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’40 Años de Paz’, o auge y caída

julio 2, 2016

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Después del éxito de La Abducción de Luis Guzmán, Pablo Remón -curtido en el mundo del cine- regresa al teatro con 40 Años de Paz, una suerte de sátira político-familiar que se estrenó en el pasado Festival de Otoño a Primavera con grandísimo éxito y ahora vive una segunda vida en el Teatro del Barrio.

Crónica familiar de los García Morato, una familia marcada por la muerte del patriarca, un militar franquista que se cayó en la piscina del caserón cuando estaba borracho como una cuba mientras celebraba al Caudillo con sus amigotes fachas, en lo que unos y otros han acordado considerar un accidente. Ahora, años más tarde, la casa familiar está ya lejos del esplendor de entonces y lo único que queda es una piscina vacía y con agua estancada -¿una metáfora de que también la familia va a la deriva?-. Enrique García Morato deja esposa -Julieta, el prototipo de la madre castradora que se niega a envejecer- y tres hijos: Ricardo es el implacable director de un importante bufete de abogados que dirige con la misma mano férrea que tenía su padre; Natalia, una actriz frustrada que no ha conseguido el éxito y anhela desesperadamente tener un hijo que no llega al borde de los cuarenta años; y Ángel, un poeta homosexual de poca monta enganchado a las drogas que un día recibe la visita del fantasma de su padre y se convence de que aún puede hacer algo para que su vida merezca la pena. A lo largo de tres fases narradas por los personajes que no son protagonistas en cada una, conocemos las peripecias de los tres hijos y su relación con la madre, en un juego que implica que cuatro actores den vida a personajes principales -los tres hermanos y la madre-; pero también a los múltiples secundarios que aparecen en cada historia -amantes, médicos, pacientes, dj’s, fisioterapeutas…-; así como a narradores casi omniscientes de las historias que se cuentan en escena. A través de las tres historias, Remón pretende trazar no solo un camino implacable hacia la caída en picado de una familia que lo tuvo todo; sino también una visión periférica de la historia de España en los 40 años de Paz desde la muerte de Franco (1975-2015), en una historia que es a la vez una sátira familiar corrosiva y un retrato generacional de la España más o menos reciente.

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Tanto por lo intricado de la estructura de la obra -historias pequeñas dentro de la historia principal, en la que los personajes son al mismo tiempo personajes y narradores- como por la frescura con la que fluyen los diálogos, 40 Años de Paz podría verse como un mecanismo que pasa al teatro muchas técnicas verdaderamente cinematográficas; lo que nos hace recordar de dónde viene Remón. Esto es algo que puede verse a la vez como baza y como debilidad del resultado final, porque los diálogos mueven a la hilaridad inmediata -tienen gancho-, y la estructura es audaz en un principio; pero de alguna manera siento que se va deshinchando conforme avanza la acción, contando algunas anécdotas simpáticas pero que no conducen finalmente a nada -quiero decir, que no son fundamentales para el desarrollo de la historia-, y pasando por alto por ejemplo la oportunidad de profundizar más en la relación entre los tres hermanos y la madre. Es cierto que los personajes -incluso los episódicos- están muy bien construidos y perfilados; que los diálogos -con ese aroma cinematográfico innegable- funcionan con el espectador y que suenan reales y cercanos; pero siento que a nivel estructural la cosa -que busca redondear una carambola formal tan ambiciosa como complicada- empieza mejor de lo que termina y la función -1 hora 45 minutos- tiene algunos momentos de relleno, mientras que hay episodios que podrían haber sido posibles y se echan en falta. A pesar de todo, el gancho de los diálogos, el ritmo y -sobre todo- lo inspirado de las interpretaciones, convierten 40 años de Paz en una notable experiencia.

La puesta en escena -que firma el propio Remón- es sencilla en lo espacial, y tiene el acierto de encontrar el ritmo y el pulso necesarios para que la acción fluya imparable a pesar de contar con solo 4 actores. Para ello, Remón huye del realismo y se apoya frecuentemente en lo alegórico, contando con la imaginación del espectador para completar y romper espacios cuando es necesario; así como con muy pocos elementos de vestuario para delimitar a los distintos personajes. Todo se basa en los diálogos y en el trabajo actoral; y quizá lo único reprochable sea el uso -una vez más…- de la microfonía como elemento que delimita los planos narrativos y las funciones de los personajes -cuándo son narradores y cuándo personajes-: esto del micrófono es un vicio que no aporta gran cosa y empezamos a tenerlo peligrosamente visto este año… Pero hay que aplaudir la capacidad de Remón para haber construido a todos sus personajes con sus actores, y haber conseguido plasmar en escena una escritura muy propia del cine; que podría haber hecho aguas a la hora de traspasarla al teatro, cosa que sin embargo no ocurre: Remón tiene muy claro qué quiere contar y cómo contarlo, y en líneas generales consigue su propósito. Muy bien planteada la iluminación de David Benito y Eduardo Vizuete.

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Los cuatro actores están francamente entonados en una función en la que han de hacer de todo, y son uno de los motivos del éxito de la propuesta. Francisco Reyes -que hace, entre otros, el hermano mayor y el patriarca militar- acierta de pleno al dibujar primero a ese militar de grand-guignol y después a ese hijo fachilla y mujeriego que es el vivo retrato del padre; Fernanda Orazi, muy en su linea, aporta a la madre su acostumbrado descaro y su frescura en un personaje a medio camino entre la neurótica y la femme fatale de poca monta; Emilio Tomé también atina en el retrato del hijo apocado que quiere rebelarse contra su destino -siento que al personaje le falta un último golpe, pero esto es una cuestión de escritura…-, y muchos de sus secundarios están clavados en el registro de sátira; y Ana Alonso -que ha de esperar un mundo a que llegue su momento: otro tema revisable de estructura- coloca a Natalia en un registro muy de sitcom que va perfecto al personaje. Los cuatro trabajan muy a favor del resultado final, el trabajo actoral es excelente; y casi se diría que es la gran baza y el gran motivo para ver la función.

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Así pues, en 40 años de Paz encontramos una sátira corrosiva sobre el núcleo de la familia y la España de la Democracia, en una función muy bien dialogada, bien dirigida e interpretada de manera excelente; que seguramente tenga en una estructura ciertamente ambiciosa y que no acaba de redondearse su único lastre. A pesar de todo, una notable función.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

40 años de Paz”, de Pablo Remón. Con: Francisco Reyes, Fernanda Orazi, Ana Alonso y Emilio Tomé. Director: Pablo Remón. LA ABDUCCIÓN PRODUCCIONES / FESTIVAL DE OTOÑO A PRIMAVERA

Teatro del Barrio, 26 de Junio de 2016 (18:00 h).

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