un todo melódico, que potencia el carácter onírico-surrealista del mensaje que transmiten estos dos personajes. Este recurso funciona, pero acaba provocando que Carrodeguas deje la acción en segundo plano para centrarse en perfilar los estilos de los personajes: solo en los últimos 20 minutos aflora toda la verdadera tragedia detrás de estas dos entrañables ‘locas del paraguas’; y creo que al dejar de lado lo histórico para optar por un discurso que oscila más entre lo poético y lo costumbrista, Carrodeguas pierde de alguna manera la oportunidad de universalizar el conflicto, y acota el público al que va dirigido -todos conocemos la historia de las Marías en Galicia; pero a un foráneo tal vez le falten datos-: lo que presenta Carrodeguas en escena son prototipos reconocibles, sí; pero desde el momento en que está enfrentando de alguna manera un teatro documental o un retazo de ficción histórica, cualquier espectador debería quedar debida y cómodamente situado en el conflicto de las Marías, que a fin de cuentas es el universal de muchas mujeres golpeadas por el horror de la guerra. Y, sobre todo, siento que falta perfilar la dimensión humana real de la relación entre las dos hermanas, esa necesidad de protección mutua que sólo al final aparece en toda su crudeza -y curiosamente es el momento de la obra que mejor funciona-. Me hubiese gustado que el texto escapase al mito para centrarse en lo personal.

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Quedémonos pues con la belleza poética y sonora del texto de Carrodeguas como principal baza; por más que crea que ser merecedor del Abrente es un poco demasiado para un texto correcto, pero siento que no memorable si nos disociamos del factor sentimental -y esto de la disociación sentimental debería ser un deber a la hora de valorar el resultado-; o si conseguimos entender un texto fuera de la mera anécdota de abordar dos personajes que nos son cercanos. Pero, como en todo premio, esta es una sensación absolutamente personal -y también es cierto que uno no conoce la calidad del resto de los textos presentados…-.

No suele la MIT montar el texto galardonado con el Abrente, y este montaje se ha levantado sin embargo con jugosos medios e inusitada rapidez -¿por qué este y no otros?-. Y siento que la puesta en escena de Xavier Castiñeira es uno de los eslabones más débiles del resultado final, que le juega una mala pasada al texto. Sin duda debe revisarse, porque tal y como está ahora planteada, esta puesta en escena teatralmente no funciona; y cae en el error de pretenderse moderna por el uso del audiovisual, cuando el resultado se antoja peligrosamente visto y pasado de moda: a menudo la clave no es qué se usa, sino cómo se usa…

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La idea de presentar a las Marías en un retablo que se abre y sobre el que se proyectan imágenes de la ciudad de Santiago constantemente podría tener un pase; pero siento que está muy mal desarrollada: las actrices nunca llegan a estar debidamente integradas en la poco ambiciosa videocreación de Roi Fernández -visualmente el resultado es pobre y poco ambicioso-; pero hay anacronismos incomprensibles -¡un cubo de la basura moderno en el que se lee DEPUTACIÓN DE OURENSE cuando la historia transcurre claramente en el Santiago de las década de los 70!, haciendo que todos los pilotos rojos salten de inmediato…-, proyecciones que rozan el horror vacui más auténtico -esa playa tropical, por muy onírica que sea, parece de comic…-, selecciones musicales que le sientan francamente mal a las escenas, e incluso transiciones de cuadro muy mal resueltas -dejar a una de las actrices en interno para ganar tiempo ante un cambio no es de recibo…-. En definitiva, la puesta en escena -se le podrían sacar más defectos, pero no se trata de hacer sangre…- no funciona en términos teatrales básicos;: y -lo que es más grave- deja a las actrices a su suerte, obligadas a mantenerse en unos códigos cercanos al clown la mayor parte del tiempo que no les ponen las cosas fáciles. El texto tendrá fisuras -que las tiene-; pero creo que el montaje -erróneo en planteamiento, pretencioso en las formas y vacío en resultados- termina de darle la puntilla. ¿Quién sabe si montado de otra forma la cosa hubiese podido remontar? Me gustó, y eso hay que concederlo, la caracterización de ambos personajes: vestuario de Mari Seoane y maquillaje de Trini F, Silva, muy logrados. Dejo una idea en el aire que creo que es una de las claves de que el montaje no funcione, solo a modo de sugerencia: tienes a dos actrices extraordinarias en un espectáculo de texto, no necesitas más; igual centrarlo todo en el trabajo actoral y dejar que la imaginación del espectador actuase hubiese dado mejor resultado. Tal y como está ahora, considero que la puesta en escena requiere revisión: esto ha sido solo el estreno, igual aún se está a tiempo de replantear algunas cosas..

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Y menos mal que están ahí dos grandes damas de la escena gallega. Mabel Rivera y Belén Constenla luchando a brazo partido, saliendo a pecho descubierto por sacar adelante un espectáculo. Tienen talento y acaban cargando con el peso de todo el espectáculo: se meten al público en el bolsillo en la colocación de los gags. Rivera tiene momentos de mucha ternura en su pretendida ingenuidad, y se lleva el mejor momento de la función cuando explota en un inesperado pero necesario estallido dramático -‘¡qué cosas, es el drama lo que mejor funciona!-: es en ese estallido dramático cuando por fin aparece la inmensa actriz y uno vuelve a pensar que el texto debería haberse centrado mucho más en el componente personal que en caricaturizar personajes de imaginario colectivo, y de hecho en este final Rivera -con Constenla silente pero debidamente expresiva- regala un momento de gran teatro. Belén Constenla, por su parte, personifica a un tipo de viejecita conservadora del que todos hemos conocido un amplio puñado, con lo cual la conexión con el público es inmediata. Así, son ellas las que aportan momentos de interés a un espectáculo de acabado francamente erróneo, y todo -la puesta, la apuesta y el texto mismo- acaba quedando sepultado por sus estupendas actuaciones. Menos mal que están ahí, con una profesionalidad que no está al alcance de cualquiera… Pero siento que estas dos extraordinarias actrices tienen talento más que de sobra como para brillar como han hecho otras veces en un espectáculo que esté a su altura: ya de contar en tu reparto con dos de las actrices gallegas más talentosas del momento ¿por qué no darles lo mejor, que es lo que se merecen?

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Cierto es que gran parte del público -sobre todo el de mayor edad- entró gustoso a los gags de los personajes -y esto gracias al talento incuestionable de ambas actrices-; pero con las expectativas que había sinceramente -y créanme que duele decirlo- creo que el resultado no funciona: el texto no pasa de correcto -nunca llega a ser memorable como texto teatral más allá de la temática, que a fin de cuentas es lo que se espera de un premio tan prestigioso-, la puesta en escena a día de hoy está desnortada -algunas cosas se solucionarán con el rodaje, otras creo que deben replantearse…-; y solo el buen hacer de dos fantásticas actrices da algo de enjundia a un todo que, a pesar de estar destinado a convertirse en uno de los pelotazos del teatro galllego del año, creo que no acaba de despegar. Entrañable recuerdo a las Marías sí; pero, con todo lo que lleva detrás, esto debería ir mucho más allá, volar mucho más alto… Y créanme que estas cosas duelen.

H. A.

Nota: 2.25 / 5

Voaxa e Carmín”, de Esther F. Carrodeguas. Con: Mabel Rivera y Belén Constenla. Dirección: Xavier Castiñeira. BUTACA ZERO / EME 2 / MIT RIBDAVIA

XXXII Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia, 19 de Julio de 2016 (Auditorio do Castelo)

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